La revolución de las miserias

La coyuntura nos tiene de noticia en noticia. Los señalamientos –gravísimos– al vicepresidente por narcotráfico y terrorismo, la salida del aire de la cadena CNN producto de la censura oficial, la visita a la Casa Blanca de personeros de la oposición y la posterior declaración pública de Washington sobre Venezuela. No es para menos: pasa de todo y no hemos terminado de digerir la última noticia cuando ya hay otra nueva, peor, más increíble. Pero en ese trance permanente, a veces perdemos de vista los problemas estructurales, los que yacen tras 18 años de una revolución que, habiendo prometido acabar con la pobreza, hoy ha multiplicado la cantidad de pobres en todo el país.

Se han presentado los resultados de la última Encuesta sobre Condiciones de Vida, un esfuerzo que, desde hace algunos años, adelantan en conjunto la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Simón Bolívar y la Universidad Católica Andrés Bello. La situación es trágica. 81,2% de los venezolanos, de acuerdo a este estudio, viven en la pobreza. Es una cifra que aturde, nunca vista desde la modernización de Venezuela. Hay que recordar que en 1998 cifras oficiales ubicaban la pobreza en 45% y que en 2014 esas cifras, también oficiales, ascendían a 48%. Lejos de las reivindicaciones cacareadas, esta ha sido una revolución de las miserias, en la que miles de familias venezolanas se enfrentan hoy, como nunca antes, a vivir en las más terribles circunstancias.

Si bien la superación de la pobreza es nuestro mayor reto como sociedad, los datos de la ENCOVI muestran que no es, ni remotamente, nuestra única causa de alarma. La seguridad sigue siendo un problema medular, sobre todo para los jóvenes. 76% de las 28.479 personas asesinadas en 2016 era menor de 35 años.

En la alimentación, vemos la misma película. Más de 74% de la población manifestó haber perdido casi 9 kilos en el último año y 86% admitió alimentarse a lo sumo dos veces al día. Y luego, algo que comienza a aparecer: 4% de los entrevistados que admiten padecer de desnutrición.

También en lo educativo los hallazgos son parcos y, de nuevo, son los más jóvenes los que pagan los errores y fracasos de la revolución: apenas 1 de cada 5 venezolanos entre 18 y 24 años del quintil más pobre tiene acceso a la educación, y esto se reproduce en los niños entre 3 y 5 años, donde, entre el quintil más pobre, la mitad no posee acceso al sistema educativo.

De modo que, 18 años después, ¿Qué fue de la revolución? ¿Qué hay luego de la mayor entrada de renta petrolera en la historia de Venezuela? ¿Qué legado dejó un sistema que tuvo todos los recursos y que gozó del control de todos los poderes y el favor popular? Lo que está a la vista no necesita anteojos: los venezolanos escarban de la basura para poder comer entre la resaca que dejó el fin del último espejismo petrolero y el festín de saqueo y rapiña que le acompañó.

Venezuela es hoy el país de la inequidad, de la pobreza, la malnutrición y la violencia. El país del “no hay”, de la anomia y la erosión del vínculo, de la crisis de confianza y de valores. Todo esto es el legado, todo esto el desafío de los venezolanos de hoy en la construcción de la Nación del mañana. Y es que hará falta el esfuerzo y la participación de todos los patriotas genuinos para lograr salir de esta, la revolución de las miserias.


Publicado en PolítiKa UCAB el 17 de febrero de 2017.

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