Pugnas durante primarias envían un mensaje negativo al país, advierte Daniel Fermín

El proceso de elecciones primarias que llevó a cabo la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) el 10 de septiembre en los estados AraguaAmazonas, Bolívar, Yaracuy y Zulia evidenció las dificultades que se viven a lo interno de la coalición opositora a solo cinco semanas para las elecciones regionales de octubre.

El sociólogo especializado en temas políticos, Daniel Fermín, explicó a Efecto Cocuyo que las pugnas entre opositores “abonan el terreno para una mayor desintegración de la comunidad política y ofrecen un mensaje muy negativo para el país. Los venezolanos esperamos más altura en la política de quienes dicen encarnar el cambio; lo importante es respetar la voluntad de la gente expresada de manera democrática”.

Para el experto, “algunos de estos episodios se han resuelto cívicamente, pero otros están siendo un triste espectáculo. Es el caso de Aragua. El tono de los factores que están inconformes con los resultados es excesivamente agresivo, incluso llevándolo al plano de las ofensas personales”, sostiene.

A partir de los resultados de las primarias, y luego de que el Poder Electoral finalmente fijara la fecha de las elecciones regionales para el próximo 15 de octubre, Fermín asegura que son muchos los retos que tiene por delante la oposición venezolana.

Entre esos retos destaca: Activar a la gente en defensa de la democracia, recuperar la cualidad pedagógica de la política, conversar con la gente y escuchar distintos planteamientos, salir al encuentro de los venezolanos, más allá de los partidos, más allá de la misma MUD.

Urge recuperar la conducción política y hablarle claro a la gente, con seriedad y sin tener siempre como foco el aplauso de las gradas”, expresa.

Según la comisión de primarias de la MUD, en el proceso electoral participaron 1.018.621 personas, lo que equivale al 6, 85% del padrón electoral. Al respecto, el entrevistado señala que “la participación en las primarias es la que corresponde a un evento de esta naturaleza“.

Sin embargo, considera que dichas elecciones “tuvieron que enfrentarse a la frustración popular por la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y el fraude masivo que la hizo posible”.

Para Fermín, la baja participación responde a muchos factores: la frustración y el desgaste luego de 4 meses de protestas sin los resultados esperados por muchos;  la crisis de representación y fallas en la conducción;  los llamados a la abstención por parte de quienes en este momento no creen en la vía electoral y al hecho de que muchos venezolanos quieren votar por un candidato unitario en octubre pero no tienen claro quién puede ser ese candidato.

Hoy mucha gente piensa que, con participar en las elecciones regionales, los líderes de la oposición les cambiaron la seña. No necesariamente fue así, pero faltó hablarle más claro a la gente“, afirma.

Para el también profesor universitario, “las elecciones primarias fueron un gran acierto por parte de la MUD. Representan una conquista en una lucha de años por darle la palabra final a los ciudadanos, por demostrar que sí somos demócratas. Hoy los candidatos electos son tanto más legítimos, porque su designación no correspondió a pactos poco transparentes ni lógicas oscuras entre un grupito”.

Manifiesta que, en materia electoral, un reto para la oposición es institucionalizar las primarias, que se conviertan en algo cotidiano para los demócratas. “Más primarias es más democracia y menos rosca. Ojalá para la próxima oportunidad se reduzcan al mínimo los ‘consensos’ y se le abra aun más la participación al pueblo”.

El investigador se muestra de acuerdo con la decisión que tomaron algunos actores políticos de participar en las próximas elecciones regionales convocadas por el Consejo Nacional Electoral (CNE). A su juicio, es una vía adecuada para desplazar de las gobernaciones a funcionarios que no están cumpliendo con sus responsabilidades.

“En un régimen clientelar como el que tenemos, brindarles espacios para el sostenimiento de su proyecto de dominación los fortalece. Son miles los que hoy, en lugar de trabajar en una gobernación, simplemente cobran por una gobernación”, denuncia.

Explica que, “con nuevos gobiernos regionales, enfocados en la gerencia, la gestión y la lucha por el rescate de la institucionalidad, esos comisarios políticos que hoy son mantenidos por el Estado para realizar proselitismo y otras labores contra el pueblo pierden su financiamiento y ese es un duro golpe para la estructura de poder chavista”.


Publicado en Efecto Cocuyo el 13 de septiembre de 2017.

Propuesta de Gobierno de Unidad Nacional debe ser más amplia, según expertos

Autor: 

Los profesores universitarios Daniel Fermín y Guillermo Tell Aveledo no dudan de que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) dio un paso al frente al sellar su compromiso de un acuerdo para un Gobierno de Unidad Nacional, que siente las bases del que será un mandato bajo los designios de un nuevo Presidente que surja del seno de la oposición. Sin embargo, ambos catedráticos observaron que el pacto presenta algunas debilidades.

Daniel Fermín, investigador del Centro de Estudios Políticos de la UCAB, destacó que la firma del acuerdo por 21 partidos de la MUD corresponde a un reclamo de la comunidad política. “Hay que celebrar que se pusieran de acuerdo para pensar cómo gobernar después que pase esto. Sentar las bases de la gobernabilidad en Venezuela por casi todos los factores políticos es un buen signo”.

Guillermo Tell Aveledo, politólogo y profesor de Estudios Liberales, en la Universidad Metropolitana, coincide con Fermín en que el acto del miércoles pasado en el Teatro Chacao tiene su trascendencia. “Lo más importante es que muestra las líneas del Gobierno unitario del futuro. No abandona el interés por la sociedad y fortalece la democracia. Digamos que es un encaje, porque no parece ir más allá por este momento”.

¿Se puede ir más allá?

El profesor de la UNIMET introduce el espacio para las críticas. Considera que el acuerdo tiene entre sus propósitos bajar las tensiones en el país. Pero aclaró que, lamentablemente, eso no depende de la MUD. “Esta no controla los factores más agresivos del chavismo ni a las fuerzas independientes de la Unidad. En un clima enrarecido todo llamado a la baja de tensiones es insuficiente”.

Aveledo aporta otro elemento que permite ver el ángulo del disgusto. “En cierto modo el documento de la MUD es muy civilizado y eso genera insatisfacciones entre quienes consideran que debe ser más contundente frente al gobierno. Una cosa que no cala del documento, es que fue diseñado para el día después de tomar el poder, pero no dice cómo llegar al poder lo que genera un debate abierto en la Unidad: Cómo llegar a esa ruta”.

Fermín expuso que en la firma del compromiso pareciera que privó el sentido de la urgencia. “Fue muy ejecutivo porque fue del grupito de ocho o nueve, que de verdad son tres. No se consultó al resto de los actores políticos”.

El investigador de la UCAB opinó igual que Aveledo. “Debió ser más amplio”. Más aun, afirmó que no toda la oposición milita en la MUD. “Ha debido ser más amplio aunque menos expedito. Esta cosa ejecutiva tiene buenas intenciones y está bien orientado, pero la gente no consultada siente que le están imponiendo cosas que no le consultaron”.

¿Y el chavismo crítico?

En cuanto a la imposibilidad por parte del bloque opositor de sumar al denominado chavismo crítico, Fermín deja abierta la duda si realmente esta disidencia quería tomarse la foto con la MUD. “Tal vez su estrategia es diferenciarse de la Mesa de la Unidad haciendo otra interpretación del escenario político o también, es factible que no existan los puentes entre el chavismo crítico y la MUD”. No descarta un mal manejo comunicacional porque alega que a veces dentro de la misma alianza opositora algunos actores no están enterados de las decisiones. Cree que no todos fueron invitados debidamente. Error que repite la MUD. “Cuando hicieron la presentación de la plataforma amplia eran los mismos de siempre. Lo que hubo fue una invitación a tomarse la foto”.

Esta debilidad de no sumar a la disidencia del oficialismo también la observó Aveledo, aunque destacó que en este momento quedó abierta la puerta para unir esas voluntades que también rechazan el gobierno de Nicolás Maduro. Opinó que la desconfianza del chavismo crítico es reflejo de la crisis que vive el país. “Pese a que se percibe la amenaza del estatus quo y que se debe construir una alianza nacional, no basta con decir lo obvio, sino construir un lenguaje común porque hay barreras muy altas”.

Pese a que Fermín considera que el documento se queda en lo instrumental, alabó que se incluyera como norma que el primer presidente de la era del posmadurismo no optará por una reelección. “Apunta en la dirección correcta. Sin embargo, se ve la falta de trabajo en cuanto a construir la consulta con la gente. Carece de profundidad. Es un documento que toca las cosas con brochazos muy gruesos, no pretende ser programa de gobierno, pero debe definir el cambio de modelo que tenemos por delante”.


Publicado en Efecto Cocuyo el 23 de julio de 2017.

Elecciones generales o el cuento del gallo pelón

Un fantasma recorre a la oposición venezolana: el fantasma de las elecciones generales. Incorpóreo, como los espectros, este planteamiento ha encontrado eco dentro y fuera de Venezuela, con el Secretario General de la OEA incluyéndolo entre sus demandas al régimen de Nicolás Maduro.

Desde que arrasó en las elecciones parlamentarias de 2015, la oposición, específicamente la que hace vida en la Mesa de Unidad Democrática, se ha visto errante. Prometió, el 5 de enero de 2016, salir del gobierno de Maduro en seis meses. Luego, en lugar de decidir entre un referéndum revocatorio, una enmienda o la solicitud de renuncia del presidente, apostaron por un “todo vale”. Finalmente, la alianza apostó por el revocatorio, cuyo final frustrado todos conocemos, producto de la autocratización de un régimen convencido de que se agotó su camino electoral.

Desde que la dictadura provocara el aborto del referéndum, no ha habido una postura unitaria en el seno de la oposición. A veces calle, otras veces diálogo. Voces tímidas que sugieren –pero nunca dicen– “2018”. Apostar a las regionales para socavar la estructura clientelar chavista. La desobediencia civil. Son muchas las posturas y las estrategias diversas. Algunos aventureros sueñan con una salida militar, sin asimilar que son ellos, los militares, el partido de gobierno. Luego la declaratoria de abandono del cargo, según la cual ya Maduro no es presidente, aunque seguidamente los mismos que la aprobaron reclamaran que no ofrecía la Memoria y Cuenta ante el parlamento sino ante el Tribunal cooptado. ¿Y ahora? El turno es de las elecciones generales.

Comentábamos hace par de semanas en este espacio que las elecciones son un clamor popular. “¡Elecciones ya!” es mucho más que una consigna. ¿Es viable hoy una elección general en Venezuela? ¿Qué hace pensar que en el país en el que se suspendieron dos procesos electorales previstos en la Constitución es factible llamar a una elección que no aparece por ningún lado en nuestra Carta Magna, en la que el gran perdedor –fuertes a lochas– será el partido de gobierno?

Los únicos llegaderos de las promesas vacías y de generar expectativas irrealizables son la frustración y la desesperanza. Los venezolanos, inundados no solo en la crisis sino en la incertidumbre, necesitan más que nunca de certezas. El planteamiento de ir a elecciones generales es engañoso, por decir lo menos, y puede terminar como una lápida más en el cementerio de los atajos que, comenzando por el paro petrolero y el golpe de abril, pasando por la abstención de 2005 y llegando a la renuncia, han plagado la estrategia opositora.

Es hora de hablarle con claridad al país, de ser serios. Existe una correlación entre la erosión de la confianza, credibilidad, legitimidad y convocatoria de la oposición oficial y las frustraciones que han dejado a su paso los distintos planteamientos para apurar la salida, justificada por demás, anticipada de Maduro.

Los venezolanos queremos un cambio que restituya la confianza en la democracia y nos encamine hacia el progreso, recuperando la calidad de vida e impulsando un proyecto de país que apunte al desarrollo integral de la sociedad. Ese es un asunto muy serio como para hacerlo depender de planteamientos quiméricos que, bien recibidos y mejor justificados, simplemente no tienen asidero en la realidad. Urge una propuesta responsable que marque la hoja de ruta a la salida de la crisis y al cambio político, pero también es necesario que esté anclada a la realidad y no a la ficción, que dependa de la voluntad de los venezolanos y no de la gracia del régimen. Lo contrario sería continuar un ya demasiado largo cuento del gallo pelón, del cual la gente se cansa y con lo cual comienza a voltear a otro lado, a buscar nuevos referentes y a desencantarse de lo público para refugiarse en otra ficción, la ficción del refugio privado, esa que según aquella campaña de una cadena de farmacias rezaba que “si tú estás bien, todo está bien”. Es la hora de la verdad para el liderazgo, que debe hoy decidir entre la oferta a las gradas, llamativa pero poco factible, y una que trate a los ciudadanos como adultos y los conmine a la construcción de un gran movimiento nacional por la democracia, más allá de la competencia desleal por la capitalización del descontento.


Publicado en PolítiKa UCAB el 24 de marzo de 2017.

«El chavismo no está apostando a recuperar su popularidad»

El sociólogo Daniel Fermín, editor de la Revista Polítika Ucab, advierte que si no se producen las elecciones regionales, aumentará la conflictividad, la insatisfacción y la presencia de la gente en la calle. Su opinión es que en el país no hay separación de poderes y que el gobierno de Nicolás Maduro “parece tener claro que pasó el punto de no retorno y solo le queda ejercer control”. Sobre la Mesa de la Unidad Democrática, dice: “Tiene que lograr que la gente común y corriente, que no le interesa la política, se active y sienta que la oposición puede generar calidad de vida”
Por Erick Lezama
-Vista las condiciones que ha puesto el Consejo Nacional Electoral (CNE) para la renovación de los partidos, ¿cree que la mesa está servida para que se produzcan elecciones sin la oposición, como sucedió en Nicaragua?
-Las últimas decisiones del CNE no pueden entenderse sin contextualizar. Aquí no hay separación de poderes y hay, al mismo tiempo, una tendencia a la autocratización del régimen de Maduro.  Eso tiene un componente represivo, y un componente de politización en lo judicial. Lo vimos en diciembre, cuando venció el período de los gobernadores y el CNE decidió alargar el período de esas autoridades. Lo vimos también con el aborto del intento de referendo revocatorio, y hoy lo estamos viendo con este reglamento sobre la renovación de los partidos. Esto es grave porque apunta a un escenario que lesiona los derechos políticos de los venezolanos. Ciertamente,  el ente comicial está restringiendo el derecho a la libre asociación, y, como lo ha dejado claro la rectora Tania D´ Amelio, busca estirar la arruga.  A este régimen lo electoral ya no le conviene.
– El fallecido presidente Chávez siempre sostenía que la democracia venezolana gozaba de buena salud dada la gran cantidad de procesos electorales efectuados durante la revolución. Ahora, voceros oficialistas -como el diputado Héctor Rodríguez- afirman que la agenda del chavismo es otra.
Sí, lo dicen así claramente. Hay una aversión por el hecho electoral. Y eso lo vemos en la decisión del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que suspende las elecciones estudiantiles en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Hay elecciones de todo tipo que están suspendidas desde hace tiempo en el país: sindicales, de autoridades. Este es un régimen híbrido, un autoritarismo competitivo. Estos gobiernos, cuando pierden competitividad, se autocratizan más. Es es lo que está pasando: como ya para el chavismo no le es favorable ir a elecciones, entonces no hay.  De modo que los pilares de esto terminan siendo unas Fuerzas Armadas y un Tribunal Supremo de justicia parcializado.
– Muchos analistas coinciden en que las elecciones son una válvula de escape que permite catalizar lo que la sociedad está viviendo. ¿Cuál es el riesgo de que no se produzca un proceso electoral?
– Partamos de un punto: hay un gran descontento por la crisis que existe. Los venezolanos tienen muy claro de quién es la responsabilidad de la crisis, lo han registrado distintos estudios de opinión de diversas encuestadoras. Casi 90% de los ciudadanos responsabilizan al presidente y a su gobierno de la crisis que vivimos. Frente a eso, el chavismo no está apostando a recuperar el favor popular, cosa que sí hizo en el pasado. Al contrario, parece tener claro sabe que pasó el punto de no retorno, y entonces solo le queda el control.
-Cuando la popularidad de Chávez se veía afectada de alguna manera, había una reacción en función de recuperar el terreno perdido.
Chávez tenía un margen de maniobra mucho mayor, apalancado con un barril de petróleo a más de 100 dólares, con un tema cambiario completamente diferente, y con un liderazgo carismático que es intransferible. Esas formas de reaccionar no eran campañas publicitarias, sino programas basados en el clientelismo político. Es decir, había dinero para lanzar misiones nuevas, nuevos programas asistenciales. Hoy no lo hay. Y cuando a eso se le suma la incompetencia y la absoluta falta de carisma, tienes allí un coctel potente para la impopularidad.
-Actualmente algunos canales de señal abierta están transmitiendo cuñas con la voz del presidente Chávez…
– Sí. Están tratando una vez más de apelar al imaginario y la emoción de un pueblo que alguna vez, en su mayoría, fue chavista. Pero el chavismo sabe que con Maduro a la cabeza de ese proyecto eso no es posible mantenerlo. Entonces, partiendo de ese diagnóstico, y para responder tu pregunta,  nadie tiene una bola de cristal para saber qué va a pasar, pero seguramente aumentará la conflictividad, la insatisfacción, la presencia de la gente en la calle. Pretender mediante algún tipo de argumento burocrático suspender el derecho de participación política de la gente, el derecho a elegir, puede tener consecuencias muy graves para la paz del país. Hay que recordar la idiosincrasia del venezolano, de un pueblo que en el siglo XIX llamaron “un cuero seco”, porque lo pisas por un lado y se levanta por el otro. Eso está en nuestro ADN. Al gobierno lo único que le va a quedar es la represión y la lealtad de unos represores que tendrán que ver hasta qué punto están dispuestos a acompañar eso.
-Todo indica que, una vez más, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) está contra la pared, y, ya ha quedado claro, no hay una estrategia unitaria.
-No hay un consenso. Hay algunos partidos que han dicho que no hay que ir a ese proceso, otros que sí. Con una postura unitaria sería más fácil enfrentar esto. Frente a esto, es oportuno remitirse a hechos históricos concretos. Durante la dictadura de Pinochet en Chile, se ilegalizaron muchos partidos. Esas toldas fueron acobijadas por otras de la alianza y luego, en democracia, cada una recuperó sus siglas, sus colores, su identidad. Aquí queda por demostrarse qué tan auténtica es la oposición.
-Si bien la MUD no necesita renovarse, los riesgos de que la oposición vaya sólo con esa tarjeta son muy grandes.
Sí, La MUD puede participar, porque ha participado en los dos últimos dos procesos electorales, pero ciertamente tiene una espada de Damocles, porque pesa sobre ella una demanda por el supuesto fraude en la recolección de firmas, entonces en cualquier momento el TSJ puede convertirla en una ilegalización. Ante ese escenario, es importante tener alternativas legitimadas dentro de la MUD, que haya una contingencia.
– ¿Las condiciones para la renovación de partidos no afecta también al chavismo?
– Sí, hay partidos más pequeños que han dicho: “Nos pondremos la capucha y nos vamos a la clandestinidad”. Hay partidos que han señalado que esto sencillamente no es democrático. El partido comunista, el partido de Juan Barreto, del PPT. Uno ve eso y comprende que la unidad del chavismo también está en juego, porque en este intento de cerrar la válvula de participación, no es la oposición la única que está perjudicada. El gobierno está sobre estimando su capacidad de ejercer control.
-En verdad, los partidos del Gran Polo Patriótico llevan tiempo manifestando sus inconformidades y no han sido escuchadas.
-Hugo Chávez intentó crear un partido único y fracasó. Los comunistas, el PPT , Podemos, dijeron “no, gracias”. Y así muchos otros partidos que decidieron mantener su propia identidad. Entonces, si Chávez no lo pudo lograr, no será Maduro, que representa el punto más bajo del chavismo, quien lo logre. Esto, además de ser antidemocrático, es una gran torpeza. El reclamo por las elecciones tampoco es exclusivo de la oposición: en las regiones hay liderazgos chavistas que esperan ser gobierno. Si algún día llega a haber elecciones en Venezuela, significa que el chavismo podría ir dividido y eso puede marcar la diferencia.
-Si bien la popularidad del chavismo ha caído, la oposición no se ha quedado atrás.  Y las divisiones cada vez son más públicas. ¿Qué puede esperarse de la reestructuración que se acaba de anunciar?
-Hay una crisis de representatividad. En Venezuela los ciudadanos no se sienten representados por los partidos, sino por la Iglesia, por los estudiantes. Eso es por el ruido, por el despelote de la MUD, la falta de estrategia. La MUD ha hecho promesas que no ha podido cumplir, como salir del gobierno en 6 meses, aquello del abandono del cargo del presidente no tuvo el más mínimo eco en la población. La MUD ha sido una excelente plataforma electoral, pero una muy mala coalición para enfrentar la dictadura. Tiene que ampliarse, tiene que hacer ese proceso de revisión con la gente. Tiene que lograr que la gente común y corriente, que no le interese la política, se active y sienta que la oposición puede generar calidad de vida. Ese es el reto.
De perfil
Daniel Fermín es el editor de la revista Polítika Ucab, la publicación del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello. Es sociólogo, egresado de esa misma institución, donde además se desempeña como investigador y docente. Tiene una especialización en Gerencia Pública, por la Universidad Metropolitana. En 2015 realizó el Programa de Estudios Avanzados en Conflicto No-Violento de la FletcherSchool of Law&Diplomacy de la Universidad de Tufts (Boston).

El-Tiempo


Entrevista publicada en El Tiempo, el 28 de febrero de 2017

 

Junta reestructuradora de la MUD genera rechazo en partidos minoritarios

JOSÉ GREGORIO MEZA | JGMEZA@EL-NACIONAL.COM

08 DE FEBRERO DE 2017 

Nombrar una junta de reestructuración. Después de tres meses de dimes y diretes, a ese acuerdo llegaron los nueve partidos mayoritarios pertenecientes a la Mesa de la Unidad Democrática, agrupados en lo que han dado por llamar el G-9. En principio, ya no solo deciden Primero Justicia, Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular, sino que ahora se suman Vente Venezuela, Alianza Bravo Pueblo, La Causa R, Avanzada Progresista y Movimiento Progresista de Venezuela.

Desde el CEN de AD, Jesús Torrealba, secretario ejecutivo de la MUD, hizo el anuncio. A su lado estaban sentados Delsa Solórzano, diputada por Un Nuevo Tiempo, y Luis Ignacio Guédez, secretario general de La Causa R.

“Después de evaluar el desempeño en 2016 puedo decir que la unidad toma las medidas necesarias para permitir que una junta reestructuradora busque los consensos y, en plazo breve que no debe exceder una semana, tome decisiones sobre el nuevo gobierno de la MUD”.

El nuevo equipo está integrado por Jesús Torrealba, quien lo preside; Luis Ignacio Guédez, Enrique Márquez, presidente de Un Nuevo Tiempo, y Juan Carlos Caldera, diputado de Primero Justicia. Trabajarán en tres puntos: un nuevo reglamento que defina una metodología para lograr consensos y definir una estrategia de lucha, una nueva hoja de ruta y una nueva estructura ejecutiva. No está definido si Torrealba deja la Secretaría o si esta se amplía en una especie de vocería colegiada.

Torrealba habló de una crisis de crecimiento. Aseguró que era un planteamiento conjunto de toda la alianza. “Hay nuevas condiciones de lucha. Nosotros peleamos por restituir el derecho al voto: por las elecciones presidenciales y las que nos deben, las regionales y las municipales. La junta reestructuradora hará los anuncios de forma y fondo”.

Los desacuerdos. La Dirección Ejecutiva de Vente Venezuela señaló a través de un comunicado: “Resulta inaceptable hablar de una reorganización de la MUD sin establecer, de manera inequívoca, el objetivo estratégico de la coalición, que no debe ser otro que la salida de la tiranía sin demora”.

Para María Corina Machado, su coordinadora, cualquier coalición se justifica si tiene un fin común. “No tiene sentido discutir estructura, toma de decisiones, antes de decidir lo fundamental: unidos, ¿para qué? Si el propósito es la salida de Maduro este año, sin demora, uniendo todas nuestras fuerzas, en eso estamos comprometidos. Vente Venezuela no comparte la posición de quienes piensan que la prioridad es concentrarse en las elecciones regionales”.

Machado condicionó la permanencia de su partido en la MUD. Explicó que convocaron de emergencia a los representantes de todos los estados para debatir la situación. “Tenemos que apelar a una profunda y amplia unidad nacional, pero sin retórica, que incluya a los partidos y a todos los ciudadanos que estamos comprometidos con el mismo objetivo: el primer paso para superar lo que estamos viviendo es la salida de este gobierno. Ese es el debate que tenemos que dar”.

Omar Ávila, secretario general de Unidad Visión Venezuela, está en desacuerdo con el anuncio efectuado por Torrealba. Detalló que fuera de la discusión se quedaron 17 partidos. “Urge dejar de mentirle al país. ¿Cómo van a lograr un nuevo reglamento en los próximos días si ni siquiera han convocado a una plenaria?, que es lo primero que debe hacerse para un debate de reestructuración y relanzamiento”.

Afirmó que lo que se hizo fue cambiar un cogollo por otro. “Sigue siendo más de lo mismo. Estamos atravesando una crisis de representación. No es una crisis ideológica ni de identidad. Esta cúpula opositora es tan mala que, a pesar del descontento, no ha logrado salir de este gobierno. Hay que darle un giro de 180 grados a esta dirigencia. Hay que salirse de esta ruta, hay que conectarse con nuestro pueblo”.


Crisis de representación

Para Daniel Fermín, sociólogo y editor de la revista Polítika UCAB, la MUD no puede manejar la reestructuración como si se tratara de una tienda. “Tenemos una crisis de representación de los partidos políticos. Pareciera que no hay una verdadera interlocución con la sociedad. Hoy por hoy no desempeñan ese rol. Los partidos, incluso, terminan entorpeciendo el reclamo ciudadano”.

Especificó que la MUD tiene el reto de ampliarse. “No es lavarse la cara con las ONG; es incorporar a la ciudadanía en la discusión”. Subrayó que a la oposición le haría bien la discusión franca y abierta, y no los arreglos cerrados. Alertó sobre la simpatía que se genera en torno a un tercer polo político. “Algunos sondeos señalan que 65% de los venezolanos verían con buenos ojos una opción distinta, que nos saque de la polarización. No hay que perder esto de vista”.


Publicado en El Nacional el 8 de febrero de 2017.

El silencio de los inocentes

“¿Quién confía en el presidente Maduro? ¿Quién se siente identificado con el PSUV?” La pregunta es provocadora, sirve para abrir el tema de crisis de representación en una mirada sociológica al Estado, la política y las instituciones. La reciben entre risas. Nunca fue el oficialismo fuerte en las universidades. Si hay alguno, se guarda el secreto. No hablo de política en clases, respeto demasiado el salón y a los estudiantes como para ser de esos, a pesar de que siempre está a flor de piel, de que la materia se presta y siempre alguno intenta llevar la discusión por esos predios. Esta es la única oportunidad, abriendo este tema, en el que, para ilustrar el punto teórico, cedo y los complazco. Seguidamente, otra pregunta: “¿Quién confía en la oposición? ¿Quién se siente representado por la MUD, por sus diputados y dirigentes?”. Nadie levanta la mano. Esta vez no hay risas, sino silencio absoluto. No es el silencio de la indiferencia, sino el de la insatisfacción.

Es un salón de 70 personas, en una universidad de Caracas. “El futuro del país”, dice el cliché. Nada estadísticamente representativo, pero sí un buen grupo para ilustrar el espíritu de una preocupación. Hurgando, encontramos algunas pistas: no se preocupan por la gente sino por sus propios problemas, son ingenuos, no hablan claro, prometen y no cumplen, no saben enfrentar a la dictadura, no los conozco, no nos hablan de nuestros temas. Es una larga letanía, he desatado un demonio. La crítica crece, se retroalimenta. Cabezas asienten, onomatopéyicos “ajá” concuerdan en cada crítica. Nadie hace la salvedad, ninguno dice “pero no la tienen fácil…”.

La Mesa de la Unidad está en problemas si la gente común y corriente la siente ajena. Más si se trata de los estudiantes, siempre atentos, más que otros sectores, a la suerte del país. Sería fácil encontrar la explicación en la juventud de los estudiantes, en su supuesta indiferencia y apatía. “No les importa nada”. Así, la solución pasaría por dejar de escuchar reggaetón y dedicarse, en su lugar, a leer más la prensa. Dejar tanta holgazanería y comenzar a activar. Pero sería equivocado. Arrogante y equivocado. La juventud, principal víctima de la tragedia revolucionaria, se siente frustrada, cuando no engañada. No se siente interpretada por las élites políticas. Se siente abandonada a su suerte, y muchos esperan un golpe de gracia, algún hecho de fortuna que les permita fotografiarse los zapatos en el Cruz Diez de Maiquetía y buscar futuro en otras latitudes.

No tienen la culpa. Solo conocen esto: Chávez, Maduro, “la oposición” como categoría de identidad política. La peleadera, el deterioro de las condiciones de vida año tras año. Las promesas del inmediatismo y el desengaño que deja la resaca de las propuestas irresponsables del liderazgo. Son los hijos de la revolución, aun cuando jamás la hayan apoyado. Ellos, sí, los hijos de Chávez, y no creen en nadie.

Son los políticos los que deben ir al encuentro de la gente. Se han ensimismado y solo encuentran audiencia entre ellos: políticos hablándole a políticos. La gente desde la barrera, viendo el espectáculo mientras se las arregla para sobrevivir. Los peligros son evidentes: el germen antipolítico, la desvinculación con lo nacional, el engaño del claustro individualista como tabla de salvación, el engorde de la diáspora.

En el país donde hay crisis de todo, también existe una evidente crisis de representación. El liderazgo debe abocarse a la discusión abierta y transparente con la gente para construir, desde abajo, soluciones a los principales problemas del país. ¿Quién le habla a los jóvenes de cómo superar el sitio del hampa, de qué propuestas existen con respecto a una política habitacional que haga fácil acceder a un alquiler o a un crédito para una vivienda que les permita crecer e independizarse? Más allá del diagnóstico, ¿Dónde están las soluciones? Y así, con todos los sectores.

Los partidos no se fortalecerán cuando pase la “ola” del antipartidismo, lo harán cuando recuperen su condición de luchadores por el bienestar social y las reivindicaciones, cuando salgan al encuentro del venezolano de a pie, no con promesas vacías ni con planteamientos inalcanzables en los cuales ni ellos mismos creen, no para vender su marca y posicionarse como franquicias electorales, sino con el compromiso de organizar el reclamo ciudadano y cristalizarlo en un cambio, no de caras ni colores, sino que permita a la gente vivir mejor. Solo entonces se apropiarán los venezolanos de sus partidos y de sus políticos y los sentirán suyos. Solo entonces podrá romperse el ensordecedor silencio de los inocentes.


Publicado en RunRunes el 19 de enero de 2017.

Los demócratas ante la crítica

imagen-editorial

Una de las principales víctimas de la polarización política extrema es la voluntad de escucha. Atrincherados en sus posiciones, las partes abandonan la conversación ciudadana y se entregan a la dinámica, más cómoda, de las solidaridades automáticas, los ataques ad-hominem y la impermeabilidad ante el reclamo. Así, queda sacrificada la crítica ante el altar de la homogenización y la mentalidad de ellos-contra-nosotros. Comienzan los debates sobre la “conveniencia” y el “timing” de planteamientos que muestren el mínimo disenso, supuestamente velando por el “bien mayor” que, seguramente, una vez logrado (después, siempre después), hará posible un retorno de la dinámica democrática. Todo un chantaje.

Por supuesto, hay críticas de críticas, desde la crítica mezquina y necia, hasta la más constructiva. El liderazgo político debe siempre estar abierto a la crítica, ya que se debe al público y a ese público debe siempre responder. Algo pasa cuando la crítica es respondida con descalificaciones, cuando es fácilmente descartada como algo inválido. A esa dinámica nos tiene acostumbrado el bloque de poder desde hace casi dos décadas. Ante la crítica, mal podría el liderazgo democrático contagiarse y coger malas mañas.

El régimen chavista ha sido todo lo contrario a lo que se conoce como un gobierno responsivo. Siempre presto a una excusa, a un ataque, el gobierno que controla todo no se hace responsable de nada. El proceso de diálogo iniciado en días pasados ha devenido en críticas, unas justas, otras no tanto, para la opositora Mesa de la Unidad Democrática. “Guerreros del teclado”, “radicales”, y especies afines han sido parte de la respuesta de algunos voceros cuya reacción ante la crítica y el disenso deja mucho que desear y genera, con razón, suspicacias acerca del tono del liderazgo. “Si así son en la oposición ¡cómo serán cuando sean gobierno!”…

La política es el arte de la prudencia, se ha dicho mil veces. El temperamento de la dirigencia debe ser representativo de los valores políticos y democráticos. Esto es especialmente cierto en tiempos de turbulencia y crispación como los actuales. De modo que no, no será “después” cuando nuestros líderes deban demostrar su talante democrático, sino justamente ahora, cuando los déficit de democracia se sienten en cada rincón. Y esto adquiere mayor importancia en los tiempos que corren, cuando ya el liderazgo no se concibe como el arte de mandar, sino el de saber escuchar, interpretar, representar y guiar las aspiraciones colectivas.

Diálogo o no diálogo, calle o no calle. Referéndum o 2018, desobediencia o cohabitación. Las posturas son múltiples, las críticas también. Escuchar la crítica es un ejercicio poderoso y valiosísimo de democracia, que no implica claudicar en las posiciones propias. Pero cerrarse a la crítica, descalificando y deshumanizando al disidente, es todo lo contrario a democracia y, francamente, es todo lo contrario a liderazgo en el mundo de hoy.

Los venezolanos necesitamos más y mejor democracia. En nuestro gobierno, en nuestros partidos, en nuestra sociedad civil, en nuestros espacios compartidos. Y esa democracia viene de la mano de la amplitud de criterios, de la capacidad de escuchar al pueblo en lo que le gusta y en lo que no le gusta, y en la pedagogía política que tenga la dirigencia para responder, sin ofensas, a la divergencia de pareceres. Escuchar, rectificar donde haya que hacerlo, insistir en las convicciones sin prepotencia ni violencia. Esa es la actitud de los demócratas ante la crítica.


Publicado en PolítiKa UCAB el 11 de noviembre de 2016.