Propuesta de Gobierno de Unidad Nacional debe ser más amplia, según expertos

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Los profesores universitarios Daniel Fermín y Guillermo Tell Aveledo no dudan de que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) dio un paso al frente al sellar su compromiso de un acuerdo para un Gobierno de Unidad Nacional, que siente las bases del que será un mandato bajo los designios de un nuevo Presidente que surja del seno de la oposición. Sin embargo, ambos catedráticos observaron que el pacto presenta algunas debilidades.

Daniel Fermín, investigador del Centro de Estudios Políticos de la UCAB, destacó que la firma del acuerdo por 21 partidos de la MUD corresponde a un reclamo de la comunidad política. “Hay que celebrar que se pusieran de acuerdo para pensar cómo gobernar después que pase esto. Sentar las bases de la gobernabilidad en Venezuela por casi todos los factores políticos es un buen signo”.

Guillermo Tell Aveledo, politólogo y profesor de Estudios Liberales, en la Universidad Metropolitana, coincide con Fermín en que el acto del miércoles pasado en el Teatro Chacao tiene su trascendencia. “Lo más importante es que muestra las líneas del Gobierno unitario del futuro. No abandona el interés por la sociedad y fortalece la democracia. Digamos que es un encaje, porque no parece ir más allá por este momento”.

¿Se puede ir más allá?

El profesor de la UNIMET introduce el espacio para las críticas. Considera que el acuerdo tiene entre sus propósitos bajar las tensiones en el país. Pero aclaró que, lamentablemente, eso no depende de la MUD. “Esta no controla los factores más agresivos del chavismo ni a las fuerzas independientes de la Unidad. En un clima enrarecido todo llamado a la baja de tensiones es insuficiente”.

Aveledo aporta otro elemento que permite ver el ángulo del disgusto. “En cierto modo el documento de la MUD es muy civilizado y eso genera insatisfacciones entre quienes consideran que debe ser más contundente frente al gobierno. Una cosa que no cala del documento, es que fue diseñado para el día después de tomar el poder, pero no dice cómo llegar al poder lo que genera un debate abierto en la Unidad: Cómo llegar a esa ruta”.

Fermín expuso que en la firma del compromiso pareciera que privó el sentido de la urgencia. “Fue muy ejecutivo porque fue del grupito de ocho o nueve, que de verdad son tres. No se consultó al resto de los actores políticos”.

El investigador de la UCAB opinó igual que Aveledo. “Debió ser más amplio”. Más aun, afirmó que no toda la oposición milita en la MUD. “Ha debido ser más amplio aunque menos expedito. Esta cosa ejecutiva tiene buenas intenciones y está bien orientado, pero la gente no consultada siente que le están imponiendo cosas que no le consultaron”.

¿Y el chavismo crítico?

En cuanto a la imposibilidad por parte del bloque opositor de sumar al denominado chavismo crítico, Fermín deja abierta la duda si realmente esta disidencia quería tomarse la foto con la MUD. “Tal vez su estrategia es diferenciarse de la Mesa de la Unidad haciendo otra interpretación del escenario político o también, es factible que no existan los puentes entre el chavismo crítico y la MUD”. No descarta un mal manejo comunicacional porque alega que a veces dentro de la misma alianza opositora algunos actores no están enterados de las decisiones. Cree que no todos fueron invitados debidamente. Error que repite la MUD. “Cuando hicieron la presentación de la plataforma amplia eran los mismos de siempre. Lo que hubo fue una invitación a tomarse la foto”.

Esta debilidad de no sumar a la disidencia del oficialismo también la observó Aveledo, aunque destacó que en este momento quedó abierta la puerta para unir esas voluntades que también rechazan el gobierno de Nicolás Maduro. Opinó que la desconfianza del chavismo crítico es reflejo de la crisis que vive el país. “Pese a que se percibe la amenaza del estatus quo y que se debe construir una alianza nacional, no basta con decir lo obvio, sino construir un lenguaje común porque hay barreras muy altas”.

Pese a que Fermín considera que el documento se queda en lo instrumental, alabó que se incluyera como norma que el primer presidente de la era del posmadurismo no optará por una reelección. “Apunta en la dirección correcta. Sin embargo, se ve la falta de trabajo en cuanto a construir la consulta con la gente. Carece de profundidad. Es un documento que toca las cosas con brochazos muy gruesos, no pretende ser programa de gobierno, pero debe definir el cambio de modelo que tenemos por delante”.


Publicado en Efecto Cocuyo el 23 de julio de 2017.

Protesta, violencia y cambio político

Ha sido un mes convulsivo para los venezolanos. Desde que el cooptado Tribunal Supremo de Justicia pretendiera dar una estocada final a nuestra democracia maltrecha, consolidando en el proceso un autogolpe chavista, la fuerza de la gente se ha hecho sentir en las calles de todo el país. De manera contundente, millones de venezolanos deseosos de cambio han dado una lección de coraje cívico y, venciendo el miedo y una represión desmedida y criminal, han dejado ante el país y ante el mundo un testimonio firme e inequívoco de un pueblo resuelto a vivir en libertad.

Como siempre, la gente protesta porque se han cerrado los caminos institucionales de resolución del conflicto. Protestan los que llevan 18 años enfrentando el proyecto autoritario del chavismo, pero también los que se han desencantado en fechas más recientes. Incluso protestan quienes se consideran, aún, chavistas. A diferencia de episodios anteriores, no se trata de la mitad del país protestando contra el gobierno que representa a la otra mitad. Esta vez es, como lo llamábamos en nuestro Editorial pasado, el coro unánime del descontento enfrentado a una pequeña casta enquistada en los privilegios, el poder y lo turbio.

El éxito de la protesta ha obedecido, fundamentalmente, a tres factores: En primer lugar, a la presentación de una agenda clara. Para una oposición demasiado acostumbrada al “Maduro ¡Vete ya!”, reencarnado del “Chávez ¡Vete ya!”, las demandas por elecciones libres, reconocimiento a la Asamblea Nacional, liberación de presos políticos y apertura de canal humanitario representan un progreso importante. En segundo lugar, la participación masiva de los venezolanos ha dado a esta ola de manifestaciones una nueva fuerza. Y, en tercer lugar, el carácter decididamente no violento de la protesta ha significado un avance que ha reforzado y promovido el punto anterior. Un factor adicional está en la recuperación de lo simbólico: Venezuela está hoy conmovida e inspirada por un muchacho desnudo con una Biblia y una señora que se coloca en el camino de un vehículo militar; por unos muchachos, estudiantes de medicina, que salen a sanar las heridas del odio; por un pueblo llevado a la asquerosidad de El Guaire pero impoluto en su resolución. Ellos y muchos más son reflejo vivo de la dignidad humana.

Sin embargo, la cara grotesca de la violencia se ha asomado, promovida por el régimen. Organismos militares y policiales, junto a grupos paramilitares que actúan impunemente, se han lanzado ferozmente sobre un pueblo desarmado. El uso desproporcional de la fuerza ha dejado decenas de heridos; la represión indiscriminada ha cobrado víctimas en hospitales y escuelas; y la actuación criminal de grupos paramilitares y de la fuerza pública, violando los Derechos Humanos, ha cobrado la vida de 34 compatriotas.

La violencia, por supuesto, es promovida por el régimen para desvirtuar la protesta, para deslegitimarla a los ojos del pueblo y de la comunidad internacional, y para bajar los costos de represión, justificándola ante los efectivos policiales y militares y ante la sociedad en general. La violencia es hija del régimen y solo a éste le conviene. No pisar el peine de la violencia, a pesar de las frustraciones y la indignación, es esencial para el éxito de la movilización popular.

¿Hasta cuándo es sostenible este esquema de marchas y protestas? ¿Qué pasa con el agotamiento de la gente? ¿En qué va a parar todo esto?

La movilización que lleva ya un mes determinando la cotidianidad venezolana busca una transición a la democracia. Ha logrado articular políticamente la protesta social, de modo que la gente, lejos de contentarse con un CLAP, exige en cambio un nuevo gobierno que cambie la política económica para que no tenga que haber CLAP y la gente pueda comprar lo que quiera y cuando quiera en el abasto. La oposición ha logrado relegitimarse ante la población, colocándose en primera línea y asumiendo todos los riesgos de la persecución y la represión oficial y paramilitar. Pero existe, ciertamente, el temor de que la protesta sea insostenible en el tiempo, si bien sobrevivió el milagro de mantener políticamente activa y en la calle a la ciudadanía durante la Semana Santa.

La oposición debe aprovechar esta refrescada legitimidad para continuar dándole dirección política a la protesta. En ese sentido, debe marcar un punto claro de llegada, manejando responsablemente las expectativas de la gente y socializando el mensaje político. Un punto de particular importancia se refiere a lo electoral. La oposición debe dejar claro que votar no significa traicionar la lucha de calle, sino que votar es, precisamente, una conquista de esa lucha. También debe insistir en el hecho de que calle y voto no son mutuamente excluyentes, y que unas elecciones regionales y municipales son clave para desmontar la estructura clientelar del chavismo en las regiones y avanzar en el proyecto democratizador.

Del mismo modo, la oposición debe resistir la violencia proveniente de grupos criminales y cuerpos de seguridad del Estado. El sacrificio de 34 patriotas no debe ser en vano, y la violencia es un camino directo al fracaso de la protesta. La evidencia así lo certifica: los movimientos violentos, en promedio, tienen 150.000 miembros menos que los no violentos, ya que la violencia sube las barreras para la participación. Los movimientos no violentos fracasan en lograr un cambio de régimen 17% de las veces, frente a 61% de los movimientos violentos. Las democracias que nacen como resultado de movimientos no violentos tienden a ser más estables, duraderas y pacíficas que las que surgen de una disrupción violenta.

La protesta no violenta es efectiva, causa desafecciones y cambios de lealtades, y eso lo hemos visto durante este mes. La postura de la Fiscal General de la República y otros episodios dan muestra de fisuras en las filas del chavismo. La violencia es el pegamento que necesita el régimen para cohesionar nuevamente sus fuerzas.

¿Qué queda? Insistir. Insistir en la calle, con contundencia y en no violencia. E insistir en la resolución constitucional, pacífica y electoral del conflicto, presionando por elecciones a todo nivel y por el respeto a la separación de poderes y a la institucionalidad, alergias ambas del chavismo. Son días tremendamente difíciles para el país, en los que debe prevalecer la responsabilidad y la capacidad de conducción del liderazgo.

Queremos cerrar con un merecido reconocimiento a todos los venezolanos que hoy luchan por vivir mejor en democracia, especialmente a quienes han perdido la vida en defensa de la patria y a nuestros estudiantes, que nos llenan de orgullo y nos hacen sentir esperanzados en el futuro que hoy construyen para todos. Su dolor es nuestro dolor y sus sueños evocan el sentir de millones. Asimismo, reiteramos nuestro llamado a derrotar la violencia y a enfrentar con dignidad las pretensiones hegemónicas de quienes se creen, equivocadamente, dueños y señores de un pueblo que, como demuestra día a día, nació para ser libre.


Publicado en PolítiKa UCAB el 28 de abril de 2017.

 

Why Protesters in Venezuela Today Should Resist Responding to Violence with Violence

Peaceful protests almost always work better than violent ones – even against repressive governments.      

Most Venezuelans taking part in today’s “mother of all marches” against President Nicolás Maduro are planning to do so peacefully. Even the country’s most outspoken opposition leaders are using the language of nonviolent resistance.

Not everyone is on board. Government security forces have cracked down violently on dissent; regime-backed paramilitary groups attacked marchers and have killed five demonstrators in protests since April 1, leading the UN High Commission for Human Rights and regional leaders to call on Maduro to respect the people’s right to assemble peacefully. As recent incidents of rock-throwing, setting fire to government buildings and sporadic looting suggest, however, some demonstrators feel compelled to respond in kind to the regime’s aggression.

A portion of the violence during recent protests can be attributed to regime forces, often police or intelligence officers, who have infiltrated demonstrations with the intent of tainting the opposition and justifying further repression. But there are indeed many in Venezuela today who believe that responding to Maduro with violence is the only way to force a change in government. I’ve written extensively on the disadvantages of this line of thinking, and the response on Twitter has been telling:  “You mean to tell me that we should just march to Altamira (an upper-middle class neighborhood in Caracas) with our little flags or wherever the regime lets us?! I don’t agree with you, brother,” one person responded to me last week. Another told me that I “live in a poem” and that “every rebellion has a degree of violence in order to face the violent ones.”

Well, recent global experience – and Venezuela’s own history – show why they’re wrong. What’s more, the conditions in Venezuela today, more so than at any time in recent years, suggest that a nonviolent response to Maduro’s aggression stands the best chance of ultimately forcing a change in government.

Part of the reason for this is that the demands protesters are making of the government are more concrete than ever. In today’s march under the banner of “Elections now!” Venezuelan citizens are calling for: free and fair elections, respect for the democratically-elected National Assembly, and acceptance of humanitarian aid, which the government has systematically refused, dismissing it as an excuse for a foreign invasion. For an opposition too often attached to the “Maduro out!” call to action, a clear set of goals pointing forward is new and inspiring.

On a global level, nonviolent action has been successful against precisely the type of cruel leader that Maduro has become. From post-Soviet countries to South Africa and from the Philippines to Serbia, nonviolent action has led to regime change and democratization, even in the face of horrid repression. The Tunisian revolution has become a vivid, current example of the effectiveness of nonviolent struggle.

And historically, nonviolence has been shown to be more effective than violence in increasing costs for the regime and effecting change. The International Center for Nonviolent Conflict (ICNC) has compiled a complete resource library that provides clear evidence for the advantages of nonviolent action over violent campaigns. The work of two ICNC researchers, Erika Chenoweth and Maria J. Stephan, shows that 61 percent of violent campaigns fail in regime change, while nonviolent action fails 17 percent of the time. Moreover, transitions carried out by nonviolent means lead to more stable, lasting and peaceful democracies than those achieved through violence. On average, nonviolent campaigns attract 150,000 more members than violent ones, since violence increases the barriers for participation.

This last point is especially important in the Venezuelan case, where popular anger against the regime is now being expressed across all segments of society, even among lower-income groups that have long provided the bulwark of support for chavismo. Today’s protesters aim to promote democratic transition, and in doing so, they recognize a crucial element of nonviolent theory: that transitions are do not only a concern of political or economic elites.

In nonviolent struggle, repression often backfires on the regime, causing cracks in their ranks. Nonviolent action is particularly effective in gaining international support and causing shifts in the regime’s international support base. Far from achieving its goals, when demonstrations turn violent they: 1) significantly raise the costs of participation, decreasing the number of people willing to join; 2) stimulate greater cohesion in pro-government groups; 3) lower the costs of repression, which is then seen by police and military forces as necessary and justified; and 4) delegitimize the protest in the eyes of the international community. All of this can happen –and has happened in the past– in Venezuela.

Caveat lector, nonviolence isn’t magic. It can fail. It needs discipline, organization, clear goals, and unity of purpose. The change it achieves can be undone, as the current state of Egypt shows. However, when Venezuelans are placed at the crossroads of violence and nonviolence, they should know that the latter is by far the more likely force to usher in lasting democracy in a country in dire need of reconciliation and rebuilding.

Fermín is a sociologist and researcher at UCAB in Caracas.


Published in Americas Quarterly on April 19, 2017.

Daniel Fermín: “Los militares venezolanos no podrán mantener al pueblo como rehén”

Polítika UCAB, la página del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello, es una de las fuentes de consulta más valiosas de Venezuela a la hora de analizar el convulso panorama político de este país suramericano. Y Daniel Fermín, sociólogo y editor de la página suele ser uno de los referentes más equilibrados de este grupo de estudiosos.

Por eso, sorprende que Fermín haya lanzado, en estos días, una serie de cáusticos tuits anunciando prácticamente el final del régimen de Nicolás Maduro. PanAm Post conversó con este experto sobre las perspectivas políticas de Venezuela, a la distancia, y sobre la manifestación de hoy, que todo el mundo prevé será un punto de quiebra en la situación venezolana.

 

Este tuit prácticamente es un punto final al Gobierno de Maduro, y ustedes suelen ser bastante comedidos. ¿En qué basa su afirmación?

El chavismo, y en especial el régimen de Nicolás Maduro, ha ido pasando de un autoritarismo competitivo, con fuertes rasgos populistas, que podía hacer elecciones cuando le eran favorables, con una arena electoral restringida pero abierta, ha ido derivando, en estos últimos años y en la medida en que Maduro ha perdido esa ventaja electoral, a un régimen de autoritarismo hegemónico, que no admite competencia ni elecciones.

Eso lo hemos visto de manera evidente con el aborto del referendo revocatorio, con la no convocatoria de las elecciones regionales que están vencidas, con la no convocatoria del Consejo Nacional Electoral para las elecciones municipales, entonces, está claro que el Gobierno ya no quiere hacer elecciones. Cuando hacía elecciones estaba claro que era porque su principal apoyo era la gente, era el apoyo popular.

Hoy, los pilares del régimen están en la Fuerza Armada Nacional, fundamentalmente; en una Fuerza Armada que violando el artículo 328 de la Constitución se declara chavista, toma partido por el Gobierno, etcétera; y en las instituciones que están cooptadas por el Ejecutivo, sobre todo por el CNE y ahora, más que todo, por el Tribunal Supremo de Justicia.

La pregunta es, ¿puede sostenerse este tipo de autoritarismo en Venezuela?

La gran pata coja que tiene este tipo de regímenes es que dependen de la lealtad absoluta de sus cuadros. No tienen propensión a la estabilidad de largo plazo, sobre todo cuando han encontrado la resistencia activa de la gente en la calle.

Fíjate cómo se han cerrado las brechas entre el liderazgo político y las aspiraciones ciudadanas: Hay una unidad mayor, no solo de la Mesa de la Unidad Democrática, que es un sector dentro del gran descontento que existe en el país; hoy la polarización, que antes marcaba toda la política venezolana, se ha ido desdibujando, ante el reclamo unánime por el cambio, por más calidad de vida, por mejora económica, y también, y eso no se puede dejar en un segundo plano, por mayor libertad y mayor democracia. La gente reivindica el derecho a expresarse, a disentir, a manifestarse.

Entonces, no son regímenes que tengan mayor estabilidad cuando encuentran la resistencia organizada de la gente; cuando no, cuando la gente se torna pasiva, sucede lo que hemos visto en otros países, como en Cuba. Pero en Venezuela el Gobierno se ha topado no solo con la que ha sido su oposición tradicional en  estos 18 años, la gente que nunca votamos por ellos; sino que en las propias entrañas del chavismo hay un gran descontento y se ejerce una oposición muy fuerte a lo que está sucediendo hoy y a las pretensiones del régimen.

La semana pasada vimos protestas con un fuerte acento de descontento social en Catia, Petare, Caricuao… zonas donde el chavismo hasta hace poco era mayoría fortísima. ¿Es el peor miedo del Gobierno de Maduro que a la protesta política se le sume la protesta por hambre, por todas las cosas que sabemos que están pasando en Venezuela?

Su peor miedo es que se articule políticamente la protesta social. Cuando nosotros vemos el trabajo de sistematización que ha hecho el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, por ejemplo, las últimas cifras que ha dado, que hablan de 19 protestas diarias, la mayoría de esas protestas tienen que ver con el colapso de los servicios públicos: Que no hay agua, que no hay luz, por la escasez, por las medicinas, por la comida, etcétera. Cuando esas protestas no tienen carga política, por supuesto, persiguen sus propósitos sociales pero no tienen relevancia política.

Daniel Fermín, experto político venezolano. (Danielfermín.blogspot.com)
Daniel Fermín, experto político venezolano.

Cuando esas protestas se cargan políticamente y comienzan  tener intencionalidad política –el Gobierno ha utilizado el término “politizar” como sinónimo de “partidizar”, y como algo que desvirtúa la protesta social-; cuando se le da dirección política a la protesta social, yo creo que es algo a lo que este tipo de regímenes tiene que temerle mucho: Porque cuando la gente dice “miren, hay escasez, pero yo no quiero que me llegue el CLAP, yo lo que quiero es que se vaya el Gobierno, que es el culpable de la escasez, yo quiero que haya elecciones para que haya un cambio político que permita cambiar el modelo económico”,  entonces, ahí sí debe haber temor en un régimen, porque la cosa ya no admite medias tintas, ni paños calientes, sino un cambio político que permita que la toma de decisiones lleve a otra manera de gobernar.

Mucha gente se está planteando este 19 de abril como una suerte de “batalla final”, o de “último día” del Gobierno de Maduro. Pero eso no va a ser así. ¿Cómo lidiar con esas expectativas, y con la subsiguiente depression?

Para la manifestación de este 19 de abril hay que tener unos objetivos muy claros, muy concretos: me preocupa la amenaza de la violencia, no solo la amenaza directa que ha hecho el Gobierno para intimidar, sino esta épica de la “batalla final” preocupa porque puede deshacer todo el camino que se ha andado, incluso el de la articulación con sectores sociales y políticos que vienen del chavismo o que no se habían metido en política antes.

Yo creo que el liderazgo político del país tiene la gran responsabilidad de conducir esto bien, y de dejar un mensaje de contundencia, un testimonio para los venezolanos y para los que están afuera, que exprese la determinación de los venezolanos a vivir en libertad y a tener calidad de vida, pero esquivando, evitando el peine de la violencia, que solo le hace el juego al Gobierno.

Hablando de pisar el peine de la violencia. Este tipo de manifestaciones como las del lunes, de Maduro con los milicianos, ¿qué mensaje se le envía al país y al mundo? Uno ve estas imágenes y es imposible no recordar a Saddam Hussein, o a Manuel Noriega

El Gobierno está apostando a que frente a la erosión irreversible de la popularidad del PSUV, sean los paramilitares, los llamados colectivos, y la Fuerza Armada, el nuevo partido de Gobierno. Y hay que ponerle unas comillas a ese “nuevo”, porque la Fuerza Armada lleva tiempo siendo el partido de Gobierno. Ante la pérdida de lo electoral, el Gobierno intenta crear una plataforma militar, militarizada, que no solo infunda miedo a la población, sino que logre el control social a través de la militarización de la sociedad.

Eso también tiene patas cortas, salvo que el Gobierno se las juegue con un enfrentamiento armado atacando a un pueblo desarmado, con las consecuencias que puede traer eso, no deja de ser también un anhelo, que, como dicen los llaneros, “deseos no empreñan”. No van a ser los militares o los paramilitares los que van a mantener de rehén a todo un pueblo que está pidiendo un cambio concreto y una manera distinta de hacer las cosas.

Esta semana se están cumpliendo 180 días desde que Tibisay Lucena, en su última presentación pública, habló de un cronograma electoral con elecciones regionales en el primer semestre. Falta menos de mes y medio para que se cumpla el plazo, por lo cual es más que evidente que no va a honrar su palabra; ¿cómo queda el CNE después de esto?

El CNE ha perdido toda relevancia una vez el Gobierno decidió que no quiere medirse electoralmente. Está actuando de manera orwelliana: En vez de realizar elecciones, su función es la de impedir elecciones. La doctora Lucena le hace un flaco servicio a su institución y una burla a los venezolanos; le dio una “ñapa” inconstitucional a los gobernadores y diputados regionales, no aparece por ningún lado para procurar lo que establece la Constitución en materia de participación ciudadana y eventos electorales. El CNE, lamentablemente, ha sido una institución cooptada por el Ejecutivo y que además actúa de manera profundamente vergonzosa para cualquier persona que se haga llamar demócrata.

En ese sentido, el CNE, que debería hablar al país, no para ofrecer migajas, sino para garantizar los derechos políticos de los venezolanos, ha seguido la estrategia del avestruz, y ha hecho un papel verdaderamente vergonzoso, lamentable.

¿Usted aún piensa que la salida del laberinto venezolano va a ser electoral?

Sí, lo pienso yo y lo piensa la gente. Hemos tenido la oportunidad de realizar investigaciones no solo cuantitativas, sino cualitativas: Hemos hecho entrevistas, focus groups, y particularmente, no solo lo que uno podría esperar, entre los opositores, sino también entre los que alguna vez apoyaron a Chávez y que hoy repudian a Maduro, existe casi un coro unánime, que es que esto tiene que salir como entró, por la fuerza de los votos.

Yo creo que además de las razones éticas y morales para apelar a eso, hay una razón de efectividad política: Una democracia duradera solo es posible si tiene legitimidad de origen, y esa legitimidad solo es posible por elecciones, que son la expresión de la voluntad popular.

¿Han traspasado Nicolás Maduro y su grupo la raya? ¿Tienen la prisión en su futuro?

Esa es una pregunta muy difícil de responder, no solo porque uno no sabe qué va a pasar, sino porque en estos procesos, hay mucho de lo que se conoce como justicia transicional, y es en estos escenarios que normalmente han sido más fuertes que este, hay siempre tratos de impunidad negociada, que para el ciudadano común pueden sonar terribles, porque el anhelo de justicia está latente y el pueblo quiere de verdad que quienes han cometido crímenes paguen por esos crímenes, pero en la realidad, lo vemos incluso en nuestra historia, ha sucedido.

Esto no es una apología de la impunidad, pero en este tipo de procesos hay que ver la manera de avanzar, de seguir adelante, sin revanchismos, sin odios. Por supuesto, hay gente que no va a poder eludir a la justicia.

Estas graves violaciones a los derechos humanos, como las que estamos viendo, a estos muchachos inocentes, como los hermanos Sánchez. Con esto y con los casos de narcotráfico yo veo muy difícil que haya alguna negociación o justicia transicional. Los que hoy están incursos en este tipo de delitos tendrán que responder a la justicia, y lo que estoy seguro de que no puede pasar, por el bien de la nación venezolana, es una especie de retaliación sistemática contra quienes alguna vez formaron parte de esto.

¿No son estos mismos grupos, los que no pueden eludir a la justicia, los que tienen a Maduro de rehén?

Lo que sucede con estos casos es que las acusaciones de narcotráfico, de violaciones de derechos humanos, cohesionan a las filas del régimen, sobre todo cuando se hacen al más alto nivel; esta gente sabe que los costos de su salida del poder son infinitos, no pueden dejar el poder porque su futuro está en la cárcel, habiendo perdido privilegios y prebendas. Por supuesto, son esos grupos los que tienen a Maduro de rehén, y no se trata, como se trató en el pasado reciente, que estén presos del dogma o de la ideología, sino que están presos de grupos que responden a la ilegalidad.

Pedro García Otero Pedro García Otero

Pedro García fue editor del PanAm Post en español. Periodista venezolano con 25 años de experiencia en cobertura de temas económicos, políticos y locales para prensa, radio, TV y web. Síguelo @PedroGarciaO.


Pubicado en PanAm Post el 19 de abril de 2017.

No se trata de unos «carguitos»

2016 pasará a la historia como el año en el que se oficializó la dictadura de Nicolás Maduro. Varios hitos lo confirman: el desconocimiento de la Asamblea Nacional y, con ella, de la voluntad popular; la usurpación de funciones de un TSJ cooptado que, además, acelera un proceso, ya en marcha, de judicialización de la política; el incremento de la persecución y la represión. Pero quizás el hecho que más retrata la erosión democrática y el avance de la autocratización sea la suspensión del derecho al sufragio.

Dos hechos evidencian la supresión del voto en Venezuela: el aborto a la convocatoria de un referéndum revocatorio presidencial y, sobre todo, la suspensión de las elecciones para elegir a gobernadores de estado y diputados a las asambleas legislativas. Las “regionales”, como se les conoce, han tenido menos protagonismo que la activación del revocatorio como mecanismo de cambio del régimen, y quizás por eso, sabiéndolas desde el poder sin mayores dolientes, resulta oportuno empezar, con ellas, la cancelación definitiva del hecho electoral en el país.

Con el mismo ímpetu con el que criticamos el exacerbado presidencialismo venezolano, somos prestos a descartar la importancia de las elecciones regionales. “Hay cosas más importantes”, decimos. “No es momento para defender parcelas”. Subestimamos, así, una de las conquistas democráticas más importantes de finales del siglo XX, la elección directa de gobernadores, y abrimos camino al régimen para consolidarse aun más.

El pasado 16 de diciembre venció el período de los gobernadores de estado. Lamentablemente, la legislación venezolana otorga absoluta discrecionalidad al Consejo Nacional Electoral para convocar elecciones, no hay una fecha fija para los comicios. Así que el CNE, saltándose la Constitución para servir a los intereses de una casta que se sabe incapaz de ganar elecciones, decidió otorgar una ñapa a los gobernadores que no sabemos cuánto durará. El CNE prometió, a finales de 2016, convocar a elecciones el primer semestre de 2017, pero a esta fecha no se ha discutido cronograma alguno en el directorio del Poder Electoral.

Descartar la importancia de las regionales es castigar al pueblo que sufre el mal gobierno del PSUV. El abuso, la corrupción, la ineficiencia: ese modelo nacional se reproduce en cada estado donde gobierna la coalición oficialista. El continuismo de esa gestión lo paga, como siempre, el pueblo. Pero subestimar la importancia de las regionales es, también, no comprender la sociología política del chavismo.

El modelo oficialista está basado en el clientelismo rentista. Engordaron el tamaño del Estado, con una nómina que sobrepasa las tres millones de personas. Un número significativo de esos millones no trabaja en el gobierno, sino que cobra por el gobierno. La diferencia es significativa: es la que existe entre el funcionario de carrera y el parásito del erario. Y esta dinámica perversa, que vemos en PDVSA y en tantos organismos “nacionales”, se reproduce, aguas abajo, en las gobernaciones y alcaldías.

De modo que sacar al chavismo del poder en las gobernaciones no sólo es la oportunidad para que la buena gestión remplace a la ineficiencia, sino que es desmontar la base clientelar de apoyo del oficialismo en las regiones. Si creemos en la probidad de los candidatos alternativos, eso significará que el dinero que hoy va a pagar activistas políticos, colectivos y agitadores irá, en cambio, a escuelas, hospitales, infraestructura y programas sociales. Pero, más aun, perder las gobernaciones, y con ellas la plataforma clientelar, socava desde abajo las bases del poder chavista.

De modo que no, no se trata de unos “carguitos” que la oposición busca negociar a cambio de la estabilidad del régimen. No opera una lógica del “o”, sino que se impone la lógica del “y”. El planteamiento regionales “o” salida del gobierno nacional es engañoso, y es utilizado astutamente por el poder para dividir las aspiraciones ciudadanas. Todo lo contrario, la lucha por las gobernaciones está en el marco de recuperación de las instituciones democráticas y de una manera distinta y mejor de hacer política y gestión. Lejos de ser incompatibles, regionales y salida del gobierno, las regionales representan una oportunidad más, un paso más, para el desalojo del chavismo del poder que hoy tiene secuestrado en función del control y los privilegios.

Asumamos, pues, la senda por las regionales como una reivindicación de la democracia, de la descentralización y del cambio. Eso sí, exijamos también democracia a los que se dicen demócratas, y pongamos la decisión en manos del pueblo: primarias para una unidad fuerte, legítima; gobernadores democráticos como punta de lanza del gran proyecto democratizador.


Publicado en RunRunes el 24 de enero de 2017.

Participación de la sociedad es fundamental para lograr una transición democrática

La posibilidad de que un escenario de transición democrática pueda prevalecer sobre uno de signo autocrático, depende en buena medida de la participación activa que la sociedad tenga en el proceso político actual, cuyo desenlace tendrá consecuencias para la resolución o no de la crisis económica, social y de inseguridad que vive el país.

Esta es una de las principales conclusiones del foro realizado este miércoles en el Teatro Trasnocho de Caracas, en el cual el Centro de Estudios Políticos de la UCAB presentó el libro “Transición democrática o autocratización revolucionaria” que comenzó a circular esta semana.

Durante el evento, Daniel Fermín, editor de la revista digital PolítikaUCAB, explicó que la publicación tiene como objeto que se discuta el proceso de transición en Venezuela, en un momento muy oportuno, por los acontecimientos que se desarrollan en estos momentos en la arena política.

Marcos Tarre Briceño, investigador especializado en temas de seguridad ciudadana y delincuencia organizada, y autor de uno de los capítulos del libro, expuso que en la medida en que se prolongue un régimen autocrático, seguirá profundizándose la crisis donde la delincuencia organizada se ha impuesto sobre la población civil, expresada en las tasas de homicidio y secuestros que figuran entre las más altas del mundo.

Expuso que la impunidad, la corrupción, las negociaciones con bandas criminales, el apoyo a grupos armados civiles y la presencia del narcotráfico, entre otros factores, han hecho que la sociedad demande un cambio, pues las políticas y el gasto estatal “no se están enfocando en donde es más necesario, que es en la delincuencia organizada vinculada a las propias actividades del Estado”.

Por su parte, el economista y profesor del IESA, José Manuel Puente, quien desarrolla en el libro la relación petróleo-economía, sentenció que Venezuela sufre, más que una crisis, un colapso económico, lo cual a su juicio va configurando un escenario propicio para que se produzca un proceso de transición democrática, aunque reconoce que en el corto plazo pudiera estarse dando una autocratización.

Explicó Puente que durante el boom petrolero se despilfarraron más de 800 mil millones de dólares y ello conllevó, en el marco de políticas equivocadas, a graves desequilibrios, que se manifestaron incluso antes de que cayeran los precios del petróleo. “Pero desde 2014 pasamos a una fase superior de la crisis, pues llevamos tres años de recesión”, señaló.

El colapso, según describió, está signado por caída en la producción, inflación, escasez, falta de inversiones, falta de reservas en divisas y depreciación de la moneda. “Este colapso nos lleva a una necesidad impostergable de un ajuste económico, que puede ser de cualquier signo, pero que sin duda tendrá que hacerse”, advirtió.

En el foro también intervino otra de las autoras del libro, la internacionalista Elsa Cardozo, quien defendió la tesis de que, para lograr una transición democrática, se requiere construir relaciones internacionales para lograr una incidencia que permita a países y organizaciones del hemisferio y del mundo colaborar para que se frene la imposición de un autoritarismo en Venezuela.

Recordó que después de un periodo durante el cual el gobierno construyó apoyos internacionales, los ha ido perdiendo, tanto por su actuación contra principios democráticos y derechos humanos, como por el cambio en los perfiles de los gobiernos en la región; aunque aún tiene margen de maniobra a través de organismos que fue creando con aliados de la región, como es el caso de Unasur.

Cardozo dijo que factores democráticos venezolanos durante los últimos años han ido cultivando relaciones, no solo a través de partidos políticos sino de organizaciones e institucionales civiles, que han logrado incidir en la comunidad internacional. Pero señaló que hace falta mayor presión para que se hagan evidentes los riesgos de autocracia y no se imponga la tesis que ha ido propagando el gobierno en medios internacionales de temor al caos para buscar su estabilización, y evadir así la posibilidad de que se materialice un cambio político.

Mientras tanto, Benigno Alarcón, uno de los coordinadores del libro y director del Centro de Estudios Políticos de la UCAB, recalcó que es indispensable que la sociedad participe activamente en los procesos de transición, ya que éstos no dependen exclusivamente de situaciones como la crisis económica, ni de la actuación de los agentes políticos.

Expuso que si bien es cierto que la autocratización es un riesgo presente y que los estudios indican que cuando los regímenes autoritarios competitivos pierden la posibilidad de ganar elecciones, y por lo tanto se radicalizan como autocracias hegemónicas; existen lecciones en la política comparada sobre transiciones que, si son aplicadas apropiadamente al caso venezolano, es posible lograr una transición democrática.

Alarcón indicó que “estamos en un conflicto asimétrico, en el cual el gobierno va a cooperar solo en la medida en que se vea presionado por los costos de intentar mantener el poder por la vía represiva, al no poder contar con el apoyo político mayoritario. Es esencial subirle el costo a esa represión”.

Recomendó que todos los sectores puedan consultar los análisis y propuestas expuestos en el libro. “Es importante que la sociedad entienda y comprenda su rol para que participe y esa es la contribución que hacemos todos quienes hemos colaborado en esta obra”.


Publicado en RunRunes el 17 de noviembre de 2016.

CEP-UCAB presenta foro sobre Transición Democrática en Venezuela este 16 de Noviembre

Especialistas del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello (CEP-UCAB) y de otras organizaciones nacionales e internacionales invitadas por esta entidad insisten en que Venezuela se encuentra hoy en la coyuntura más difícil representada por la encrucijada entre una transición democrática y la imposición de un régimen autocrático. Los retos que implican estos escenarios serán debatidos durante un foro que se realizará el miércoles 16 de noviembre a las 4:30 p.m. en el Teatro Trasnocho de Caracas.

El director del CEP-UCAB, Benigno Alarcón Deza, explicó que, ante la incertidumbre de la crisis política -exacerbada por la suspensión del referendo revocatorio y la controversia generada por el diálogo-, se hace necesario responder a una serie de interrogantes que el país se hace y que hasta el momento han quedado sin respuesta.

“No es cierto que el proceso venezolano es algo inédito o jamás visto. Si bien es cierto que todo proceso es único, la ciencia política comparada da cuenta de numerosas experiencias previas que permiten comprender bajo qué condiciones los procesos de transición logran materializarse o fracasan para dar paso a regímenes más autoritarios. Para ello el Centro de Estudios Políticos, en cumplimiento de su misión de contribuir con el fortalecimiento y progreso de la cultura política ciudadana y la gobernabilidad democrática, convocó a un equipo multidisciplinario de expertos, quienes han estado trabajando intensamente durante los últimos años para identificar los retos de estos escenarios”, informó Alarcón.

Durante este foro, abierto al público, estos analistas nacionales presentarán sus conclusiones sobre sobre el contexto de la transición política en Venezuela y las dificultades que atraviesa la posibilidad de un cambio de régimen y sus eventuales desenlaces.

transicionalademocraciacep-ucab

El programa de la actividad, moderada por Daniel Fermín, editor de PolitikaUcab, incluye las siguientes exposiciones: “Petro-Estado y regímenes políticos: El Caso Venezuela (1999-2015)”, por el economista José Manuel Puente; “Delincuencia organizada y transición”, por el consultor en el area de seguridad ciudadana, violencia y delincuencia organizada en Venezuela y America Latina, Marcos Tarre Briceño; “El reto de construir y consolidar relaciones e incidencia internacional democrática”, por la internacionalista Elsa Cardozo, y “¿Es posible una transición democrática negociada en Venezuela?”, por Benigno Alarcón Deza, director del CEP-UCAB.

En el contexto del evento, se presentará el libro editado por la UCAB, “Transición democrática o autocratización revolucionaria”, coordinado por Alarcón Deza y Miguel Ángel Martínez-Meucci, y en el cual participan investigadores como Ángel Álvarez, Ronald Balza, Ysrrael Camero, Elsa Cardozo, Daniel Fermín, Manuel Hidalgo, Margarita López Maya, Alejandro Oropeza, José Manuel Puente, Marcos Tarre Briceño, Juan Manuel Trak y Rafael Uzcátegui, quienes estarán presentes para intercambiar con el público asistente.