Resistir

Por más de cuarenta días, el pueblo venezolano ha resistido heroicamente en las calles. Es la misma protesta de siempre, y al mismo tiempo una protesta enteramente nueva. Es la de siempre porque alza la voz en defensa de la democracia, la libertad y la calidad de vida. Es nueva, porque ha cambiado la composición de la masa, que hoy se confunde en un mar heterogéneo de procedencias y reclamos y, sobre todo, porque hoy presenciamos la articulación política de la protesta social. Atrás quedaron la polarización política entre dos mitades, y las divisiones artificiales de clases sociales y puntos cardinales, asociadas a la filiación política. Es el país todo contra un pequeño grupo, tornado en casta conservadora de los privilegios y el statu quo.

No es fácil hacer el balance de la protesta, sobre todo porque casi cuarenta familias lloran hoy a las víctimas de la represión oficial y la arremetida paramilitar gobiernera. No son meros números ni estadísticas, son los nombres y apellidos de nuestros vecinos, amigos, hijos y compañeros; de los que salieron de sus casas a construir un futuro mejor y no pudieron regresar. Son hoy los mártires de la democracia del mañana. Sí, la protesta ha dejado un dolor profundo en el alma de la Nación pero, lejos de lo que podía apostar el aparato represor, el carácter decidido y no violento de la ciudadanía en las calles ha respondido a la saña criminal con más calle, más determinación y más protesta.

No han tardado en mostrarse públicamente las fisuras que la presión ha generado en el régimen. La Fiscal General de la República ha tomado una distancia considerable, retomando la senda institucional; voces del Polo Patriótico se levantan en defensa de la Constitución que el presidente pretende desechar por no servirle a su proyecto de dominación; la disidencia chavista ha protestado enérgicamente las pretensiones autoritarias del poder. Incluso efectivos policiales y militares, en el marco de la ley, alzan la voz en contra del abuso. Hoy la colectividad tiene el reto importantísimo de abrirle la puerta a la disidencia. No es el tiempo del “¡¿Ahora sí?!”, no es momento de pasar factura. Es el tiempo de la reconciliación y de la construcción de un futuro compartido.

También fuera de nuestras fronteras las grietas, producto de las desafecciones logradas por la protesta y el búmeran de la represión contra un pueblo desarmado, le ha restado aliados a un chavismo que se va quedando solo, asumiendo una posición cada vez más aislacionista y esquizofrénica en el tablero mundial.

Han sido días de avances importantes en la senda democratizadora. También días de profundo e inmenso dolor, el de la juventud truncada, el de la indignación y la rabia. Al final prevalece la luz, la que se asoma al final del camino con la promesa de un futuro mejor para todos los venezolanos.

¿Cuánto más puede durar esto? ¿Qué hay del agotamiento de las personas? No hay respuestas mágicas, pero la capacidad de resistencia de los venezolanos ha sido inspiradora para el mundo entero. Lo que sí es urgente es darle mayor conducción política a la protesta, socializar los logros, y plantear un punto de llegada, uno que incluya lo que, sea lo que sea, terminará ocurriendo: sentarse a conversar. Y en este contexto, la conversación será siempre con el otro, así el otro represente la cara más oscura del oprobio. Que se trate de una negociación con una agenda concreta y la presión de millones en las calles, y no de un show estéril es un desafío crucial para el liderazgo. Del mismo modo, es fundamental no ceder ante la violencia que, como hemos comentado, es el único terreno que favorece al régimen autoritario.

Mientras tanto, Venezuela resiste. Resiste el abuso y la represión. Resiste el atropello, la criminalización de la protesta y de la juventud, la vagabundería de funcionarios policiales y militares convertidos en viles bandidos que roban a la gente con las excusas que da la patente para reprimir. Y resiste lo que llevó a la gente a las calles en primer lugar: un país en ruinas, sin comida, a merced del hampa y con un gobierno divorciado de las necesidades de la gente, empeñado en un proyecto de control total ajeno al espíritu de la venezolanidad.

¿Y qué queda? Resistir, e insistir en las convicciones, en la tarea de construir un país distinto, sin odios, lleno de oportunidades para todos, abierto a la reconciliación. No queremos más muertes, no queremos más violencia. No queremos un gobierno enemigo de su pueblo. Lo que queremos todos los venezolanos es un país donde podamos vivir la vida que tenemos razones para valorar, en paz y en libertad. Que el esfuerzo y los sacrificios se cristalicen en una Venezuela libre y próspera es algo que la Patria sabrá recompensar a sus hijos, a los que luchan hoy y a los que la disfrutarán mañana.


Publicado en PolítiKa UCAB el 12 de mayo de 2017.

Foto: Shakira di Marzo

Los rostros de la esperanza

Luego de un mes de intensa movilización popular, cuyo reclamo inequívoco es el cambio de gobierno y una apertura democrática que permita mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, los venezolanos hemos recibido con indignación profunda la arremetida represiva del régimen de Nicolás Maduro. A pesar de la férrea censura, se han difundido videos, fotos y testimonios de brutales ataques militares, policiales y paramilitares a la población civil que, sin armas, protesta por un futuro mejor.

La violencia ha manchado de sangre la lucha de un pueblo y casi cuarenta familias lloran hoy a los héroes de la resistencia. Los costos de salida del poder de las cabecillas del régimen son hoy infinitos. Por esa razón lanzan a la policía, a los militares y a grupos armados a combatir a quienes tienen por única arma una pancarta y, a lo sumo, un escudo artesanal en cuyas tapas se leen mensajes por la paz y que apelan directamente a la conciencia de los soldados, a los que recuerdan que los crímenes de lesa humanidad no prescriben, que “seguir órdenes” no es una excusa aceptable en la Constitución que el presidente Maduro quiere desechar pero que sigue vigente, y en definitiva, que al final del día somos los mismos.

Hemos comentado en este espacio las ventajas de la lucha no violenta: su efectividad, sus efectos sobre la participación ciudadana, sobre la democracia resultante. Sin duda, la arremetida despiadada de la violencia no sólo busca intimidar y reprimir. También busca liquidar, exterminar al contrario. Pero, además, como también hemos advertido, la violencia busca generar respuestas violentas, que den pie a desvirtuar el reclamo popular, deslegitimar la causa democrática dentro y fuera del país, y justificar más represión.

Tientan al diablo. Hasta ahora, el grueso de la protesta se ha mantenido en los linderos de la no violencia, si bien la temperatura del conflicto ha suscitado algunas manifestaciones violentas. De resto, vemos a un pueblo buscando cómo defenderse entre bicarbonato y cartones, máscaras caseras, guantes que devuelven las bombas del odio y cascos que revelan el horror de las metras, balas y demás proyectiles que disparan con intención letal del otro lado de los escudos, ya no los caseros, sino los de verdad. Rogamos que la conciencia colectiva, profundamente cívica, resista el peine de la violencia, hija del régimen, único favorecido por el juego de fuerza, el único que puede ganar tras la erosión definitiva del apoyo popular.

Pero cuando el horror parece imponerse, cuando la arremetida parece demasiado, aparece la luz. Un destello en una valiente señora que a punta de dignidad hace retroceder un vehículo blindado; un resplandor en los estudiantes que, habiendo solo conocido a Chávez, se atreven a soñar y luchar por un país distinto, sin revanchismos, odios ni facturas. Ellos son los rostros de la esperanza, el lucero del camino.

Los ataques inclementes, las muertes sin sentido que han generado y el abuso de quienes usan las armas contra el pueblo han golpeado el alma de la Nación, pero no han quebrado la voluntad de cambio de los venezolanos que demuestran, una y otra vez, la determinación de protestar legítimamente por sus derechos. Sí, hay indignación, también frustración. Hay rabia, ira colectiva. Pero por cada paramilitar, mal llamado colectivo; por cada policía que, enlodando el nombre de la carrera policial, actúa como malandro, robando a la gente en la calle; y por cada injusticia existen estos, los rostros de la esperanza, los que nos hacen creer.

No es poca cosa, en el país de la desconfianza. Pero allí están, devolviéndonos la fe en la venezolanidad: los estudiantes, las madres, las religiosas. El grupo de primeros auxilios de la UCV, y los que han emprendido esfuerzos similares desde la UCAB y otras agrupaciones. El muchacho con su biblia. Los diputados, guerreando en primera fila. Los chamos anónimos, con su deseo irreductible de hacerse del futuro que el régimen ha negado. Ellos le dan hoy sentido a la lucha, nos recuerdan que, como país, no hemos cambiado tanto después de todo: que la solidaridad sigue siendo el faro que guía a los venezolanos, el signo de nuestra idiosincrasia. Que sí se puede, que hay talento de sobra, que hay manos para la reconstrucción en cada joven, en cada estudiante, en cada abuela y trabajador. Y eso, precisamente eso, es lo que mantiene la balanza del lado de la esperanza, y no de la entrega. Venezuela tiene con qué y tiene con quiénes: estos rostros de la esperanza, que anuncian la inminencia de un futuro prometedor para la Patria.


Publicado en Política UCAB el 5 de mayo de 2017.

La resistencia toma forma

Por CARMEN VICTORIA INOJOSA CINOJOSA@EL-NACIONAL.COM | CLAUDIA SMOLANSKY CSMOLANSKY@EL-NACIONAL.COM
30 DE ABRIL DE 2017 09:40 AM | ACTUALIZADO EL 30 DE ABRIL DE 2017 11:33 AM

Caminan entre aplausos y bendiciones: “Sí se puede, sí se puede”, “valientes, valientes”, gritan los ciudadanos mientras les abren paso. Son muchachos entre 20 y 25 años de edad. Tienen nombres y apellidos, pero los reconocen como “la resistencia”. Se les ve en la primera línea de las manifestaciones, flacos y sin camisa, con la franela convertida en capucha y guantes para recoger las lacrimógenas y devolverlas. Tienen el arrojo del que pareciera no tener nada más que perder.

“La verdad es que solo somos venezolanos que nos duele nuestro país y que queremos un cambio. Marchamos como cualquier otra persona, hasta que comienza la represión”. Están integrados en varios grupos. Algunos se conocen desde las protestas de 2014, que fueron menos masivas, más llenas de barricadas y trancas sin objetivos claros. Otros son amigos desde antes y hay quienes se han unido recientemente a este movimiento. Los que han ganado músculo en las manifestaciones de estos cuatro años de conflictividad en aumento, a lo largo del gobierno de Nicolás Maduro, establecen diferencias. Dicen que antes existía algún tipo de negociación con la policía. “Ahora no nos dejan acercarnos. Apenas nos ven, disparan”.

Su rol, aseguran, es proteger a los manifestantes para que se mantengan en la calle y evitar que la policía avance y gane terreno. También sacan y asisten a los que resultan heridos. Como grupo intentan mantenerse juntos y en alerta cuando cruzan la línea de fuego. Estudian diferentes vías de escape, la dirección del viento para saber hacia dónde van a lanzar las bombas cuando las recojan y vigilan para evitar emboscadas. También llevan un kit de protesta –máscara, agua, guantes, lentes, Maalox y en algunos casos, cascos. Se enfrentan a los guardias antimotines, escudados en lo que la calle les ofrece, alguna defensa de la vía, una señal de tránsito, un bloque de acera. “Cuando escuchamos las primeras detonaciones, nos ponemos nuestros equipos. Mientras que las personas se devuelven asustadas, nosotros seguimos adelante”.

La comunicación es a través de señas: “Cuando alzamos la mano significa ‘estamos aquí’. Si no vemos la seña, recurrimos al teléfono. Pero siempre establecemos un punto de encuentro”. Además de lesiones por perdigones o bombas, algunos llegan a sus casas con tos, diarrea y dolor de cabeza por la inhalación del gas. También reciben atenciones de parte de los manifestantes. Desde agua hasta platos de comida y las abuelas, que muchas se han visto en la primera línea con los jóvenes, son las más expresivas: los encomiendan a Dios y les cuelgan rosarios. “Valoramos que estén ahí tantas horas bajo el sol, tan vulnerables a la represión. Ellas también son valientes”. En la marcha del 20 de abril, unas señoras llevaron una olla de arroz y le dieron de comer a todos los que estaban adelante y otra les repartió chupetas.

Los amigos, familiares y sus parejas también permanecen atentos, aunque reconocen que la mayoría de sus familiares no están conscientes de que ellos son el grupo de la resistencia. Cada día aparecen nuevos personajes que sorprenden con sus acciones en medio de la línea de fuego al estar cara a cara con las fuerzas de seguridad del Estado o al llevar un mensaje durante la marcha. La resistencia en la calle empieza a tomar forma.

“Son hechos que están cargados de un profundo contenido simbólico. Este elemento es radicalmente importante cuando de enfrentar a una autocracia se trata. Los símbolos sintetizan, conectan, expresan ideas y sentimientos; no requieren explicaciones, de ahí su enorme poder motivador”, explica el doctor en Ciencias Políticas y especialista en conflicto, Miguel Ángel Martínez. Estas escenas, agrega, “ayudan a mantener viva la llama de lucha y esperanza al expresar valores, coraje, dignidad”.

Abril termina con una intensa jornada de protestas masivas –alcanza más de 12 grandes convocatorias– que comenzaron tras la publicación de las sentencias 155 y 156 del Tribunal Supremo de Justicia que otorga al presidente Nicolás Maduro poderes especiales y despojan al Parlamento de sus funciones, lo que la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, calificó como una “ruptura del orden democrático”.

El reclamo electoral, la activación del canal humanitario, la liberación de presos políticos, la destitución de los magistrados del TSJ y los llamados de atención al Poder Moral son parte de las exigencias de los ciudadanos en manifestaciones que han sido reprimidas por aire y tierra. Y aunque la resistencia civil no violenta se encuentra a prueba de balas y bombas lacrimógenas, la voluntad de miles de venezolanos se ha plantado en el cometido de lograr el cambio político en el país con acciones que –en comparación con años anteriores– muestran un rostro más fortalecido y buscan presionar al Poder Ejecutivo dada la carga política dentro de las demandas sociales.

Frente a un gobierno autocrático está una multitud que insiste en mantenerse en la calle pese a la represión y el uso exacerbado de la fuerza por parte de organismos de seguridad del Estado y grupos armados que son alentados, o por lo menos amparados, por el Ejecutivo. Los ciudadanos han logrado avanzar y atravesar Caracas. Esta presión aumenta en el interior del país y se extiende a zonas populares de la capital.

“Las manifestaciones de estas tres semanas lo que demuestran es que no son únicamente por la escasez de medicamentos y alimentos o por la inseguridad. Es también por la libertad y la democracia. La presencia de ambos elementos es lo que da una connotación distinta del pasado. No hay un divorcio entre la protesta social y política. Es casi unánime el sentimiento por votar”, explica el sociólogo y profesor universitario, Daniel Fermín.

A diferencia de 2014, cuando las jornadas de protestas estuvieron vinculadas a la emergencia económica, el liderazgo opositor no estaba unificado ni en la primera línea de las marchas tragando gas con los ciudadanos, todos los poderes estaban ganados por grupos afines al gobierno, todavía el chavismo era mayoría e internacionalmente la atención no estaba del todo sobre Venezuela. Pero en 2017 la situación ha cambiado.

Martínez señala que en este momento existe una mayor conducción de la movilización popular: “A la cabeza están diversos líderes y representantes, especialmente los más jóvenes. Se percibe un ‘repertorio’ más variado con iniciativas que denotan ingenio e innovación. Estos elementos han permitido que el liderazgo vuelva a conectarse con el sentimiento popular, que a estas alturas es de franco y mayoritario rechazo al actual régimen político. Se ha mejorado en la organización para resistir la represión y en la voluntad de construir una narrativa que dé sentido a la protesta”. Son precisamente las cabezas del movimiento estudiantil de 2007 –varios de ellos a la vuelta de 10 años ocupan curules en la Asamblea– los que han movido este abril de protestas.

Martínez agrega que existe un amplio reconocimiento, según las posiciones adoptadas por organismos internacionales, de que el gobierno venezolano es autocrático: “Las democracias del mundo ya no consideran al régimen de Maduro como uno más entre ellas”.

Al comparar con 2014, el fundador de Redes Ayuda, Melanio Escobar, asegura que “se observa una sociedad civil mucho más madura en sus protestas, que acata líneas de sus dirigentes políticos. Esto sucede porque ahora se ve a unos líderes explicándoles a los ciudadanos qué tienen que hacer, por qué y cuál es el resultado, lo que tampoco se veía antes. Están en la calle haciendo asambleas en sus parroquias, informando a la gente”.

El apoyo de los políticos y la apariencia de una Mesa de la Unidad Democrática verdaderamente “unida” son algunos de los factores por lo que manifestantes expresan que se sienten motivados y partícipes de una protesta distinta a cualquier otra en los últimos 18 años.

Resistencia activa

El liderazgo opositor no ha dejado de llamar a resistir de forma contundente pero pacífica. “Este carácter no violento, que ha hecho que la participación crezca y la represión se le devuelva al gobierno, está generando una severa crisis e indignación dentro de sus filas, de gente que no está dispuesta a acompañar esto. Porque los ciudadanos no están cediendo en su anhelo de reclamar sus derechos y aspiraciones”, explica Fermín. Y agrega que la resistencia activa tiene que ver con acciones de cooperación, organización masiva, desafíos que generalmente son respondidos con represión y que las democracias resultantes de estos procesos “suelen ser mucho más estables y duraderas”.

Aunque la resistencia no es del todo infalible, como señala Martínez, se trata de “un movimiento imperativo moral y político que debe ser asumido por toda sociedad sometida a regímenes de fuerza, y que desarrollada con la constancia necesaria termina por conectarse con otras dinámicas nacionales e internacionales que propician los cambios de régimen político”.

Las estadísticas demuestran que surten efecto. De acuerdo con Fermín estudios indican que los movimientos que se han tornado violentos han fracasado en 61% de los casos. Eso frente a 17% de fracaso de los movimientos no violentos.

La resistencia también expone la naturaleza dictatorial de cualquier régimen. “En vez de convertirlo en una pugna contra un Estado que intenta ‘poner orden’, demuestra un pueblo en resistencia que pide cuestiones legítimas y un gobierno que reprime sin motivo. Esto lleva a que se quebrante la moral de toda la estructura del Estado, desde los militares hasta los colectivos, que se cansen de reprimir porque son reconocidos como criminales y se terminen volcando contra el gobierno. Esta es la filosofía detrás de cualquier protesta pacífica”, dice Javier El Hage, director jurídico de Human Rights Foundation.

Para Martínez este ciclo de protestas ha dejado claro que el chavismo ya no goza como antes del apoyo de las zonas populares: “Esa es otra de las razones por las que al régimen le inquietan tanto estas movilizaciones. Esa indignación creciente se percibe y es natural que preocupe mucho al establishment político”, concluye.

Otros contextos

Los movimientos políticos contestatarios que se desarrollaron en países sometidos por los regímenes soviéticos, como los liderados por Lech Walesa en Polonia, Václav Havel en República Checa, y diversos nacionalistas de Ucrania, el Báltico, el Cáucaso y Asia Central, son un ejemplo de resistencia no violenta. “No cabe duda de que contribuyeron a minar progresivamente la estabilidad de regímenes que, además, eran una superpotencia mundial, así como de varios de sus herederos”, señala Martínez. Cita las iniciativas de Mahatma Gandhi en la India y la del movimiento de defensa de los derechos civiles y políticos que lideró Martin Luther King en Estados Unidos: “El efecto de la protesta organizada y constante fue la progresiva pérdida de confianza en quienes mantenían las políticas represivas, una ciudadanía movilizada y organizada, clamando pacíficamente el cumplimiento de lo que es justo”.


Entrevista publicada en El Nacional el 30 de abril de 2017.

17 cápsulas sobre lucha no violenta

1. Ayer hice una publicación sobre #NoViolencia que recibió muchísima difusión. Algunos se mostraron escépticos. Para ellos van estas cápsulas:

2. Primero: La violencia es promovida por el régimen para provocar violencia que desvirtúe la protesta. Es parte de lo que hay que sortear.

3. “#NoViolencia no funciona contra este tipo de gobiernos”. Falso. Contra regímenes represivos la NV ha sido más efectiva que la violencia.

4. Iniciativas de #NoViolencia son más efectivas en incrementar los costos al régimen, dividir sus pilares de apoyo y erosionar su terreno.

5. 61% de iniciativas violentas fracasa en cambio de régimen. Apenas 17% de iniciativas de #NoViolencia fracasa, según Chenoweth y Stephan.

6. #NoViolencia ha sido exitosa en 70% de las iniciativas entre 1900 y 2006, frente a 40% de las iniciativas violentas (Chenoweth y Stephan).

7. Transiciones impulsadas por #NoViolencia resultan en democracias más duraderas y pacíficas que las provocadas por violencia.

8. Iniciativas de #NoViolencia tienen en promedio 150.000 miembros más que las violentas.

9. La #NoViolencia promueve mayor número de participación, esencial para lograr una movilización que conduzca a una transición.

10. En la #NoViolencia, la represión abierta se vuelve en contra de los represores.

11. La evidencia demuestra que la #NoViolencia es especialmente efectiva contra regímenes autoritarios con alto grado de centralización.

12. #NoViolencia promueve disrupción a través de no cooperación, que conduce a cambios de lealtades entre simpatizantes del régimen.

13. #NoViolencia es más efectiva en ganar apoyos internacionales y lograr desafecciones en aliados externos del régimen.

14. No, no fue a punta de plomo que se logró transición en Túnez, Serbia, etc., sino a través de #NoViolencia.

15. #NoViolencia no es comeflorismo, resistencia no violenta no implica docilidad, todo lo contrario. Es innovación y contundencia.

16. Más info sobre #NoViolencia en mi trabajo «La gente importa: movilización popular y democratización», en el libro Transición democrática o autocratización revolucionaria: El desafío venezolano II (UCAB, 2016).

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17. Una biblioteca de recursos sobre #NoViolencia está disponible aquí, compilada por la gente de International Center on Nonviolent Conflict (ICNC).

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Publicado originalmente como una serie de 17 tuits el 9 de abril de 2017.

Los retos que enfrenta la MUD tras la Toma de Caracas

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La Toma de Caracas probó la capacidad organizativa y de movilización que tiene la Mesa de la Unidad Democrática. También probó que las protestas masivas pueden ser pacíficas.

Pero la jornada deja nuevos retos que la oposición deberá enfrentar de forma estratégica para evitar que su músculo social se desinfle antes de concretar la agenda de lucha que presentó al país.

El consultor político, Edgar Gutiérrez, enumera los desafíos después del 1 de septiembre

1. Debe mantener la ofensiva en materia de movilización.

2. Aumentar la presión social, política e internacional para que el referendo revocatorio se lleva a cabo este año.

3. Proteger a los suyos frente a la ola represiva que pudiera darse de parte de los cuerpos de seguridad o de grupos civiles armados.

¿Qué debe hacer la MUD para mantener viva la convocatoria?

“La protesta se mantiene viva ampliándola geográficamente, intercalándola para evitar el desgaste sin que se pierda el volumen y la intensidad y se debe integrar la protesta social de los sectores a la misma lucha”, explicó el experto.

En este punto coincide el sociólogo y analista político Daniel Fermín, quien advierte que el reto más importante es evitar que la manifestación se convierta en una actividad netamente partidista.

“Se debe mantener una convocatoria abierta a todos los venezolanos que cubra todos los sectores de la vida social porque es una tentación muy grande, incluso por el tema operativo, apelar a los músculos de los partidos. También se debe comunicar de forma efectiva lo que se ha logrado y se está logrando con estas manifestaciones”, apunta.

¿Cuáles son los riesgos de tener a la gente en la calle?

Para ambos analistas, la represión es el principal riesgo, pero coinciden en que la ciudadanía ha demostrado haber perdido el miedo.

“La MUD debe lidiar con las actuaciones y el discurso violento que vienen desde eloficialismo; hoy vemos como se detiene a un alcalde y estas acciones parece que no van a terminar. En este sentido, se debe insistir en la efectividad de la no violencia activa en las calles, está demostrado sociológicamente que los movimientos no violentos tienen mayor efectividad aun cuando son reprimidos porque logran desafecciones y cambios de lealtaddentro del régimen y no elevan tanto el costo del riesgo”, concluyó Fermín.


Publicado en Efecto Cocuyo el 4 de septiembre de 2016.

¿Podrá la MUD conducir una campaña exitosa de resistencia civil no violenta?

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En la rueda de prensa que ofreció la MUD un día después de la multitudinaria manifestación, Torrealba destacó que la Toma de Caracas “no había sido una marcha más sino una nueva forma de organización. La nueva ciudadanía democrática es ciudadanía en acción en la calle de manera disciplinada”.

Tras el 6D y el 1S es evidente que el principal activo de la MUD es la gente. “Hoy estamos viendo que casi 9 de cada 10 venezolanos reconoce que hay una grave crisis económica y ese mismo porcentaje le atribuye la responsabilidad al presidente. La realidad es que la crisis rompió la polarización política y en consecuencia se ha ido configurando una heterogeneidad en el descontento”, explica el sociólogo Daniel Fermín.

“La fuerza de la gente en la calle es fundamental para lograr los cambios políticos, sobre todo porque no se trata solo de un cambio de gobierno sino de todo un sistema político y económico”, sostiene Fermín.

Ahora bien, ¿cómo tienen que ser esas movilizaciones? “Lo primero es que deben estar muy bien organizadas y mantener la unidad de propósito. La movilización del 1ero de septiembre la convocó la MUD, cierto, pero el 1S sobrepasó a la MUD porque allí estaba la sociedad civil en toda su diversidad, los estudiantes, los gremios, los sindicatos. Esa capacidad para convocar de manera amplia a todos los sectores del país es clave”, argumenta el sociólogo.

Otra condición es que las movilizaciones deben ser inexorablemente no violentas. “Qué pasa con eso, que los venezolanos solemos colocar el tema de la no violencia en el departamento de la ingenuidad y del comeflorismo pese a que la evidencia histórica demuestra que las campañas no violentas tienen un grado de efectividad mucho mayor que las protestas violentas. Este aprendizaje es nuevo para los venezolanos: las manifestaciones pueden ser contundentes y no violentas a la vez”, agrega Fermín.

Aunque fue uno de los elementos más cuestionados, Fermín destaca que entre los aciertos del 1S estuvo haber dado una hora de cierre a la actividad porque “fue una vacuna contra la violencia de los infiltrados”.

“¿Cuáles son los retos de la MUD ahora?, el primero es mantener su convocatoria lo más amplia posible porque existe la tentación de regresar al esquema de movilizar solo a los cuadros de los partidos, cosa que es buena pero no es suficiente. Otro reto es saber comunicar cada éxito. A la oposición le ha costado mucho aprender a saborear las victorias y apreciar cuánto ha avanzado”, afirma Fermín.

Imágenes de familias enteras marchando en las calles de Caracas evidencia que al logro cuantitativo del 1S hay que agregarle una importante victoria cualitativa: “las mediciones de opinión demostraban que a partir de 2014 la gente asoció casi automáticamente protesta con violencia; esa percepción negativa repercutió en que muchos dejaron de marchar”, explica el sociólogo.

“La movilización popular en los términos que planteó la MUD: masiva, diversa y no violenta, deja la mesa servida para el cambio político. Es cierto que el activo del gobierno es su control sobre las instituciones del Estado y eso no va a cambiar sin la presión de la gente en la calle que genere desafecciones en sus filas. Hoy, incluso dentro del chavismo hay consenso en torno a la transparencia y constitucionalidad del revocatorio como vía para que la gente tenga la última palabra y es muy difícil oponerse por la vía de tecnicismos. Ellos también lo saben: el revocatorio es un derecho”.


Publicado en RunRunes el 3 de septiembre de 2016.

La democratización del país requiere negociación y movilización de la sociedad

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Expertos nacionales e internacionales debatieron el jueves 14 de julio en el foro “¿Democratización? La Dinámica del Cambio Político en Venezuela”, acerca de la necesidad de buscar acuerdos a través de procesos de negociación para encontrar solución a los problemas del país.
En el evento organizado por el Centro de Estudio Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello (CEP-UCAB) participaron tres especialistas internacionales: José Woldenberg, expresidente del Instituto Federal Electoral de México durante la transición mexicana; Sergio Bitar, político e intelectual chileno, presidente del Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia; y Abraham Lowenthal, primer director general de América del Centro Woodrow Wilson y fundador de Diálogo Interamericano, experto en transiciones democráticas.
Los tres coincidieron en que la principal característica de los procesos de transición de sistemas autoritarios hacia una mayor democracia es la movilización de la sociedad y una dinámica de negociación entre las distintas fuerzas políticas.
Woldenberg afirmó que el estudio de distintas experiencias demuestra que los cambios políticos que dejan atrás sistemas autoritarios “son procesos donde la movilización social y la negociación se conjugaron de manera virtuosa. Las negociaciones entre las fuerzas políticas no hubiesen ocurrido sin las protestas que, a su vez, se caracterizaron por ser pacíficas y dirigidas por una oposición que siempre tuvo como norte impulsar reformas para garantizar pluralidad política y participación”.
Lowenthal destacó que el estudio de nueve casos de transición en distintos países señala que “se trató de procesos donde fue clave la participación de distintos sectores de sociedad, los sindicatos, la Iglesia y el liderazgo político. En todos hubo el reto de cómo unificar las fuerzas de oposición y marginar a quienes podían descarrilar el proceso y, al mismo tiempo, inducir a las fuerzas del orden autoritario a aceptar los cambios”.
Bitar indicó que “no hay transición sin negociación” y refiriéndose a Venezuela explicó que es vital alcanzar acuerdos que permitan enfrentar la crisis económica que no desaparecería con un simple cambio de gobierno: “Se necesita un piso para que la economía pueda estabilizarse en un contexto donde habría que avanzar hacia una economía post petróleo. Para eso es necesario un diálogo importante”.
Woldenberg plantea que Venezuela es un régimen híbrido que combina una Constitución democrática con prácticas autoritarias y en este sentido “tiene puntos de similitud con regímenes como el mexicano donde fue fundamental plantear la necesidad de la imparcialidad de órganos y procedimientos electorales, condiciones equitativas en cuanto al financiamiento de los partidos políticos y acceso a los medios masivos de comunicación. Además, se evaluó la fórmula de traducción de votos a escaños”.
“Por fortuna en Venezuela no se ha clausurado la vía electoral. Si se tuviera una normativa y una práctica electoral que llenara los requisitos de transparencia, participación, estoy convencido de que el mundo de la representación política sería otro y creo que allí hay una veta a explorar”, dijo Woldenberg.
Los venezolanos frente a la democracia: entre la ilusión y el pragmatismo
El foro también contó con la participación de Daniel Fermín, sociólogo e investigador del Centro de Estudio Políticos de la UCAB, quien indicó que en el momento actual que vive Venezuela es necesario tener en cuenta que “las transiciones no dependen únicamente de acuerdos de élites, aunque estos sean necesarios, la movilización de la sociedad también es importante y la experiencia demuestra que debe tratarse de una movilización no violenta”.
Fermín, quien apuntó que la efectividad de la movilización pacífica de la población es 60% más efectiva que los métodos violentos, confronta el argumento de que no es posible enfrentar un régimen autoritario con métodos democráticos. “Es posible y es más efectivo porque esos cambios tienden a ser duraderos. Cuando los cambios se producen de manera violenta quedan resquemores y lo que se logra en términos de democratización se revierte muy fácilmente”
Juan Manuel Trak, coordinador del Proyecto Integridad Electoral Venezuela del CEP-UCAB, abordó un tema medular: ¿cuán demócratas son los venezolanos? La respuesta partió de una investigación realizada en 2014, que reveló que los venezolanos sentían poco respeto por las instituciones y manifestaban un bajo nivel de tolerancia a las diferencias políticas.
“Para los venezolanos, la democracia es vista como una vía para alcanzar la satisfacción de necesidades materiales; así que cualquier proceso de democratización debe pasar por el fortalecimiento de la efectividad las instituciones”, afirma Trak.
El historiador Ysrrael Camero afirmó que el Gobierno se ha tornado más autoritario “al no contar con el liderazgo carismático de Hugo Chávez, el fracaso socioeconómico, la pérdida del orden público y el derrumbe de la popularidad. Venezuela está en una encrucijada: hay unas fuerzas que promueven a la democratización, pero también hay fuerzas que tienden a la autocratización”.
La historiadora y profesora de la UCV, Margarita López Maya, denominó como “ilusión de la democracia” el período en el cual la renta petrolera permitió complacer a todos los sectores sociales sin necesidad de hacer sacrificios ni establecer consensos reales. Explicó que la crisis actual requiere que los distintos sectores de la sociedad tomen conciencia de que ya no hay renta petrolera para tapar las divergencias y por tanto todos tienen que hacer sacrificios para tener una sociedad más justa y con más libertades.
“Cuando uno está desesperado se aferra a cualquier mesías”, apunta López Maya a propósito de la progresiva militarización de la política nacional. “La democracia tiene su precio: o se compra la democracia o se compra otra cosa. Ya tenemos una experiencia lamentable encima y algo tenemos que aprender de ella; ya tuvimos una crisis similar y salimos buscando un líder carismático; ¿ahora vamos a salir a buscar otro líder igual a ver si nos repite la historia?”.
Ronald Balza, economista, destacó las debilidades que podría enfrentar el país al momento de iniciar una transición que implique cambios en el modelo actual. “Hay grupos vulnerables que dependen del mantenimiento de los controles. Por otro lado habría que plantearse que tras el desmontaje de, por ejemplo, el control de precios, posiblemente la oferta no responda rápidamente por la quiebra de empresas y la falta de inversión que ha habido en los últimos años”.
Entre la audiencia se encontraba el abogado y político Eduardo Fernández. Afirmó que no es posible tener un régimen democrático sin consenso. “Donde no hay diálogo no hay democracia. Aquí hay una creciente militarización y la formación militar es incompatible con la democracia; los militares son formados en el arte de dar y recibir órdenes y la democracia no es eso sino dialogar, promover consensos, entendimientos y tolerancia”.
El rector de la Universidad Católica Andrés Bello, s.j. José Virtuoso, explicó que este tipo de encuentros impulsan la búsqueda de fórmulas para “institucionalizar nuestra democracia, crear canales efectivos para la participación a través de reformas electorales, compaginar la democratización con la inclusión y devolver a los civiles a un papel preponderante en la sociedad”.

Publicado en RunRunes el 14 de julio de 2016.