No se trata de unos “carguitos”

2016 pasará a la historia como el año en el que se oficializó la dictadura de Nicolás Maduro. Varios hitos lo confirman: el desconocimiento de la Asamblea Nacional y, con ella, de la voluntad popular; la usurpación de funciones de un TSJ cooptado que, además, acelera un proceso, ya en marcha, de judicialización de la política; el incremento de la persecución y la represión. Pero quizás el hecho que más retrata la erosión democrática y el avance de la autocratización sea la suspensión del derecho al sufragio.

Dos hechos evidencian la supresión del voto en Venezuela: el aborto a la convocatoria de un referéndum revocatorio presidencial y, sobre todo, la suspensión de las elecciones para elegir a gobernadores de estado y diputados a las asambleas legislativas. Las “regionales”, como se les conoce, han tenido menos protagonismo que la activación del revocatorio como mecanismo de cambio del régimen, y quizás por eso, sabiéndolas desde el poder sin mayores dolientes, resulta oportuno empezar, con ellas, la cancelación definitiva del hecho electoral en el país.

Con el mismo ímpetu con el que criticamos el exacerbado presidencialismo venezolano, somos prestos a descartar la importancia de las elecciones regionales. “Hay cosas más importantes”, decimos. “No es momento para defender parcelas”. Subestimamos, así, una de las conquistas democráticas más importantes de finales del siglo XX, la elección directa de gobernadores, y abrimos camino al régimen para consolidarse aun más.

El pasado 16 de diciembre venció el período de los gobernadores de estado. Lamentablemente, la legislación venezolana otorga absoluta discrecionalidad al Consejo Nacional Electoral para convocar elecciones, no hay una fecha fija para los comicios. Así que el CNE, saltándose la Constitución para servir a los intereses de una casta que se sabe incapaz de ganar elecciones, decidió otorgar una ñapa a los gobernadores que no sabemos cuánto durará. El CNE prometió, a finales de 2016, convocar a elecciones el primer semestre de 2017, pero a esta fecha no se ha discutido cronograma alguno en el directorio del Poder Electoral.

Descartar la importancia de las regionales es castigar al pueblo que sufre el mal gobierno del PSUV. El abuso, la corrupción, la ineficiencia: ese modelo nacional se reproduce en cada estado donde gobierna la coalición oficialista. El continuismo de esa gestión lo paga, como siempre, el pueblo. Pero subestimar la importancia de las regionales es, también, no comprender la sociología política del chavismo.

El modelo oficialista está basado en el clientelismo rentista. Engordaron el tamaño del Estado, con una nómina que sobrepasa las tres millones de personas. Un número significativo de esos millones no trabaja en el gobierno, sino que cobra por el gobierno. La diferencia es significativa: es la que existe entre el funcionario de carrera y el parásito del erario. Y esta dinámica perversa, que vemos en PDVSA y en tantos organismos “nacionales”, se reproduce, aguas abajo, en las gobernaciones y alcaldías.

De modo que sacar al chavismo del poder en las gobernaciones no sólo es la oportunidad para que la buena gestión remplace a la ineficiencia, sino que es desmontar la base clientelar de apoyo del oficialismo en las regiones. Si creemos en la probidad de los candidatos alternativos, eso significará que el dinero que hoy va a pagar activistas políticos, colectivos y agitadores irá, en cambio, a escuelas, hospitales, infraestructura y programas sociales. Pero, más aun, perder las gobernaciones, y con ellas la plataforma clientelar, socava desde abajo las bases del poder chavista.

De modo que no, no se trata de unos “carguitos” que la oposición busca negociar a cambio de la estabilidad del régimen. No opera una lógica del “o”, sino que se impone la lógica del “y”. El planteamiento regionales “o” salida del gobierno nacional es engañoso, y es utilizado astutamente por el poder para dividir las aspiraciones ciudadanas. Todo lo contrario, la lucha por las gobernaciones está en el marco de recuperación de las instituciones democráticas y de una manera distinta y mejor de hacer política y gestión. Lejos de ser incompatibles, regionales y salida del gobierno, las regionales representan una oportunidad más, un paso más, para el desalojo del chavismo del poder que hoy tiene secuestrado en función del control y los privilegios.

Asumamos, pues, la senda por las regionales como una reivindicación de la democracia, de la descentralización y del cambio. Eso sí, exijamos también democracia a los que se dicen demócratas, y pongamos la decisión en manos del pueblo: primarias para una unidad fuerte, legítima; gobernadores democráticos como punta de lanza del gran proyecto democratizador.


Publicado en RunRunes el 24 de enero de 2017.

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