Rompiendo la polarización por los derechos LGBTQI

Fue un jueves. Hasta allí llega, quizás, el consenso sobre lo ocurrido aquel 11 de abril 2002. La pantalla dividida a las 3:45 de la tarde, cuando los medios emitieron imagines de lo que ocurría en la calle de forma simultanea con la cadena nacional de Hugo Chávez, era la metáfora de un país. Chávez se había consolidado como el referente principal, en torno a quien se desataría una polarización extrema que definiría los próximos veinte años de la historia de Venezuela. En el altar de esta polarización extrema se sacrificaron la participación, la soberanía, el pluralismo. El disenso se hizo traición. La rendición de cuentas dio paso a las solidaridades automáticas. El clasismo halló, también, domicilio en la polarización y en la lucha descarnada por el poder que desató entre sus elites. Por doquier se sentiría la presencia de dos países enfrentados. De allí no hemos salido.

Por todo esto es que resulta extraordinario lo que han logrado los movimientos feministas y los movimientos por los derechos de la población LGBTI en Venezuela. A punta de activismo, de poner los temas sobre la mesa, han sido los únicos que han logrado romper, en algo, esta guerra permanente y levantar, hombro a hombro, sus banderas con gente del “otro bando”. Es en este contexto que conversé con Richelle Briceño, activista trans, militante del partido REDES y ex candidata a la Asamblea Nacional, y con Yendri Velásquez, coordinador de la organización SOMOS en Caracas y activista LGBTI. Lo que sigue es la historia de una lucha brazo a brazo, todavía lejos de alcanzar sus objetivos. Nuestra conversación, realizada por Zoom, ha sido editada por su claridad y extensión.


Daniel Fermín: Estamos por cumplir 20 años del 11 de abril. ¿Qué recuerdos tienen de ese día?

Richelle Briceño: Yo estaba rezando en una capilla en San Antonio de los Altos. Antes de ser una mujer trans, en aquella época, era seminarista. Yo pertenecía a la congregación Salesiana Don Bosco y estaba totalmente prohibido hablar de política. Llegaban las informaciones, pero no teníamos acceso a lo que estaba ocurriendo en el país.

Yendri Velásquez: Yo tenía 10, 11 años y no entendía nada de lo que estaba pasando. Mi papá militaba en el Movimiento al Socialismo y yo crecí yendo a la casa del MAS, crecí con Teodoro Petkoff, con Puchi. En ese momento, mi papá era opositor al gobierno de Chávez, que en principio había apoyado. Y me acuerdo que después había mucha tensión en casa de mi abuela, porque mi familia por parte de mi mamá era muy chavista. Era todo muy incomodo. A veces mi papa ni siquiera entraba al comedor, se quedaba afuera con algunos de mis tíos. Sí recuerdo ese ambiente muy tenso.

RB: Mi mamá era chavista también. Y yo la llamé precisamente para medio burlarme…El día siguiente, me devuelve la llamada para burlarse de mí porque Chávez había vuelto.

DF: Uno de los signos de esos tiempos, y de estos tiempos también, ha sido precisamente esa intensa división que hemos vivido como sociedad, que permea a la familia, lugares de trabajo, relaciones. ¿Cómo ha afectado ese clima a su activismo y su actividad por la defensa de los derechos?

RB: Yo me uní al trabajo de activismo después de haber iniciado mi transición y notaba una separación importantísima entre activistas que se hacían llamar de izquierda o chavistas y activistas que se hacían llamar de oposición. Poco a poco, entre 2015 y 2017, esa pugna se agudizó, se agravó, entre los activistas. Porque ya no se podían ni siquiera ver. Ya no se podían ni siquiera hablar.

Yo les decía “compañeros y compañeras, cuando a nosotros nos van a discriminar, no nos preguntan si somos chavistas, si somos opositores, si vivimos en el Country [Club], si vivimos en [la barriada popular de] La Vega”. Eso no importa. Porque a la hora que nos van a discriminar, nos van a discriminar por nuestra orientación sexual y nuestra identidad de género. Y es ahí que tiene que estar enfocada nuestra lucha.

YV: Además, y esto lo digo como opositor, había y hay todavía esta idea de que vamos a lograr cambio de gobierno inmediatamente. Que esta gente no va a estar por mucho. Y esta idea te hace a ti funcionar bajo una lógica de que no los necesitas, porque no van a estar. Y creo que es mucho de lo que esta pasando. Una de las cosas que he asumido es que, si bien no soy seguidor del chavismo ni de quienes están hoy en las instituciones, sé que van a estar un tiempo más. Y eso me hace a mí abandonar esa tesis o estas lógicas de que no los necesitamos, porque van a estar ahí. Están ocupando las instituciones y están ejerciendo el poder. Si, como activista, desconozco a quienes están en el poder, ¿qué hago? Porque, chévere, yo puedo seguir haciendo grupos de apoyo y teniendo un impacto positivo. Pero son diez personas semanales, comparadas con la cantidad de personas con necesidades en todo el país, más aun en contexto humanitario, en contexto de pandemia.

Tenemos que entender que los que están en estos espacios son los que pueden generar cambios, positivos o negativos.Este cambio en la lógica nos obliga a reconocer a los actores que están.

Tenemos que entender que los que están en estos espacios son los que pueden generar cambios, positivos o negativos. Y desconocerlos por algunas posturas individuales, no hacer la incidencia necesaria, sería también traicionar cualquier principio del activismo que busca el bienestar para toda la población.

Es necesario reconstruir el tejido social. Yo tengo limitaciones para sentarme con quienes son autoritarios. No necesariamente con quienes son chavistas. Tengo familia que es chavista, no voy a decir, “no me siento con ellos, no les hablo más nunca”.

Al final, debemos evaluar cuáles son los asuntos en los que coincidimos y podemos avanzar, cuáles son los puntos que son irreconciliables. Creo que es fundamental tenerlo claro, porque yo me puedo sentar hoy con un grupo de gente, pero si me dicen, “mañana vas a tener que sentarte con Maduro”, mira, no. Yo puedo apostar al encuentro entre ciertos actores políticos. Yo puedo apostar a construir soluciones. Pero yo, particularmente, tengo mis limitaciones con quien es acusado de delitos de lesa humanidad. Para mí eso es una línea roja y estoy convencido, tristemente, de que bajo el gobierno del PSUV no van a ser muchos los avances.

DF: Richelle, ¿Tu te sentarías con Maduro si implicara un avance en la lucha de la comunidad?

RB: Sí, yo me sentaría con quien tenga que sentarme. Hasta con el diablo. Porque si le puedo dar con eso un poquito de felicidad a alguien, lo voy a hacer. Si eso ayuda a evitar en algún grado que las generaciones que vienen, cuando tengan 14, 15 años, digan “me voy a suicidar porque mi familia no me quiere, porque mi familia no me acepta, porque no tengo derechos, porque nadie me comprende, porque nadie me respeta”, sí. Si yo me tengo que sentar con Maduro, si me tengo que sentar con Diosdado, con quien me tenga que sentar, lo voy a hacer. Así me digan chavista, me digan lo que quieran. Yo tengo un foco, lo que yo deseo es que Venezuela avance en temas de derechos humanos.

Yo estuve sentada en la Asamblea Nacional Constituyente en 2017. Todo el mundo habla de la ilegitimidad de la constituyente. Pero si a mí se me llamó como activista para decirme, “¿Puedes redactar un anteproyecto de ley integral para la comunidad LGBTI?”, ¿Por qué no lo voy a hacer? Hoy en la Asamblea Nacional está creada la subcomisión para asuntos LGBTI dentro de la comisión de desarrollo social integral, y la ley está siendo circulada porque va a ser presentada.

Yo también tengo mi línea roja, y es en cuanto a sentarme con personas anti-derechos, con quienes promueven terapias de conversión, con quienes se declaran contrarios al matrimonio igualitario o quienes pretenden gobernar a Venezuela desde la Biblia o desde la religión.

"No más crimenes de odio." Activistas manifestan por los derechos LGBTQI en Caracas, Venezuela, el 28 de noviembre 2021. (Edgloris Marys / Shutterstock)

«No más crimenes de odio.» Activistas manifestan por los derechos LGBTQI en Caracas, Venezuela, el 28 de noviembre 2021. (Edgloris Marys / Shutterstock)

DF: Hoy logran coincidir en algunos espacios activistas LGBTI chavistas, opositores e independientes. ¿Ha sido fácil? ¿Cómo han logrado ustedes lo que no han logrado ni los sindicatos, ni las asociaciones campesinas, ni los educadores, ni los estudiantes? ¿Cómo han logrado romper un poco con esta polarización y qué lecciones creen que deja para otros movimientos?

YV: No ha sido fácil. A veces toca tragar grueso para poder construir, para poder incidir positivamente, porque al final, y lo decía Richelle, hay mucho de dejar posturas personales fuera de la mesa, sin abandonar los principios, pero entendiendo que esto va mas allá de ti. La verdad, ¿Yo quisiera sentarme con la gente de Primero Justicia? No. Pero ¿Eso puede ser positivo y necesario para avanzar un tema de derechos humanos? Sí. Entonces, no es fácil, pero es necesario.

No quiero minimizar el conflicto político que existe en el país, pero hay veces que se ha promovido tanto la deshumanización del otro y tratar todo desde la otredad, que eso termina deshumanizando la gente cuando somos prácticamente iguales. Al final, entre los activistas LGBTIQ vinculados al chavismo y los que no estamos vinculados al chavismo, la única diferencia es que ellos tienen demasiada esperanza en el chavismo y nosotros no tanto. Pero en otros aspectos, estamos prácticamente en acuerdo en la agenda LGBTIQ. Obviamente, siempre con sus discrepancias.

DF: ¿Cómo han logrado ese mayor encuentro que no han podido lograr otros grupos? ¿Cuál crees que ha sido el éxito?

RB: Reconocernos. Reconocernos. Reconocernos. Ahora, ¿Ha sido sencillo? No. Por haberme sentado en 2017 en la Constituyente, me etiquetaron de chavista. Y por haber participado en las elecciones parlamentarias de 2020, el ataque fue mayor, fue más fuerte. Entre los extremos, no cabe la concepción de que algunas personas no estemos polarizadas. Te quieren llevar a la polarización. ¿Estás conmigo o estás con ellos? Eso ha venido superándose porque nos hemos reconocido. Ese reconocimiento de que el otro también es necesario para darle dinamismo a la lucha ha permitido que nos sentemos todos en un mismo espacio.

DF: Ahora, lo positivo de este encuentro también resalta los retos que tiene el movimiento por delante. Hay un rezago importante en términos de derechos respecto a otros países de la región. ¿Por qué un gobierno socialista no ha legislado en favor de las reivindicaciones de la comunidad LGBTI? Y ¿Por qué tampoco ha estado en la agenda de la oposición o de las oposiciones? ¿Qué está pasando?

Hay una lógica mantenerse en el poder que sobrepasa cualquier compromiso ideológico.

YV: Hay una lógica mantenerse en el poder que sobrepasa cualquier compromiso ideológico.

DF: ¿Tú crees que adelantar una agenda de inclusión atenta contra su permanencia en el poder?

YV: No necesariamente atenta, pero no le suma a mantenerse. Tiene otras prioridades. Otro factor ha sido que los costos políticos y sociales de ser homofóbico son relativamente nuevos. Hubo una época en que casi no se hablaba del tema LGBTIQ. Las organizaciones vuelvan a agarrar fuerza en un ambiente muchísimo más polarizado y entran ya a ajustarse a la polarización. Y esa misma polarización hizo complicar la incidencia publica, la incidencia en las instituciones. Entonces te das cuenta de que hay organizaciones nuevas que no tienen idea de qué va la incidencia publica en las instituciones. La idea de la incidencia es nada más protestar y ya. No hay trabajo con los políticos, con los que toman decisiones directamente.

Si bien la elite de chavismo tiene o tuvo una narrativa muy socialista, muy de izquierda, la verdad es que las banderas de lucha ideológica en el país yo las siento muy difusas. No hay espacios de discusión de bases en los partidos. A pesar de la narrativa y el discurso del poder, su compromiso con banderas como la de lucha LGBTI y el feminismo no son reales.

RB: Coincido con Yendri. Y agregaría que desde el gobierno no se ha avanzado, pero tampoco desde la oposición. Mientras el gobierno se dedicó a afianzarse en el poder, el sector opositor se dedicó a buscar la forma de deponerlo. Estos últimos cinco años transcurrieron en esta dinámica. Los temas sociales, los derechos humanos de la población LGBTI y de las mujeres quedaron relegados a segundo plano.

DF: Tamara Adrían fue electa como la primera diputada trans en Venezuela, y la segunda en Latinoamérica, en 2015. Luego de su paso por el parlamento, ¿por qué no logró Tamara avanzar en toda esta materia pendiente?

RB: El parlamento se dedicó a tumbar el gobierno. En sus cinco años, es la verdad.

YV: Este tema es un poco incomodo para mí porque Tamara Adrían y el activista Edgar Baptista básicamente me enseñaron todo lo que sé. La oposición y el gobierno no han asumido el tema LGBTI y en eso tienen mucha influencia también las iglesias. Por un lado, la iglesia católica y por otro lado las iglesias evangélicas. Además, desde el lado del gobierno, el tema militar.

Cuando militaba todavía en Voluntad Popular, recuerdo que, cuando postularon a Tamara, el cardenal Urosa Savino (Arzobispo de Caracas) llamó a la Sra. Antonieta (madre del Coordinador Nacional del partido, Leopoldo López) para reclamarle que el partido de Leopoldo había postulado a Tamara. También otras personas y liderazgos de la iglesia estaban llamando a directivos del partido para hacer presión, e incluso en la campana Tomás Guanipa (Secretario General del conservador Primero Justicia y compañero de fórmula de Tamara Adrián) nunca se tomó una foto con Tamara. Y Primero Justicia tuvo una línea de asumir posturas menos de frente con el tema LGBTIQ.

¿Por qué Tamara no hizo más? Yo creo que hay varias cosas. Una es la lógica bajo la que estaban manejando la Asamblea Nacional, que como decía Richelle, se dedicó al cambio del gobierno y no a legislar. Quienes asumieron las diputaciones nunca asumieron que eran diputados de un poder electo, que eran poder del Estado. Y eso le puso limitaciones a ellos mismos y a ellas mismas. Y por otro lado, ya Tamara tiene una agenda distinta. Y creo que la visión del activismo, la visión de organizar el tejido ya pasó para ella.

"No más discriminación." Activistas manifestan por los derechos LGBTQI en Caracas, Venezuela, el 28 de noviembre 2021. (Edgloris Marys / Shutterstock)

«No más discriminación.» Activistas manifestan por los derechos LGBTQI en Caracas, Venezuela, el 28 de noviembre 2021. (Edgloris Marys / Shutterstock)

Lamentablemente, esta visión de hacer política de lo LGBTIQ, de reconstruir dentro de lo LGBTIQ no la tuvo. ¿Por qué? No sé. Incluso más que las leyes, entendiendo el escenario de conflicto entre poderes que había, creo que esto es el saldo mas negativo que tiene la diputación de Tamara. Y de Rosmit Mantilla (activista y ex diputado). Porque no hay que olvidarse que si bien Rosmit estuvo preso y obviamente esa una limitación importante, cuando salió tampoco se dedicó a esto.

No quiero sonar a que estoy quejándome de ellos, para nada. Pero soy un ciudadano, hice campaña por ellos, los apoyé, estuve ahí, hice propuestas, no estaba ajeno del escenario de la Asamblea Nacional, estaba participando activamente. Al final, una de las sensaciones que nos deja la diputación de Tamara es el inexistente apoyo de los factores que se dicen ser democráticos a la agenda LGBTIQ.

DF: ¿Qué ha cambiado en estos 20 años en materia de activismo LGBTI? ¿Qué no ha cambiado? ¿Qué queda del 11 de abril en el 2022, que hay que superar en ese sentido?

RB: Han cambiado los rostros. Creo que se ha dado el paso a que el activismo sea liderado por nuevas personas y nuevas generaciones. Ha cambiado el proceso de visibilización de los derechos LGBTI en el país. Han cambiado los espacios que hemos ocupado. No existía en toda Latinoamérica una diputada trans hasta la elección de Tamara Adrián a la Asamblea Nacional en 2015.

Todavía tenemos muros de contención a los derechos LGBTIQ y al derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo.¿Qué persiste? Obviamente, la resistencia a los cambios.

Todavía tenemos muros de contención a los derechos LGBTIQ y al derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo.

YV: Hay algo importantísimo, que creo que incluso es consecuencia del 11 de abril, que tiene que ver, más allá de los partidos, con la sociedad civil, los movimientos sociales y la participación de la gente a nivel local. Esto es clave para la redemocratización de la sociedad venezolana porque promueve la construcción de redes y tejido social. Organizaciones como COFAVIC hoy tienen muchas mas capacidades que nunca y también están cubriendo a otras organizaciones, están apoyando para generar mayor capacidad. Se está haciendo una construcción colectiva. Y creo que eso es muy poderoso y que a lo mejor no lo vamos a ver en lo inmediato, pero es una apuesta al futuro importante.

DF: ¿Cuáles son las principales deudas del Estado a la comunidad LGBTI en 2022?

RB: El estado venezolano tiene que pedirnos, en principio, perdón a todos los miembros de la población LGBTI, que hemos sido condenadas y condenados por un sistema de justicia totalmente desigual y discriminatorio. En los años 80, la acción policial en contra de la población LBGTI en las calles de Caracas la denominaban profilaxis. Profilaxis de homosexuales. Profilaxis del cáncer gay. Profilaxis en contra de todos aquellos que atentaban contra la moral y las buenos costumbres. El Estado debe pedirnos perdón por el abuso que históricamente ha sufrido nuestra población. Eso desde la perspectiva de la dignidad humana.

Ahora, está todo lo relacionado con nuestros derechos. Porque, aunque el derecho a la no discriminación se ha ido afianzando a lo largo de estos 20 años, y eso hay que reconocerlo, o que esté garantizado en la constitución y en algunas leyes y decretos recientes, como el que declara a Venezuela territorio libre de homofobia y transfobia, no tenemos matrimonio civil igualitario, ni siquiera uniones civiles, ni siquiera tenemos reconocimiento de uniones estables de hecho. Ninguna de estas tres figuras existe en nuestro ordenamiento jurídico. Por otro lado, el reconocimiento de las familias homoparentales, a pesar de que existe una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia, que data de 2016. A la fecha, los registros civiles y el Consejo Nacional Electoral (que maneja los registros) se niegan a reconocer a los hijos nacidos de familias homoparentales. Así continúa la deuda histórica. El tema del derecho a la identidad de género. Sin identidad no existimos. Yo he planteado en la subcomisión de género de la Asamblea Nacional que la primera ley que tenemos que trabajar tiene que ser la ley de identidad de género. Tampoco se ha creado una ley para erradicar las distintas formas de violencia contra las personas LGBTI.

YV:. ¡El estado nos debe todas más una! Nos debe reconocernos como personas titulares de derechos. Nuestra orientación sexual, identidad de género, expresión de género, no son razón para negarnos derechos. Es importante que el Estado, sus funcionarios y la sociedad entiendan que todos nacemos iguales en dignidad y derecho. Estamos en un estado de desprotección total. Si bien existen unas dimensiones en la ley, no hay mecanismos efectivos para que se hagan realidad, no hay políticas públicas que estén orientadas hacia la erradicación de violencia basada en la transfobia y la homofobia. No hay ninguna política que busque garantizar la vida de las personas LGBTIQ, su dignidad y sus derechos humanos.

DF: ¿Creen ustedes que pueden las fuerzas democráticas de izquierda presionar juntas para lograr estas reivindicaciones de la comunidad LGBTI y de otras comunidades vulnerables, más allá de las militancias políticas que están enfrentadas? Y la pregunta de seguimiento: ¿Hay espacio para la lucha por los derechos de la comunidad LGBTI en la derecha venezolana?

YV: La verdad es creo que para responderse a esa preguntar, hay que increpar a los partidos no solo de la izquierda sino también de la derecha a repensarse para que puedan tener espacios estas agendas, con una visión de futuro. Hoy no hay partidos, tanto como hay personas que militan en partidos. Parece lo mismo, pero no lo es. No hay esa noción institucional.

La verdad es que aquí tampoco hay partidos de derecha serios. Aquí hay partidos que se dicen y incluso dirigentes que se reconocen de derecha, solo por una reacción a no ser chavistas. Sí hay reaccionarios, pero detrás de esas posturas no hay nada. Creo que también hay que hacer un llamado a replantearse la discusión en un escenario no necesariamente de discrepancia entre derecha/izquierda, que obviamente tiene su espacio, tiene su momento, sino también hablarnos en el sentido de ser demócratas o no. ¿Cómo construimos oposiciones que sean democráticas y planteamientos que vayan más allá de no ser chavistas? Porque “no ser chavistas” no es nada. ¿Cómo te identificas? ¿Cuáles son tus banderas? ¿Cuáles son las cosas que defiendes y las que adversas? Allí incluso tú ves una incongruencia en partidos como Primero Justicia y políticos como Julio Borges, por ejemplo: denuncian al chavismo porque son violadores de derechos humanos, pero también tienen una agenda anti-derechos LGBTIQ, anti-derechos de las mujeres.

RB: Si hay movimientos realmente de izquierda son los movimientos feministas y el movimiento LGBTI en este país. Estamos intentando romper todo el status quo impuesto desde el sistema patriarcal, desde un sistema de valores machistas y misóginos que se nos ha impuesto. Entonces, si pudiéramos definir actores de la izquierda venezolana, creo que deberíamos estar enfocados en mujeres y en población LGBTI. Sería una contradicción pensar ser de izquierda y negar estos temas. Entonces no eres de izquierda nada. Eres izquierda de la boca para afuera, pero a lo interno no lo eres, porque estas negando parte de lo que es la esencia de ser de izquierda.


Daniel Fermín es sociólogo, estudiante de PhD en The New School for Social Research, y activista de Soluciones para Venezuela.

Richelle Briceño es activista trans, abogada, educadora, militante del partido REDES y ex candidata a la Asamblea Nacional.

Yendri Velásquez es coordinador de la organización SOMOS en Caracas y activista LGBTI.

Foto: “No more hate crimes.” An LGBTQI rights demonstration in Caracas, Venezuela, November 28, 2021. Image credit: Jane Doe / Egloris Marys / Shutterstock

Breaking Through for LGBTQI Rights

It was a Thursday. That might be the extent of the consensus about what happened on April 11, 2002. The split screen at 3:45pm, when the media aired images of what was happening in the streets directly alongside Hugo Chávez’s compulsory national broadcast, was a metaphor for the country. Chávez had become a key symbol, sparking extreme polarization that would define the next 20 years of Venezuelan history. Participation, sovereignty, and pluralism were sacrificed on the altar of this extreme polarization. Dissent became treason. Accountability gave way to automatic solidarity. Classism also found a home in this polarization and the brutal power struggle that it unleashed among elites. The presence of two opposing countries could be felt everywhere. We haven’t moved on. 

Against this backdrop, it is extraordinary what feminist and LGBTI rights movements have achieved in Venezuela. Through activism and dialogue, they are the only ones that have managed to break through this ongoing conflict and raise their flags while standing shoulder to shoulder with people from the “other side.” With this context in mind, I spoke to Richelle Briceño, a trans activist, lawyer, member of the political party REDES, and former National Assembly candidate, and Yendri Velásquez, an LGBTI activist and Caracas coordinator for the organization SOMOS. What follows is the story of a collective struggle still far from reaching its goals. Our conversation, which took place over Zoom, has been edited for length and clarity.


Daniel Fermín: We’re about to hit 20 years since April 11. What memories do you have of that day?

Richelle Briceño: I was praying in a chapel in San Antonio de los Altos. Before I was a trans woman, back then, I was a seminary student at the Salesiana Don Bosco parish and was prohibited from talking about politics. The news was breaking, but we couldn’t follow what was happening.

Yendri Velásquez: I was 10 or 11 years old, and I didn’t understand what was happening. My dad was part of the Movimiento al Socialismo (MAS), and growing up, I went to the MAS headquarters. I grew up around MAS leaders Teodoro Petkoff and Leopoldo Puchi. At that time, my dad opposed the Chávez government, which he had initially supported. I remember that there was a lot of tension in my grandmother’s house, because my mother’s family was very Chavista. It was all really uncomfortable. Sometimes, my dad didn’t even come into the dining room. He would stay outside with some of my uncles. I remember that very tense environment.

RB: My mom was very Chavista, too. And I called just to tease her a little. The next day, she called me back to make fun of me because Chávez was back in power.

DF: One sign of the times back then, and now as well, was precisely this intense divide that we have as a society, which affects families, the workplaces, relationships. How did this climate impact your activism and your social justice work?

RB: I got involved in activism after beginning my transition. I noticed a very important disconnect among activists identified as leftist or Chavista and activists identified with the opposition. Little by little, between 2015 and 2017, that struggle intensified and worsened among activists. Because they couldn’t see one another, let alone speak to one another.

I would tell them, “Compañeros, when people are going to discriminate against us, they don’t ask if we’re Chavistas, if we’re opposition, if we live in Country Club or in La Vega.” That’s not what matters. Because in the moment, they are going to discriminate against us based on our sexual orientation and our gender identity. And that’s what our struggle needs to focus on.

YV: Also, and I say this as part of the opposition, there was and still is this idea that we’re going to immediately replace the government and that these people aren’t going to be in power for much longer. And that makes you operate according to the logic that you don’t need them, because soon they won’t be there anymore. This idea happens a lot. One of the things that I have learned to accept is that although I don’t support Chavismo or those who are currently running the institutions, I know they’ll be there for a little while longer. And that makes me abandon the logic that we don’t need them. They control the institutions, and they exercise power. If, as an activist, I ignore who is in power, what am I doing? Because I can continue creating support groups and having a positive impact. But that’s 10 people per week, compared to the number of people in need in the entire country, even more so in a humanitarian and pandemic context.

This shift in logic forces us to recognize the existing political actors. We have to understand that the ones who are in these spaces are the ones who can create change, be it positive or negative. And ignoring them for personal reasons, not doing the necessary advocacy, would also betray any activist principle of seeking the well-being of the entire population.

The social fabric must be rebuilt. I have limits when it comes to sitting down with authoritarian figures. Not necessarily with those who are Chavistas. I have Chavista family members. I’m not going to say, “I’m never going to speak to them again.”

In the end, we have to evaluate which issues we can agree on and move forward, and which points of contention are irreconcilable. I think it’s essential to be clear. Because I can meet with a group of people today, but if they tell me, “Tomorrow you have to meet with Maduro,” then it’s a no. I can support the meeting between political actors. I can support building solutions. But I have my limits, especially if it’s someone accused of crimes against humanity. For me, that’s a line I don’t cross, and sadly, I’m convinced that under the PSUV government, there won’t be much progress.

DF: Richelle, would you sit down with Maduro to advance the community’s struggle?

RB: Yes, I would sit down with whoever I have to. Even the devil. If that somehow helps prevent the coming generations, when they are 14 or 15 years old, from saying “I’m going to kill myself because my family doesn’t love me, because my family doesn’t accept me, because I don’t have rights, because nobody understands me, nobody respects me,” then yes. If I have to sit down with Maduro or Diosdado Cabello, whoever I have to sit down with, I will do it. They’ll call me Chavista, but they can call me whatever they want. I have a priority: what I want is for Venezuela to make progress on human rights issues.

I sat in the National Constituent Assembly in 2017. Everyone talks about the illegitimacy of the Constituent Assembly. But if, as an activist, they call me and say, “Can you draft a comprehensive bill for the LBGTI community?” then why wouldn’t I do it? Now, in the National Assembly, there’s a subcommission on LGBTI within the commission for comprehensive social development, and the bill is being circulated because it is going to be introduced.

I also have a line I do not cross, and it’s meeting with anti-rights people, people who promote conversion therapy, people who say they are against marriage equality or who want to govern Venezuela based on the Bible or religion.

DF: Today, Chavistas, the opposition, and independent LGBTI activists manage to come together in some spaces. Has it been easy? How have you managed to break away from this polarization and what lessons do you think it offers for other movements?

YV: It hasn’t been easy. Sometimes you have to put up with a lot in order to build, to have a positive impact. Because in the end, it’s mostly about putting aside your personal convictions, without abandoning your principles, and understanding that this is bigger than you. Truthfully, would I like to sit down with people from the opposition party Primero Justicia? No. But could it be positive and necessary to advance human rights issues? Yes. So it’s not easy, but it’s necessary.

I don’t want to minimize the political conflict that exists in the country. At times, the dehumanization of the other and othering has been encouraged to such an extent that it ends up dehumanizing people when we are essentially the same. In the end, between LGBTQI activists linked to Chavismo and those of us who are not linked to Chavismo, the only difference is that they place too much hope in Chavismo and we don’t. But in other respects, we are pretty much in agreement on the LGBTQI agenda. Obviously, always with some differences.

DF: How have you managed what unions, campesino associations, educators, and students have not been able to do? What do you think has been successful?

RB: Acknowledding one another. Has it been easy? No. They labeled me a Chavista for sitting in the National Constituent Assembly in 2017. And for participating in the parliamentary elections in 2020, the attacks were worse and stronger. Among those in the two extremes, there is no conception that some people are not polarized. They want you to be polarized. Are you with me or with them? We have been overcoming this by acknowledging one another, and that has allowed us to all gather in the same space. 

DF: The positive aspects of this coming together also highlight the challenges that lie ahead for the movement. There is a significant lag in rights compared to other countries in the region. Why hasn’t a socialist government legislated in favor of the demands of the LGBTI community? And why hasn’t it been on the agenda of the opposition or oppositions?

YV: There’s a logic of staying in power that goes beyond any ideological commitment.

DF: Do you believe that advancing an inclusive agenda threatens their ability to stay in power?

YV: It doesn’t necessarily threaten, but it doesn’t help them stay in power. They have other priorities. Another factor is that the political and social costs of being homophobic are relatively new. There was a time when the LGBTI issue wasn’t discussed. Organizations that regained their strength in a much more polarized environment are adjusting to the polarization. This polarization has made it difficult to influence institutions. There are new organizations that have no idea what public advocacy is about. Their idea of advocacy is nothing more than protesting. There’s no work being done with decision makers.

Although Chavismo’s elites have or had a very socialist, leftist narrative, the truth is that the ideological rallying cries in the country feel very diffuse. There are no spaces for open discussion within parties. Despite the narrative and rhetoric of those in power, their commitment to causes like the LGBTI struggle and feminism isn’t real.

RB: I agree with Yendri. And I would add that the issue has not progressed with this government, but also not within the opposition. While the government focused on establishing itself in power, the opposition dedicated itself to searching for a way to overthrow it. They’ve been stuck in this dynamic for the last five years. Social issues, human rights for the LGBTI community and women, were pushed aside.

DF: In 2015, Tamara Adrían was elected to the National Assembly. She was the first trans legislator in Venezuela and the second in Latin America. During her stint in the legislature, why did Tamara not manage to move these issues forward?

RB: For five years, the legislature devoted itself to toppling the government. That’s the truth.

YV: This topic is a bit uncomfortable for me because Tamara Adrián and the activist Edgar Baptista taught me basically everything I know. The opposition and the government have not taken up LGBTI issues and this has a lot to due with the influence of the churches—the Catholic Church and the Evangelical churches. In addition, from the government side, there’s the issue of the military.

When I was still active in Voluntad Popular, I remember that when they ran Tamara as a candidate, Cardinal Urosa Savino (archbishop of Caracas) called Señora Anonieta (mother of the party’s national coordinator, Leopoldo López) to complain that Leopoldo’s party had put forward Tamara. Other figures and leaders in the Church called the party’s directors to apply pressure, and even during the campaign, Tomás Guanipa (general secretary of the conservative Primero Justicia and Tamara Adrían’s running mate) never took a photo with Tamara. And Primero Justicia’s line was to take less vocal stances on LGBTQI issues.

Why didn’t Tamara do more? I think there are various reasons. One is the logic under which the National Assembly was operating. As Richelle said, it devoted itself to changing the government and not to legislating. Those who became legislators never embraced that they were representatives with elected power, that they were a power of the state. And in doing so they put limitations on themselves. On the other hand, Tamara had a different agenda. I think she moved past an activist vision, a vision of organizing the social fabric.

Unfortunately, she did not have a vision of doing LGBTQI politics and rebuilding from within LGBTQI spaces. Why? I don’t know. Beyond laws, and understanding that there was conflict among different powers, I think that this was the most negative aspect of Tamara’s term. And of Rosmit Mantilla’s (LGBTQI activist and former legislator). Because although Rosmit was detained and obviously that is a considerable limitation, when he got out, he also did not devote himself to this work.

I don’t want to sound like I’m complaining about them—not at all. But I am a citizen, I campaigned for them, I supported them, I made proposals. I wasn’t far removed from the National Assembly scene; I was actively participating. In the end, one of the things that Tamara’s term leaves us with is the sense that, among factions that claim to be democratic, support for LGBTQI issues is inexistent.

DF: What has changed in the last 20 years in terms of LGBTI activism? What hasn’t changed?

RB: The faces have changed. I think LGBTI activism has given way to new individuals and younger generations. The process of giving visibility to LGBTI rights and the spaces we once occupied have changed. There hadn’t been a trans representative in all of Latin America before Tamara Adrián was elected to the National Assembly in 2015. 

There’s still resistance to change. We still have roadblocks to LGBTQI rights and the right of women to make decisions regarding their own bodies.

YV: There is something very important that I believe is perhaps a consequence of April 11 that has less to do with political parties than it has to do with civil society, social movements, and civic participation at the grassroots level. This is key for the redemocratization of Venezuelan society because it promotes the construction of networks and social fabric. Organizations like COFAVIC (a human rights organization) now have more capacity than ever and they are supporting other organizations to create greater capacity. And I think that that’s very powerful, and we’re not likely to see it right away, but it’s a critical wager for the future.

DF: What is the biggest debt the state has with the LGBTI community?

RB: The state needs to apologize to every member of the LGBTI community. We have been punished by an unequal and prejudiced legal system. During the 1980s, police harassment against the LGBTI community in the streets of Caracas was called homosexual prevention or prevention of gay cancer. Prevention against anyone who threatened morality and “good” social norms. The state needs to apologize for the historical abuses we’ve suffered, with human dignity in mind.

Now, there’s also the discussion about our rights. Because although the right to non-discrimination has been reinforced throughout these past 20 years, we don’t have marriage equality, not even civil unions, nor the recognition of domestic partnerships. None of these three concepts exist in our legal system. On the other hand, there’s the issue of the recognition of families with same-sex parents, despite the existence of a 2016 Supreme Court ruling. To date, the civil registry and the National Elections Council, which operates the registry, has refused to recognize the children born to same-sex couples. In this way, the historical debt continues. Also, the right to gender identity. Without our identities, we don’t exist. In the National Assembly’s gender subcommission, I have proposed that the first law we work on must be the gender identity law. There isn’t even a law to eradicate different forms of violence against LGBTI individuals.

YV: The state needs to recognize us as people with rights. Our sexual orientation, gender identity, and gender expression are no reason to ignore our rights. It’s important that the state, its officials, and society understand that we’re all born with the same dignity and rights. We are in a state of total vulnerability. Although there are some elements in the law, there are no effective mechanisms to make them a reality, there are no public policies that are oriented towards the eradication of violence based on transphobia and homophobia. There is no policy that seeks to guarantee the lives, dignity, and human rights of LGBTQI people.

DF: Do you believe that democratic forces of the Left can collectively pressure for these demands from the LGBTI community and other vulnerable communities? And as a follow up: is there room for the Venezuelan Right to fight for the rights of the LGBTI community?

YV: I think to answer that question, you have to challenge parties not only on the left, but also on the right to reassess and make room for these agendas with a vision of the future. Today, there are no parties, but rather people who belong to parties. It seems like the same thing, but it’s not. There is no concept of institutionality.

The truth is that we don’t really have serious right-wing parties. There are parties that say they are and leaders who recognize themselves as right-wing, but only in a reactionary sense of not being Chavistas. Yes, there are reactionaries, but behind those positions, there’s nothing. We must make a call to rethink in a way that is not necessarily about the left-right divide, which obviously has a time and place. Instead, we also need to talk about ourselves in the sense of being democratic or not. How do we build democratic opposition forces and points of view that go beyond not being Chavista? Because “not being Chavista” means nothing. How do you identify? What are your ideals? What do you stand for and what are you against? You can see the contradiction within parties like Primero Justicia and politicians like Julio Borges, for example. They speak out against Chavismo because of human rights violations, but they also have an agenda that is anti-LGBTQI and anti-women.

RB: If there are any true leftist movements, it’s the feminist movement and the LGBTI movement in this country. We are trying to completely disrupt the status quo imposed by the patriarchal system, a system with machista and misogynistic values. So, when identifying leftist actors in Venezuela, we should be focused on women and the LGBTI community. It would be a contradiction to consider yourself a leftist and neglect those issues. You wouldn’t be a leftist at all. You’d be a leftist in name, but deep down you’re not a leftist, because you are rejecting part of what it means to be a leftist.


Daniel Fermín is a sociologist, Ph.D. student at The New School for Social Research, and activist with Soluciones para Venezuela.

Richelle Briceño is a trans activist, lawyer, educator, member of the REDES party, and a former National Assembly candidate.

Yendri Velásquez is the Caracas coordinator for the organization SOMOS and an LGBTI activist.

This essay was first published in and translated from Spanish by NACLA on March 11, 2022. 

Photo: At an LGBTQI rights demonstration in Caracas, a protest sign made to look like an ID card reads: «I have rights like you» and «single (because of discrimination),» November 28, 2021. (Egloris Marys / Shutterstock)

Daniel Fermín: Ser «anti algo» no es una identidad con la que se puede construir la esperanza en Venezuela

CARACAS.-El director nacional del Partido Soluciones de Venezuela, Daniel Fermín, consideró que ser «anti algo» no es una identidad con la que se puede construir la esperanza en Venezuela, a su juicio para lograr un entendimiento efectivo las partes políticas debe consensuar en favor del progreso del país.

«Hay mucha gente que quiere trabajar por Venezuela, construir un proyecto de esperanza«, expresó.

En una entrevista concedida al programa Al Instante de Unión Radio, expresó solidaridad a todos los ciudadanos del territorio nacional por las pérdidas materiales que han sufrido a causa de las lluvias.

«Eso nos obliga a los sectores políticos atender estas situaciones«, añadió.

Escucha la entrevista completa aquí

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Publicado en Unión Radio el 28 de abril de 2022.

Es hora de enfocarnos en los temas concretos que afectan a la gente

Prensa SPV-

El Director Nacional de Políticas Públicas de Soluciones para Venezuela, Daniel Fermín, llamó a dar “una sacudida” al debate político nacional “que nos permita aprender del pasado pero mirar hacia adelante para superar todo esto juntos”.

Afirmó que la crisis que atraviesa el país es consecuencia del fracaso del modelo económico del gobierno y de la polarización que “nos ha ido disminuyendo como Nación, que nos ha ido enfrentando los unos contra los otros y planteando una ficción de que aquí hay una gente buena y otra que es mala”.

En ese sentido, el sociólogo expresó que en Soluciones para Venezuela “insistimos en el diálogo, en la participación, en la reconciliación y en darle la palabra a la gente. Nosotros vamos a promover el voto”.

“Ante dos élites ensimismadas en sus problemas, en Soluciones estamos alzando la voz por los problemas de los venezolanos”, señaló Fermín. “Necesitamos encontrarnos y encontrar una solución juntos en la diversidad. No queremos 20 años más de lo mismo”.

Presos políticos, persecución y extremismo

Daniel Fermín recordó que la liberación de los presos políticos fue una de las principales banderas de Soluciones para Venezuela en la Mesa de Diálogo Nacional y reiteró que “nadie debe estar preso por su manera de pensar”.

Asimismo, manifestó que “estamos también en un círculo vicioso de extremismo”, a la vez que condenó cualquier intento de represión y persecución, así como también las salidas violentas y los atajos. “Tenemos que superar esa manera de hacer política y ver hacia las opciones que nos están diciendo otra cosa, hacia quienes nos están enseñando, desde las comunidades, desde las bases, nuevos modelos de organización popular en los que la militancia política y las divisiones no son lo más importante, sino que lo más importante es la solidaridad, el entendimiento, la reconciliación”.

A juicio de Fermín, “solamente en el encuentro, en el diálogo y en la paz podemos salir adelante”.

“Es hora de enfocarnos en los temas y dejar el conflicto, el enfrentamiento perpetuo de los actores de la polarización y ver cómo entre todos sacamos a Venezuela adelante”, expresó.

Ley Reformada de las Familias

Fermín se refirió también al comunicado que desde la Dirección de Políticas Públicas y la Dirección Femenina del partido del mapa fue publicado ayer sobre la Ley Reformada de las Familias.

Recordó la defensa irreductible de Soluciones para Venezuela de los Derechos Humanos, especialmente de las mujeres y de la comunidad LGBTIQ+, y el apoyo del partido del mapa al “espíritu de la ley”, no sin advertir que no basta con instrumentos legales, sino que el gobierno tiene que hacer cumplir las leyes y predicar con el ejemplo para tener un ambiente de respeto y solidaridad.

De cara al 21N

“Hemos sido unos creyentes porfiados, tercos, insistentes y de un solo discurso en el tema de la participación, en la recuperación del valor del voto”, afirmó el dirigente de Soluciones.

Aseguró que Soluciones defiende y promueve el camino electoral y que la política del partido es “buscar las mejores opciones, estén dentro de Soluciones, sean independientes o sean de otros partidos”.

“Estamos muy contentos de ver que muchas personas que hasta ayer promovieron la abstención hoy están de regreso al camino electoral. Con ellos no puede haber discriminación, más bien bienvenidos sean, sin mezquindad”, valoró.

Fermín señaló que “hemos ido organizándonos desde las bases en un trabajo arduo y estamos muy contentos con la mística y el trabajo de nuestra gente, con la capacidad y la madurez que han tenido las activistas y los activistas de Soluciones para Venezuela para conversar con todos los sectores”.

Tras pasar revista a algunas de las alianzas parciales con distintos factores políticos, reiteró que el norte es lograr “soluciones concretas para que haya gas, para que haya agua, transporte, seguridad, educación. Vamos a las soluciones concretas, lo demás es ruido”.

Cota 905

Fermín se refirió a los sucesos violentos que tuvieron lugar en el Suroeste de Caracas en días pasados y afirmó que se debe al fracaso de las políticas públicas del gobierno. “Las zonas de paz fueron un disparate”.

De la misma manera, expresó su “solidaridad con los habitantes de la Cota 905, de La Vega, de El Paraíso, de El Cementerio. Allí hay mucho trabajo por hacer, más allá del trabajo policial”. Afirmó que se debe avanzar hacia la “reparación, sanar lazos sociales, garantizar que nuestras comunidades populares no sean lugares periféricos echados al abandono sino que puedan desarrollarse integralmente en lo cultural, en la infraestructura, en el acceso a la educación”.

“Hay mucho por hacer y estas elecciones del 21 de noviembre son una extraordinaria oportunidad para impulsar esos cambios desde lo local y lo regional”, concluyó.

Una oportunidad para el cambio

En la foto: Nuestra candidata Katherine Ochoa (Yaracuy) en la comunidad de Agua Negra, municipio Veroes.

Mañana hay elecciones. Vamos a elegir diputados a la Asamblea Nacional para el período 2021-2026. Y lo haremos, hay que recordar, porque así lo establece la Constitución: se vence el período de los diputados electos en 2015 y toca escoger un nuevo parlamento. No, no es capricho del oficialismo ni producto de acuerdos subterfugios entre sectores políticos.

Hay quienes te dicen que no votes. Son los mismos que te dijeron que no votaras en 2005, permitiendo el más franco avance del proyecto oficialista, sólo para inmediatamente después ser candidatos a alcaldes y gobernadores sin decir «esta boca es mía»; los mismos que te dijeron que apoyaras a Arias Cárdenas, pues él era la «verdadera oposición» y quien no lo apoyara era «chavista»; los mismos que te dijeron que la esperanza era el general Rosendo y los que flirteaban con la idea de un Diosdado converso; los que fueron constituyentes, ministros, alcaldes, diputados, financistas y miembros de la dirección nacional del partido de Chávez y ahora se erigen como jueces de la pureza opositora; los mismos que te dijeron que Chávez salía con el paro, con el golpe, con la Plaza Altamira, con las guarimbas; los que te dijeron que Maduro se iba con La Salida, con la abstención, con las sanciones, con un golpe con unos guacales, con unos drones y la «comunidad internacional», esa que, según ellos, iba a aparecer entre vítores en las costas de La Guaira. Aparecieron, no entre vítores, sino en peñero, en una chapuza monumental.

Quienes te piden no votar son los que creen que la oposición es un título nobiliario que pertenece a las casas de Chacao, Baruta y El Hatillo. Te quieren castigar a ti por sus malas decisiones. Gritan duro, insultando, descalificando, para distraer de su gigantesco fracaso y del hecho de que la abstención sólo ha fortalecido -y sólo fortalece- al gobierno.

Juegan con tu rabia, para que tú, luego de que te prometieran que Maduro salía si no votabas, con el sí-o-sí, con los marines, el 30A, el TIAR, las sanciones y el R2P, en lugar de descargarla contra quienes te engañaron, lo hagas contra quienes desde el principio advertimos que todo eso era una estafa.

Te mienten: te dicen que la elección sólo es válida si vota tal porcentaje, no porque desconozcan la legislación venezolana, sino para manipularte; que sólo vale si reconoce Trump, Almagro, el PP o Duque. Te mienten.

Y te dicen que no, que la cosa no es mañana, sino pasado, con una “consulta” de otoño que busca darle un barniz de legitimidad a la continuidad de sus privilegios, de su beca desde el extranjero, de la millonada que manejan en dólares y sin contraloría. Y si te quejas, si criticas, si cuestionas, te dicen que es “traición”, cuando son ellos quienes te traicionaron con su engaño, jugando con las esperanzas y las aspiraciones de un pueblo.

Están equivocados, su arrogancia no les deja ver que hay un país allá afuera, y que nadie es más grande que Venezuela, ni siquiera ellos con sus ínfulas de superioridad

Ya basta.

Hoy, cuando Venezuela atraviesa la peor crisis de su historia contemporánea, desperdiciar la oportunidad del 6 de diciembre es un pecado. Hoy, cuando la gente no tiene gas y cocina con leña, cuando no hay gasolina, ni servicios, ni transporte, decirle a la gente que se quede quieta y no exprese su rechazo en las urnas es un lujo que sólo pueden darse quienes viven en una montaña de privilegios. No luchan contra el status quo porque forman parte del status quo.

Nada cambia desde la inacción. Sólo un pueblo organizado desde las bases puede impulsar los cambios que reclama Venezuela. Te dicen que no votes los que no quieren contarse dada la imposibilidad de salvar cara ante la erosión de su liderazgo, ese que elegimos votando por la tarjeta de la Unidad antes de que cada partido cobrara indulgencias con escapulario ajeno. Te dicen que eso no sacará a Maduro, y es lo único en lo que dicen la verdad. Pero nosotros no llegamos al 6D prometiendo sacarlo en 6 meses, ni con ficciones de abandonos del cargo, ni para convertir al Legislativo en el comando de campaña de cuatro partidos, no. Nuestra propuesta de cara al 6D tiene el indeleble sello de la verdad: queremos un Parlamento que legisle para la gente, que controle al gobierno y que brinde soluciones para Venezuela. Y también una Asamblea Nacional que reconfigure la arena política, no para sacar del juego a tal o cual factor que no quiso participar, sino para tener una Asamblea que se parezca más a Venezuela y que sea nuevamente lo que nunca debió dejar de ser: el centro de debate político de la sociedad, donde se legisle a favor de los venezolanos y no en contra del “enemigo”.

Ha sido una campaña corta, intensa y con todas las limitaciones que impone la pandemia y la escasez de recursos. Con mucha mística, con trabajo de hormiga, los activistas de Soluciones para Venezuela han hecho una campaña admirable. Son incansables. Desde las bases, nos unimos en una alianza de los comunes: Soluciones, Redes, movimientos sindicales y campesinos, estudiantes y docentes, representantes del movimiento LGBTI, de los pueblos originarios. Sin pedirle certificados de «pureza» ni cartas de antecedentes políticos a ningún venezolano, promoviendo la verdadera unidad del pueblo. Costa a costa en asambleas populares, casa por casa, llevando el mensaje del cambio para bien, de la reconciliación y el encuentro, construyendo soluciones con y para los más vulnerables, para los de abajo, los más afectados por la crisis siamesa de la incompetencia gubernamental y las sanciones que la agravan.

La suerte está echada. Miles de venezolanas y venezolanos de bien se alistan ya para ser testigos, miembros de mesa, movilizadores, voluntarios. Creen en Venezuela. Creemos en Venezuela. Aquí nadie se rinde, nadie baja la cabeza, nadie se abandona a la desesperanza ni al chantaje con el que las élites polarizadas pretenden decirle a Venezuela “esto es lo que hay”.

Mañana tenemos una oportunidad para el cambio, para la esperanza, para ponerle un bloque más a la construcción de un movimiento popular que encarne una alternativa real y venezolanista de progreso y solidaridad, que se dedique a los problemas de la gente y no a los problemas entre los políticos. En eso creemos, por eso activamos.

Vamos, pues, a votar, a cuidar los votos, a dejar claro que no será por nuestra inacción que se perderá Venezuela. Por los de abajo, vamos a votar en la tarjeta del mapa de Venezuela. Por el futuro, por una Asamblea plural, por tantas venezolanas y venezolanos que no se rinden, que no bajan la cabeza, que quieren vivir mejor: aquí está la solución.

¡Vota!

La Palma | Del trabajo de hormiga y quienes lo subestiman

La Palma

117 – 29 de octubre de 2020

Mi comentario de hoy

Del trabajo de hormiga y quienes lo subestiman

En Soluciones para Venezuela hemos activado siempre desde las bases. Es una postura que está engranada en nuestro ADN y que representa nuestra visión democrática, amplia, participativa y popular de la política. Pusimos, desde nuestra fundación, especial empeño en hacer de Soluciones un partido de verdad, un movimiento popular, y no una más de las tantas franquicias electorales que son tarjetas pero no partidos, ni tampoco el partido de una sola persona o de un pequeño cogollo. Aquí eso no va. En dos años, con esa prédica, hemos crecido hasta estar presentes en todas las 24 entidades federales, en los 335 municipios y en las 1146 parroquias a lo largo y ancho de nuestro país. La clave ha sido el trabajo de hormiga, ese que es ajeno a y distinto de la simulación, de la manipulación, de la puesta en escena para los medios de las que tantos ‘partidos’ se precian.

Cuando quisimos fundar una organización política distinta, al servicio de las causas populares, apostamos desde el primer día a la diferenciación. En un país polarizado, diferenciarse es pecado. Lo noble es la «unidad». Pero nosotros apostamos a la unidad del pueblo venezolano, no a la que se erige como chantaje y camisa de fuerza para acallar el disenso y para el dominio de las roscas. Así que no sólo nos diferenciamos en nuestras ideas, en nuestros programas, asumiendo una cruzada por el voto, por la participación, por las bases populares, por el encuentro, la reconciliación y los de abajo, en contraste con la guerra, la violencia, la política de élites, el conflicto por el conflicto, los intereses inconfesables y los privilegios de pequeños grupos, sino que también nos diferenciamos en nuestra manera de abordar el trabajo político. Casa por casa, escalera por escalera, quebrada por quebrada, caserío por caserío. Soluciones es un partido que no «sube» cerro porque nace, brota de los cerros; que no «va» a los caseríos porque de allí es: del sindicato, de la fábrica, de la escuela, de la universidad, del campo, de la lucha. Del pueblo.

Y ha sido tanta la diferenciación que se le hace imposible entendernos a quienes están acostumbrados al cogollo y la rosquita, esa que está a años luz de la gente, en sus privilegios, y que no sabe la diferencia entre Guárico y Guarico, a esos que si los sueltas en una comunidad popular sudan frío, aterrados, ante lo que no conocen y ven como «territorio enemigo». Por eso, no nos sorprendió cuando un par de vedettes de la comunicación venezolana, uno de ellos el ex líder de facto de la oposición durante años, creyeron que se la estaban comiendo «burlándose» de nuestra gente al publicar en sus redes y difundir por sus servicios de mensajería una foto de nuestro pueblo humilde de Cariaco organizándose para las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. No importa que haya una pandemia, ni que ellos no convoquen ni a su familia. Encumbrados en sus privilegios, desde la prepotencia de su clasismo segregacionista, se mofaron de una foto en la que unos treinta compañeros de los comités locales de Cariaco posaban frente a una pancarta como símbolo de su compromiso con las venezolanas y los venezolanos.

La foto en cuestión

Es el trabajo de hormiga, el de todos los días. Como esos treinta compañeros, que lo sepan las prepotentes vedettes, hay miles en todo el país. ¿Cuántos? Son 14.382 comités locales y basales los que desde Soluciones para Venezuela hemos conformado en todo el país, en los pueblos más remotos, construyendo un partido de abajo hacia arriba. «Pero sólo tienen 2000 seguidores en Twitter», nos reclama alguno. Y sí, con todas las limitaciones, tenemos retos que superar en lo comunicacional, pero prefiero tener gente de verdad y que nos falten en las redes, a tener cuentas en las redes y que no haya gente de verdad, respondo.

Somos miles de miles los que creemos en este proyecto, que no se construye con base en una identidad negativa, que va libre de odios, con la misión de construir, con la gente, un cambio para bien, de promover la reconciliación y el encuentro, de luchar sin descanso y sin complejos por los de abajo. Es el trabajo de hormiga, como el de los 30 compañeros burlados por los prepotentes privilegiados, el que conduce los esfuerzos de este movimiento popular que tiene la vocación de alcanzar el poder para dárselo a la gente.

Sigan pues, encumbrados, subestimándonos, despreciándonos, mirándonos por encima del hombro. Nosotros seguiremos haciendo lo que sabemos hacer, trabajando con el pueblo, por el pueblo, esa idea que les es tan ajena que no les queda más que la sorna. Se van a llevar una sorpresa. Con el trabajo de hormiga seguiremos luchando por las reivindicaciones de la gente e impulsando una Venezuela mejor para todas y para todos, una Venezuela de inclusión, de solidaridad y de amplia participación, aunque nos subestimen.


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La polarización extrema ha significado la cooptación de los principales medios de comunicación. La Palma es un espacio que ofrece una visión crítica detrás de algunos de los principales titulares diarios, en un formato sucinto.

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La Palma | El espanto conservador

La Palma

116 – 26 de octubre de 2020

Mi comentario de hoy

El espanto conservador

En algún lugar escribí, no recuerdo dónde ni cuándo, que al final del día el chavismo iba a terminar siendo el partero de la derecha más reaccionaria que haya tenido Venezuela. Atribuyámoslo al “péndulo” o a las heridas y experiencias traumáticas de estos veinte años en los que un grupo, en nombre de la izquierda, arrasó con el país. El hecho es que, efectivamente, hoy se ha atrincherado el conservadurismo, que intenta erigir una plataforma política para sus ideas, persiguiendo el éxito que les es esquivo políticamente desde la llegada de la democracia el siglo pasado.

Por supuesto, no lo hace abiertamente. Son conservadores quienes se dicen “liberales”. También lo son muchos de los que se dicen de “centro”, e incluso muchos de quienes se dicen “socialdemócratas”. Ser conservador es una raya que no están todavía dispuestos a portar con orgullo en este país nuestro, aunque el conservadurismo destile de cada declaración, postura, crítica y propuesta que hacen. Y, por supuesto, no hay en el debate de sus ideas políticas mucho de debate, ni mucho de ideas políticas, sino que se reducen a la superficialidad y a un dogmatismo que, también, es superficial. Al final no representan, al menos hoy, más que un cúmulo de eslóganes al caletre, sin profundidad, sin elaboración, sin programa.

Pero allí están, con Ayn Rand de fondo de pantalla de la computadora y Ronald Reagan en el del celular. Y hoy andan espantados viendo como el pueblo, ese que ven como un cúmulo de individuos “ignorantes”, el mismo que según ellos evidencia el error de la democracia y demuestra la supuesta superioridad de su modelo dizque “republicano”, les dice “a otro perro con ese hueso” y se abraza a otras alternativas populares.

Creen que Venezuela es el ombligo político del mundo y, por ende, se venden como los gurús de la sabiduría. A cuenta de qué, no lo sabemos, pues lo que recetan afuera no lo han logrado aplicar con éxito adentro. Pero, “vienen del futuro”, insisten, a advertirle a los países del mundo los peligros de todo lo que huela a inclusión, a solidaridad, a igualdad, a derechos para todas y todos, a cambio, a progreso. A todo lo que implique ver al ser humano como algo más que una mercancía.

Se trata del espanto de un grupo que se siente cómodo y seguro a la derecha, que llega al absurdo de ver la política mundial en términos de la lucha de «chavismo contra oposición» que ha desatado la polarización política extrema en nuestro país en los últimos veinte años. Así, han desarrollado una aversión no sólo a las elecciones, que demuestran en su militante postura abstencionista, sino a la democracia. Se hacen eco de teorías de conspiración para denunciar alianzas globales, perversas, para acabar con occidente, con la familia, con todo lo sagrado. Para ellos está prohibido criticar al capitalismo, para ellos es perfecto. La desigualdad no es sólo normal sino deseable. Lo mismo con la injusticia. «La vida es así, trabaja y echa pa’lante», dicen quienes nacieron en tercera base pero juran que batearon un triple.

Por eso andan con un rosario en la mano cuando ven lo que pasa en Argentina, en Bolivia, en Chile, hasta en España. Incluso se lanzan contra el Papa, el jefe de la organización más conservadora del mundo, a quien en su ignorancia llaman ‘comunista’. Con toda seguridad habrían estado en contra del Concilio Vaticano II. No hay que hurgar demasiado para leer mensajes de quienes, desde esas trincheras, todavía lamentan la reivindicación que significó el voto para la mujer.

No es verdad que hay una lucha global, existencial, entre buenos y malos. Menos verdad es que haya que escoger, en esa lucha, por estar del lado de los Trump, de los Duque, de los Bolsonaro y de las Añez, por no decir los Pinochet, los Pérez Jiménez, los Franco que hoy son reivindicados por viejos y nuevos militantes de la derecha, o de lo que creen que es la derecha.

La verdad es que le tienen pavor al cambio, a ese cambio que requieren nuestros pueblos y que resulta imposible desde la comodidad del status quo, desde el recetario de quienes reclaman que les dejen todo como está, no importa si el mundo se cae a pedazos alrededor de sus privilegios y de su confort. Les aterra tanto el cambio que lo resisten aun cuando el status quo reproduzca todo lo que dicen adversar.

No estamos ante una derecha seria, estudiosa de los problemas, democrática. Lo que hay es esta derecha conservadora superficial y autoritaria, supremacista, segregacionista y de falsa superioridad moral. La lucha por la democracia venezolana pasará por combatir el autoritarismo que comparten en plácidos sueños autócratas de izquierda y de derecha, a quienes los une el desprecio por la democracia y por las causas del común.

Nosotros acompañamos el reclamo de cambio para bien guiados por los valores de las luchas emancipatorias, la inclusión, la igualdad, la solidaridad y la participación popular y democrática. Sin medias tintas, sin amilanarnos en el chantaje del espanto conservador que pone el grito en el cielo con las reivindicaciones de las mayorías mientras mira a otro lado ante el fracaso social y económico de su propuesta agotada, de las injusticias y del signo autoritario que las alimenta.


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