Daniel Fermín: “La protesta está logrando que el régimen se tambalee a lo interno”

“Se ha cerrado la brecha entre el liderazgo y las aspiraciones populares”

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“El Gobierno ha convertido a las milicias, los paramilitares, y la Fuerza Armada en su nuevo partido de Gobierno”, explica el investigador del Centro de Estudios Políticos de la UCAB


Mónica Duarte

Luego de un mes de protestas, las movilizaciones opositoras parecen haber alcanzado su cumbre de convocatoria en la calle y haber logrado la articulación política de un descontento social que arrastra las huellas de la crisis económica. “A pesar de que existe mucha frustración y de que hay gente que quiere ver el cambio ya, creo que los venezolanos tenemos la madurez política para entender que esta es una lucha de resistencia y no es una lucha por precipitar unos hechos”, afirma Daniel Fermín, sociólogo, profesor universitario e investigador del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello.

Este análisis político lleva a Fermín a asegurar que “se ha cerrado la brecha entre el liderazgo opositor y las aspiraciones populares”. Las jornadas incesantes de marchas, que iniciaron tras las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia que pretendían la disolución de la Asamblea Nacional, han terminado en numerosas muestras de violencia y conflictividad, dejando un saldo de más de 30 personas fallecidas y más de 1.500 detenciones.

El sociólogo explica que, a pesar de que la MUD ha articulado las protestas, el descontento crece más allá de sus filas y son los distintos sectores sociales los que hoy se organizan para manifestarse contra el Gobierno de Nicolás Maduro. “Ya esto no se trata de dos mitades que están en pugna, es un país que casi al unísono le está diciendo al Gobierno que quiere un cambio y quiere que se le permita votar”.

“La MUD sabe que no tiene el monopolio del descontento”

¿Cómo evalúa las protestas que se han presentado desde el mes de abril?

— Lo primero que habría que ver es porqué la gente está protestando, por primera vez en mucho tiempo hay una agenda clara de reivindicaciones, se habla de elecciones libres, de liberación de presos políticos, reconocimiento a la Asamblea Nacional como organismo institucional y apertura de un canal humanitario.

Esas demandas que son concretas distan de ese mensaje abstracto del “Maduro vete ya”, y ese no es un detalle menor porque permite ver que esto no se trata de un agenda insurreccional o golpista, sino que los venezolanos están en la calle reclamando sus derechos. Ya no solo son los derechos materiales, los temas asociados a la escasez, inflación o desabastecimiento de medicinas, sino que se habla de la reivindicación de la democracia y las aspiraciones de vivir en libertad. Y hemos visto manifestaciones concretas de eso, cuando en el Valle el alcalde Jorge Rodríguez fue a repartir bolsas del Clap, la gente lo sacó de allí.

Lo que ha sucedido es que se ha articulado políticamente la protesta social. Entonces, cuando la demanda social adquiere una motivación política, esa demanda busca otro tipo de resultados, la gente no quiere un Clap, quiere que cambie el Gobierno, porque a través del cambio de Gobierno y de políticas se hace posible que no me tenga que llegar ningún Clap porque hay alimentos en la calle.

¿Qué sucede si el Gobierno no cede ante esas solicitudes?

— Para el Gobierno no ceder implica desconocer estas demandas básicas que hoy está haciendo la población y está articulando el liderazgo político. Yo creo que el Gobierno pasó el punto de no retorno, en el sentido de poder lograr que cambios en el Gobierno puedan satisfacer a la población, hoy lo que se está buscando es un cambio de Gobierno. Y la oposición tiene que ser muy cuidadosa en como maneja esas expectativas porque, hasta ahora, alternativas como las elecciones generales no tienen ningún asidero en el marco normativo constitucional venezolano, sería algo que tendría que nacer de una iniciativa extra constitucional que es complicado plantear sin que devenga en frustraciones.

Por otro lado, el liderazgo tiene que ser muy claro en que si están pidiendo elecciones en la calle y las llegan a dar, no puede decir que no las quiere. La oposición tiene que socializar el mensaje según el cual las elecciones son una conquista de la lucha de calle y no una traición. Y que esta lucha tiene que trascender la calle, la calle no puede ser un fin en sí mismo, la calle es un medio.

“El liderazgo tiene que ser muy claro en que si están pidiendo elecciones en la calle y las llegan a dar, no puede decir que no las quiere”

¿Y estas demandas de la población no son muy inmediatistas?

— Allí viene la responsabilidad del liderazgo político. Yo celebro que haya demandas concretas pero existen dos fantasmas de que la oposición tiene que combatir. El primero es el de la violencia, que empieza desde Gobierno con la intención de justificar la represión y cohesionar a las fuerzas internas del chavismo.

En segundo lugar la oposición tiene que saber manejar las expectativas de la gente. Si algo positivo puede salir de llevar casi dos décadas de Gobierno chavista es aprender de los errores del pasado. Hemos visto como hablarle a las gradas, solamente buscando aplausos no trae resultados. Yo creo que la oposición ha madurado pero existen unas altísimas expectativas con esta agenda de lucha, sino se corre el riesgo de generar frustraciones y de verse deslegitimada y mermar la capacidad de convocatoria que está en su mejor momento.

Y si la solución no es inmediata ¿la gente no se va a cansar de protestar?

— Obviamente se corre el riesgo de agotar este formato, pero si tú mantienes metas concretas como ir a las instituciones responsables eso ayuda a que la mentalidad del “todo o nada” no sea la que impere. Hay  por supuesto desafíos enormes, el Gobierno está jugando a que la gente se canse y que al cansancio le siga la frustración.

De nuevo, esto no es una marcha sin retorno aquí lo que sea está exigiendo es respeto a la constitución. Y cuando se ven los pronunciamientos de Maduro se puede notar que las protestas ya han hecho mella y han abierto unas diferencias que ya existían. La protesta está logrando que el régimen se tambalee con desafecciones a lo interno. Ya ha tenido que convertir a las milicias, a los paramilitares, y a la Fuerza Armada en su bastión, en su nuevo partido de Gobierno, porque pareciera que la erosión de la popularidad del Psuv es hoy irreversible. Esto es algo que tiene que estar frustrando muchísimo porque están viendo cómo se ha dilapidado la herencia política de Hugo Chávez.

LA OPOSICIÓN DEBE DEMOSTRAR

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“El Gobierno está jugando a que la gente se canse”, asegura Fermín, investigador del Centro de Estudios políticos de la UCAB. Foto: JALH

El año pasado ya hubo varias protestas y movilizaciones de calle que luego acabaron por el inicio del diálogo ¿La oposición ha recuperado esa popularidad y confianza que tenía para “La Toma de Venezuela”?

— Esta jornada de movilización de calle ha permitido un proceso de relegitimación del liderazgo. La gente está viendo a los líderes a su lado, tragando bombas lacrimógenas, teniendo que ser socorridos por la represión del Estado y hasta perseguidos por el Gobierno. Esa conducta de ponerse en primera fila y servir como ejemplo es la conducta de un dirigente.

Ahora, lo que queda más allá de la acción de calle es conducir políticamente lo que viene para que haya un cambio de régimen. La calle puede servir como un instrumento de presión importante para el cambio pero sin duda tienen que haber mecanismos de concreción política. La MUD sabe que no tiene el monopolio del descontento, aunque es la que marca tendencia como la principal fuerza política opositora, le toca ser responsable con sus mensajes y le toca ver como la repercusión política que esto tenga sea bien recibida por la ciudadanía.

Creo que otra de las ventajas que tienen la oposición ante los ojos de la gente es que se les está viendo unidos. Esa unidad, que aún tiene que trascender a la MUD, es esencial para que cuando toque elecciones regionales la oposición pueda reivindicar ese llamado electoral, sin que los acusen de querer solamente unos cargos.

Si este escenario de calle se concreta en unas elecciones o en una nueva mesa de diálogo ¿Qué garantía de confianza se le puede dar a la gente?

— Una mesa de diálogo no es una gente sentándose a tomar café y por fin a hablarse, ni es para ver quien jode más al otro. Un diálogo tiene que tener exigencias concretas y esas exigencias están en el marco de la constitución. Aquí tiene que haber, en primer lugar, un respeto a la voluntad de los 14 millones de venezolanos que votaron por una Asamblea Nacional.

Necesitamos recomponer institucionalmente la República, aquí tenemos un TSJ designado de manera irregular y un CNE que actúa de manera orwelliana, en vez de convocar a elecciones, su misión es impedir que se realicen. Pero, en esa misma línea, ahora le toca a la oposición demostrar que no solo puede sino que sabe ir más allá del diagnóstico y sabe dibujar una propuesta de futuro compartido de país.

“La movilización de calle ha permitido un proceso de relegitimación del liderazgo”

LUCHA NO VIOLENTA

Para esa lucha de calle usted ha hablado de la necesidad de adoptar una estrategia no violenta ¿En qué consiste?

— Protesta no violenta no es lo mismo que protesta pacífica, porque pacífica puede tener una connotación pasiva, y na no violencia se basa en un principio enfocado en la acción. La no violencia descansa en la participación masiva y organizada de las personas y en las ideas de la no cooperación y la disrupción, se trata de ir agotando las fuerzas del régimen para reprimir y en subirle los costos de esta represión.

La no violencia es mucho más efectiva en luchas por un cambio de régimen para abrir las puertas a la democracia. Hay un estudio que demuestra cómo, cuando se trata de cambio de régimen, el 61 % de las protestas fracasan, frente a apenas el 17 % de las protestas no violentas que fracasan. Ese trabajo, de  las investigadoras Erica Chenoweth and Maria Stephan,  toma en consideración desde 1900 hasta 2006 y también prueba que es justamente contra gobiernos represivos y con alto grado de centralización que la no violencia funciona mejor. Estamos hablando de casos terribles en la historia donde ha habido genocidios como Serbia, Ucrania, Túnez, Filipinas, Sudáfrica y Egipto.

Esas democracias que son resultado de procesos de transición no violentos tienden a ser más duraderas y estables que las democracias que resultan de procesos violentos que dejan heridas abiertas en la población. También la protesta no violenta suele contar en promedio con 150 mil miembros más que la protesta violenta y eso es porque la no violencia baja los costos de participar y eso llama más gente. Esto es importante porque la participación es uno de los elementos claves para que la protesta sea exitosa en la consecución de un cambio. Entonces, lejos de lo que la frustración y la indignación pudieran sugerir, la violencia no es ni de lejos la mejor manera de hacer que un régimen como este se tambalee.

¿Cómo se pueden calificar estas jornada de protesta como no violentas cuando ya hay más de 30 muertos, más de 400 heridos, además de represión y enfrentamientos constantes?

— La violencia está siendo promovida desde las fuerzas del Gobierno para desvirtuar las protestas y poder justificar la represión. Hemos visto episodios de violencia esporádicos en las primeras manifestaciones, sin embargo el llamado político de la protesta ha sido no violento y el comportamiento del grueso de los ciudadanos que están protestando también ha sido no violento. Lo que pasa es que hemos tenido enfrentamientos y saqueos que no forman parte de la agenda política de quienes protestan.

Hay casos que son llamativos, porque un Gobierno que se ha enfocado tanto en reprimir al más mínimo movimiento ciudadano en la calle da luz verde a la hora de permitir saqueos y violencia callejera a tiro limpio. Eso da mucho qué pensar porque, generalmente, la estrategia que tienen los regímenes para combatir la protesta no violenta es manchándola de sangre, y una de las maneras que tiene de hacer eso es infiltrando gente en las manifestaciones.

“la estrategia que tienen los regímenes para combatir la protesta no violenta es manchándola de sangre”

¿Se corre ese riesgo?

— Sí, el peor enemigo para el progreso del país es la violencia. Es el mayor obstáculo que tenemos no solo en las protestas sino en la reconstrucción de la república venezolana. No tengo la duda de que el país que tiene que renacer de todo esto es responsabilidad de todos. Aquí, el gran éxito de la movilización es su carácter no violento pero cuando uno ve como han terminado algunas jornadas, la presencia de la violencia, alarma. Esa violencia solo le conviene a Nicolás Maduro. Por ejemplo, los represores hoy en día son unos chamitos que están pasando por exactamente los mismos problemas que todos, y que están viviendo en un choque de valores, entre la disciplina militar y su propia situación de vida.


ACTUACIÓN PARAMILITAR

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Además de los cuerpos de seguridad del Estado se están viendo actuaciones de civiles armados en enfrentamientos ligados a protestas ¿Se puede hablar de una actuación paramilitar en estos casos?

– La fuerza Armada Nacional venezolana tiene una historia muy rica, simbólicamente es el heredero de ese ejercito libertador. Por eso quien es militar de carrera y tienen un sentimiento profundo de orgullo, igual que con las fuerzas policiales, está sintiendo hoy una profunda vergüenza porque se está viendo subordinado expresamente a grupos oficialistas que son parapoliciales y paramilitares. Yo he visto con mis propios ojos cómo ante la presencia de esos grupos la policía se va, tienen la orden de irse porque saben que no pueden actuar contra ellos.

En principio la estrategia que se remonta a los círculos bolivarianos, grupos de choque que hoy ya tienen armamento sofisticado y que son el poder real de diversas partes de la ciudad. La buena noticia dentro de todo eso es que esos grupos representan una ínfima minoría incluso en el Gobierno; el grueso del chavismo no se parece a esa violencia. Esta es una mafia que está mantenida con anuencia del Estado, promovida desde el Gobierno y además fuertemente armada.

Cuando ellos empiezan a estar a cargo de la represión es para que no se le pudiera atribuir al Estado esa violencia, para lavarse las manos de la actuación fuera de la ley, hoy vemos cómo actúan sin cuidar tanto las formas. Eso no hay manera que no genere una profunda vergüenza y resentimiento dentro de los cuerpos militares y policiales. Estos grupos están haciendo el trabajo sucio del Gobierno y lo peligroso de eso es que va a incitar a más violencia. Ellos también tendrán que responder a la justicia.


Publicado en La Razón el 1 de mayo de 2017.

Represión y jiu-jitsu político

50 días de resistencia. 46 venezolanos asesinados por fuerzas militares, policiales y paramilitares. Cientos de heridos y encarcelados. La cifra aumenta todos los días, en una espiral terrible, dolorosa. La respuesta del régimen a la rebelión popular por la democracia ha sido implacable, inescrupulosa. Bajo el nombre de Plan Zamora ha desatado una arremetida criminal de asesinatos sistemáticos y persecución. Apuestan por aplastar la protesta y, en el camino, por desvirtuarla y deslegitimarla, intentando recuperar la cohesión de sus fuerzas, hoy llenas de fisuras ante las pretensiones cada vez más autoritarias del poder y el peso de la presión del pueblo en las calles.

La represión ha sido brutal. Y es que cuando un régimen, como este, depende solamente de la violencia para asegurar la obediencia y la cooperación de los ciudadanos, cualquier desafío a la autoridad va a encontrar en la represión la respuesta segura. Perdieron el favor popular, y con ella la competitividad, por lo cual se desbocaron hacia la dictadura franca. Les ha costado aliados, dentro y fuera del país. Hoy el mundo está claro, más que nunca, de lo que sucede en Venezuela. No hay lobby millonario que tape la realidad.

La represión es especialmente costosa para el régimen, dada la naturaleza no violenta del grueso de la protesta. La no violencia, como hemos expresado con anterioridad, no es una técnica para “otras realidades”, unas en las que existe un gobierno respetuoso de la vida y de los derechos. Al contrario, la no violencia es efectiva particularmente contra aquellos regímenes que, como este, están dispuestos a reprimir violentamente a la población.  En este sentido, la no violencia crea una situación de conflicto asimétrico que conduce a que la represión tome un efecto de búmeran contra los represores de un pueblo desarmado, minando sus bases de apoyo.

En muchas oportunidades, la dinámica opera como el jiu-jitsu, el arte marcial que utiliza la misma fuerza del oponente para hacerle perder el equilibrio y caer. En los movimientos de resistencia, el jiu-jitsu político actúa de modo que, en lugar de responder a la violencia de los paramilitares y los cuerpos represivos con más violencia, lo hace con desafío no violento. Esto puede llevar a un efecto rebote de la represión, que debilita el poder de los represores y fortalece el de quienes resisten. Del mismo modo, el jiu-jitsu político puede llevar a que terceras partes, no involucradas en el conflicto, tomen partido por los agredidos. Adicionalmente, esta postura lleva, a menudo, al surgimiento de oposiciones internas en las filas del régimen e, incluso, al quiebre definitivo que lleve a estas fuerzas a apoyar la causa de la resistencia.

Aunque el jiu-jitsu político no ofrece garantías totales, es efectivo. Para que lo sea, sin embargo, la resistencia debe negarse de plano al uso de la violencia, ya que es en la violencia que el régimen se hace fuerte. El uso de la violencia dificulta la aparición de desafecciones internas. De modo que, aunque difícil, la persistencia no violenta es el arma más poderosa de la resistencia. Costoso, sí. Pero más costosa es la violencia…

¿Sobre qué fuerzas opera el jiu-jitsu político? Son, al menos, tres: En primer lugar, sobre la gran masa descontenta; luego, sobre quienes, tradicionalmente, han apoyado al régimen; y, tercero, sobre aquellos que se muestran neutrales o que, hasta ahora, no habían tomado partido por ninguno de los dos bloques en conflicto (uno, mayoritario, con la fuerza de la gente; el otro, cada día más solo, pero apoyado en la fuerza de las armas).

El régimen, a través de la represión, busca sacar a la gente de las calles. Ha ocurrido lo contrario. Y pese al inmenso dolor que producen las insensatas muertes de venezolanos valientes que salieron a defender la Patria, y a la rabia y frustración resultante, cada nueva manifestación suma cientos de personas que desafían al régimen y la amenaza de muerte a la que ha sometido a la población.

La resistencia es, en sí misma, un indicador de éxito de la movilización popular, una que sobrevivió no solo la represión, sino hitos de inactividad como la Semana Santa, que el régimen juró sería el fin de la manifestación del descontento. Que no quepa duda, hoy el chavismo está desmoralizado, se sabe dependiente de la represión y el control militar, y eso, lejos de brindarle seguridad, desnuda sus debilidades. Cada día se profundiza la erosión en las filas oficialistas. Son muchos quienes, a pesar de las afinidades ideológicas y la historia común, no están dispuestos a acompañar esto por el camino del exterminio fratricida.

La resistencia del pueblo venezolano ha sido admirable. Es el Bravo Pueblo, el del “cuero seco”, resuelto a ser libre y dándolo todo por la Patria. No hay espacio para la repolarización interna entre “radicales” y “moderados”. Tampoco podemos acusar de violentos a quienes devuelven una lacrimógena con un guante o se defienden con un escudo. Sin embargo, en estos momentos álgidos en los que el tufo de la guerra civil se hace sentir, urge reconducir los esfuerzos en aquellas instancias en las que la violencia ha asomado la cara. Y lo ha hecho en respuesta a la violencia promovida por el régimen. Aun así, no solo es condenable, sino que es ineficaz. Los saqueos, conatos de linchamiento y demás manifestaciones violentas le hacen un flaco servicio a la causa de la democratización. Son música para los oídos de un régimen despiadado que busca justificar, y justificarse, en la represión desmedida. Además, atentan contra la gente de trabajo, alejan la protesta del objetivo y favorecen al régimen.

La clave, entonces, está en la persistencia. No es sencillo ni es fácil de digerir. Pero frente  un régimen dispuesto a llevarnos a la guerra civil con tal de mantener el poder que solo puede conservar por la fuerza, la resistencia debe insistir en la no violencia, reconducir las energías de grupos que han sido llevados por la estrategia oficial a otro tipo de respuestas, y mantener el foco. No será fácil, pero lo contrario signaría tiempos infinitamente más difíciles para Venezuela, unos de los que, tal vez, no podría recuperarse jamás.

No podemos cerrar sin alzar la voz por la libertad de los presos políticos y el cese de la represión y el asesinato de nuestro pueblo. A los militares y funcionarios policiales: no sean cómplices de una camarilla criminal. Hay un futuro compartido de país por delante para quienes acompañen el clamor popular en el marco de la Constitución. La no cooperación no solo es una opción, sino que es un imperativo moral. Sobre los que den o sigan órdenes violatorias de los Derechos Humanos caerá el peso de la justicia.


Publicado en PolítiKa UCAB el 19 de mayo de 2017.

Resistencia no violenta: lucha por el cambio que sí funciona

Durante décadas, expertos han estudiado la protesta pacífica y han coincidido en en que  es posible salir de un régimen totalitario manteniendo con firmeza esta forma de lucha. Acá algunas razones explicadas por el sociólogo de la UCAB, Daniel Fermín

Resistencia no violenta: lucha por el cambio que sí funciona

Durante los últimos 41 días, la protesta y resistencia civil se han mantenido en las calles a pesar de la represión por parte de los cuerpos de seguridad nacional.

Recientemente, el investigador del Centro de Estudios Políticos de la UCAB Daniel Fermín afirmó en una entrevista publicada en El Nacional que “la represión desmedida, lejos de mermar la participación, ha encendido una llama de indignación en los venezolanos, que están determinados a no dejar las calles hasta lograr sus conquistas”.

¿Cuál es la razón de fondo? Más allá de los objetivos políticos claros o la unidad de criterio de parte de la dirigencia, el también profesor de la Católica cree que la masiva convocatoria de las protestas de las últimas semanas ha sido “resultado de una estrategia convencidamente no violenta” que ha convencido a muchos ciudadanos.

Ahora bien, ¿es la resistencia pacífica realmente efectiva? Las estadísticas dicen que sí.

Según Erica Chenoweth y Maria J. Stephan, autoras de la investigación titulada “¿Por qué la resistencia civil funciona?”, apenas 17% de iniciativas no violentas fracasan en el intento por alcanzar un cambio político. Por su parte, el índice de fracaso casi se cuadriplica cuando de manifestaciones violentas se trata: 67%, es decir, seis de cada 10 no logran un cambio de gobierno.

Además,  las investigadoras señalan que una de las más evidentes ventajas de la resistencia civil es el número de participantes que se incorporan a ella. Según sus cifras, en promedio  las protestas pacíficas  tienen 150.000 involucrados más que las de carácter violento.

“Es justamente contra este tipo de gobierno represivo altamente centralizado que la no violencia tiene su mayor efectividad”, aseveró Daniel Fermín en la mencionada entrevista.

 CREATIVIDAD CIUDADANA

Según el sociólogo, hay diversos casos que muestran cómo la lucha no violenta conduce, si se desarrolla correctamente, a un cambio de régimen. Algunos de ellos son el de Suráfrica, Filipinas, Serbia, Turquía, Ucrania y Túnez.

Pero aún puede existir una duda sobre qué es exactamente la resistencia no violenta. En palabras de Daniel Fermín, la resistencia pacífica “está lejos de ser, como algunos podrían pensar, una postura pasiva.

«La #NoViolencia no es comeflorismo, resistencia no violenta no implica docilidad, todo lo contrario. Es innovación y contundencia».

En el segundo volumen de “Politics of nonviolent action”, del filósofo estadounidense Gene Sharp, se muestran 198 formas de lucha pacífica divididas en tres grupos: persuasión y protesta no violenta, desobediencia (social, económica y política) e intervención no violenta.

Uso de símbolos alusivos en la vestimenta, desnudos de protesta, pintadas de protesta, acoso no violento a autoridades o personas involucradas con gobiernos, peregrinaciones, luto activo, renuncia a honores, ayunos, minutos de silencio e impago de rentas son algunos de los ejemplos, a los cuales también se suman declaraciones públicas conjuntas, comunicados y hasta incursiones u ocupaciones pacíficas en lugares públicos.

Fermín se ha dedicado a difundir esta tesis a través de las redes sociales. En su cuenta de Twitter @danielfermin  ha detallado por qué las iniciativas no violentas resultan más efectivas en “incrementar los costos al régimen, dividir sus pilares de apoyo y erosionar su terreno”.

El especialista también señala que esta clase de resistencia resulta beneficiosa para ganar apoyo internacional y lograr “desafecciones en aliados externos al régimen”. Además, logra promover la disrupción a través de “no cooperación”. Esto significa que conduce a cambios de lealtades entre simpatizantes del régimen.

Pero lo más importante es que, cuando la resistencia pacífica obtiene resultados, los logros alcanzados son más sólidos.

«Las democracias que nacen como resultado de movimientos no violentos tienden a ser más estables, duraderas y pacíficas que las que surgen de una disrupción violenta», comenta Fermín, para quien casos como el del joven que se desnudó frente a los efectivos de la Guardia Nacional con un libro en la mano o la señora que se plantó frente a una tanqueta para enfrentar la represión son ejemplos de lucha que enaltecen la dignidad.

«Venezuela está hoy conmovida e inspirada por un muchacho desnudo con una Biblia y una señora que se coloca en el camino de un vehículo militar; por unos muchachos, estudiantes de medicina, que salen a sanar las heridas del odio; por un pueblo llevado a la asquerosidad de El Guaire pero impoluto en su resolución. Ellos y muchos más son reflejo vivo de la dignidad humana», escribió en Politikaucab.net.

Foto de portada por Donaldo Barros.

♦Patricia Graziani


Publicado en El Ucabista el 12 de mayo de 2017.

Resistir

Por más de cuarenta días, el pueblo venezolano ha resistido heroicamente en las calles. Es la misma protesta de siempre, y al mismo tiempo una protesta enteramente nueva. Es la de siempre porque alza la voz en defensa de la democracia, la libertad y la calidad de vida. Es nueva, porque ha cambiado la composición de la masa, que hoy se confunde en un mar heterogéneo de procedencias y reclamos y, sobre todo, porque hoy presenciamos la articulación política de la protesta social. Atrás quedaron la polarización política entre dos mitades, y las divisiones artificiales de clases sociales y puntos cardinales, asociadas a la filiación política. Es el país todo contra un pequeño grupo, tornado en casta conservadora de los privilegios y el statu quo.

No es fácil hacer el balance de la protesta, sobre todo porque casi cuarenta familias lloran hoy a las víctimas de la represión oficial y la arremetida paramilitar gobiernera. No son meros números ni estadísticas, son los nombres y apellidos de nuestros vecinos, amigos, hijos y compañeros; de los que salieron de sus casas a construir un futuro mejor y no pudieron regresar. Son hoy los mártires de la democracia del mañana. Sí, la protesta ha dejado un dolor profundo en el alma de la Nación pero, lejos de lo que podía apostar el aparato represor, el carácter decidido y no violento de la ciudadanía en las calles ha respondido a la saña criminal con más calle, más determinación y más protesta.

No han tardado en mostrarse públicamente las fisuras que la presión ha generado en el régimen. La Fiscal General de la República ha tomado una distancia considerable, retomando la senda institucional; voces del Polo Patriótico se levantan en defensa de la Constitución que el presidente pretende desechar por no servirle a su proyecto de dominación; la disidencia chavista ha protestado enérgicamente las pretensiones autoritarias del poder. Incluso efectivos policiales y militares, en el marco de la ley, alzan la voz en contra del abuso. Hoy la colectividad tiene el reto importantísimo de abrirle la puerta a la disidencia. No es el tiempo del “¡¿Ahora sí?!”, no es momento de pasar factura. Es el tiempo de la reconciliación y de la construcción de un futuro compartido.

También fuera de nuestras fronteras las grietas, producto de las desafecciones logradas por la protesta y el búmeran de la represión contra un pueblo desarmado, le ha restado aliados a un chavismo que se va quedando solo, asumiendo una posición cada vez más aislacionista y esquizofrénica en el tablero mundial.

Han sido días de avances importantes en la senda democratizadora. También días de profundo e inmenso dolor, el de la juventud truncada, el de la indignación y la rabia. Al final prevalece la luz, la que se asoma al final del camino con la promesa de un futuro mejor para todos los venezolanos.

¿Cuánto más puede durar esto? ¿Qué hay del agotamiento de las personas? No hay respuestas mágicas, pero la capacidad de resistencia de los venezolanos ha sido inspiradora para el mundo entero. Lo que sí es urgente es darle mayor conducción política a la protesta, socializar los logros, y plantear un punto de llegada, uno que incluya lo que, sea lo que sea, terminará ocurriendo: sentarse a conversar. Y en este contexto, la conversación será siempre con el otro, así el otro represente la cara más oscura del oprobio. Que se trate de una negociación con una agenda concreta y la presión de millones en las calles, y no de un show estéril es un desafío crucial para el liderazgo. Del mismo modo, es fundamental no ceder ante la violencia que, como hemos comentado, es el único terreno que favorece al régimen autoritario.

Mientras tanto, Venezuela resiste. Resiste el abuso y la represión. Resiste el atropello, la criminalización de la protesta y de la juventud, la vagabundería de funcionarios policiales y militares convertidos en viles bandidos que roban a la gente con las excusas que da la patente para reprimir. Y resiste lo que llevó a la gente a las calles en primer lugar: un país en ruinas, sin comida, a merced del hampa y con un gobierno divorciado de las necesidades de la gente, empeñado en un proyecto de control total ajeno al espíritu de la venezolanidad.

¿Y qué queda? Resistir, e insistir en las convicciones, en la tarea de construir un país distinto, sin odios, lleno de oportunidades para todos, abierto a la reconciliación. No queremos más muertes, no queremos más violencia. No queremos un gobierno enemigo de su pueblo. Lo que queremos todos los venezolanos es un país donde podamos vivir la vida que tenemos razones para valorar, en paz y en libertad. Que el esfuerzo y los sacrificios se cristalicen en una Venezuela libre y próspera es algo que la Patria sabrá recompensar a sus hijos, a los que luchan hoy y a los que la disfrutarán mañana.


Publicado en PolítiKa UCAB el 12 de mayo de 2017.

La resistencia toma forma

Por CARMEN VICTORIA INOJOSA CINOJOSA@EL-NACIONAL.COM | CLAUDIA SMOLANSKY CSMOLANSKY@EL-NACIONAL.COM
30 DE ABRIL DE 2017 09:40 AM | ACTUALIZADO EL 30 DE ABRIL DE 2017 11:33 AM

Caminan entre aplausos y bendiciones: “Sí se puede, sí se puede”, “valientes, valientes”, gritan los ciudadanos mientras les abren paso. Son muchachos entre 20 y 25 años de edad. Tienen nombres y apellidos, pero los reconocen como “la resistencia”. Se les ve en la primera línea de las manifestaciones, flacos y sin camisa, con la franela convertida en capucha y guantes para recoger las lacrimógenas y devolverlas. Tienen el arrojo del que pareciera no tener nada más que perder.

“La verdad es que solo somos venezolanos que nos duele nuestro país y que queremos un cambio. Marchamos como cualquier otra persona, hasta que comienza la represión”. Están integrados en varios grupos. Algunos se conocen desde las protestas de 2014, que fueron menos masivas, más llenas de barricadas y trancas sin objetivos claros. Otros son amigos desde antes y hay quienes se han unido recientemente a este movimiento. Los que han ganado músculo en las manifestaciones de estos cuatro años de conflictividad en aumento, a lo largo del gobierno de Nicolás Maduro, establecen diferencias. Dicen que antes existía algún tipo de negociación con la policía. “Ahora no nos dejan acercarnos. Apenas nos ven, disparan”.

Su rol, aseguran, es proteger a los manifestantes para que se mantengan en la calle y evitar que la policía avance y gane terreno. También sacan y asisten a los que resultan heridos. Como grupo intentan mantenerse juntos y en alerta cuando cruzan la línea de fuego. Estudian diferentes vías de escape, la dirección del viento para saber hacia dónde van a lanzar las bombas cuando las recojan y vigilan para evitar emboscadas. También llevan un kit de protesta –máscara, agua, guantes, lentes, Maalox y en algunos casos, cascos. Se enfrentan a los guardias antimotines, escudados en lo que la calle les ofrece, alguna defensa de la vía, una señal de tránsito, un bloque de acera. “Cuando escuchamos las primeras detonaciones, nos ponemos nuestros equipos. Mientras que las personas se devuelven asustadas, nosotros seguimos adelante”.

La comunicación es a través de señas: “Cuando alzamos la mano significa ‘estamos aquí’. Si no vemos la seña, recurrimos al teléfono. Pero siempre establecemos un punto de encuentro”. Además de lesiones por perdigones o bombas, algunos llegan a sus casas con tos, diarrea y dolor de cabeza por la inhalación del gas. También reciben atenciones de parte de los manifestantes. Desde agua hasta platos de comida y las abuelas, que muchas se han visto en la primera línea con los jóvenes, son las más expresivas: los encomiendan a Dios y les cuelgan rosarios. “Valoramos que estén ahí tantas horas bajo el sol, tan vulnerables a la represión. Ellas también son valientes”. En la marcha del 20 de abril, unas señoras llevaron una olla de arroz y le dieron de comer a todos los que estaban adelante y otra les repartió chupetas.

Los amigos, familiares y sus parejas también permanecen atentos, aunque reconocen que la mayoría de sus familiares no están conscientes de que ellos son el grupo de la resistencia. Cada día aparecen nuevos personajes que sorprenden con sus acciones en medio de la línea de fuego al estar cara a cara con las fuerzas de seguridad del Estado o al llevar un mensaje durante la marcha. La resistencia en la calle empieza a tomar forma.

“Son hechos que están cargados de un profundo contenido simbólico. Este elemento es radicalmente importante cuando de enfrentar a una autocracia se trata. Los símbolos sintetizan, conectan, expresan ideas y sentimientos; no requieren explicaciones, de ahí su enorme poder motivador”, explica el doctor en Ciencias Políticas y especialista en conflicto, Miguel Ángel Martínez. Estas escenas, agrega, “ayudan a mantener viva la llama de lucha y esperanza al expresar valores, coraje, dignidad”.

Abril termina con una intensa jornada de protestas masivas –alcanza más de 12 grandes convocatorias– que comenzaron tras la publicación de las sentencias 155 y 156 del Tribunal Supremo de Justicia que otorga al presidente Nicolás Maduro poderes especiales y despojan al Parlamento de sus funciones, lo que la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, calificó como una “ruptura del orden democrático”.

El reclamo electoral, la activación del canal humanitario, la liberación de presos políticos, la destitución de los magistrados del TSJ y los llamados de atención al Poder Moral son parte de las exigencias de los ciudadanos en manifestaciones que han sido reprimidas por aire y tierra. Y aunque la resistencia civil no violenta se encuentra a prueba de balas y bombas lacrimógenas, la voluntad de miles de venezolanos se ha plantado en el cometido de lograr el cambio político en el país con acciones que –en comparación con años anteriores– muestran un rostro más fortalecido y buscan presionar al Poder Ejecutivo dada la carga política dentro de las demandas sociales.

Frente a un gobierno autocrático está una multitud que insiste en mantenerse en la calle pese a la represión y el uso exacerbado de la fuerza por parte de organismos de seguridad del Estado y grupos armados que son alentados, o por lo menos amparados, por el Ejecutivo. Los ciudadanos han logrado avanzar y atravesar Caracas. Esta presión aumenta en el interior del país y se extiende a zonas populares de la capital.

“Las manifestaciones de estas tres semanas lo que demuestran es que no son únicamente por la escasez de medicamentos y alimentos o por la inseguridad. Es también por la libertad y la democracia. La presencia de ambos elementos es lo que da una connotación distinta del pasado. No hay un divorcio entre la protesta social y política. Es casi unánime el sentimiento por votar”, explica el sociólogo y profesor universitario, Daniel Fermín.

A diferencia de 2014, cuando las jornadas de protestas estuvieron vinculadas a la emergencia económica, el liderazgo opositor no estaba unificado ni en la primera línea de las marchas tragando gas con los ciudadanos, todos los poderes estaban ganados por grupos afines al gobierno, todavía el chavismo era mayoría e internacionalmente la atención no estaba del todo sobre Venezuela. Pero en 2017 la situación ha cambiado.

Martínez señala que en este momento existe una mayor conducción de la movilización popular: “A la cabeza están diversos líderes y representantes, especialmente los más jóvenes. Se percibe un ‘repertorio’ más variado con iniciativas que denotan ingenio e innovación. Estos elementos han permitido que el liderazgo vuelva a conectarse con el sentimiento popular, que a estas alturas es de franco y mayoritario rechazo al actual régimen político. Se ha mejorado en la organización para resistir la represión y en la voluntad de construir una narrativa que dé sentido a la protesta”. Son precisamente las cabezas del movimiento estudiantil de 2007 –varios de ellos a la vuelta de 10 años ocupan curules en la Asamblea– los que han movido este abril de protestas.

Martínez agrega que existe un amplio reconocimiento, según las posiciones adoptadas por organismos internacionales, de que el gobierno venezolano es autocrático: “Las democracias del mundo ya no consideran al régimen de Maduro como uno más entre ellas”.

Al comparar con 2014, el fundador de Redes Ayuda, Melanio Escobar, asegura que “se observa una sociedad civil mucho más madura en sus protestas, que acata líneas de sus dirigentes políticos. Esto sucede porque ahora se ve a unos líderes explicándoles a los ciudadanos qué tienen que hacer, por qué y cuál es el resultado, lo que tampoco se veía antes. Están en la calle haciendo asambleas en sus parroquias, informando a la gente”.

El apoyo de los políticos y la apariencia de una Mesa de la Unidad Democrática verdaderamente “unida” son algunos de los factores por lo que manifestantes expresan que se sienten motivados y partícipes de una protesta distinta a cualquier otra en los últimos 18 años.

Resistencia activa

El liderazgo opositor no ha dejado de llamar a resistir de forma contundente pero pacífica. “Este carácter no violento, que ha hecho que la participación crezca y la represión se le devuelva al gobierno, está generando una severa crisis e indignación dentro de sus filas, de gente que no está dispuesta a acompañar esto. Porque los ciudadanos no están cediendo en su anhelo de reclamar sus derechos y aspiraciones”, explica Fermín. Y agrega que la resistencia activa tiene que ver con acciones de cooperación, organización masiva, desafíos que generalmente son respondidos con represión y que las democracias resultantes de estos procesos “suelen ser mucho más estables y duraderas”.

Aunque la resistencia no es del todo infalible, como señala Martínez, se trata de “un movimiento imperativo moral y político que debe ser asumido por toda sociedad sometida a regímenes de fuerza, y que desarrollada con la constancia necesaria termina por conectarse con otras dinámicas nacionales e internacionales que propician los cambios de régimen político”.

Las estadísticas demuestran que surten efecto. De acuerdo con Fermín estudios indican que los movimientos que se han tornado violentos han fracasado en 61% de los casos. Eso frente a 17% de fracaso de los movimientos no violentos.

La resistencia también expone la naturaleza dictatorial de cualquier régimen. “En vez de convertirlo en una pugna contra un Estado que intenta ‘poner orden’, demuestra un pueblo en resistencia que pide cuestiones legítimas y un gobierno que reprime sin motivo. Esto lleva a que se quebrante la moral de toda la estructura del Estado, desde los militares hasta los colectivos, que se cansen de reprimir porque son reconocidos como criminales y se terminen volcando contra el gobierno. Esta es la filosofía detrás de cualquier protesta pacífica”, dice Javier El Hage, director jurídico de Human Rights Foundation.

Para Martínez este ciclo de protestas ha dejado claro que el chavismo ya no goza como antes del apoyo de las zonas populares: “Esa es otra de las razones por las que al régimen le inquietan tanto estas movilizaciones. Esa indignación creciente se percibe y es natural que preocupe mucho al establishment político”, concluye.

Otros contextos

Los movimientos políticos contestatarios que se desarrollaron en países sometidos por los regímenes soviéticos, como los liderados por Lech Walesa en Polonia, Václav Havel en República Checa, y diversos nacionalistas de Ucrania, el Báltico, el Cáucaso y Asia Central, son un ejemplo de resistencia no violenta. “No cabe duda de que contribuyeron a minar progresivamente la estabilidad de regímenes que, además, eran una superpotencia mundial, así como de varios de sus herederos”, señala Martínez. Cita las iniciativas de Mahatma Gandhi en la India y la del movimiento de defensa de los derechos civiles y políticos que lideró Martin Luther King en Estados Unidos: “El efecto de la protesta organizada y constante fue la progresiva pérdida de confianza en quienes mantenían las políticas represivas, una ciudadanía movilizada y organizada, clamando pacíficamente el cumplimiento de lo que es justo”.


Entrevista publicada en El Nacional el 30 de abril de 2017.

Protesta, violencia y cambio político

Ha sido un mes convulsivo para los venezolanos. Desde que el cooptado Tribunal Supremo de Justicia pretendiera dar una estocada final a nuestra democracia maltrecha, consolidando en el proceso un autogolpe chavista, la fuerza de la gente se ha hecho sentir en las calles de todo el país. De manera contundente, millones de venezolanos deseosos de cambio han dado una lección de coraje cívico y, venciendo el miedo y una represión desmedida y criminal, han dejado ante el país y ante el mundo un testimonio firme e inequívoco de un pueblo resuelto a vivir en libertad.

Como siempre, la gente protesta porque se han cerrado los caminos institucionales de resolución del conflicto. Protestan los que llevan 18 años enfrentando el proyecto autoritario del chavismo, pero también los que se han desencantado en fechas más recientes. Incluso protestan quienes se consideran, aún, chavistas. A diferencia de episodios anteriores, no se trata de la mitad del país protestando contra el gobierno que representa a la otra mitad. Esta vez es, como lo llamábamos en nuestro Editorial pasado, el coro unánime del descontento enfrentado a una pequeña casta enquistada en los privilegios, el poder y lo turbio.

El éxito de la protesta ha obedecido, fundamentalmente, a tres factores: En primer lugar, a la presentación de una agenda clara. Para una oposición demasiado acostumbrada al “Maduro ¡Vete ya!”, reencarnado del “Chávez ¡Vete ya!”, las demandas por elecciones libres, reconocimiento a la Asamblea Nacional, liberación de presos políticos y apertura de canal humanitario representan un progreso importante. En segundo lugar, la participación masiva de los venezolanos ha dado a esta ola de manifestaciones una nueva fuerza. Y, en tercer lugar, el carácter decididamente no violento de la protesta ha significado un avance que ha reforzado y promovido el punto anterior. Un factor adicional está en la recuperación de lo simbólico: Venezuela está hoy conmovida e inspirada por un muchacho desnudo con una Biblia y una señora que se coloca en el camino de un vehículo militar; por unos muchachos, estudiantes de medicina, que salen a sanar las heridas del odio; por un pueblo llevado a la asquerosidad de El Guaire pero impoluto en su resolución. Ellos y muchos más son reflejo vivo de la dignidad humana.

Sin embargo, la cara grotesca de la violencia se ha asomado, promovida por el régimen. Organismos militares y policiales, junto a grupos paramilitares que actúan impunemente, se han lanzado ferozmente sobre un pueblo desarmado. El uso desproporcional de la fuerza ha dejado decenas de heridos; la represión indiscriminada ha cobrado víctimas en hospitales y escuelas; y la actuación criminal de grupos paramilitares y de la fuerza pública, violando los Derechos Humanos, ha cobrado la vida de 34 compatriotas.

La violencia, por supuesto, es promovida por el régimen para desvirtuar la protesta, para deslegitimarla a los ojos del pueblo y de la comunidad internacional, y para bajar los costos de represión, justificándola ante los efectivos policiales y militares y ante la sociedad en general. La violencia es hija del régimen y solo a éste le conviene. No pisar el peine de la violencia, a pesar de las frustraciones y la indignación, es esencial para el éxito de la movilización popular.

¿Hasta cuándo es sostenible este esquema de marchas y protestas? ¿Qué pasa con el agotamiento de la gente? ¿En qué va a parar todo esto?

La movilización que lleva ya un mes determinando la cotidianidad venezolana busca una transición a la democracia. Ha logrado articular políticamente la protesta social, de modo que la gente, lejos de contentarse con un CLAP, exige en cambio un nuevo gobierno que cambie la política económica para que no tenga que haber CLAP y la gente pueda comprar lo que quiera y cuando quiera en el abasto. La oposición ha logrado relegitimarse ante la población, colocándose en primera línea y asumiendo todos los riesgos de la persecución y la represión oficial y paramilitar. Pero existe, ciertamente, el temor de que la protesta sea insostenible en el tiempo, si bien sobrevivió el milagro de mantener políticamente activa y en la calle a la ciudadanía durante la Semana Santa.

La oposición debe aprovechar esta refrescada legitimidad para continuar dándole dirección política a la protesta. En ese sentido, debe marcar un punto claro de llegada, manejando responsablemente las expectativas de la gente y socializando el mensaje político. Un punto de particular importancia se refiere a lo electoral. La oposición debe dejar claro que votar no significa traicionar la lucha de calle, sino que votar es, precisamente, una conquista de esa lucha. También debe insistir en el hecho de que calle y voto no son mutuamente excluyentes, y que unas elecciones regionales y municipales son clave para desmontar la estructura clientelar del chavismo en las regiones y avanzar en el proyecto democratizador.

Del mismo modo, la oposición debe resistir la violencia proveniente de grupos criminales y cuerpos de seguridad del Estado. El sacrificio de 34 patriotas no debe ser en vano, y la violencia es un camino directo al fracaso de la protesta. La evidencia así lo certifica: los movimientos violentos, en promedio, tienen 150.000 miembros menos que los no violentos, ya que la violencia sube las barreras para la participación. Los movimientos no violentos fracasan en lograr un cambio de régimen 17% de las veces, frente a 61% de los movimientos violentos. Las democracias que nacen como resultado de movimientos no violentos tienden a ser más estables, duraderas y pacíficas que las que surgen de una disrupción violenta.

La protesta no violenta es efectiva, causa desafecciones y cambios de lealtades, y eso lo hemos visto durante este mes. La postura de la Fiscal General de la República y otros episodios dan muestra de fisuras en las filas del chavismo. La violencia es el pegamento que necesita el régimen para cohesionar nuevamente sus fuerzas.

¿Qué queda? Insistir. Insistir en la calle, con contundencia y en no violencia. E insistir en la resolución constitucional, pacífica y electoral del conflicto, presionando por elecciones a todo nivel y por el respeto a la separación de poderes y a la institucionalidad, alergias ambas del chavismo. Son días tremendamente difíciles para el país, en los que debe prevalecer la responsabilidad y la capacidad de conducción del liderazgo.

Queremos cerrar con un merecido reconocimiento a todos los venezolanos que hoy luchan por vivir mejor en democracia, especialmente a quienes han perdido la vida en defensa de la patria y a nuestros estudiantes, que nos llenan de orgullo y nos hacen sentir esperanzados en el futuro que hoy construyen para todos. Su dolor es nuestro dolor y sus sueños evocan el sentir de millones. Asimismo, reiteramos nuestro llamado a derrotar la violencia y a enfrentar con dignidad las pretensiones hegemónicas de quienes se creen, equivocadamente, dueños y señores de un pueblo que, como demuestra día a día, nació para ser libre.


Publicado en PolítiKa UCAB el 28 de abril de 2017.

 

Por qué la resistencia pacífica es efectiva contra el autoritarismo

Los venezolanos ejercen su derecho a la protesta a pesar de la brutal represión de los cuerpos de seguridad del Estado y de la violencia de grupos paramilitares

Por ALY LA RIVA V.
VIDEO: ABRAHAM TOVAR
INFOGRAFÍA: MARÍA ALEJANDRA MORALES
23 DE ABRIL DE 2017 11:37 AM | ACTUALIZADO EL 23 DE ABRIL DE 2017 11:59 AM

Un hombre desnudo con una Biblia en la mano es herido con balas de goma y bombas lacrimógenas mientras pide a guardias nacionales el cese de la represión; una señora ataviada con el tricolor nacional hace retroceder una tanqueta en medio de la asfixia por los gases; una fila de ciudadanos pide paz con las manos en alto frente a un contingente de la Policía Nacional Bolivariana; millones de personas siguen en las calles pese a la represión y a la violencia de grupos paramilitares. En Venezuela la entereza parece superar al miedo. Los venezolanos empiezan a descubrir lo que significa la protesta y la resistencia cívica no violenta, la vía que propone la dirigencia opositora para enfrentar al gobierno de Nicolás Maduro.

En un intento por acabar con la manifestación, generar temor y callar a la disidencia, el Estado arremete brutalmente contra quienes con banderas, pancartas y pitos ya no solo demuestran su descontento por una precaria calidad de vida, sino que también exigen con convicción elecciones, respeto a la democracia y la libertad. Pero paradójicamente, a pesar de los esfuerzos del gobierno, la lucha adquiere una dimensión más profunda y gana cada día más adeptos.

Se busca meter a Venezuela en cintura a juro, pero sabemos que los venezolanos a juro, ni a la esquina. Ya desde el siglo XIX estaba clara la caracterización de este pueblo cuando decían que Venezuela es un cuero seco, que si lo pisas por un lado se levanta por el otro”, afirmó el sociólogo e investigador del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello (CEP-UCAB), Daniel Fermín.

Estudios realizados por el CEP-UCAB con chavistas descontentos y ex chavistas han determinado que el miedo es la principal razón para no manifestar. “No obstante, la represión desmedida, lejos de mermar la participación, ha encendido una llama de indignación en los venezolanos, que están determinados a no dejar las calles hasta lograr sus conquistas. Esto es, también, resultado de una estrategia convencidamente no violenta, que es la que hace que la gente se indigne ante la brutal arremetida de cuerpos de seguridad y paramilitares contra un pueblo sin armas”, agregó.

El sociólogo Enrique Alí González Ordosgoitti sostiene que, en la práctica, mientras más masiva es la resistencia pacífica, menos posibilidades tiene el régimen de silenciarla con represión.

Indica que el aumento de la participación de los ciudadanos tanto en Caracas como en el interior del país es una demostración de fuerza que, a su vez, representa un salto político y organizativo. También se envía un mensaje a los cuerpos de seguridad: mientras más arrecies la represión contra manifestantes, más puntos de movilización impedirán que domines a todos.

“De esta manera le dices a las fuerzas represivas: ‘Ustedes están peleando contra todo el pueblo y no pueden vencer a todo el pueblo’. Ese mensaje mina por una parte la moral de los funcionarios y, por otra, la visión política de los directores de esos organismos. Hace que se pregunten: ‘Si esto es tan masivo, y es todo el pueblo el que está alzado, ¿de qué lado me voy a poner yo?’. También se dan cuenta del riesgo de ponerse del lado de una minoría represiva porque, por ejemplo, los organismos internacionales están vigilantes y la violación de derechos humanos no prescribe”, explicó el doctor en Ciencias Sociales y profesor titular en la UCV y  la UCAB.

Es clave entender que el objetivo de la protesta cívica no violenta no es enfrentarse a los funcionarios, sino hacerle entender a los opresores que es costoso reprimir, agrega el analista político Ángel Álvarez.

“Hay que ganar a los represores o al menos una parte de ellos como aliados para que permitan que el movimiento avance. Hay que hacerles entender que se desprestigian si reprimen, que hay sanciones en el futuro por la violación de los derechos humanos. Si no hay esta fractura en el seno de los opresores y estos se mantienen unidos en torno a la represión, el movimiento no logra sus objetivos y se desgasta en el tiempo. Hay que lograr propiciar dudas, conflictos o tensiones internas entre los que dirigen a los organismos de represión”, advierte.

A juicio de Álvarez, la única manifestación que realmente le importa y le preocupa al gobierno es la pacífica, principalmente porque no tiene justificación para reprimirla: “Una manifestación violenta la reprimo mucho más fácil. Es más sencilla de controlar porque además son solo 40 o 50 muchachos con molotov y piedras. Estos grupos, así sean pequeños, perjudican a la oposición y promueven la represión, de forma inconsciente o voluntaria. Por eso hay que desmarcarse permanentemente de la violencia”.

La paz como bandera

El sociólogo Daniel Fermín afirma que la protesta no violenta está lejos de ser, como algunos podrían pensar, una postura pasiva ni “comeflor”, sino que está basada en la acción creativa y organizada, sustentada en la participación masiva y contundente de la gente. Asegura que es especialmente efectiva en la lucha contra gobiernos represivos y autoritarios.

“Hay personas que pueden pensar ‘muy bien, pero eso no funciona contra este tipo de gobierno’, pero es justamente contra este tipo de gobierno represivo y altamente centralizado que la no violencia tiene su mayor efectividad. Ejemplos sobran: Suráfrica, Filipinas, Serbia, Turquía, Ucrania y, más recientemente, Túnez. Todos son casos de cómo la lucha no violenta conduce, si se lleva a cabo correctamente, a un cambio de régimen”, indica.

El investigador del Centro de Estudios Políticos de la UCAB asegura que la evidencia histórica demuestra que la resistencia no violenta causa desafecciones, cambios de lealtades y sube los costos al gobierno, mientras que la violencia disminuye la participación y cohesiona las fuerzas del régimen.

“La dirección política y la organización son cruciales para que la protesta se mantenga en los rieles de la no violencia y se procure la mayor participación posible. Esto es también una vacuna contra los infiltrados”, agregó Fermín.

Constancia y paciencia

Analistas políticos y sociólogos coinciden en que el movimiento opositor está avanzando, pero que debe quedar claro que se trata de un proceso paulatino que requiere perseverancia. Es fundamental ir adquiriendo mayor poder de movilización, de organización y de empoderamiento político.

El sociólogo y profesor del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), Ramón Piñango, considera que con la naturaleza del gobierno de Nicolás Maduro la protesta pacífica tiene sentido si es tenaz.

“Se requiere una tenacidad a toda prueba. Debe haber inteligencia, organización e imaginación para mantener a los ciudadanos descontentos con el gobierno en la protesta, a que no se cansen, porque es muy fácil agotarse día tras día. En los países en donde ha habido éxito siempre los resultados no son inmediatos: toman días, semanas y meses. Tiene que haber una clara disposición a mantenerse firmes y cohesionados”, dijo.

Daniel Fermín: “Uno de los retos de la dirigencia opositora, fundamental para enfrentar el agotamiento natural de la gente, es hablar claro a los venezolanos y manejar con seriedad las expectativas de una lucha que es de resistencia. No podemos repetir los errores de la abstención, el paro petrolero y demás episodios que se dieron por hablarle irresponsablemente a las gradas en busca de aplausos. Eso solo deviene en frustración para la gente y pérdida de legitimidad y capacidad de convocatoria para la dirigencia”.

Ángel Álvarez: “Se trata de una intensa lucha sostenida en el tiempo que requiere constancia y paciencia. Generalmente no son movimientos que tienen éxito de forma instantánea, pueden durar meses o años en la búsqueda de la solución a los problemas. También suelen ser perseguidos y reprimidos brutalmente. Pero la respuesta es seguir protestando y mantenerse en la calle de forma pacífica”.

Enrique Alí González: “La resistencia pacífica implica también perseverancia. Significa continuas actividades de calle, ir incorporando a cada vez más sectores de la sociedad venezolana e implica una fuerte represión por parte de un gobierno autoritario (…) no se plantean cosas de películas como ‘salgamos a la calle y no regresamos más nunca”.

Los retos de la oposición

La oposición, de acuerdo con los expertos, se encuentra en un momento de mayor madurez, mayor claridad de metas y mayor fuerza.

La presencia de dirigentes y diputados a la cabeza de manifestaciones ha aumentado la empatía entre la dirigencia y los ciudadanos, afirma el doctor en Ciencias Sociales, Enrique Alí González.

“Hay un crecimiento cualitativo en la relación entre la conducción de la oposición y el pueblo que lo sigue. Los diputados a la Asamblea Nacional, por ejemplo, han cumplido un rol fundamental para crear ese vínculo afectivo”, destacó.

El analista político Ángel Álvarez sostiene que en la protesta y la resistencia cívica no violenta se identifican uno o varios líderes que, más que dirigentes del movimiento, lo simbolizan. En el caso venezolano, el símbolo es la Unidad.

“La Unidad tiene un liderazgo heterogéneo, son muchos. En estos últimos días el rostro se lo han puesto principalmente los diputados jóvenes de diversos partidos. Eso ha refrescado la imagen física de la idea de Unidad, movimiento que intenta democratizar Venezuela”, agregó.

A juicio del sociólogo y profesor de la UCAB, Daniel Fermín, debe insistirse en realizar una convocatoria amplia, que incorpore a todos los factores descontentos y que vaya más allá de los partidos políticos y de la Mesa de la Unidad Democrática, como los sindicatos, los estudiantes, los gremios, el chavismo disidente y las fuerzas vivas de la sociedad.

El camino a seguir, agrega, debe ser insistir en las reivindicaciones populares, en metas claras y concretas como el llamado a elecciones, el reconocimiento de la AN, la liberación de los presos políticos y la apertura del canal humanitario.

“Hoy el descontento es unánime y no solo buscan un cambio los que llevan 18 años oponiéndose al proyecto oficial, sino también los que lo acompañaron hasta ayer e incluso quienes todavía se consideran chavistas. Esta es una oportunidad para que la oposición política se muestre como alternativa de gobierno y así dibujar, junto al pueblo, una propuesta de futuro compartido de país”, ratifica.

Bajo esta misma línea, los expertos consideran que la lucha opositora debe ser capaz de abarcar todos los escenarios. Por eso es que, lejos de las críticas de sectores radicales, aseguran que la situación del país no solo implica calle, sino también negociación. Lo importante es dejar claras las condiciones y avanzar en el cumplimiento de los objetivos.

“Los procesos de este tipo siempre se llevan en los dos planos. No es posible establecer acuerdos con el gobierno que permitan la transición, si no hay un cierto nivel de negociación implícita o explícita. Es absurdo pensar que no es así. No queda más remedio que ejercer las dos fuerzas que tiene la oposición: la presión popular y la negociación. No es inmoral negociar, la política es negociación, lo que pasa es que la palabra en Venezuela está desprestigiada”, agrega Álvarez.

Fermín pide no caer en “simplismos” que hacen ver como opciones mutuamente excluyentes aquellas que no lo son: “Si se convocan elecciones regionales, como un intento por bajar la presión, hay que acudir a ellas y organizarse para arrasar y desmontar así la estructura de apoyo clientelar del oficialismo en las regiones. Votar no es una traición a la lucha de calle, sino precisamente una conquista de esa lucha. La batalla se debe dar en todos los frentes y eso hay que asumirlo sin complejo”.


Entrevista publicada en El Nacional el 23 de abril de 2017.