La Palma

104 – 29 de agosto de 2020

Mi comentario de hoy

¿Qué hay detrás del doble rasero?

No hay nada extraño en el doble rasero, la doble moral o el doble estándar en la sociedad. Lo vemos en la legislación, cuando aplica penas distintas al adulterio a hombres y mujeres, en perjuicio, por supuesto, de las mujeres; lo vemos en el trato que dan los cuerpos policiales y el sistema de justicia a las personas que son acusadas de distintos delitos, de acuerdo a su posición social, su raza o su lugar de origen. Se ve, también en el sistema de justicia y la legislación, en la tipificación misma de los delitos de acuerdo a los intereses que sirvan a los grupos dominantes.

En criollo, el doble rasero postula que lo que es bueno para el pavo no es bueno para la pava. En el mundo de los ‘analistas’ venezolanos, es una práctica común, en especial dado el contexto de polarización extrema que vive el país desde hace ya dos décadas. Las razones son varias: desde solidaridades automáticas que surgen de los grupos de pertenencia, pasando por los elementos aspiracionales que inspiran los grupos de referencia, y llegando a razones más aterrizadas que obedecen a la cooptación política y a las -solapadas- relaciones laborales, en las que hay que cumplirle al patrón.

Para los ‘analistas’ del doble rasero no importan la coherencia, la imparcialidad ni la justicia en el planteamiento. Lo suyo es, en criollo, el ‘caretablismo’.

No hace falta ir demasiado lejos para encontrar ejemplos del doble rasero. Los hechos políticos de los últimos días han suscitado en los propagandistas todo tipo de ‘análisis’ que contradicen lo que planteaban, ellos mismos, hasta ayer. No es rectificación, es sólo viraje de quienes opinan por encargo.

La participación en las elecciones parlamentarias de diciembre, el diálogo y la negociación, y la liberación de los presos políticos sirven para ilustrar.

En cada uno de estos temas el doble rasero es evidente. Partiendo de una visión sectaria, en la que sólo ‘ellos’ cuentan, postulan que hay dialogantes buenos y dialogantes malos, “continuidades administrativas” buenas y “continuidades administrativas” malas, liberaciones buenas y liberaciones malas, negociaciones buenas y negociaciones malas, participacionistas buenos y participacionistas malos, unos que son ‘colaboracionistas’ y otros, los que entran a la cola después de otros hicieron el trabajo duro, son ‘líderes de buenas intenciones que no deben ser cuestionados’. Son las mismas condiciones, pero unos son los ‘honestos’, los ‘decentes’, y otros no.

La liberación de los presos políticos es siempre una buena noticia. Hemos alzado la voz, siempre, por esta causa. Nadie debe estar preso por pensar distinto. Incluso aquellos menos ‘inocentes’ merecen la libertad si en verdad queremos impulsar un proceso de reconciliación que sane heridas y nos permita avanzar como Nación. Pero, como en el caso de las elecciones, hay liberaciones “buenas” y liberaciones “malas” para el discurso del doble rasero y sus proponentes. Celebramos el reencuentro de cada uno de los venezolanos detenidos por razones políticas. Hemos dicho que cada preso político cuenta: los más ‘célebres’, los menos conocidos; los “políticos” propiamente dichos y quienes han sido encarcelados injustamente por protestar con una cacerola o por lanzar una piedra; que detrás de cada uno hay una historia, unos afectos, una familia. Que es nuestro más hondo deseo es que salgan todos. Desde la Mesa de Diálogo Nacional promovimos el reencuentro de más de cien familias y celebramos las nuevas liberaciones sin reparar en quién haya sido el de la diligencia, sin la mezquindad de quienes proponen que unas “cuentan” y otras “no”, y menos la de quienes, enfermos, se sulfuran por la liberación de un padre que se reencuentra con sus hijas, so pretexto de que eso ‘oxigena’ al gobierno.

Hay incoherencia y mezquindad en los planteamientos de quienes hoy aplican el doble rasero, pero más allá de eso, los animan sentimientos mucho más oscuros. Están envenenados por sus prejuicios y cooptados en sus lealtades y subterfugias relaciones de empleado-patrón.

Protestamos el doble rasero y, más allá de eso, reiteramos nuestra prédica coherente, desde el primer día, e insistimos en que la participación, el diálogo, el entendimiento entre venezolanos y la liberación de los presos políticos son buena noticia siempre, sin reparar en los actores. Sin sectarismos, sin segregaciones. Con un sólo discurso.

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La polarización extrema ha significado la cooptación de los principales medios de comunicación. La Palma es un espacio que ofrece una visión crítica detrás de algunos de los principales titulares diarios, en un formato sucinto.

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