Una oportunidad para el cambio

En la foto: Nuestra candidata Katherine Ochoa (Yaracuy) en la comunidad de Agua Negra, municipio Veroes.

Mañana hay elecciones. Vamos a elegir diputados a la Asamblea Nacional para el período 2021-2026. Y lo haremos, hay que recordar, porque así lo establece la Constitución: se vence el período de los diputados electos en 2015 y toca escoger un nuevo parlamento. No, no es capricho del oficialismo ni producto de acuerdos subterfugios entre sectores políticos.

Hay quienes te dicen que no votes. Son los mismos que te dijeron que no votaras en 2005, permitiendo el más franco avance del proyecto oficialista, sólo para inmediatamente después ser candidatos a alcaldes y gobernadores sin decir «esta boca es mía»; los mismos que te dijeron que apoyaras a Arias Cárdenas, pues él era la «verdadera oposición» y quien no lo apoyara era «chavista»; los mismos que te dijeron que la esperanza era el general Rosendo y los que flirteaban con la idea de un Diosdado converso; los que fueron constituyentes, ministros, alcaldes, diputados, financistas y miembros de la dirección nacional del partido de Chávez y ahora se erigen como jueces de la pureza opositora; los mismos que te dijeron que Chávez salía con el paro, con el golpe, con la Plaza Altamira, con las guarimbas; los que te dijeron que Maduro se iba con La Salida, con la abstención, con las sanciones, con un golpe con unos guacales, con unos drones y la «comunidad internacional», esa que, según ellos, iba a aparecer entre vítores en las costas de La Guaira. Aparecieron, no entre vítores, sino en peñero, en una chapuza monumental.

Quienes te piden no votar son los que creen que la oposición es un título nobiliario que pertenece a las casas de Chacao, Baruta y El Hatillo. Te quieren castigar a ti por sus malas decisiones. Gritan duro, insultando, descalificando, para distraer de su gigantesco fracaso y del hecho de que la abstención sólo ha fortalecido -y sólo fortalece- al gobierno.

Juegan con tu rabia, para que tú, luego de que te prometieran que Maduro salía si no votabas, con el sí-o-sí, con los marines, el 30A, el TIAR, las sanciones y el R2P, en lugar de descargarla contra quienes te engañaron, lo hagas contra quienes desde el principio advertimos que todo eso era una estafa.

Te mienten: te dicen que la elección sólo es válida si vota tal porcentaje, no porque desconozcan la legislación venezolana, sino para manipularte; que sólo vale si reconoce Trump, Almagro, el PP o Duque. Te mienten.

Y te dicen que no, que la cosa no es mañana, sino pasado, con una “consulta” de otoño que busca darle un barniz de legitimidad a la continuidad de sus privilegios, de su beca desde el extranjero, de la millonada que manejan en dólares y sin contraloría. Y si te quejas, si criticas, si cuestionas, te dicen que es “traición”, cuando son ellos quienes te traicionaron con su engaño, jugando con las esperanzas y las aspiraciones de un pueblo.

Están equivocados, su arrogancia no les deja ver que hay un país allá afuera, y que nadie es más grande que Venezuela, ni siquiera ellos con sus ínfulas de superioridad

Ya basta.

Hoy, cuando Venezuela atraviesa la peor crisis de su historia contemporánea, desperdiciar la oportunidad del 6 de diciembre es un pecado. Hoy, cuando la gente no tiene gas y cocina con leña, cuando no hay gasolina, ni servicios, ni transporte, decirle a la gente que se quede quieta y no exprese su rechazo en las urnas es un lujo que sólo pueden darse quienes viven en una montaña de privilegios. No luchan contra el status quo porque forman parte del status quo.

Nada cambia desde la inacción. Sólo un pueblo organizado desde las bases puede impulsar los cambios que reclama Venezuela. Te dicen que no votes los que no quieren contarse dada la imposibilidad de salvar cara ante la erosión de su liderazgo, ese que elegimos votando por la tarjeta de la Unidad antes de que cada partido cobrara indulgencias con escapulario ajeno. Te dicen que eso no sacará a Maduro, y es lo único en lo que dicen la verdad. Pero nosotros no llegamos al 6D prometiendo sacarlo en 6 meses, ni con ficciones de abandonos del cargo, ni para convertir al Legislativo en el comando de campaña de cuatro partidos, no. Nuestra propuesta de cara al 6D tiene el indeleble sello de la verdad: queremos un Parlamento que legisle para la gente, que controle al gobierno y que brinde soluciones para Venezuela. Y también una Asamblea Nacional que reconfigure la arena política, no para sacar del juego a tal o cual factor que no quiso participar, sino para tener una Asamblea que se parezca más a Venezuela y que sea nuevamente lo que nunca debió dejar de ser: el centro de debate político de la sociedad, donde se legisle a favor de los venezolanos y no en contra del “enemigo”.

Ha sido una campaña corta, intensa y con todas las limitaciones que impone la pandemia y la escasez de recursos. Con mucha mística, con trabajo de hormiga, los activistas de Soluciones para Venezuela han hecho una campaña admirable. Son incansables. Desde las bases, nos unimos en una alianza de los comunes: Soluciones, Redes, movimientos sindicales y campesinos, estudiantes y docentes, representantes del movimiento LGBTI, de los pueblos originarios. Sin pedirle certificados de «pureza» ni cartas de antecedentes políticos a ningún venezolano, promoviendo la verdadera unidad del pueblo. Costa a costa en asambleas populares, casa por casa, llevando el mensaje del cambio para bien, de la reconciliación y el encuentro, construyendo soluciones con y para los más vulnerables, para los de abajo, los más afectados por la crisis siamesa de la incompetencia gubernamental y las sanciones que la agravan.

La suerte está echada. Miles de venezolanas y venezolanos de bien se alistan ya para ser testigos, miembros de mesa, movilizadores, voluntarios. Creen en Venezuela. Creemos en Venezuela. Aquí nadie se rinde, nadie baja la cabeza, nadie se abandona a la desesperanza ni al chantaje con el que las élites polarizadas pretenden decirle a Venezuela “esto es lo que hay”.

Mañana tenemos una oportunidad para el cambio, para la esperanza, para ponerle un bloque más a la construcción de un movimiento popular que encarne una alternativa real y venezolanista de progreso y solidaridad, que se dedique a los problemas de la gente y no a los problemas entre los políticos. En eso creemos, por eso activamos.

Vamos, pues, a votar, a cuidar los votos, a dejar claro que no será por nuestra inacción que se perderá Venezuela. Por los de abajo, vamos a votar en la tarjeta del mapa de Venezuela. Por el futuro, por una Asamblea plural, por tantas venezolanas y venezolanos que no se rinden, que no bajan la cabeza, que quieren vivir mejor: aquí está la solución.

¡Vota!

La Palma | Del trabajo de hormiga y quienes lo subestiman

La Palma

117 – 29 de octubre de 2020

Mi comentario de hoy

Del trabajo de hormiga y quienes lo subestiman

En Soluciones para Venezuela hemos activado siempre desde las bases. Es una postura que está engranada en nuestro ADN y que representa nuestra visión democrática, amplia, participativa y popular de la política. Pusimos, desde nuestra fundación, especial empeño en hacer de Soluciones un partido de verdad, un movimiento popular, y no una más de las tantas franquicias electorales que son tarjetas pero no partidos, ni tampoco el partido de una sola persona o de un pequeño cogollo. Aquí eso no va. En dos años, con esa prédica, hemos crecido hasta estar presentes en todas las 24 entidades federales, en los 335 municipios y en las 1146 parroquias a lo largo y ancho de nuestro país. La clave ha sido el trabajo de hormiga, ese que es ajeno a y distinto de la simulación, de la manipulación, de la puesta en escena para los medios de las que tantos ‘partidos’ se precian.

Cuando quisimos fundar una organización política distinta, al servicio de las causas populares, apostamos desde el primer día a la diferenciación. En un país polarizado, diferenciarse es pecado. Lo noble es la «unidad». Pero nosotros apostamos a la unidad del pueblo venezolano, no a la que se erige como chantaje y camisa de fuerza para acallar el disenso y para el dominio de las roscas. Así que no sólo nos diferenciamos en nuestras ideas, en nuestros programas, asumiendo una cruzada por el voto, por la participación, por las bases populares, por el encuentro, la reconciliación y los de abajo, en contraste con la guerra, la violencia, la política de élites, el conflicto por el conflicto, los intereses inconfesables y los privilegios de pequeños grupos, sino que también nos diferenciamos en nuestra manera de abordar el trabajo político. Casa por casa, escalera por escalera, quebrada por quebrada, caserío por caserío. Soluciones es un partido que no «sube» cerro porque nace, brota de los cerros; que no «va» a los caseríos porque de allí es: del sindicato, de la fábrica, de la escuela, de la universidad, del campo, de la lucha. Del pueblo.

Y ha sido tanta la diferenciación que se le hace imposible entendernos a quienes están acostumbrados al cogollo y la rosquita, esa que está a años luz de la gente, en sus privilegios, y que no sabe la diferencia entre Guárico y Guarico, a esos que si los sueltas en una comunidad popular sudan frío, aterrados, ante lo que no conocen y ven como «territorio enemigo». Por eso, no nos sorprendió cuando un par de vedettes de la comunicación venezolana, uno de ellos el ex líder de facto de la oposición durante años, creyeron que se la estaban comiendo «burlándose» de nuestra gente al publicar en sus redes y difundir por sus servicios de mensajería una foto de nuestro pueblo humilde de Cariaco organizándose para las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. No importa que haya una pandemia, ni que ellos no convoquen ni a su familia. Encumbrados en sus privilegios, desde la prepotencia de su clasismo segregacionista, se mofaron de una foto en la que unos treinta compañeros de los comités locales de Cariaco posaban frente a una pancarta como símbolo de su compromiso con las venezolanas y los venezolanos.

La foto en cuestión

Es el trabajo de hormiga, el de todos los días. Como esos treinta compañeros, que lo sepan las prepotentes vedettes, hay miles en todo el país. ¿Cuántos? Son 14.382 comités locales y basales los que desde Soluciones para Venezuela hemos conformado en todo el país, en los pueblos más remotos, construyendo un partido de abajo hacia arriba. «Pero sólo tienen 2000 seguidores en Twitter», nos reclama alguno. Y sí, con todas las limitaciones, tenemos retos que superar en lo comunicacional, pero prefiero tener gente de verdad y que nos falten en las redes, a tener cuentas en las redes y que no haya gente de verdad, respondo.

Somos miles de miles los que creemos en este proyecto, que no se construye con base en una identidad negativa, que va libre de odios, con la misión de construir, con la gente, un cambio para bien, de promover la reconciliación y el encuentro, de luchar sin descanso y sin complejos por los de abajo. Es el trabajo de hormiga, como el de los 30 compañeros burlados por los prepotentes privilegiados, el que conduce los esfuerzos de este movimiento popular que tiene la vocación de alcanzar el poder para dárselo a la gente.

Sigan pues, encumbrados, subestimándonos, despreciándonos, mirándonos por encima del hombro. Nosotros seguiremos haciendo lo que sabemos hacer, trabajando con el pueblo, por el pueblo, esa idea que les es tan ajena que no les queda más que la sorna. Se van a llevar una sorpresa. Con el trabajo de hormiga seguiremos luchando por las reivindicaciones de la gente e impulsando una Venezuela mejor para todas y para todos, una Venezuela de inclusión, de solidaridad y de amplia participación, aunque nos subestimen.


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La polarización extrema ha significado la cooptación de los principales medios de comunicación. La Palma es un espacio que ofrece una visión crítica detrás de algunos de los principales titulares diarios, en un formato sucinto.

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La Palma | El espanto conservador

La Palma

116 – 26 de octubre de 2020

Mi comentario de hoy

El espanto conservador

En algún lugar escribí, no recuerdo dónde ni cuándo, que al final del día el chavismo iba a terminar siendo el partero de la derecha más reaccionaria que haya tenido Venezuela. Atribuyámoslo al “péndulo” o a las heridas y experiencias traumáticas de estos veinte años en los que un grupo, en nombre de la izquierda, arrasó con el país. El hecho es que, efectivamente, hoy se ha atrincherado el conservadurismo, que intenta erigir una plataforma política para sus ideas, persiguiendo el éxito que les es esquivo políticamente desde la llegada de la democracia el siglo pasado.

Por supuesto, no lo hace abiertamente. Son conservadores quienes se dicen “liberales”. También lo son muchos de los que se dicen de “centro”, e incluso muchos de quienes se dicen “socialdemócratas”. Ser conservador es una raya que no están todavía dispuestos a portar con orgullo en este país nuestro, aunque el conservadurismo destile de cada declaración, postura, crítica y propuesta que hacen. Y, por supuesto, no hay en el debate de sus ideas políticas mucho de debate, ni mucho de ideas políticas, sino que se reducen a la superficialidad y a un dogmatismo que, también, es superficial. Al final no representan, al menos hoy, más que un cúmulo de eslóganes al caletre, sin profundidad, sin elaboración, sin programa.

Pero allí están, con Ayn Rand de fondo de pantalla de la computadora y Ronald Reagan en el del celular. Y hoy andan espantados viendo como el pueblo, ese que ven como un cúmulo de individuos “ignorantes”, el mismo que según ellos evidencia el error de la democracia y demuestra la supuesta superioridad de su modelo dizque “republicano”, les dice “a otro perro con ese hueso” y se abraza a otras alternativas populares.

Creen que Venezuela es el ombligo político del mundo y, por ende, se venden como los gurús de la sabiduría. A cuenta de qué, no lo sabemos, pues lo que recetan afuera no lo han logrado aplicar con éxito adentro. Pero, “vienen del futuro”, insisten, a advertirle a los países del mundo los peligros de todo lo que huela a inclusión, a solidaridad, a igualdad, a derechos para todas y todos, a cambio, a progreso. A todo lo que implique ver al ser humano como algo más que una mercancía.

Se trata del espanto de un grupo que se siente cómodo y seguro a la derecha, que llega al absurdo de ver la política mundial en términos de la lucha de «chavismo contra oposición» que ha desatado la polarización política extrema en nuestro país en los últimos veinte años. Así, han desarrollado una aversión no sólo a las elecciones, que demuestran en su militante postura abstencionista, sino a la democracia. Se hacen eco de teorías de conspiración para denunciar alianzas globales, perversas, para acabar con occidente, con la familia, con todo lo sagrado. Para ellos está prohibido criticar al capitalismo, para ellos es perfecto. La desigualdad no es sólo normal sino deseable. Lo mismo con la injusticia. «La vida es así, trabaja y echa pa’lante», dicen quienes nacieron en tercera base pero juran que batearon un triple.

Por eso andan con un rosario en la mano cuando ven lo que pasa en Argentina, en Bolivia, en Chile, hasta en España. Incluso se lanzan contra el Papa, el jefe de la organización más conservadora del mundo, a quien en su ignorancia llaman ‘comunista’. Con toda seguridad habrían estado en contra del Concilio Vaticano II. No hay que hurgar demasiado para leer mensajes de quienes, desde esas trincheras, todavía lamentan la reivindicación que significó el voto para la mujer.

No es verdad que hay una lucha global, existencial, entre buenos y malos. Menos verdad es que haya que escoger, en esa lucha, por estar del lado de los Trump, de los Duque, de los Bolsonaro y de las Añez, por no decir los Pinochet, los Pérez Jiménez, los Franco que hoy son reivindicados por viejos y nuevos militantes de la derecha, o de lo que creen que es la derecha.

La verdad es que le tienen pavor al cambio, a ese cambio que requieren nuestros pueblos y que resulta imposible desde la comodidad del status quo, desde el recetario de quienes reclaman que les dejen todo como está, no importa si el mundo se cae a pedazos alrededor de sus privilegios y de su confort. Les aterra tanto el cambio que lo resisten aun cuando el status quo reproduzca todo lo que dicen adversar.

No estamos ante una derecha seria, estudiosa de los problemas, democrática. Lo que hay es esta derecha conservadora superficial y autoritaria, supremacista, segregacionista y de falsa superioridad moral. La lucha por la democracia venezolana pasará por combatir el autoritarismo que comparten en plácidos sueños autócratas de izquierda y de derecha, a quienes los une el desprecio por la democracia y por las causas del común.

Nosotros acompañamos el reclamo de cambio para bien guiados por los valores de las luchas emancipatorias, la inclusión, la igualdad, la solidaridad y la participación popular y democrática. Sin medias tintas, sin amilanarnos en el chantaje del espanto conservador que pone el grito en el cielo con las reivindicaciones de las mayorías mientras mira a otro lado ante el fracaso social y económico de su propuesta agotada, de las injusticias y del signo autoritario que las alimenta.


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La Palma | El cambio no es un eslogan ni hay cambio dejando todo como está

La Palma

115 – 22 de octubre de 2020

Mi comentario de hoy

El cambio no es un eslogan ni hay cambio dejando todo como está

Extraños compañeros de cama, los defensores del status quo. Unos, que no quieren que nada cambie para seguir en el poder. Otros, que no quieren que nada cambie para seguir en los privilegios de un poder de fantasía que maneja recursos muy reales. Y en el medio, un país. Ese que está más allá de la lucha existencial. Ese, para el cual el cambio no es es un eslógan vacío sino una urgencia. Ese, que padece la peor crisis de nuestra historia contemporánea. Venezuela, clamando por un cambio, mientras ve en las élites polarizadas una férrea guerra por dejar todo como está.

Es la polarización extrema, con su juego suma cero, la que sostiene esa dinámica perversa. Por eso es fundamental desmontarla, pulverizarla. Y eso sólo puede hacerse desde la acción, desde la participación, desde la movilización popular. Y el reto más próximo para ejercer esa acción ciudadana son las elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre.

Los que no quieren cambio sepultan bajo sus narrativas los problemas de la gente. Para ellos, hay que esperar. Nosotros sabemos que Venezuela no puede dejar para mañana las urgencias de hoy. La crisis de la salud, del sistema educativo, del transporte colectivo, de los servicios públicos, de la producción nacional, de la economía, no es un tema «para después». Ni «para cuando salga Maduro» ni «para cuando acabe la guerra económica». Es para ya. Si no, pregúntenle a los ciudadanos, cuyos problemas son apenas instrumentalizados por los dos grupitos divorciados de la realidad, empeñados en la sádica dinámica de la confrontación estéril.

Y leen la cosa mal. Los unos, porque sobreestiman su poder. Los otros, porque piensan que todo se trata de una competencia por monopolizar el descontento y el liderazgo de eso que han llamado «la» oposición. Están equivocados. Se trata de construir soluciones junto a los venezolanos, independientemente de su militancia política, de sus simpatías, de su orígen y sus creencias.

No quieren cambio. Nosotros sí, porque este ping pong de odios no le ha servido a Venezuela sino para promover más desintegración social, más división, más penurias. Es hora de darle un giro de 180 grados a Venezuela y nosotros asumimos la tarea de acompañar ese giro desde las bases, desde las comunidades, guiados siempre por los valores de la democracia, de la participación, de la inclusión, de la solidaridad y del amor por Venezuela.

No hay manera de impulsar las reformas que requiere la sociedad venezolana sin un cambio genuino y, aunque parezca increible tener que escribirlo, no hay cambio dejando todo como está, y eso incluye esta dinámica que ya lleva 20 años en la que dos grupitos dividen artificialmente a Venezuela entre «gobierno» y «oposición», «buenos» y «malos».

Romper la inercia no es fácil. Todo lo contrario, levanta mucha roncha. Pero no hay de otra. Por eso insistimos en un camino distinto. No nos interesa -allí se equivoca la élite que pretende monopolizar el descontento- ser «la» nueva oposición. Nos interesa construir la nueva mayoría que saque a Venezuela de abajo. Y sabemos que construirla pasa por la amplitud, por el pluralismo, por ver hacia adelante más que hacia atrás, sin guardar facturas, sin discriminar, sin excluir. Sin odiar. Y quizás por eso no lo entienden, quienes han usado el odio como combustible político. Y por eso nos acusan de una y mil cosas, quienes sólo juzgan por su condición. No les cabe en la cabeza una alternativa venezolanista, popular, que se las juega por unir a Venezuela en lugar de separarla.

No podemos seguir así. Por eso insistimos, junto a un pueblo que no se rinde, que es ejemplo para quienes se dicen líderes pero se limitan al diagnóstico, la inacción y la pasividad. Junto a ese pueblo construiremos el cambio y le devolveremos la esperanza a Venezuela.


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La Palma | ‘Espejito, espejito’, a propósito de la ‘consulta’

La Palma

114 – 2 de octubre de 2020

Mi comentario de hoy

‘Espejito, espejito’, a propósito de la ‘consulta’

Ayer dieron a conocer los voceros y periodistas de lo que aún llaman el gobierno interino las preguntas de la ‘consulta’ que plantean hacer en búsqueda de legitimar la continuidad del (su) status quo. Confunden “hacer algo” con hacer cualquier cosa, en este caso otra comiquita, otra chapuza, que no sólo ya no cuenta con el entusiasmo del grueso de la población, sino que terminará, nuevamente, en la frustración de la minoría que todavía ve esperanzada este tipo de iniciativas.

Debieron, una vez anunciadas las preguntas, anunciar de una vez el resultado. Después de todo, no sólo es la ‘consulta’ un evento unilateral de un sector homogéneo del espectro político, sino que no hay manera de hacerle auditorías. Que anunciaran hoy que 30 millones votaron sí y sí, como aquel 16 de julio, le ahorraría a todo el mundo tiempo y recursos.

Al final del día, esta ‘consulta’ no se diferencia mucho de la elección de la Asamblea Constituyente convocada desde el oficialismo. Es, en ese sentido, apenas la asamblea política de un grupito de partidos, de un solo sector.

Lo realmente llamativo es lo que hay detrás de la iniciativa, que deja ver cuál es su visión del parlamento, una en la que brilla por su ausencia el pluralismo y, al contrario, se afinca la predilección por el sectarismo y la unicidad de criterios.

La consulta de ‘espejito, espejito’ sólo busca una simulación de participación que aplaque los ánimos al interior de la coalición interina y que justifique la extensión de los privilegios de la casta que ha manejado recursos de la nación sin contraloría alguna. Cualquier parecido con sus supuestos adversarios no es pura coincidencia.

La ‘consulta’ es una comiquita, que pone de relieve una vez más la necesidad de enseriar la política. En ese sentido, insistimos en la verdadera consulta para impulsar un cambio para bien: la participación activa del pueblo en las elecciones para elegir a sus diputadas y diputados a la Asamblea Nacional. Y, en los meses siguientes, las que se harán para elegir alcaldes, concejales, gobernadores y legisladores regionales. Lo demás es vivir en la ficción y en el engaño, todo para garantizar, paradójicamente, el continuismo del status quo.


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La Palma | Aquí estamos y no nos rendimos

La Palma

113 – 1 de octubre de 2020

Mi comentario de hoy

Aquí estamos y no nos rendimos

En Soluciones para Venezuela hemos tenido un sólo discurso y no titubeamos en nuestras banderas: Vamos a dar la pelea por Venezuela. Y lo haremos promoviendo la participación activa de las venezolanas y los venezolanos. Aquí hay un movimiento popular que no se rinde ni se amilana ante los chantajes.

No vamos a dejar al pueblo de su cuenta padeciendo la peor crisis de nuestra historia. Todo lo contrario, vamos a alzar su voz en todos los escenarios para promover un giro de 180 grados a la dinámica que hoy tiene a Venezuela en el foso.

No vamos a abandonar a los venezolanos. No vamos a subordinar los intereses de las mayorías, de los más vulnerables, a los cálculos pequeños y los intereses personales. Todo lo contrario, vamos a insistir por los trabajadores, por los campesinos, por los estudiantes, por los adultos mayores, por los educadores, por el personal de salud, por un pueblo cuyos problemas no cesan porque algunos políticos decidan cruzarse de brazos, como es su costumbre.

No falta quien pretenda invisibilizarnos, subestimarnos. Se van a llevar una sorpresa. Aquí estamos y no nos rendimos en la lucha por Venezuela, poniendo todo nuestro empeño en la participación, en el voto, en la reconciliación, en el encuentro, el el cambio para bien, convencidos de que esto tiene solución.


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La Palma | Tomar sopa con tenedor

La Palma

112 – 30 de septiembre de 2020

Mi comentario de hoy

Tomar sopa con tenedor

El país por un lado y los analistas por otro. Al menos, muchos de ellos. Que si Borrell, que si Almagro, que si Trump. Los domina una visión de clase media y ‘racional choice’ que no, no es “objetiva” ni permite ver la película completa. Para no hablar de las cooptaciones ni la polarización…

Es como tomar sopa con tenedor. Se les escapa lo sustantivo, no le tienen el pulso al país por ningún lado. Hablan de un fulano amparo, colgando las esperanzas en un artilugio creado para servir intereses políticos concretos, con nombre y apellido, cuando el país requiere que nos enfoquemos es en El Amparo, la tierra donde nació mi abuela, y en tantos otros poblados que hoy sufren la crisis provocada por el mal gobierno y agravada por las sanciones y el juego suma cero en el que Venezuela toda pierde.

Todo es “estratégico”, andan por la estratosfera, sin aterrizar en los problemas de la gente, que sólo ven como accesorios, como medios para provocar sus fantasiosas implosiones que llevarían a sus aun más fantasiosos escenarios en los que estas culminan, no con mayor caos y desintegración social, no con violencia, sino con la entrega del poder a estos salvadores notables que pretenden el monopolio del descontento popular.

Y siguen con la exclusión. Creen que los actores están contados y que no cabe nadie más que ellos. Invisibilizan los esfuerzos de miles de activistas, de líderes campesinos y sindicales, de las comunidades organizadas, en barriadas y poblados a lo largo y ancho del país. Los minimizan, los subestiman, en parte porque no los conocen, porque no los entienden; en parte por pura mezquindad, sobre un pedestal de falsa superioridad moral.

Esa visión de élites, de purita «rational choice», de análisis estratosférico, esa manera de tomar sopa con tenedor, no sirve ni para analizar la complejidad de la situación ni para sacar a Venezuela del foso. Por eso, desde aquí insistimos en un camino distinto, concreto: la participación activa de las venezolanas y los venezolanos, sin pedirle permiso a élites ni pretendidas ‘vanguardias’, sin pedirle por favorcito a actores externos que poco nos conocen y menos les interesamos. Apostando a y por Venezuela, por su gente, por sus problemas y por las soluciones que nos permitan, juntos, salir adelante.


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