Rendijas democráticas en contextos autoritarios

El autoritarismo competitivo es un concepto que responde a la emergencia de regímenes híbridos como fenómeno característico de la post Guerra Fría. Esta época de la historia, con sus muros caídos y su “final de la historia”, demostró ser más complejo que el escenario planteado inicialmente como el triunfo definitivo de la democracia liberal. En lugar de esto, presenciamos la proliferación de regímenes que, también contrario a la matriz inicial, no eran transicionales, sino que representaban formas de dominación relativamente estables. El autoritarismo competitivo puede perderse fácilmente en la baraja analítica, entre otras razones porque es fácil perderse también en el debate sobre si estos son meramente democracias imperfectas o disminuidas. El autoritarismo competitivo crea condiciones desiguales entre gobierno y oposición, en perjuicio del desempeño democrático. Existe en estos regímenes una fachada democrática, y los mecanismos e instituciones democráticos siguen siendo la principal vía para obtener y ejercer el poder, pero desde el poder se viola esta dinámica de tal manera que el régimen no logra cumplir un estándar mínimo de democracia[1].

las más insignificantes rendijas en estos espacios pueden ser utilizadas por los opositores para desafiar, debilitar y en casos incluso derrotar a gobernantes y sistemas autoritarios

Normalmente se habla de tres causas del autoritarismo competitivo: la decadencia de un régimen autoritario, el colapso de un régimen autoritario, o la decadencia de un régimen democrático. La diferencia entre este tipo de régimen y un autoritarismo cerrado, de corte clásico, está en la existencia de espacios para el ejercicio de oposición, que aquí llamamos rendijas democráticas. A través de estos espacios, de estas rendijas, los distintos sectores en oposición al régimen pueden, de manera efectiva, retar al poder de una manera que sería imposible en un autoritarismo consolidado. Los espacios principales están representados por la arena electoral, la judicial, la legislativa y los medios de comunicación. Incluso las más insignificantes rendijas en estos espacios pueden ser utilizadas por los opositores para desafiar, debilitar y en casos incluso derrotar a gobernantes y sistemas autoritarios.

Si una concepción de “rendijas democráticas” basada en instituciones tan formales, que pueden ser cooptadas finalmente por el poder autoritario, pareciera insuficiente, ¿De qué otras maneras puede la gente hacerse sentir en contextos de instituciones débiles y sistemas autoritarios? En China, un estudio muy completo[2] da cuenta de “grupos solidarios”, que ejercen un control informal sobre el gobierno. Aquí, incentivos morales y de distintos tipos son un recurso invaluable para el logro de objetivos políticos, económicos y sociales. Estos grupos parten de la idea de que cuando las fronteras de un grupo solidario se solapan con las fronteras administrativas del gobierno local, los funcionarios públicos tienen una fuerte obligación social a contribuir con el bienestar del grupo. En Rusia, donde se ha establecido una súper-presidencia con una especie de teflón que desvía las responsabilidades hacia los mandatarios locales (y que sitúa al mandatario central como el gran intercesor), surge el concepto de “monarquismo ingenuo” para designar aquellas actividades diseñadas para lograr la intervención presidencial[3]. Estas incluyen cartas, protestas e incluso renombrar puntos geográficos en honor al gobernante, pero lo clave no está en una supuesta devoción ciega, sino en el uso estratégico que este tipo de activismo puede hacer para lograr sus objetivos, independientemente de lo que los activistas y demás ciudadanos piensen realmente del liderazgo local y central. En una ocasión, activistas que intentaban impedir la deforestación de un bosque local para la construcción urbana, imprimieron y colocaron fotos de Vladimir Putin en cada uno de los árboles. Su lógica no se basaba en amor al líder, sino en una apuesta clara: los constructores -ni nadie- se atreverían a tocar a Putin. Funcionó. Ningún árbol fue cortado y los activistas tuvieron éxito en su objetivo de preservar su espacio local. Estos ejemplos de China y Rusia, recordamos, no aspiran ilustrar una dinámica democrática ideal. Lo contrario, representan rendijas para la participación popular y la resistencia ciudadana en contextos autoritarios, cada una a través de acciones estratégicas que parten de la realidad concreta de ambas sociedades.

Incluso en ese esquema ornamental, sin embargo, existen grietas para la participación popular

En los regímenes híbridos, la democracia tiene un aspecto decorativo. Incluso en ese esquema ornamental, sin embargo, existen grietas para la participación popular. No obstante, debemos hacer tres advertencias: En primer lugar, modelos como el de los grupos solidarios pueden resultar difíciles de aplicar más allá del ámbito local, en la escena nacional; segundo, los arreglos informales pueden ayudar a obtener la atención del gobierno, pero en ningún caso a la escala que traería un sistema formal de accountability; y tercero, estos sistemas informales, al aliviar las presiones sobre el Estado a corto plazo, pueden retrasar las reformas necesarias a nivel institucional, que traerían mayores beneficios tanto para los ciudadanos como para el Estado a largo plazo.

apostamos por las rendijas -institucionales e informales- que sirvan de catalizador del cambio social y muevan los cimientos del régimen en la lucha por una democracia incluyente y genuina

No podemos finalizar sin reiterar una idea central: a diferencia de los autoritarismos hegemónicos, cerrados, los autoritarismos competitivos apelan a la democracia (de manera superficial y decorativa) como forma de legitimación. Esto abre rendijas importantes para la participación y el ejercicio de oposición, no solo a través de arreglos informales como los que hemos ilustrado, sino principalmente a través de las arenas electoral, legislativa y judicial, junto a los medios de comunicación. Tener esto en cuenta es importante para analizar las maneras en las que una sociedad puede hacerle frente a un régimen autoritario de este estilo. Si entramos al terreno de las preferencias, no concebimos como “preferible” la consolidación del autoritarismo competitivo en un autoritarismo hegemónico, buscando un “todo o nada” que nos aleja aún más de la democracia, sino que apostamos por las rendijas -institucionales e informales- que sirvan de catalizador del cambio social y muevan los cimientos del régimen en la lucha por una democracia incluyente y genuina, que responda a la gente y promueva el bienestar y la igualdad en un régimen de libertades. Estos espacios deben aprovecharse en un régimen híbrido. Allí, sabemos que no hay democracia y precisamente eso nos obliga a aprovechar cualquier rendija y convertirla en una oportunidad para desafiar al poder. En un régimen autoritario hegemónico, que ofrece escasas posibilidades para la impugnación democrática y aún menos para el retorno a un sistema democrático, puede ser demasiado tarde.

[1] En una entrega anterior advertimos que no hay un único concepto de democracia. En esta idea nos referimos a un esquema que va más allá de la concepción electoral-minimalista, y que engloba el respeto a las minorías, la separación y limitación de poderes, y el estado de derecho, nociones todas propias de la democracia liberal.

[2] Ver Tsai, L. (2007). “Solidary Groups, Informal Accountability, and Local Public Goods Provision in Rural China”, American Political Science Review 101:2, 355-372.

[3] Ver Mamonova (2016). “Naïve Monarchism and Rural Resistance in Contemporary Russia”, Rural Sociology 81:3, 316-342.


Publicado en Proyecto Base el 19 de febrero de 2018.

Sobre la democracia iliberal

No hay un único concepto de “democracia”. Si bien es común su asociación con “el gobierno del pueblo”, lo que eso significa es fuente de creciente debate en el mundo de hoy. En ese sentido, la democracia liberal, una vez pensada como el destino final de las ideas y movimientos democráticos tras la caída del muro de Berlín, aparece hoy como apenas una de varias formas de organizar y administrar lo que llamamos democracia.

Otros modelos aseguran ser democracias “auténticas” o “reales”, en contraste con la propuesta clásica, liberal. Para muchas de estas concepciones alternativas, los límites que la democracia liberal coloca sobre sí misma más allá de la dinámica electoral que determina quién tiene la mayoría (separación de poderes, estado de derecho, protección de derechos básicos) constituyen en realidad obstáculos para la democracia real, una que asegura moverse de manera rápida y efectiva, sorteando trabas burocráticas y controles “innecesarios”.

Los regímenes y líderes que apoyan esta línea de pensamiento han creado términos como “democracia soberana” y “democracia participativa”, como maneras de diferenciarse claramente del modelo Occidental de democracia liberal, y también como una manera de defenderse de acusaciones que los tildan de antidemocráticos por no adherirse a este modelo.

Aquí entra la democracia iliberal, un perturbador fenómeno emergente en la comunidad internacional. A partir de la rabia como fenómeno político y de las fallas reales y percibidas de la democracia liberal, la democracia iliberal se refiere a regímenes que, electos democráticamente, ignoran rutinariamente los límites constitucionales sobre su poder y privan a sus ciudadanos de las libertades y los derechos básicos. En estos regímenes existe una mezcla de elementos democráticos con un grado sustancial de iliberalismo, que se caracteriza por el debilitamiento de las libertades individuales, la propiedad privada y la separación de poderes.

electos democráticamente, ignoran rutinariamente los límites constitucionales sobre su poder y privan a sus ciudadanos de las libertades y los derechos básicos

No todos están de acuerdo con el concepto. Quienes rechazan la democracia iliberal como una contradicción de términos prefieren llamar a este tipo de gobiernos “autoritarismos populistas” y afirman que “todas las democracias son liberales”, sintiendo desconfianza por la “democracia con adjetivos”. Sin embargo, el concepto de democracia iliberal puede ser útil en tres sentidos: En primer lugar, como una forma de legitimación; en segundo lugar, como un concepto científico social que registra una aspiración o proyecto político; y, en tercer lugar, como un compromiso normativo.

Un asunto muy importante que se desprende de lo anterior es la relación entre democracia y libertad. Mientras que la democracia está ciertamente entrelazada con otros aspectos de la vida social, como el desempeño económico, su relación con la libertad puede ser compleja y en muchos casos determina el “adjetivo” del régimen democrático. Es en este sentido que algunos autores han escrito sobre el liberalismo constitucional como salvaguarda de la democracia liberal. De acuerdo a este planteamiento, el liberalismo constitucional aspira a proteger la autonomía y dignidad del individuo de la coerción, venga de donde venga. Paradójicamente, la fuente de esa coerción puede, en ocasiones, ser la “democracia”. Esto tiene implicaciones prácticas, por ejemplo, para la política exterior. Mientras que los países Occidentales se enfocan a menudo en promover elecciones en países en proceso de democratización, algunos proponen que estos países estarían mejor estableciendo un sistema constitucional que ofrezca un sistema de controles y equilibrios que sirva como marco para el desarrollo democrático. La clave aquí está en la limitación del poder, más allá de la realización de elecciones.

Sin embargo, cualquier arreglo institucional con miras a limitar y controlar al poder no puede asumirse con una postura prêt-à-porter, como demuestran estudios cuantitativos. En su lugar, un marco que pretenda establecerse en una sociedad debe considerar el contexto político, económico y social de esa sociedad si quiere tener éxito en su tarea, y en la tarea de proveer a la democracia liberal de mayor estabilidad. Del mismo modo, más allá del desempeño económico, el tipo de régimen (presidencial o parlamentario) y el grado de centralización afectan directamente la estabilidad y la salud del sistema democrático.

Aunque la democracia tiene hoy sobrados críticos, la proliferación de etiquetas como “democracia participativa”, “democracia real” o “democracia soberana” demuestra que el término democracia es aún tenido en alta estima por distintos tipos de regímenes y líderes políticos. Son pocos los países que no ofrecen al menos una simulación ritualista de elecciones y hasta los más brutales tiranos reivindican en su discurso el derecho del pueblo a gobernar, es decir, a participar de las decisiones públicas.

El iliberalismo no es una plataforma ideológica, sino una tecnología, una metodología para acceder al poder y para conservar el poder sin amarras. La naturaleza trans-ideológica del iliberalismo como proyecto autoritario se evidencia al observar cómo va unas veces de visos conservadores y otras en nombre de la izquierda. Así, la ideología se ve reducida a una especie de barniz discursivo de unos regímenes que no están motivados por lo ideológico, sino que aplican lo ideológico para justificarse en momentos concretos.

El iliberalismo no es una plataforma ideológica, sino una tecnología, una metodología para acceder al poder y para conservar el poder sin amarras

Son muchos los retos para la democracia, dada la emergencia del iliberalismo. Uno de ellos es la necesidad de encarar este fenómeno por lo que es, por lo que dice ser, y por lo que no es, entendiendo que se trata de un modelo que se dice democrático sin serlo, por el hecho de apelar a procedimientos propios de la democracia, pero que tampoco encaja en las definiciones que tradicionalmente tenemos de “dictadura”, “autoritarismo” o “totalitarismo”, a la vez que no es un simple “punto medio” entre una cosa y la otra. Analizar la democracia iliberal nos permite entender sus postulados, valores, técnicas compartidas, sus rasgos comunes, así como sus amenazas para la democracia, la libertad y la igualdad.

Del creciente desencanto con el desempeño democrático y la crisis mundial de la democracia que han permitido el ascenso de propuestas iliberales surgen también muchas preguntas ¿Se está reduciendo la democracia a la superficialidad de la mercadotecnia política? ¿Puede la democracia pluralista sobreponerse a los embotellamientos de la vetocracia y la polarización, que la hacen parecer lenta e ineficiente, afectando su valoración social y sus niveles de satisfacción entre el público? ¿Cómo pueden rescatarse la libertad y la igualdad de la pila de lo dado por sentado como valores centrales de la democracia en medio de esta creciente insatisfacción, de modo que no aparezcan como secundarios frente al desempeño económico o a la dinámica plebiscitaria? ¿Existe la necesidad de proteger a la libertad incluso de la democracia? ¿Cuáles son los límites de la soberanía, especialmente en relación a los Derechos Humanos y las libertades civiles? Y, quizás sobre todas estas cosas, ¿Cómo puede la democracia encarar la necesidad de democratizarse constantemente, especialmente en un mundo en el que muchos países luchan aún por las formas más básicas de democracia? Como hemos aprendido dolorosamente en muchos países, y como lo evidencia el desempeño de las democracias “iliberales” y de demás adjetivos, la democracia va mucho más allá de una concepción minimalistamente electoral.


Publicado en Proyecto Base, el 23 de enero de 2018.

ENTREVISTA en El Diván de Gladys Rodríguez: ¿Y para las presidenciales?

Por: Gladys Rodríguez

Todo un debate se originó antes y después de las elecciones municipales sobre votar o abstenerse. Ganó la abstención… la mayoría expresó su descontento con los dirigentes de la MUD, el CNE y el Gobierno con la inacción voluntaria. Posterior al proceso y los resultados de un mapa rojo casi en su totalidad expresé mi punto de vista sobre esta decisión de esa mayoría. Respeto la decisión, pero no la comparto y sigo pensando que la inacción resulta peor que la participación en la adversidad, así lo manifesté, y seguiré argumentando, como muchos argumentaron su posición de no participar. Es válida la rabia, la decepción, la “frustachera”, la desconfianza, el agotamiento, la tristeza y un largo etc. consecuencia de todo lo que hemos vivido, y digo hemos, porque quien escribe también ha pasado por lo mismo y no estoy exenta de sentir todos estos estados de ánimo, agréguele que nunca he votado ni por error por este modelo y son extensas las derrotas que me ha tocado asimilar en estos 19 años, como a muchos de Ustedes. Hace rato pude haber decido no participar más si permitía que la rabia y la decepción se apoderaran de mi, ganas no me han faltado, pero siempre despierta mi espíritu de lucha y me empuja a participar, venga lo que venga. Algunos me expusieron que de esta manera avalaba el proceso, y al Gobierno, lamento decirles que con o sin participación el Gobierno asumiría, como en efecto siempre lo ha hecho, la posición de victorioso aunque el mundo ya no les crea y a lo interno sepamos como se ha construido esa supuesta victoria. Es parte de su estrategia comunicacional. Y varios ejemplos tenemos ya de procesos en los que no ha habido mucha participación y sobre todo testigos, terminamos dándoles  rienda suelta.  Ante ese escenario cualquier cosa era posible, como lo denunció Smarmatic del proceso para elegir a la fraudulenta ANC. Pueden alterar cifras de supuesta participación y votos a favor, sin testigos que vigilen y frenen la trampa y en los muchos espacios vacíos.

En mi comentario post proceso electoral también expuse que esperaba de parte de los abstencionistas una hoja de ruta para seguirlos. Recibí muchas opiniones, por fortuna la mayoría con malestar pero desde el respeto, otros lamentablemente cuestionaron mi inteligencia, mi integridad, mi ejercicio profesional, mi patriotismo, y me señalaron hasta de cómplice del  CNE y del  Gobierno. Saben lo que pienso del irrespeto, y lamento que algunos no puedan mantener un debate de altura, pero cada quien se expresa de acuerdo como es y le toca a esas personas reflexionar sobre la manera que comunican sus ideas buscando desacreditar al otro.

Particularmente no la tengo clara, deseo como la mayoría un cambio inmediato de este modelo y de esta gente, nunca deseé que llegaran al poder, imagínense por un segundo cuantos años tengo esperando otros gobernantes, casi dos décadas rogando a Dios y haciendo desde mis espacios de trabajo el esfuerzo para hacer ver la perversidad de este régimen y la necesidad de un viraje para poner fin a esta oscuridad que avizoraba sin ser vidente desde que se lanzó a candidato presidencial Hugo Chávez. Espacios desde donde también busco hacer llamados a la dirigencia opositora que con sus constantes errores, por diversas razones, nos llevaron a esta fractura de la oposición, gravísima con unas presidenciales en puerta y quizá con el mismo CNE.

Ahora bien, nuevamente comparto mi opinión, humildemente y con todo respeto a quienes difieren de mi, he entendido en medio de la complejidad que vivimos y luego de escuchar muchas opiniones de gente que ha estudiado la historia política de muchas naciones en situaciones similares que no hay un solo camino, sino la sumatoria de varios para lograrlo. No veo la inacción como camino, veo a esa mayoría empujando como un frente unido en todos los terrenos….así lo veo yo, aun cuando nos minen los senderos y nos arrebaten los triunfos. Pero igual, ante tantos cuestionamientos a mi capacidad de análisis e inteligencia preferí consultar al politólogo, Daniel Fermín para que explicar los pro y los contras de abstenerse y los pro y los contra de votar, acá comparto con Ustedes su punto de vista:

“Votar es el acto por excelencia del ejercicio de ciudadanía y democracia. Sin embargo, el valor del voto ha sido degradado, en primer lugar, por un régimen que tracalea, establece condiciones adversas, rompe la ley, actúa con discrecionalidad y genera dudas sobre la integridad del voto; y en segundo lugar, por la abstención como postura política que pretende ser ética, dejar claro un mensaje de inconformidad y de protesta. El problema con la abstención es que no es capaz de lograr los cometidos que se propone: desentenderse del problema por no estar de acuerdo con los procedimientos, lejos de debilitar al régimen, lo fortalece. Hoy, Venezuela amanece con alcaldías entregadas en bandeja de plata al oficialismo, por una dirigencia que no tuvo la responsabilidad de hablar claro, que por miedo a asumir los costos se dejó llevar por la desesperanza, en lugar de sacudirse, levantarse y organizar el descontento en cada reto futuro. Esto nos deja en un terreno muy fangoso, cuyas consecuencias pueden ser muy serias para el país. Se ha promovido una especie mágico-religiosa según la cual “algo va a pasar”, así como la inacción. Asumiéndose como postura ética, deja de lado que el desprendimiento de lo público y la inacción, el cruzarse de brazos, no puede ser lo ético. Lo ético es participar y no desistir, porque nada va a ser fácil, el régimen no va a respetar las leyes ni la Constitución, eso es más que evidente, entonces resulta fantasioso decir “cuando haya otro CNE”, porque no lo va a haber, o “cuando existan las condiciones”, porque esas condiciones no “llegan”, sino que se logran con la organización de la gente y la constancia. Las últimas dos elecciones dejan a la oposición en un muy mal lugar. Hay una crisis del liderazgo, que en otro país hubiese asumido responsabilidades ante la debacle de las regionales. Resulta muy difícil que después de desmantelar el voto como herramienta, y de adherirle una cualidad “sucia” y “anti ética”, además de “inútil”, y que después de desmovilizar a la ciudadanía, pueda la MUD decir ahora, sin que cambien en lo más mínimo las condiciones, “ahora sí, en las presidenciales sí”. Decir esto hace dos años resultaba increíble: que en su peor momento, el PSUV avanzaría electoralmente de manera arrolladora, sirviendo la mesa para 2018. Pero hasta aquí nos han llevado no solo el autoritarismo cada vez más bárbaro del gobierno, sino también los errores de una dirigencia que no le habla claro al país, que dice que no hay que ir a votar pero lanza un puño de candidatos escondidos, que llama a la abstención pero pide no entregar al PSUV ciertos municipios, como si representaran no a todo el país sino a un enclave de clase media. La gente no tiene cómo seguirle la pista a los mensajes contradictorios, a la incoherencia, y se hace la idea de que en la MUD no tienen demasiado claro lo que están haciendo. Como no hay accountability, mañana “regresarán” a sus partidos los que fueron “expulsados” por participar en las municipales, algunos de ellos con cargo nuevo. Es muy poco serio y una burla al país.

Los venezolanos, de cara a 2018, no podemos simplemente retraernos a nuestro espacio personal, a sobrevivir aislados del mundo, sino que tenemos que ser protagonistas activos de la lucha por el cambio en todos los frentes, exigiendo más de nuestro liderazgo: más transparencia, más responsabilidad, más seriedad; e involucrándonos nosotros, todos, porque no es la pasividad, no es el cruzarse de brazos, lo que puede sacarnos del abismo. Solo la participación activa de los venezolanos, la manera en la que nos involucremos en nuestros asuntos, puede empujar un cambio. El resto, las fantasías de ese “algo” que va a “pasar”, la sobre estimación del rol de la comunidad internacional, la inacción, la desesperanza y la entrega, nos condenarán al continuismo de los peores y al declive cada vez más avanzado de la calidad de vida y la democracia. La oposición debe reflexionar, dar la cara y rectificar, asumiendo lo que tenga que asumir. También tiene que recuperar la sintonía con la gente, no de manera cosmética, sino en el acompañamiento diario y en proponer una agenda clara que le demuestre a los venezolanos que aquí se está pensando en el futuro, en soluciones, y no solamente hablando de política mientras la gente padece. De lo contrario, servirá de poco pensar en unas presidenciales que hoy, contra todo pronóstico, tienen a Maduro como el candidato de mayor opción. Lamento no ser más optimista o alegre, estamos metidos en una cosa muy seria”.

La democracia es mucho más que votar. Eso es evidente cuando uno ve las fotos de “elecciones” en Corea del Norte, Cuba y otros lugares donde los regímenes hacen de lo electoral una simulación. En Venezuela, sin embargo, pese a las arbitrariedades de un CNE evidentemente subordinado al partido de gobierno, el voto (que costó mucha lucha, cárcel, exilio y sangre) ha conservado un poder importante, razón por la cual el régimen es el primer interesado en obstruirlo, en aniquilarlo. A esa tarea se prestan, pretendiendo lo contrario, quienes degradan el poder del voto como herramienta cívica para la participación, la protesta y la toma de decisiones. Al chavismo le encantaría que sus elecciones se parecieran a las de Corea y Cuba, y solo la resistencia activa de los votantes lo puede impedir. Si renunciamos al voto, le estamos haciendo el mandado a las intenciones del gobierno.

HASTA LA PRÓXIMA SEMANA


Publicado en Caraota Digital el 13 de diciembre de 2017.

Understanding Activism Release

Big thanks to Rhize for organizing a great panel on Understanding Activism. Facebook Live recording here. Full report here 

From Rhize.org:

Activism is under attack, and Rhize’s groundbreaking report, Understanding Activism, has the data proving that civil society is part of the problem but can also be a part of the solution. Download the report.

La comparsa del PSUV

Escribimos estas líneas a dos días de la fecha pautada para votar una iniciativa que Nicolás Maduro ha llamado constituyente, sin serlo. Fuera de la Constitución, la camarilla conservadora del poder y los privilegios ha usurpado la soberanía popular para convocar, sin consultarle al pueblo, a lo que hoy los venezolanos vemos como una evidente estafa y un fraude. Una burla.

Por un segundo, pareció que iba a prevalecer la sensatez y que la propuesta “constituyente” sería retirada. Por un segundo y a última hora, pero ¿qué más venezolano que eso? No sucedió. No hubo negociación ni acuerdo. Menos diálogo. Aunque algunos aplaudan, es una pésima noticia para el país. Nuevamente, ha sido derrotada la política y el gran beneficiario es el régimen que, como insistimos la semana pasada, es patentemente antipolítico, dado más bien al exterminio del contrario y la aniquilación de la disidencia.

Dijimos que le han llamado constituyente, sin serlo. Y es que, a todas luces, lo que han planteado no es una Constituyente, como lo fue la de 1947, como lo fue, con todos sus bemoles, la de 1999. Esta pantomima se parece más a un “congreso de la patria”, a una instancia de ellos, con ellos y para ellos. Ellos, el grupito. Los demás, el país, no tenemos cabida. Sí, la fulana constituyente es poco más que una convención obligada del PSUV.

Personas sin ninguna entidad desfilan como candidatos. Ni ellos están claros de qué hacen allí. Para, supuestamente, modificar las bases del destino compartido de 30 millones no buscaron a los mejores, sino a lo que había, a lo que quedaba del raspadito de la olla roja… Junto a ellos, que son evidentemente el relleno, los que, por rayados, no les importa la raya. Y sobre todos ellos, los únicos que importan: el grupito que decide, conformado por los pesos pesados de siempre, los del guiso, los de las sanciones, los ligados a lo turbio, los militares manchados. Allí, entre la burla y la farsa, ellos saben el verdadero objetivo de la constituyente: eliminar los controles y sofocar a la disidencia pero, sobre todas las cosas, saben que en esta mamarrachada se juegan el control del oficialismo, el dominio del pranato.

Lo de la constituyente es una comparsa del PSUV. Militantes, empleados públicos temerosos y militares obligados por un Alto Mando en violación permanente y flagrante del artículo 328 de la Constitución están llamados a ponerle carne a lo que todo el pueblo sabe es apenas un mal teatro. Algunos votan, nadie elige nada.

No será a través del fraude constituyente que podrá una pandilla sin apoyo popular someter al Bravo Pueblo de Venezuela. Este país, el de “obligado, ni a la esquina”, el del “cuero seco”, no se resignará a vivir de rodillas. Todo lo contrario, la comparsa del PSUV agudizará el conflicto e incrementará la tensión. El domingo la siembra es de profunda ingobernabilidad.

No, no se acaba Venezuela el 30. Vendrá el 31, y luego el 1 de agosto, y de septiembre, y de octubre. Saldrá el sol cada día, y junto a él un pueblo decidido a recobrar su libertad, su dignidad y su calidad de vida. Eso viene, lo demás solo existe en las fantasías de los que pretenden, sin que nadie los quiera, dominar a la Nación.

“Ya vengo”

Luego de tres años y 107 ediciones escribiendo política de una manera distinta, hoy me despido de nuestros lectores. Nuevas oportunidades de formación profesional me mantendrán alejado de estos Editoriales. Formación para servirle a Venezuela, ¡para devolverle tanto! Es apenas un “ya vengo”. En este tiempo, PolítiKa UCAB ha logrado consolidarse como un referente del análisis político en Venezuela, continuando el camino ya andado por su fundador y primer Editor, el profesor Gustavo Moreno. Esto es obra de nuestros articulistas, de sus plumas agudas y opiniones críticas, que suman al debate que toma y ha de tomar nuestra patria, y de nuestros lectores, siempre atentos, críticos y consecuentes.

La revista queda en las mejores manos. A partir de la semana que viene, Elvia Gómez asumirá las riendas como Editora. Elvia no necesita presentación, es una cuarto bate del periodismo y sabemos que, sin duda, llevará a PK a niveles aun mayores de proyección y éxito. Le deseo a Elvia todo el éxito del mundo en esta nueva tarea.  Por mi parte, estaré estrenando una nueva columna para seguir aportando a la discusión.

Quiero agradecer a mis amigos y compañeros del Centro de Estudios Políticos, y particularmente a nuestro Director, Benigno Alarcón, por la confianza y la gratísima tarea que me encomendó en estos años frente a la revista. También, quiero agradecer especialmente y extender un reconocimiento público a Daniela Chacón y Carlos Chirino, quienes trabajan la magia que no se ve detrás de PolítiKa UCAB, de sus plataformas y redes. Sin ustedes, sin su trabajo, esta revista no sería lo que es. Y a todos nuestros lectores, gracias nuevamente por acompañarnos en este esfuerzo que apenas comienza…


Publicado en PolítiKa UCAB el 28 de julio de 2017.

Propuesta de Gobierno de Unidad Nacional debe ser más amplia, según expertos

Autor: 

Los profesores universitarios Daniel Fermín y Guillermo Tell Aveledo no dudan de que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) dio un paso al frente al sellar su compromiso de un acuerdo para un Gobierno de Unidad Nacional, que siente las bases del que será un mandato bajo los designios de un nuevo Presidente que surja del seno de la oposición. Sin embargo, ambos catedráticos observaron que el pacto presenta algunas debilidades.

Daniel Fermín, investigador del Centro de Estudios Políticos de la UCAB, destacó que la firma del acuerdo por 21 partidos de la MUD corresponde a un reclamo de la comunidad política. “Hay que celebrar que se pusieran de acuerdo para pensar cómo gobernar después que pase esto. Sentar las bases de la gobernabilidad en Venezuela por casi todos los factores políticos es un buen signo”.

Guillermo Tell Aveledo, politólogo y profesor de Estudios Liberales, en la Universidad Metropolitana, coincide con Fermín en que el acto del miércoles pasado en el Teatro Chacao tiene su trascendencia. “Lo más importante es que muestra las líneas del Gobierno unitario del futuro. No abandona el interés por la sociedad y fortalece la democracia. Digamos que es un encaje, porque no parece ir más allá por este momento”.

¿Se puede ir más allá?

El profesor de la UNIMET introduce el espacio para las críticas. Considera que el acuerdo tiene entre sus propósitos bajar las tensiones en el país. Pero aclaró que, lamentablemente, eso no depende de la MUD. “Esta no controla los factores más agresivos del chavismo ni a las fuerzas independientes de la Unidad. En un clima enrarecido todo llamado a la baja de tensiones es insuficiente”.

Aveledo aporta otro elemento que permite ver el ángulo del disgusto. “En cierto modo el documento de la MUD es muy civilizado y eso genera insatisfacciones entre quienes consideran que debe ser más contundente frente al gobierno. Una cosa que no cala del documento, es que fue diseñado para el día después de tomar el poder, pero no dice cómo llegar al poder lo que genera un debate abierto en la Unidad: Cómo llegar a esa ruta”.

Fermín expuso que en la firma del compromiso pareciera que privó el sentido de la urgencia. “Fue muy ejecutivo porque fue del grupito de ocho o nueve, que de verdad son tres. No se consultó al resto de los actores políticos”.

El investigador de la UCAB opinó igual que Aveledo. “Debió ser más amplio”. Más aun, afirmó que no toda la oposición milita en la MUD. “Ha debido ser más amplio aunque menos expedito. Esta cosa ejecutiva tiene buenas intenciones y está bien orientado, pero la gente no consultada siente que le están imponiendo cosas que no le consultaron”.

¿Y el chavismo crítico?

En cuanto a la imposibilidad por parte del bloque opositor de sumar al denominado chavismo crítico, Fermín deja abierta la duda si realmente esta disidencia quería tomarse la foto con la MUD. “Tal vez su estrategia es diferenciarse de la Mesa de la Unidad haciendo otra interpretación del escenario político o también, es factible que no existan los puentes entre el chavismo crítico y la MUD”. No descarta un mal manejo comunicacional porque alega que a veces dentro de la misma alianza opositora algunos actores no están enterados de las decisiones. Cree que no todos fueron invitados debidamente. Error que repite la MUD. “Cuando hicieron la presentación de la plataforma amplia eran los mismos de siempre. Lo que hubo fue una invitación a tomarse la foto”.

Esta debilidad de no sumar a la disidencia del oficialismo también la observó Aveledo, aunque destacó que en este momento quedó abierta la puerta para unir esas voluntades que también rechazan el gobierno de Nicolás Maduro. Opinó que la desconfianza del chavismo crítico es reflejo de la crisis que vive el país. “Pese a que se percibe la amenaza del estatus quo y que se debe construir una alianza nacional, no basta con decir lo obvio, sino construir un lenguaje común porque hay barreras muy altas”.

Pese a que Fermín considera que el documento se queda en lo instrumental, alabó que se incluyera como norma que el primer presidente de la era del posmadurismo no optará por una reelección. “Apunta en la dirección correcta. Sin embargo, se ve la falta de trabajo en cuanto a construir la consulta con la gente. Carece de profundidad. Es un documento que toca las cosas con brochazos muy gruesos, no pretende ser programa de gobierno, pero debe definir el cambio de modelo que tenemos por delante”.


Publicado en Efecto Cocuyo el 23 de julio de 2017.

¿Dónde está la política?

La gran conquista de la sociedad venezolana en el siglo XX fue la política. Esta hizo posible –y es siamesa de- la democracia. La política representó un avance sin igual para un país que se dedicó, durante todo el siglo XIX, a la guerra, al exterminio fratricida, a matarse entre sí.

Así, la imposición dio lugar a la negociación y al diálogo. Conversando se entendió la gente. Diversidad de actores, de intereses, de maneras de pensar se encontraron el la esfera política y, a través de la conciliación, trazaron los grandes acuerdos que permitieron dibujar, en la diversidad y la heterogeneidad, un norte compartido para Venezuela.

En la lucha de la civilización contra la barbarie, la política fue crucial. Y lo fue porque hablar de política es hablar de civismo, de resolver las diferencias de manera civilizada, sin violencia; de reconocerse y, sobre todo, de respetarse. No, no hubo un reparto de cuotas entre gente de superficialidad ideológica, que pensaba más o menos igual. Lo contrario, quienes se entendieron ayer en Venezuela representaban ideas contrarias, en algunos temas diametralmente opuestas incluso. Allí el valor de dibujar ese futuro compartido, no en la uniformidad, sino en la diversidad.

Por supuesto, la política entró en crisis: las instituciones no lograron responder al ritmo de los cambio sociales, incluso de los promovidos en positivo por ellas mismas; la corrupción; el rentismo; el papel de las elites; la crisis de representación. Esto y mucho más. Sobre sus ruinas surgieron el chavismo y el primer antichavismo antipartido, con un mensaje muy similar.

La antipolítica se instalaría en el imaginario, con consecuencias muy reales: la promoción del militarismo y la vuelta del “gendarme necesario”, el takeover de los dueños de medios de la actividad que normalmente compete a los dirigentes políticos. Hasta 2006, cuando la política fue retornando, tímidamente. No, no son antipolíticas las críticas a la política, a los políticos ni a los partidos. Sí lo son, sin embargo, los procederes intransigentes y contrarios al entendimiento, al reconocimiento del contrario, a la libertad de pensamiento, acción y asociación. Aunque lo digan los políticos, no hay política en exterminar al contrario, en volverlo polvo cósmico. Nada más lejos. Los desafíos del presente exigen una vuelta a la política, en medio de alarmantes exhibiciones de comportamientos pre y anti políticos que nos hacen preguntarnos, con preocupación, hacia dónde va esto…

El oficialismo no cree en la política. Su planteamiento participativo no es sino una pantomima tutelada y nariceada en el chantaje rentista. Hoy, cuando el modelo hace aguas y la popularidad se ha ido para no volver, es evidente: colectivos paramilitares, malandros y militares representan el sostén del régimen.

¿Y del otro lado? La existencia misma de la MUD representa un logro político. Con todas las críticas que puedan hacerse, justificadas y no tanto, poner de acuerdo a un abanico tan amplio de maneras de pensar, de partidos y hasta de egos, es una muestra política contundente. Que la MUD deba ampliarse, ir más allá de la rosquita ejecutiva y asumir una mayor conducción es cierto, pero no desmiente lo anterior.

En esta lucha de más de cien días, una lucha de resistencia, se ha agudizado el conflicto. Y justo cuando más falta hace, pareciera que el gran ausente es la política. La calle es un instrumento político, pero no puede sustituir a la política. Así, la calle genera presión, deja claro el mensaje de todo un pueblo, pero la calle no puede ser un fin en sí mismo. Tampoco la calle puede convertirse únicamente en una épica para el enfrentamiento heroico contra militares y malandros armados. La naturaleza asimétrica del conflicto lo imposibilita. La política debe recobrar fuerza para conducir esta lucha y los dirigentes deben orientar la acción colectiva planteando una agenda concreta y realizable.

El régimen ha sido inclementemente violento frente al clamor popular. Como respuesta, parte de quienes hoy protestan de diversas maneras en el país, en el desespero y la frustración, están convencidos de que la única manera de derrotarlos es en su mismo terreno. Sí, indigna y entristece la manera en la que supuestos sectores de izquierda celebran y ríen con la represión, las arremetidas paramilitares y el fetiche de la prohibidera; pero también preocupa, mucho, cómo muchos de quienes dicen luchar por la libertad pretenden imponerse a sus vecinos, a sus compañeros de lucha, con métodos que les hacen parecerse a lo que tanto dicen enfrentar. La intransigencia y la violencia no hacen sino afianzar las bases del chavismo, no importa cómo quiera llamarse quien las enarbole.

¿Dónde está la política? Quizás el título, por provocador, es muy duro. La verdad es que desde la Asamblea Nacional se han hecho intentos genuinos por encauzar políticamente el conflicto. Sobre todo la Consulta Popular del pasado 16 de julio representó un triunfo de la política. El resultado de esa jornada abrumadora plantea nuevos desafíos, incluida la negociación. Sin complejos, sin tenerle asco a la palabra. Venezuela no puede seguir siendo el país en el que gobierno y oposición no se hablan. Debe plantearse una agenda concreta, no un show, que siente las bases para resolver la crisis y superar el conflicto, dándole al pueblo la última palabra como dueño de su destino. Podrá decirse que al régimen no le interesa, y eso es verdad, y ese reto solo la política y la presión popular pueden encararlo.

Conducción, liderazgo, dirigencia. En corto, política. No serán los colectivos que amedrentan y asesinan los que llevarán al país al siglo XXI, pero tampoco los que, en barricadas, deciden que no les da la gana ni le importa la opinión del vecino porque sí, por malandraje de otro estrato o ideología.

Vamos pues, de vuelta a la política. Este país de todos tenemos que hacerlo todos. Nadie quiere una guerra, queremos paz y entendimiento. La política motorizó el más grande cambio social de la historia de Venezuela, es hora de que lo haga de nuevo.