Por Daniel Fermín
“¿Entonces por quién hay que votar?”, leo como respuesta a un tuit ajeno que critica el tambaleante proceso de primarias en el que la oposición de élites ha dicho que escogerá a su candidato para las elecciones de 2024. Desde luego, no es una pregunta genuina, sino una manera de decir “ajá, esto es lo que hay. O estas con esto y con estos o estás con el enemigo. No inventes.”
No es nada nuevo. La polarización que pareciera embrutecer lumbreras y reducir la complejidad al simplismo del ellos o nosotros, aunque “ellos” no sean tan ellos, ni nosotros tan “nosotros” ni eso resuelva realmente nada. Tampoco hay que hacer un tratado en psicología de masas para ver cómo ha afectado esa dinámica todas las esferas de la vida de los venezolanos.
«No saber por quién hay que votar», igualmente, tampoco quiere decir lo que nominalmente indica. Lo que realmente pregunta tiene que ver más con tener permiso del grupo de pertenencia que con carecer de información.
Por otro lado, quizás lo más importante es que la pregunta no encierra pasividad de la gente sino hartazgo. “Lo que sea” es mejor que esto, aunque las últimas tres veces que pensamos así como país la realidad nos cacheteó en la cara lo contrario. “El que sea” es un clamor engañoso, que conjuga el desespero por salir de esto con el reclamo a la dirigencia: “¡Pónganse de acuerdo!”.
Todo esto el grupito lo sabe y se aprovecha. Han trabajado duro por polarizar al país, por venderse, casi de frente, como «peor es nada«, porque “no hay nadie más”, aunque eso sea embuste. De esa manera se asignan a sí mismos el papel de “gran elector”.
Hay que cambiarse el cassette.
Hay que votar. Hay que votar por un proyecto que promueva la inclusión, que reconozca el estado grave en el que estamos y los esfuerzos que requiere de todos. Hay que votar por un planteamiento que reconozca nuestras heridas no para meterles el dedo sino para atreverse a sanarlas. Que promueva el reencuentro y la justicia, la igualdad. Que apueste realmente a lo democrático, al pluralismo. Que sirva a la gente y a sus problemas, que proteja a los grupos más vulnerables. Que se atreva a imaginar un futuro compartido y se apreste a construirlo más allá de militancias y diferencias, pero también firme en valores progresistas que no cedan al chantaje de los conservadurismos de aquí y de allá, a los que no les gusta que nada cambie demasiado.
¿Por quien hay que votar? Por quien represente estas luchas. Votar por “el que sea” es el “lo que diga Nicolás” de la oposición. Es hora de librarnos de los chantajes que nos han llevado de fracaso en fracaso por más de 20 años y atrevernos a construir y apostar por una alternativa realmente distinta. Organicemos esa lucha, llenémosla de contenido, de reivindicaciones, de las voces de la gente. Sólo luego del “qué votar” tendremos la respuesta a la pregunta de por quién votar en 2024.

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