ENTREVISTA en El Diván de Gladys Rodríguez: ¿Y para las presidenciales?

Por: Gladys Rodríguez

Todo un debate se originó antes y después de las elecciones municipales sobre votar o abstenerse. Ganó la abstención… la mayoría expresó su descontento con los dirigentes de la MUD, el CNE y el Gobierno con la inacción voluntaria. Posterior al proceso y los resultados de un mapa rojo casi en su totalidad expresé mi punto de vista sobre esta decisión de esa mayoría. Respeto la decisión, pero no la comparto y sigo pensando que la inacción resulta peor que la participación en la adversidad, así lo manifesté, y seguiré argumentando, como muchos argumentaron su posición de no participar. Es válida la rabia, la decepción, la “frustachera”, la desconfianza, el agotamiento, la tristeza y un largo etc. consecuencia de todo lo que hemos vivido, y digo hemos, porque quien escribe también ha pasado por lo mismo y no estoy exenta de sentir todos estos estados de ánimo, agréguele que nunca he votado ni por error por este modelo y son extensas las derrotas que me ha tocado asimilar en estos 19 años, como a muchos de Ustedes. Hace rato pude haber decido no participar más si permitía que la rabia y la decepción se apoderaran de mi, ganas no me han faltado, pero siempre despierta mi espíritu de lucha y me empuja a participar, venga lo que venga. Algunos me expusieron que de esta manera avalaba el proceso, y al Gobierno, lamento decirles que con o sin participación el Gobierno asumiría, como en efecto siempre lo ha hecho, la posición de victorioso aunque el mundo ya no les crea y a lo interno sepamos como se ha construido esa supuesta victoria. Es parte de su estrategia comunicacional. Y varios ejemplos tenemos ya de procesos en los que no ha habido mucha participación y sobre todo testigos, terminamos dándoles  rienda suelta.  Ante ese escenario cualquier cosa era posible, como lo denunció Smarmatic del proceso para elegir a la fraudulenta ANC. Pueden alterar cifras de supuesta participación y votos a favor, sin testigos que vigilen y frenen la trampa y en los muchos espacios vacíos.

En mi comentario post proceso electoral también expuse que esperaba de parte de los abstencionistas una hoja de ruta para seguirlos. Recibí muchas opiniones, por fortuna la mayoría con malestar pero desde el respeto, otros lamentablemente cuestionaron mi inteligencia, mi integridad, mi ejercicio profesional, mi patriotismo, y me señalaron hasta de cómplice del  CNE y del  Gobierno. Saben lo que pienso del irrespeto, y lamento que algunos no puedan mantener un debate de altura, pero cada quien se expresa de acuerdo como es y le toca a esas personas reflexionar sobre la manera que comunican sus ideas buscando desacreditar al otro.

Particularmente no la tengo clara, deseo como la mayoría un cambio inmediato de este modelo y de esta gente, nunca deseé que llegaran al poder, imagínense por un segundo cuantos años tengo esperando otros gobernantes, casi dos décadas rogando a Dios y haciendo desde mis espacios de trabajo el esfuerzo para hacer ver la perversidad de este régimen y la necesidad de un viraje para poner fin a esta oscuridad que avizoraba sin ser vidente desde que se lanzó a candidato presidencial Hugo Chávez. Espacios desde donde también busco hacer llamados a la dirigencia opositora que con sus constantes errores, por diversas razones, nos llevaron a esta fractura de la oposición, gravísima con unas presidenciales en puerta y quizá con el mismo CNE.

Ahora bien, nuevamente comparto mi opinión, humildemente y con todo respeto a quienes difieren de mi, he entendido en medio de la complejidad que vivimos y luego de escuchar muchas opiniones de gente que ha estudiado la historia política de muchas naciones en situaciones similares que no hay un solo camino, sino la sumatoria de varios para lograrlo. No veo la inacción como camino, veo a esa mayoría empujando como un frente unido en todos los terrenos….así lo veo yo, aun cuando nos minen los senderos y nos arrebaten los triunfos. Pero igual, ante tantos cuestionamientos a mi capacidad de análisis e inteligencia preferí consultar al politólogo, Daniel Fermín para que explicar los pro y los contras de abstenerse y los pro y los contra de votar, acá comparto con Ustedes su punto de vista:

“Votar es el acto por excelencia del ejercicio de ciudadanía y democracia. Sin embargo, el valor del voto ha sido degradado, en primer lugar, por un régimen que tracalea, establece condiciones adversas, rompe la ley, actúa con discrecionalidad y genera dudas sobre la integridad del voto; y en segundo lugar, por la abstención como postura política que pretende ser ética, dejar claro un mensaje de inconformidad y de protesta. El problema con la abstención es que no es capaz de lograr los cometidos que se propone: desentenderse del problema por no estar de acuerdo con los procedimientos, lejos de debilitar al régimen, lo fortalece. Hoy, Venezuela amanece con alcaldías entregadas en bandeja de plata al oficialismo, por una dirigencia que no tuvo la responsabilidad de hablar claro, que por miedo a asumir los costos se dejó llevar por la desesperanza, en lugar de sacudirse, levantarse y organizar el descontento en cada reto futuro. Esto nos deja en un terreno muy fangoso, cuyas consecuencias pueden ser muy serias para el país. Se ha promovido una especie mágico-religiosa según la cual “algo va a pasar”, así como la inacción. Asumiéndose como postura ética, deja de lado que el desprendimiento de lo público y la inacción, el cruzarse de brazos, no puede ser lo ético. Lo ético es participar y no desistir, porque nada va a ser fácil, el régimen no va a respetar las leyes ni la Constitución, eso es más que evidente, entonces resulta fantasioso decir “cuando haya otro CNE”, porque no lo va a haber, o “cuando existan las condiciones”, porque esas condiciones no “llegan”, sino que se logran con la organización de la gente y la constancia. Las últimas dos elecciones dejan a la oposición en un muy mal lugar. Hay una crisis del liderazgo, que en otro país hubiese asumido responsabilidades ante la debacle de las regionales. Resulta muy difícil que después de desmantelar el voto como herramienta, y de adherirle una cualidad “sucia” y “anti ética”, además de “inútil”, y que después de desmovilizar a la ciudadanía, pueda la MUD decir ahora, sin que cambien en lo más mínimo las condiciones, “ahora sí, en las presidenciales sí”. Decir esto hace dos años resultaba increíble: que en su peor momento, el PSUV avanzaría electoralmente de manera arrolladora, sirviendo la mesa para 2018. Pero hasta aquí nos han llevado no solo el autoritarismo cada vez más bárbaro del gobierno, sino también los errores de una dirigencia que no le habla claro al país, que dice que no hay que ir a votar pero lanza un puño de candidatos escondidos, que llama a la abstención pero pide no entregar al PSUV ciertos municipios, como si representaran no a todo el país sino a un enclave de clase media. La gente no tiene cómo seguirle la pista a los mensajes contradictorios, a la incoherencia, y se hace la idea de que en la MUD no tienen demasiado claro lo que están haciendo. Como no hay accountability, mañana “regresarán” a sus partidos los que fueron “expulsados” por participar en las municipales, algunos de ellos con cargo nuevo. Es muy poco serio y una burla al país.

Los venezolanos, de cara a 2018, no podemos simplemente retraernos a nuestro espacio personal, a sobrevivir aislados del mundo, sino que tenemos que ser protagonistas activos de la lucha por el cambio en todos los frentes, exigiendo más de nuestro liderazgo: más transparencia, más responsabilidad, más seriedad; e involucrándonos nosotros, todos, porque no es la pasividad, no es el cruzarse de brazos, lo que puede sacarnos del abismo. Solo la participación activa de los venezolanos, la manera en la que nos involucremos en nuestros asuntos, puede empujar un cambio. El resto, las fantasías de ese “algo” que va a “pasar”, la sobre estimación del rol de la comunidad internacional, la inacción, la desesperanza y la entrega, nos condenarán al continuismo de los peores y al declive cada vez más avanzado de la calidad de vida y la democracia. La oposición debe reflexionar, dar la cara y rectificar, asumiendo lo que tenga que asumir. También tiene que recuperar la sintonía con la gente, no de manera cosmética, sino en el acompañamiento diario y en proponer una agenda clara que le demuestre a los venezolanos que aquí se está pensando en el futuro, en soluciones, y no solamente hablando de política mientras la gente padece. De lo contrario, servirá de poco pensar en unas presidenciales que hoy, contra todo pronóstico, tienen a Maduro como el candidato de mayor opción. Lamento no ser más optimista o alegre, estamos metidos en una cosa muy seria”.

La democracia es mucho más que votar. Eso es evidente cuando uno ve las fotos de “elecciones” en Corea del Norte, Cuba y otros lugares donde los regímenes hacen de lo electoral una simulación. En Venezuela, sin embargo, pese a las arbitrariedades de un CNE evidentemente subordinado al partido de gobierno, el voto (que costó mucha lucha, cárcel, exilio y sangre) ha conservado un poder importante, razón por la cual el régimen es el primer interesado en obstruirlo, en aniquilarlo. A esa tarea se prestan, pretendiendo lo contrario, quienes degradan el poder del voto como herramienta cívica para la participación, la protesta y la toma de decisiones. Al chavismo le encantaría que sus elecciones se parecieran a las de Corea y Cuba, y solo la resistencia activa de los votantes lo puede impedir. Si renunciamos al voto, le estamos haciendo el mandado a las intenciones del gobierno.

HASTA LA PRÓXIMA SEMANA


Publicado en Caraota Digital el 13 de diciembre de 2017.

Pugnas durante primarias envían un mensaje negativo al país, advierte Daniel Fermín

El proceso de elecciones primarias que llevó a cabo la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) el 10 de septiembre en los estados AraguaAmazonas, Bolívar, Yaracuy y Zulia evidenció las dificultades que se viven a lo interno de la coalición opositora a solo cinco semanas para las elecciones regionales de octubre.

El sociólogo especializado en temas políticos, Daniel Fermín, explicó a Efecto Cocuyo que las pugnas entre opositores “abonan el terreno para una mayor desintegración de la comunidad política y ofrecen un mensaje muy negativo para el país. Los venezolanos esperamos más altura en la política de quienes dicen encarnar el cambio; lo importante es respetar la voluntad de la gente expresada de manera democrática”.

Para el experto, “algunos de estos episodios se han resuelto cívicamente, pero otros están siendo un triste espectáculo. Es el caso de Aragua. El tono de los factores que están inconformes con los resultados es excesivamente agresivo, incluso llevándolo al plano de las ofensas personales”, sostiene.

A partir de los resultados de las primarias, y luego de que el Poder Electoral finalmente fijara la fecha de las elecciones regionales para el próximo 15 de octubre, Fermín asegura que son muchos los retos que tiene por delante la oposición venezolana.

Entre esos retos destaca: Activar a la gente en defensa de la democracia, recuperar la cualidad pedagógica de la política, conversar con la gente y escuchar distintos planteamientos, salir al encuentro de los venezolanos, más allá de los partidos, más allá de la misma MUD.

Urge recuperar la conducción política y hablarle claro a la gente, con seriedad y sin tener siempre como foco el aplauso de las gradas”, expresa.

Según la comisión de primarias de la MUD, en el proceso electoral participaron 1.018.621 personas, lo que equivale al 6, 85% del padrón electoral. Al respecto, el entrevistado señala que “la participación en las primarias es la que corresponde a un evento de esta naturaleza“.

Sin embargo, considera que dichas elecciones “tuvieron que enfrentarse a la frustración popular por la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y el fraude masivo que la hizo posible”.

Para Fermín, la baja participación responde a muchos factores: la frustración y el desgaste luego de 4 meses de protestas sin los resultados esperados por muchos;  la crisis de representación y fallas en la conducción;  los llamados a la abstención por parte de quienes en este momento no creen en la vía electoral y al hecho de que muchos venezolanos quieren votar por un candidato unitario en octubre pero no tienen claro quién puede ser ese candidato.

Hoy mucha gente piensa que, con participar en las elecciones regionales, los líderes de la oposición les cambiaron la seña. No necesariamente fue así, pero faltó hablarle más claro a la gente“, afirma.

Para el también profesor universitario, “las elecciones primarias fueron un gran acierto por parte de la MUD. Representan una conquista en una lucha de años por darle la palabra final a los ciudadanos, por demostrar que sí somos demócratas. Hoy los candidatos electos son tanto más legítimos, porque su designación no correspondió a pactos poco transparentes ni lógicas oscuras entre un grupito”.

Manifiesta que, en materia electoral, un reto para la oposición es institucionalizar las primarias, que se conviertan en algo cotidiano para los demócratas. “Más primarias es más democracia y menos rosca. Ojalá para la próxima oportunidad se reduzcan al mínimo los ‘consensos’ y se le abra aun más la participación al pueblo”.

El investigador se muestra de acuerdo con la decisión que tomaron algunos actores políticos de participar en las próximas elecciones regionales convocadas por el Consejo Nacional Electoral (CNE). A su juicio, es una vía adecuada para desplazar de las gobernaciones a funcionarios que no están cumpliendo con sus responsabilidades.

“En un régimen clientelar como el que tenemos, brindarles espacios para el sostenimiento de su proyecto de dominación los fortalece. Son miles los que hoy, en lugar de trabajar en una gobernación, simplemente cobran por una gobernación”, denuncia.

Explica que, “con nuevos gobiernos regionales, enfocados en la gerencia, la gestión y la lucha por el rescate de la institucionalidad, esos comisarios políticos que hoy son mantenidos por el Estado para realizar proselitismo y otras labores contra el pueblo pierden su financiamiento y ese es un duro golpe para la estructura de poder chavista”.


Publicado en Efecto Cocuyo el 13 de septiembre de 2017.

El CNE sólo se encarga de impedir la realización de elecciones

Eduardo Lugo

El Consejo Nacional Electoral (CNE) se encarga de impedir la realización de elecciones en el país, como es el caso de los comicios a gobernadores y el revocatorio. De esta forma lo consideró el sociólogo Daniel Fermín. 

A través del programa A tiempo, transmitido en la emisora Unión Radio, el especialista aseguró que el ente electoral sólo respondió para avalar la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, elevada por el primer mandatario nacional.  “El CNE actúa con pura discrecionalidad”.

Repudió la falta de respuestas por parte del máximo organismo comicial, ya que en su opinión, afecta a toda Venezuela y criticó la actual política asumida por el Ejecutivo.

“El gobierno solo apuesta al Tribunal Supremo de Justicia, al Consejo Nacional Electoral y a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana por la falta de pueblo”.


Publicado en Caraota Digital el 11 de mayo de 2017.

Elecciones generales o el cuento del gallo pelón

Un fantasma recorre a la oposición venezolana: el fantasma de las elecciones generales. Incorpóreo, como los espectros, este planteamiento ha encontrado eco dentro y fuera de Venezuela, con el Secretario General de la OEA incluyéndolo entre sus demandas al régimen de Nicolás Maduro.

Desde que arrasó en las elecciones parlamentarias de 2015, la oposición, específicamente la que hace vida en la Mesa de Unidad Democrática, se ha visto errante. Prometió, el 5 de enero de 2016, salir del gobierno de Maduro en seis meses. Luego, en lugar de decidir entre un referéndum revocatorio, una enmienda o la solicitud de renuncia del presidente, apostaron por un “todo vale”. Finalmente, la alianza apostó por el revocatorio, cuyo final frustrado todos conocemos, producto de la autocratización de un régimen convencido de que se agotó su camino electoral.

Desde que la dictadura provocara el aborto del referéndum, no ha habido una postura unitaria en el seno de la oposición. A veces calle, otras veces diálogo. Voces tímidas que sugieren –pero nunca dicen– “2018”. Apostar a las regionales para socavar la estructura clientelar chavista. La desobediencia civil. Son muchas las posturas y las estrategias diversas. Algunos aventureros sueñan con una salida militar, sin asimilar que son ellos, los militares, el partido de gobierno. Luego la declaratoria de abandono del cargo, según la cual ya Maduro no es presidente, aunque seguidamente los mismos que la aprobaron reclamaran que no ofrecía la Memoria y Cuenta ante el parlamento sino ante el Tribunal cooptado. ¿Y ahora? El turno es de las elecciones generales.

Comentábamos hace par de semanas en este espacio que las elecciones son un clamor popular. “¡Elecciones ya!” es mucho más que una consigna. ¿Es viable hoy una elección general en Venezuela? ¿Qué hace pensar que en el país en el que se suspendieron dos procesos electorales previstos en la Constitución es factible llamar a una elección que no aparece por ningún lado en nuestra Carta Magna, en la que el gran perdedor –fuertes a lochas– será el partido de gobierno?

Los únicos llegaderos de las promesas vacías y de generar expectativas irrealizables son la frustración y la desesperanza. Los venezolanos, inundados no solo en la crisis sino en la incertidumbre, necesitan más que nunca de certezas. El planteamiento de ir a elecciones generales es engañoso, por decir lo menos, y puede terminar como una lápida más en el cementerio de los atajos que, comenzando por el paro petrolero y el golpe de abril, pasando por la abstención de 2005 y llegando a la renuncia, han plagado la estrategia opositora.

Es hora de hablarle con claridad al país, de ser serios. Existe una correlación entre la erosión de la confianza, credibilidad, legitimidad y convocatoria de la oposición oficial y las frustraciones que han dejado a su paso los distintos planteamientos para apurar la salida, justificada por demás, anticipada de Maduro.

Los venezolanos queremos un cambio que restituya la confianza en la democracia y nos encamine hacia el progreso, recuperando la calidad de vida e impulsando un proyecto de país que apunte al desarrollo integral de la sociedad. Ese es un asunto muy serio como para hacerlo depender de planteamientos quiméricos que, bien recibidos y mejor justificados, simplemente no tienen asidero en la realidad. Urge una propuesta responsable que marque la hoja de ruta a la salida de la crisis y al cambio político, pero también es necesario que esté anclada a la realidad y no a la ficción, que dependa de la voluntad de los venezolanos y no de la gracia del régimen. Lo contrario sería continuar un ya demasiado largo cuento del gallo pelón, del cual la gente se cansa y con lo cual comienza a voltear a otro lado, a buscar nuevos referentes y a desencantarse de lo público para refugiarse en otra ficción, la ficción del refugio privado, esa que según aquella campaña de una cadena de farmacias rezaba que “si tú estás bien, todo está bien”. Es la hora de la verdad para el liderazgo, que debe hoy decidir entre la oferta a las gradas, llamativa pero poco factible, y una que trate a los ciudadanos como adultos y los conmine a la construcción de un gran movimiento nacional por la democracia, más allá de la competencia desleal por la capitalización del descontento.


Publicado en PolítiKa UCAB el 24 de marzo de 2017.

¡Elecciones ya!

“¡Elecciones ya!”. Más que un slogan, se trata de un clamor popular. De acuerdo a los estudios de opinión, existe una serie de consensos básicos en la sociedad venezolana en la actualidad: El país va por mal camino; la crisis es culpa del gobierno y de su modelo económico; debe impulsarse un cambio drástico pronto. Cuando la gente señala al gobierno como responsable, lo hace evaluando su gestión y las consecuencias de sus políticas. “Expropiaron el café, y ahora no hay café; el aceite, y no hay aceite”. La frase es de un focus group reciente y la voz es una de tantas que votaron por el presidente Maduro y que, cuatro años después, hoy se arrepiente y aspira algo distinto, algo mejor para el país. La gente saca cuentas.

Cuando señalamos que más de 80% de los venezolanos comparte una evaluación negativa de la situación y de la actuación del gobierno, debemos también destacar algo obvio, pero que se pierde en el ping-pong político: la crisis ha sobrepasado la polarización política. Hoy están inconformes los opositores de hace 18 años, pero también los que llegaron hace menos tiempo. Están descontentos los independientes. También los chavistas de ayer… y los de hoy.

¿Qué quiere la gente? Frente a la escasez, abastecimiento, diversidad, libertad de elegir. Frente a los bachaqueros, oferta y economía honesta. Frente a la violencia, educación, seguridad, orden, reglas claras. Frente a la dramática situación de desnutrición y carencia, alimentación. No olvidemos que la ENCOVI destaca que 74% de los venezolanos perdió más de 8 kilos el año pasado, producto de lo que la gente bautizó coloquialmente como “la dieta de Maduro”.

Los venezolanos quieren propuestas concretas. Señalan como errores del liderazgo las promesas vacías e imposibles de cumplir, como la de salir del gobierno en los primeros seis meses de 2016. Muchos marcharon el 1 de septiembre, algunos por primera vez desde desencantarse con el chavismo, pero se desilusionaron cuando las expectativas generadas sobre la manifestación no se cumplieron. Muchos de ellos no marcharán más hasta que se vea unidad de propósitos, propósitos claros para la consecución del cambio.

Resienten lo que sucede fronteras afuera, al menos en dos sentidos: Hay una crisis de autoestima colectiva, en la que la frustración y la vergüenza se combinan en la frase “estamos rayados en todo el mundo”. También está presente el dolor, y se verbaliza en una aspiración que trasciende estratos sociales: “que la gente no se tenga que ir”.

El venezolano que con un empleo sostenía ayer a su familia, hoy tiene tres o cuatro para que sobreviva. A ese ciudadano le urge vivir mejor y el cambio que sueña viene en la forma de oportunidades que le permitan, con su esfuerzo y el empujón solidario de las instituciones y la sociedad, surgir y salir adelante. Como en la canción, no quiere nada regalado.

¿Cómo se materializa esto? Los estudios cuantitativos y los cualitativos coinciden: los venezolanos tienen sus esperanzas puestas en lo electoral. La salida está en votar. Todos los caminos conducen al CNE, el mismo que hoy, orwellianamente, hace todo lo posible por impedir que se realicen elecciones en Venezuela, unas elecciones que sus superiores en el partido de gobierno no tienen manera de ganar…

¿Cómo se explica que los venezolanos vean en las elecciones la salida a la crisis cuando no confían en el CNE y lo saben subordinado al Ejecutivo? La respuesta tiene, al menos, dos partes: En primer lugar, pese a la falsificación sistemática de la historia y a un discurso empeñado en desprestigiar la obra democrática, 18 años de chavismo no han podido desaparecer la herencia democrática de la República Civil. “El pueblo es el que manda” es como se verbaliza en el focus group ya mencionado, y es un recordatorio que se torna advertencia, en boca de una menuda ex votante de Hugo Chávez, madre de cinco, víctima del mal gobierno, cuya esperanza es sacar a los responsables de sus penurias en las máquinas de votación.

En segundo lugar, la gente quiere votar porque no se quiere matar. Si algo deja claro la investigación en este campo es que los venezolanos no quieren violencia. Padeciendo de primera mano la epidemia de sangre y pólvora que es la vida cotidiana en la Venezuela de hoy, la ciudadanía aspira a una resolución pacífica del conflicto político, necesariamente electoral, que abra las puertas a un cambio genuino que abastezca los anaqueles, proporcione seguridad en las calles y vuelva a llenar los platos de la familia venezolana.

¿Y si no hay elecciones? Cuando se le pregunta a la gente qué pasaría si el gobierno, en CNE o el TSJ impiden la realización de comicios la respuesta es siempre la misma: ¡Calle! Es una respuesta significativa, pues implica vencer el miedo y luchar activamente por los derechos. También es relevante porque viene, en muchos casos, de parte de personas que nunca han marchado, sea por miedo o porque en su tránsito del chavismo a la disidencia todavía no han dado el paso de protestar como oposición.

¿Calle cómo? ¿Dónde? Nadie tiene una única respuesta, pero sí hay pistas de sobra: protesta contundente, con articulación entre distintos sectores. “Los estudiantes no pueden solos”, destaca un joven mensajero que trabaja tres empleos para poder darle de comer a su hijo. Antes, con uno le alcanzaba. Protesta no violenta: la violencia solo ahuyenta a la gente y sube las barreras de participación. Protesta simbólica y con propósito: de nada sirve protestar en una calle cualquiera, solo porque solo ahí se dio un permiso o por conveniencias logísticas. La gente quiere que el poder, prepotente en las alturas, lo vea. La gente quiere protestar en Miraflores, en paz, para hacerse sentir, para que el presidente –responsable de la crisis- los vea. Atrás quedaron los días de los llamados a marchas que se dispersan sin un llamado claro a la acción posterior.

La lucha del venezolano de a pie, de la gente de trabajo, es por un cambio que les permita vivir mejor y satisfacer las necesidades sin epopeyas ni épicas. Y la manera de cristalizar ese cambio es votando. Así lo ve la gente. Allí están hoy las esperanzas de un pueblo que quiere hacerse escuchar, pero que está dispuesto a tomar las calles si desde el poder pretenden ignorarlo. Hoy, cuando hay elecciones vencidas y ninguna garantía de que se realicen las que tocan, no se trata de un slogan, es un clamor popular. ¡Elecciones ya!


Publicado en PolítiKa UCAB el 10 de marzo de 2017.

Democracia suspendida

Apareció el CNE. No para convocar a elecciones, como esperaba el país democrático, sino para anunciar que los comicios pendientes, específicamente las regionales, se encuentran suspendidos. Esto se debe, según la rectora Tania D’Amelio, al proceso de renovación de partidos políticos que, como expresamos en un comunicado junto a siete organizaciones de la Sociedad Civil venezolana, atenta contra los derechos políticos de la ciudadanía.

La presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, prometió el año pasado la realización de las elecciones de gobernadores y diputados a los Consejos Legislativos para el primer semestre de 2017. Es importante recordar que el mandato de los gobernadores en ejercicio venció el 16 de diciembre de 2016, con lo cual la omisión del Poder Electoral extendió el período de estos funcionarios de manera inconstitucional.

Con el anuncio de la rectora D’Amelio, esta promesa es prácticamente imposible de cumplir, ya que, según el cronograma del organismo electoral, la renovación de partidos culmina el 21 de junio, finalizando ya el primer semestre del año. Esto no es inocente, ni puede achacarse la interrupción de las elecciones a un fetiche burocrático. Se trata, en cambio, de la continuación de una política enmarcada en la autocratización del régimen de Nicolás Maduro, para quien las elecciones no sirven ya ningún propósito, al encontrarse, él y el partido que representa, en franca minoría.

Más que las elecciones, en Venezuela hoy está suspendida la democracia. El régimen chavista, que fulminó la separación de poderes, el reconocimiento del contrario, el respeto a las minorías y la institucionalidad democrática en la promoción de su proyecto autoritario, militarista y de culto a la personalidad, entró en dictadura franca desde el 20 de octubre de 2016, cuando ilegalmente eliminó la posibilidad de un referéndum revocatorio al mandato del presidente. Desde entonces, su desprecio por lo electoral es patente, como también lo es su intención de estrechar los mecanismos de control, no solo sobre el mundo político, sino sobre la vida cotidiana y la dinámica social toda.

La Asamblea Nacional, los partidos políticos, los sindicatos, los gremios, las asociaciones civiles y organizaciones no gubernamentales. Estos son todos pilares de las democracias contemporáneas, pero en Venezuela, seguramente por esa razón, son blancos de represión, persecución y desconocimiento por parte del gobierno nacional. Lo mismo con las elecciones. El gobierno más impopular de nuestra historia pretende tachar de fetiche burgués a lo más elemental de la vida democrática, mientras habla en nombre de un “pueblo” que sueña todos los días con verlos fuera del poder.

El régimen de Maduro no podrá recobrar ya el favor popular, ha pasado el punto de no retorno. De modo que la recuperación de la democracia no vendrá de la mano de un gobierno que hoy la suspende, sino de los ciudadanos hambrientos de cambio y que aspiran vivir en un país en el que no solamente haya comida y seguridad, sino en el que reine la libertad y las posibilidades que solamente ella puede procurar.

La defensa de Venezuela y de su democracia vendrá de los venezolanos. Por eso, hoy urge, más que nunca, la participación cívica de cada mujer y hombre patriota para exigir, en todos los espacios posibles, el respeto a la Constitución, la convocatoria a elecciones y, con ellas, la recuperación de una democracia que conduzca al progreso de todos.


Publicado en PolítiKa UCAB el 10 de febrero de 2017.

No se trata de unos «carguitos»

2016 pasará a la historia como el año en el que se oficializó la dictadura de Nicolás Maduro. Varios hitos lo confirman: el desconocimiento de la Asamblea Nacional y, con ella, de la voluntad popular; la usurpación de funciones de un TSJ cooptado que, además, acelera un proceso, ya en marcha, de judicialización de la política; el incremento de la persecución y la represión. Pero quizás el hecho que más retrata la erosión democrática y el avance de la autocratización sea la suspensión del derecho al sufragio.

Dos hechos evidencian la supresión del voto en Venezuela: el aborto a la convocatoria de un referéndum revocatorio presidencial y, sobre todo, la suspensión de las elecciones para elegir a gobernadores de estado y diputados a las asambleas legislativas. Las “regionales”, como se les conoce, han tenido menos protagonismo que la activación del revocatorio como mecanismo de cambio del régimen, y quizás por eso, sabiéndolas desde el poder sin mayores dolientes, resulta oportuno empezar, con ellas, la cancelación definitiva del hecho electoral en el país.

Con el mismo ímpetu con el que criticamos el exacerbado presidencialismo venezolano, somos prestos a descartar la importancia de las elecciones regionales. “Hay cosas más importantes”, decimos. “No es momento para defender parcelas”. Subestimamos, así, una de las conquistas democráticas más importantes de finales del siglo XX, la elección directa de gobernadores, y abrimos camino al régimen para consolidarse aun más.

El pasado 16 de diciembre venció el período de los gobernadores de estado. Lamentablemente, la legislación venezolana otorga absoluta discrecionalidad al Consejo Nacional Electoral para convocar elecciones, no hay una fecha fija para los comicios. Así que el CNE, saltándose la Constitución para servir a los intereses de una casta que se sabe incapaz de ganar elecciones, decidió otorgar una ñapa a los gobernadores que no sabemos cuánto durará. El CNE prometió, a finales de 2016, convocar a elecciones el primer semestre de 2017, pero a esta fecha no se ha discutido cronograma alguno en el directorio del Poder Electoral.

Descartar la importancia de las regionales es castigar al pueblo que sufre el mal gobierno del PSUV. El abuso, la corrupción, la ineficiencia: ese modelo nacional se reproduce en cada estado donde gobierna la coalición oficialista. El continuismo de esa gestión lo paga, como siempre, el pueblo. Pero subestimar la importancia de las regionales es, también, no comprender la sociología política del chavismo.

El modelo oficialista está basado en el clientelismo rentista. Engordaron el tamaño del Estado, con una nómina que sobrepasa las tres millones de personas. Un número significativo de esos millones no trabaja en el gobierno, sino que cobra por el gobierno. La diferencia es significativa: es la que existe entre el funcionario de carrera y el parásito del erario. Y esta dinámica perversa, que vemos en PDVSA y en tantos organismos “nacionales”, se reproduce, aguas abajo, en las gobernaciones y alcaldías.

De modo que sacar al chavismo del poder en las gobernaciones no sólo es la oportunidad para que la buena gestión remplace a la ineficiencia, sino que es desmontar la base clientelar de apoyo del oficialismo en las regiones. Si creemos en la probidad de los candidatos alternativos, eso significará que el dinero que hoy va a pagar activistas políticos, colectivos y agitadores irá, en cambio, a escuelas, hospitales, infraestructura y programas sociales. Pero, más aun, perder las gobernaciones, y con ellas la plataforma clientelar, socava desde abajo las bases del poder chavista.

De modo que no, no se trata de unos “carguitos” que la oposición busca negociar a cambio de la estabilidad del régimen. No opera una lógica del “o”, sino que se impone la lógica del “y”. El planteamiento regionales “o” salida del gobierno nacional es engañoso, y es utilizado astutamente por el poder para dividir las aspiraciones ciudadanas. Todo lo contrario, la lucha por las gobernaciones está en el marco de recuperación de las instituciones democráticas y de una manera distinta y mejor de hacer política y gestión. Lejos de ser incompatibles, regionales y salida del gobierno, las regionales representan una oportunidad más, un paso más, para el desalojo del chavismo del poder que hoy tiene secuestrado en función del control y los privilegios.

Asumamos, pues, la senda por las regionales como una reivindicación de la democracia, de la descentralización y del cambio. Eso sí, exijamos también democracia a los que se dicen demócratas, y pongamos la decisión en manos del pueblo: primarias para una unidad fuerte, legítima; gobernadores democráticos como punta de lanza del gran proyecto democratizador.


Publicado en RunRunes el 24 de enero de 2017.