La comparsa del PSUV

Escribimos estas líneas a dos días de la fecha pautada para votar una iniciativa que Nicolás Maduro ha llamado constituyente, sin serlo. Fuera de la Constitución, la camarilla conservadora del poder y los privilegios ha usurpado la soberanía popular para convocar, sin consultarle al pueblo, a lo que hoy los venezolanos vemos como una evidente estafa y un fraude. Una burla.

Por un segundo, pareció que iba a prevalecer la sensatez y que la propuesta “constituyente” sería retirada. Por un segundo y a última hora, pero ¿qué más venezolano que eso? No sucedió. No hubo negociación ni acuerdo. Menos diálogo. Aunque algunos aplaudan, es una pésima noticia para el país. Nuevamente, ha sido derrotada la política y el gran beneficiario es el régimen que, como insistimos la semana pasada, es patentemente antipolítico, dado más bien al exterminio del contrario y la aniquilación de la disidencia.

Dijimos que le han llamado constituyente, sin serlo. Y es que, a todas luces, lo que han planteado no es una Constituyente, como lo fue la de 1947, como lo fue, con todos sus bemoles, la de 1999. Esta pantomima se parece más a un “congreso de la patria”, a una instancia de ellos, con ellos y para ellos. Ellos, el grupito. Los demás, el país, no tenemos cabida. Sí, la fulana constituyente es poco más que una convención obligada del PSUV.

Personas sin ninguna entidad desfilan como candidatos. Ni ellos están claros de qué hacen allí. Para, supuestamente, modificar las bases del destino compartido de 30 millones no buscaron a los mejores, sino a lo que había, a lo que quedaba del raspadito de la olla roja… Junto a ellos, que son evidentemente el relleno, los que, por rayados, no les importa la raya. Y sobre todos ellos, los únicos que importan: el grupito que decide, conformado por los pesos pesados de siempre, los del guiso, los de las sanciones, los ligados a lo turbio, los militares manchados. Allí, entre la burla y la farsa, ellos saben el verdadero objetivo de la constituyente: eliminar los controles y sofocar a la disidencia pero, sobre todas las cosas, saben que en esta mamarrachada se juegan el control del oficialismo, el dominio del pranato.

Lo de la constituyente es una comparsa del PSUV. Militantes, empleados públicos temerosos y militares obligados por un Alto Mando en violación permanente y flagrante del artículo 328 de la Constitución están llamados a ponerle carne a lo que todo el pueblo sabe es apenas un mal teatro. Algunos votan, nadie elige nada.

No será a través del fraude constituyente que podrá una pandilla sin apoyo popular someter al Bravo Pueblo de Venezuela. Este país, el de “obligado, ni a la esquina”, el del “cuero seco”, no se resignará a vivir de rodillas. Todo lo contrario, la comparsa del PSUV agudizará el conflicto e incrementará la tensión. El domingo la siembra es de profunda ingobernabilidad.

No, no se acaba Venezuela el 30. Vendrá el 31, y luego el 1 de agosto, y de septiembre, y de octubre. Saldrá el sol cada día, y junto a él un pueblo decidido a recobrar su libertad, su dignidad y su calidad de vida. Eso viene, lo demás solo existe en las fantasías de los que pretenden, sin que nadie los quiera, dominar a la Nación.

“Ya vengo”

Luego de tres años y 107 ediciones escribiendo política de una manera distinta, hoy me despido de nuestros lectores. Nuevas oportunidades de formación profesional me mantendrán alejado de estos Editoriales. Formación para servirle a Venezuela, ¡para devolverle tanto! Es apenas un “ya vengo”. En este tiempo, PolítiKa UCAB ha logrado consolidarse como un referente del análisis político en Venezuela, continuando el camino ya andado por su fundador y primer Editor, el profesor Gustavo Moreno. Esto es obra de nuestros articulistas, de sus plumas agudas y opiniones críticas, que suman al debate que toma y ha de tomar nuestra patria, y de nuestros lectores, siempre atentos, críticos y consecuentes.

La revista queda en las mejores manos. A partir de la semana que viene, Elvia Gómez asumirá las riendas como Editora. Elvia no necesita presentación, es una cuarto bate del periodismo y sabemos que, sin duda, llevará a PK a niveles aun mayores de proyección y éxito. Le deseo a Elvia todo el éxito del mundo en esta nueva tarea.  Por mi parte, estaré estrenando una nueva columna para seguir aportando a la discusión.

Quiero agradecer a mis amigos y compañeros del Centro de Estudios Políticos, y particularmente a nuestro Director, Benigno Alarcón, por la confianza y la gratísima tarea que me encomendó en estos años frente a la revista. También, quiero agradecer especialmente y extender un reconocimiento público a Daniela Chacón y Carlos Chirino, quienes trabajan la magia que no se ve detrás de PolítiKa UCAB, de sus plataformas y redes. Sin ustedes, sin su trabajo, esta revista no sería lo que es. Y a todos nuestros lectores, gracias nuevamente por acompañarnos en este esfuerzo que apenas comienza…


Publicado en PolítiKa UCAB el 28 de julio de 2017.

Otra vez, la barbarie

La escena es brutal. Hombres armados y encapuchados asaltan el Palacio Federal Legislativo. Atacan con cohetones, palos, cabillas. Abren fuego, a plomo limpio. En el suelo, el diputado Armando Armas yace herido, sangra, mientras una rueda de mercenarios lo ataca sin cesar. En otro punto, el diputado Américo De Grazia cae herido, también sangra y convulsiona. No son los únicos: diputados, periodistas, trabajadores, todos víctimas de estos que, lo hemos dicho antes, no son hijos de Bolívar, sino de Monagas. Viendo los toros desde la barrera está el coronel Lugo con sus hombres de la Guardia Nacional. Su misión es defender el Palacio y la integridad física de los diputados, pero sirven otros propósitos, responden a otros intereses, a otras órdenes: abren las puertas del Parlamento a los violentos y observan, entretenidos, la arremetida contra los representantes del pueblo. Son cómplices. Camaradas.

La sede de la Asamblea Nacional es asediada por horas. Cuando finalmente logran salir quienes han asistido a la sesión por el Día de la Independencia, lo hacen bajo una lluvia de agresiones. Ya todo había sido advertido, avisado más bien. Diosdado Cabello, en su televisada oda al odio, había amenazado con estas acciones. El coronel Lugo había ya dado su infame empujón a la democracia y a las formas republicanas. Al agredir a Julio Borges dejaba claro el mensaje: aquí mandamos los militares, no hay subordinación al poder civil, aquí hacemos lo que nos da la gana. Vergonzoso. Alias “Cabeza e’ mango” se atribuye, orgulloso, el asalto al Parlamento. Está libre, por supuesto. Por menos de eso hoy hay venezolanos presos, juzgados por tribunales militares y asesinados por la dictadura.

A Mario Silva le preguntan por sus propuestas a la Constituyente y responde “meterlos presos a todos”, junto a una ráfaga de improperios que no viene al caso reproducir. Colectivos con armas largas se pasean impunemente por las ciudades, disparando a la gente. Los militares y cuerpos policiales se hincan a su paso, humillados. La orden es clara: son intocables. Jóvenes son torturados, les hacen beber gasolina hasta vomitar. Venezolanos de bien son apresados arbitrariamente. El TSJ se salta la Constitución, como de costumbre, para hacer una designación chimba de una “Vicefiscal”, también chimba. No hay República. Una mafia se apoderó del Estado para instaurar una malandrocracia y desangrar a la Nación en beneficio de intereses oscuros. Es el signo de la barbarie. Otra vez, la barbarie…

Los venezolanos leemos con mucho orgullo al Gallegos de Doña Bárbara. Sabemos lo que allí retrata, lo que quiere representar. Generaciones de venezolanos nos criamos viendo la dictadura a lo lejos, como recuerdo y testimonio de lo que, con mucho esfuerzo, sangre, exilio y lucha, superamos como Nación. Nunca pensamos que saldrían secuelas en pleno siglo XXI.

La barbarie es orgullosa. Diosdado Cabello aplaude de pie al coronel Lugo, el que dio el empujón a la democracia. El teatro, repleto de militares, sigue el ejemplo. Lo que no pueden por los votos lo hacen con las balas. Esa es la promesa de una mafia inescrupulosa y bárbara, declarada en guerra contra el bravo pueblo de Venezuela.

Frente a la barbarie, toca izar las banderas de la civilidad, del republicanismo y de la democracia. El malandraje está guapo y apoyado, pero es repudiado. Al final, no podrá la malandrocracia sostenerse por la fuerza de las capuchas y las armas. Venezuela está unida en un grito por el cambio, por la libertad y por la prosperidad.  Como ayer, se trata de una lucha de la civilización contra la barbarie. Esta vez, el reto está en lograr, sobre la barbarie, una victoria irreversible y definitiva.


Publicado en PolítiKa UCAB el 7 de julio 2017.

Estado de terror

Ha muerto el Estado de Derecho en Venezuela. La norma es el atropello, el capricho del mandamás, el autoritarismo. El régimen desconoce la Constitución a más de un mes de siquiera instalar su fraudulenta constituyente. Presumen que lo que falta es un trámite, que ya la “bicha” está moribunda. Los verdugos de la Constitución son también los verdugos del pueblo venezolano: son los responsables del hambre que sufre la gente, del hampa desbordada que enluta a las familias, del colapso del país, que hace que nada sirva, que nada funcione. Y también son los verdugos en el sentido más directo: son los que halan el gatillo ante venezolanos armados solo de su irreverencia y ganas de vivir en libertad; son los que dan las órdenes, los que dicen una cosa frente a las cámaras que la realidad se encarga de desmentir, demoledoramente, en el día a día.

Les ha importado poco asesinar a decenas de venezolanos. Les tiene sin cuidado que el país entero los desprecie y se oponga a su proyecto de dominación. El régimen se ha atrincherado, con unos costos de salida elevadísimos producto de sus violaciones a los Derechos Humanos y de sus lazos con el mundo del crimen organizado internacional. Son la anti Patria, y están dispuestos a llevarse a Venezuela por delante en su empeño por aferrarse al poder y los privilegios.

Todo fue una estafa. Toda la cantaleta socialista, democrática y participativa terminó en la instauración de un Estado policial, uno que resulta ser malandro y policía a la vez, en el país donde las fuerzas del orden se han llenado de hampones mientras los funcionarios honestos se ven humillados, a sus órdenes.

Está claro que solo quieren más control, más poder. Nada en beneficio del pueblo, ni un plan para la ciudad, para los poblados. No hay gerencia pública, no se piensa en gestión. Solo se reparten cargos con nombres rimbombantes que terminan siendo poco más que cajas chicas, chapas y premios a la incondicionalidad y a la complicidad.

Muerto el Estado de Derecho, instauran el Estado de Terror. Persecución, allanamientos, muerte. Detenciones arbitrarias. Todos somos sospechosos, nuestro delito es militar en la democracia, en la Constitución y en la venezolanidad. El chavismo ha sido un proyecto antipolítico desde su génesis: lo suyo es la aniquilación del contrario, el exterminio del otro, no el reconocimiento, mucho menos la conciliación ni la resolución de las diferencias por medios civilizados.

Ninguno de nosotros fue socializado para la dictadura, y el relato heroico de la conquista de la democracia, pensábamos, formaba parte de nuestro acervo histórico, familiar, uno que nos llenó siempre de profundo orgullo, pero jamás pensamos que nos tocaría, en pleno siglo XXI, enfrentar de nuevo a las tinieblas, a las botas, a la barbarie. El Estado de terror vislumbra días oscuros para Venezuela. Necesario es, entonces, ser la luz, cada quien desde su espacio. Ser la luz para impedir que la tiniebla se imponga y nos apague los sueños definitivamente.

 

Son momentos de terror. También de incertidumbre. Una cuenta regresiva terrible se cierne sobre los venezolanos. Un día menos para la estafa constituyente. ¿Qué va a pasar aquí? Quien afirme tener la respuesta única y definitiva miente o es brujo. De lo que sí tenemos certeza es de algunas verdades incontrovertibles: Que el pueblo venezolano es fuerte y bravo, que no se doblega, que asume las luchas con valentía y arrojo; que los venezolanos nos oponemos al proyecto autoritario, pirata, malandro y criminal del régimen que representa el statu quo; que no podrá jamás una ínfima minoría, un grupito celoso de los privilegios, arrodillar a este, el país del cuero seco; que en la diversidad, los venezolanos nos miramos a los ojos y superamos cualquier diferencia para enfrentar las pretensiones de quienes se juran amos y ven al pueblo como siervos; y que pretender imponer, con una constituyente, la dominación de un pueblo como el nuestro es irreal e insostenible. Estas y otras son verdades evidentes.

No sabemos qué va a pasar, lo que sabemos es que vienen días en los que los venezolanos enfrentaremos y tendremos que superar las más duras pruebas ante una casta inescrupulosa, que le importa nada llevar esto a la guerra civil con tal de conservar sus parcelas. En estos momentos, toca crecernos como Nación, toca organizarnos barrio a barrio, calle a calle, en defensa de los valores más preciados de la venezolanidad y unidos en ese grito eterno por la libertad, la justicia y la paz que jamás podrán acallar las bayonetas y las botas.

 

Foto: Miguel Gutiérrez / EFE

Publicado en PolítiKa UCAB el 23 de junio de 2017.

El país contra el abuso

La constituyente tiene pies de barro. Pretendieron hacerla de espaldas al país y el país le dio la espalda. Todos saben de qué se trata: no es para mejorar la Constitución sino para saltarse los controles. No es para favorecer al pueblo sino para esclavizarlo. Solo un grupito, la casta que se aferra al poder y los privilegios, la enarbola. Nació muerta.

Ya hemos dicho que la constituyente no resolverá nada: no solucionará la gravísima crisis que vivimos ni es necesaria para solucionarlos. Tampoco promoverá la resolución del conflicto político, sino que lo agudizará. En todos sus cometidos confesables, la propuesta constituyente fracasó antes de nacer. En los inconfesables está el detalle.

Con la constituyente queda clara la superación de la dicotomía simplista “gobierno vs. oposición”. Que organizaciones tan disímiles como la Conferencia Episcopal y Marea Socialista, ambas, se opongan, no es producto de connivencia ni saltos de talanquera. Si coinciden la Fiscal, el Presidente de la Asamblea Nacional, factores del Polo Patriótico y hasta la Confederación Indígena Bolivariana de la Amazonía es porque el reclamo democrático se ha tornado nacional. Esto ya no es PSUV contra MUD, es Venezuela toda, el país, contra el abuso, la ineptitud y el autoritarismo. La MUD no tiene, ni ha tenido, el monopolio del descontento. Eso es natural. Hoy, los venezolanos de distintos estratos sociales, procedencias políticas y visiones ideológicas se unen en una lucha por el futuro, ese futuro que la dictadura pretende negar.

Una de las posturas que ha generado más impacto en la opinión pública y el mundo político es la de la Fiscal General de la República que, acertadamente, ha decidido retomar la senda institucional. Luisa Ortega Díaz ha denunciado con gallardía la estafa constituyente, y lo ha hecho desde un organismo clave del Estado e, igualmente importante, desde su condición de chavista, sin cambiar de alianzas ni incorporarse a la oposición.

La Fiscal presentó, ante la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia, un Recurso contencioso electoral de nulidad conjuntamente con amparo cautelar y medida cautelar innominada de suspensión de efectos contra la constituyente, e invitó a todos los venezolanos a acudir al TSJ y adherirse como terceros interesados. En una comunidad política recelosa de acompañar iniciativas de otros, esta propuesta ha sido recibida con respaldo casi unánime. Partidos de la MUD y del Polo Patriótico convocan a sus militantes a acompañar la propuesta de la Fiscal. También lo hacen distintas voces de la sociedad civil organizada. De nuevo, ya no es un grupo contra otro, sino el país contra los sepultureros de la democracia.

Los esfuerzos por impedir una constituyente fraudulenta se esparcen por toda Venezuela. Además de la iniciativa de la Fiscal, factores de la MUD proponen la conformación de Comités por el Rescate de la Democracia. Otros referentes organizan un Frente de Defensa de la Constitución. Dirigentes políticos de todo signo giran el país con la intención clara de hacerle frente a la disolución de la República. Los estudiantes permanecen en las calles presionando y llevando el mensaje del cambio. Todos son necesarios.

Los próximos días serán cruciales. Los venezolanos tenemos el compromiso ineludible y la honrosa responsabilidad de defender la democracia y ponerle la mano en el pecho al autoritarismo. En ese esfuerzo debemos ir juntos, en la heterogeneidad del reclamo, a promover la Venezuela del mañana: la del encuentro y el entendimiento, la de la superación de la crisis y la promoción de la prosperidad y el progreso, la de la justicia y la libertad. La fuerza es la unión en esta lucha del país contra el abismo de la autocracia.


Publicado en PolítiKa UCAB el 10 de junio de 2017.

Impedir la constituyente

El régimen pretende imponer una constituyente “a juro”. Para ello, se sirve de la subordinación del Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral, que han avalado esta iniciativa tan claramente inconstitucional que hasta los libros escolares de primaria de la Colección Bicentenario los dejan en evidencia. Dice el presidente que con la Constituyente se solucionarán los problemas del país. Miente. También dice que la Constituyente permitirá alcanzar la paz. También miente.

La Constituyente no resolverá nada. Si el régimen quisiera resolver los problemas del país tiene cómo hacerlo sin necesidad de desechar la Constitución. Hoy, no hay comida y la que hay pocos la pueden pagar, no hay insumos en los hospitales, las morgues siguen acumulando víctimas de la delincuencia y la violencia. No hace falta una constituyente para resolver esos problemas. Lo que sí hace falta es un nuevo gobierno, que dedique los recursos del país, no a la compra de armamento de guerra para emplearlo contra el pueblo ni al derroche clientelar con el que asumen cada campaña electoral, sino a atender las necesidades más urgentes de la población y a reactivar la economía que hoy es profundamente disfuncional. Lo que hay que cambiar no es la Constitución sino a un gobierno inepto.

El deber de todos los venezolanos es impedir esta constituyente fraudulenta. Lejos de traer paz, escalará el conflicto. La constituyente es gasolina para la candela. Los venezolanos, que cumplen más de sesenta días resistiendo la más terrible arremetida oficial y paramilitar, no regresarán a sus casas ante la pretensión del régimen de eternizarse en el poder, evadir el juicio popular y desarticular la República para lograr la dominación total de la sociedad.

Para impedir la constituyente, urge darle mayor conducción política al conflicto. También es fundamental condenar la violencia y evitar que desvirtúe los objetivos de la protesta y cohesione al régimen. La organización es clave en la tarea de lograr, en cada calle, en cada comunidad, la acción concertada de la inmensa mayoría de los venezolanos que defienden la democracia y la Constitución. Vecinos, partidos políticos, estudiantes, trabajadores, empresarios. En esta hora aciaga para la Patria, todos somos necesarios.

La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo. Es hora de ejercerla en defensa de los ideales más preciados de la venezolanidad.


Publicado en PolítiKa UCAB el 2 de junio de 2017.

El (auto)engaño de la Constituyente

El presidente Nicolás Maduro avanza tercamente en el diseño de lo que ha llamado Asamblea Constituyente sin serlo. Lejos de representar una oportunidad para el encuentro y para la resolución de la grave crisis política, económica y social, la “Constituyente” de Maduro promete agudizar el conflicto.

Esta “Constituyente” es la respuesta más reciente del chavismo a una realidad muy concreta: la incomodidad que le genera al régimen la Constitución Bolivariana y el Estado de Derecho. Esto no es nuevo. Ya a Hugo Chávez le había “quedado chiquita” la Carta Magna en su intento por concentrar más poder y ejercerlo de manera ilimitada. Así, propuso una serie de reformas a la “mejor constitución del mundo” en 2007 y fue derrotado por el pueblo. En 2009 pretendió eternizarse, él y solo él, en el poder, y tuvo que reformular el planteamiento ante el revuelo causado por las ansias compartidas de gobernadores, alcaldes y demás funcionarios electos del chavismo, quienes, como el comandante, también querían gobernar para siempre. Luego, Chávez simplemente desoyó la voluntad popular e impulsó, a juro, lo que los ciudadanos rechazaron con su voto en 2007.

Aunque no respeten la Constitución, aunque el ministro de la defensa firme sus misivas con un “¡Chávez Vive… la Patria Sigue! ¡Independencia y Patria Socialista!” que viola flagrantemente su artículo 328, la coyuntura le pide a la dictadura una nueva, que legitime el tránsito al comunismo y acabe con la acusación, dolorosa por cierta, de que no respetan la Ley. Todo esto va en el marco de la autocratización evidente del régimen, producto de la pérdida de competitividad.

La “Constituyente” es, por supuesto, un fraude. No solo ha sido convocada de manera ilegal, recibiendo el beneplácito de la presidenta del CNE en un acto bochornoso que deja la mancha indeleble de la vergüenza en su paso a la historia, sino que las bases comiciales que propone, además de violar la Constitución que, recordamos, sigue vigente, representan un retroceso descomunal. Al corporativizar el voto, Maduro se sirve del instrumento de viejas elites y oligarquías, y continúa su marcha galopante al siglo XIX.

La “Constituyente” no tendrá éxito. El régimen insistirá, tercamente. Se organizará la “elección” donde ya Maduro eligió. “Votarán” muy pocas personas y el CNE de la dictadura pretenderá validar todo aquello. Será en vano. La crisis se incrementará, el conflicto subirá de tono y, lejos de lograr la legitimidad ansiada, el régimen quedará más desnudo que nunca como una casta enfocada en los privilegios y rehén de la acción criminal de sus cabecillas. Actuarán a lo cubano, y el pueblo responderá a lo venezolano.

La “Constituyente” de Maduro es insostenible. Representa un gigantesco engaño y, más aun, un autoengaño evidente para quienes creen, desde el gobierno, que logrará legitimar la militarización de la sociedad, o la legalización del abuso, o el exterminio del contrario. Esta “Constituyente” es una torpeza, la más grande quizás, que acelerará lo inevitable: la salida de un régimen que se ha manchado las manos de sangre combatiendo al pueblo que juró servir.


Publicado en PolítiKa UCAB el 26 de mayo de 2017.

Resistir

Por más de cuarenta días, el pueblo venezolano ha resistido heroicamente en las calles. Es la misma protesta de siempre, y al mismo tiempo una protesta enteramente nueva. Es la de siempre porque alza la voz en defensa de la democracia, la libertad y la calidad de vida. Es nueva, porque ha cambiado la composición de la masa, que hoy se confunde en un mar heterogéneo de procedencias y reclamos y, sobre todo, porque hoy presenciamos la articulación política de la protesta social. Atrás quedaron la polarización política entre dos mitades, y las divisiones artificiales de clases sociales y puntos cardinales, asociadas a la filiación política. Es el país todo contra un pequeño grupo, tornado en casta conservadora de los privilegios y el statu quo.

No es fácil hacer el balance de la protesta, sobre todo porque casi cuarenta familias lloran hoy a las víctimas de la represión oficial y la arremetida paramilitar gobiernera. No son meros números ni estadísticas, son los nombres y apellidos de nuestros vecinos, amigos, hijos y compañeros; de los que salieron de sus casas a construir un futuro mejor y no pudieron regresar. Son hoy los mártires de la democracia del mañana. Sí, la protesta ha dejado un dolor profundo en el alma de la Nación pero, lejos de lo que podía apostar el aparato represor, el carácter decidido y no violento de la ciudadanía en las calles ha respondido a la saña criminal con más calle, más determinación y más protesta.

No han tardado en mostrarse públicamente las fisuras que la presión ha generado en el régimen. La Fiscal General de la República ha tomado una distancia considerable, retomando la senda institucional; voces del Polo Patriótico se levantan en defensa de la Constitución que el presidente pretende desechar por no servirle a su proyecto de dominación; la disidencia chavista ha protestado enérgicamente las pretensiones autoritarias del poder. Incluso efectivos policiales y militares, en el marco de la ley, alzan la voz en contra del abuso. Hoy la colectividad tiene el reto importantísimo de abrirle la puerta a la disidencia. No es el tiempo del “¡¿Ahora sí?!”, no es momento de pasar factura. Es el tiempo de la reconciliación y de la construcción de un futuro compartido.

También fuera de nuestras fronteras las grietas, producto de las desafecciones logradas por la protesta y el búmeran de la represión contra un pueblo desarmado, le ha restado aliados a un chavismo que se va quedando solo, asumiendo una posición cada vez más aislacionista y esquizofrénica en el tablero mundial.

Han sido días de avances importantes en la senda democratizadora. También días de profundo e inmenso dolor, el de la juventud truncada, el de la indignación y la rabia. Al final prevalece la luz, la que se asoma al final del camino con la promesa de un futuro mejor para todos los venezolanos.

¿Cuánto más puede durar esto? ¿Qué hay del agotamiento de las personas? No hay respuestas mágicas, pero la capacidad de resistencia de los venezolanos ha sido inspiradora para el mundo entero. Lo que sí es urgente es darle mayor conducción política a la protesta, socializar los logros, y plantear un punto de llegada, uno que incluya lo que, sea lo que sea, terminará ocurriendo: sentarse a conversar. Y en este contexto, la conversación será siempre con el otro, así el otro represente la cara más oscura del oprobio. Que se trate de una negociación con una agenda concreta y la presión de millones en las calles, y no de un show estéril es un desafío crucial para el liderazgo. Del mismo modo, es fundamental no ceder ante la violencia que, como hemos comentado, es el único terreno que favorece al régimen autoritario.

Mientras tanto, Venezuela resiste. Resiste el abuso y la represión. Resiste el atropello, la criminalización de la protesta y de la juventud, la vagabundería de funcionarios policiales y militares convertidos en viles bandidos que roban a la gente con las excusas que da la patente para reprimir. Y resiste lo que llevó a la gente a las calles en primer lugar: un país en ruinas, sin comida, a merced del hampa y con un gobierno divorciado de las necesidades de la gente, empeñado en un proyecto de control total ajeno al espíritu de la venezolanidad.

¿Y qué queda? Resistir, e insistir en las convicciones, en la tarea de construir un país distinto, sin odios, lleno de oportunidades para todos, abierto a la reconciliación. No queremos más muertes, no queremos más violencia. No queremos un gobierno enemigo de su pueblo. Lo que queremos todos los venezolanos es un país donde podamos vivir la vida que tenemos razones para valorar, en paz y en libertad. Que el esfuerzo y los sacrificios se cristalicen en una Venezuela libre y próspera es algo que la Patria sabrá recompensar a sus hijos, a los que luchan hoy y a los que la disfrutarán mañana.


Publicado en PolítiKa UCAB el 12 de mayo de 2017.