World Insight: What is behind Venezuela turnmoil

By CGTN’s Ding Dai
The divisions among Venezuelans and between the government and the opposition are not new. And protests have been going on since the economy went bad.
Prices rose by 800 percent in 2016, with the IMF predicting inflation could hit 2,200 percent by the end of this year. Meanwhile, the economy shrunk by 18.6 percent last year, according to Reuters.
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“Venezuela has been a very polarized society in the last 20 years,” Daniel Fermin, researcher for the Center of Political Studies at the Andres Bello Catholic University, told CGTN’s World Insight.
Some 86 percent of the population now have different views on the country’s future or the political system, he said. This includes Chavistas – supporters of former president Hugo Chavez – and even current Chavistas that don’t identify with President Nicolas Maduro.
For Maricruz Magowan, vice president of the National Economists Club, simply removing Maduro will not solve the problem inside Venezuela. That might take years. 
“We haven’t heard of these kinds of protests for 15-16 years. Why? Because they were receiving things for free. That is not sustainable,” she noted. 
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Venezuela’s four-year economic recession has caused shortages of food and medicine. Polls suggest Maduro’s party will have difficulty winning another presidential election.
Maduro says opponents are seeking a coup with US support and harbor «terrorists» and «murderers» in their ranks.

The 54-year-old successor to Hugo Chavez is setting up a super body known as a «constituent assembly» with powers to rewrite the constitution, shake up public powers, and potentially replace the legislature. But Maduro insists he’s open for dialogue with his opponents and is willing to end the violence.


Interview for CGTN, published on May 9, 2017

El futuro en crisis

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Una encuesta realizada por CECODAP y CISOR, presentada en noviembre de 2016, da cuenta de los Efectos de la crisis económica y política en niños, niñas y adolescentes en el Área Metropolitana de Caracas. Se trata de una situación dramática, que pone en jaque el futuro de la Nación.

La crisis ha obligado a las familias a cambiar sus hábitos. Esto va desde la alimentación, pasando por la recreación, hasta llegar al mismo trato intrafamiliar. Estos cambios, sostiene el análisis de los resultados de la encuesta coordinada por Matilde Parra, pueden atentar contra los derechos fundamentales de los niños y adolescentes.

Podemos comentar que 98,2% de los entrevistados contesta que en sus hogares ha cambiado la alimentación en el último año, producto de la crisis. También que 86,09% de los hogares no dispone de dinero para dedicar a la recreación, un tema clave y no accesorio en esta etapa del desarrollo humano. O destacar que la crisis de confianza y de referentes se expresa cuando los más jóvenes dicen admirar no a figuras de las artes, la política, el deporte o la religión, sino fundamentalmente a sus papás y demás familiares. Lo cierto es que 70% de los hogares venezolanos enfrenta situaciones muy duras que, producto de la crisis, afectan el desarrollo del que con facilidad tildamos como “el futuro del país”…

Hemos dicho en distintas oportunidades que esta, la peor crisis desde la Guerra Federal, ha roto la polarización política y afecta a todos los venezolanos. Nadie tiene hoy refugio absoluto de la grave situación. Los adultos seguimos, “guapeamos”, por eso los niños admiran a los padres, como revela el estudio, por su capacidad de seguir adelante en medio de la adversidad. Pero los niños y los adolescentes están padeciendo la crisis de una manera terrible en una etapa fundamental de su desarrollo.

La familia es el último recurso que le queda a la sociedad venezolana. Sin embargo, la crisis ha ido erosionando, también, la dinámica familiar.  El desempleo y la falta de dinero son hoy la primera causa de discusiones en los hogares y las dificultades para conseguir alimentos desestabilizan la dinámica del hogar. Cada vez más, los padres deben pasar tiempo fuera de casa, en colas, en lugar de atender las necesidades de los más pequeños de la casa. Atrás quedaron los días en los que los niños recibían juguetes, ropa, calzado e incluso productos necesarios para su alimentación. Simplemente el presupuesto familiar no da.

11 son los puntos que, a modo de recomendaciones, propone CECODAP como “ideas a favor de la niñez y la adolescencia”, y que pueden consultarse aquí.  Se trata de un trabajo encomiable, que parte de una preocupación genuina sobre una población especialmente vulnerable, que crece y padece en revolución, encerrada, por ahora, en el callejón del fracaso del modelo chavista.

Y de eso se trata. El colapso del chavismo no se circunscribe al mundo político, a la MUD, a las tendencias internas del GPP, a los militares. El colapso del chavismo, la resaca de 18 años de irresponsabilidad, violencia, corrupción, incapacidad y arbitrariedad, compromete especialmente a los que solo han conocido esto, a los que son “made in Socialismo del Siglo XXI”. Es el futuro, hoy truncado por un régimen que ha significado un atraso a todo galope hacia el siglo antepasado.

Por eso, cerramos 2016 insistiendo en que urge cambiar. Cambiar para abrir las puertas al futuro, a un futuro de inclusión, solidaridad, prosperidad y progreso para todos. Un cambio de verdad, no solo de caras, que se encamine en la superación del rentismo y del clientelismo, que desangran los recursos escasos que deberían dedicarse a la gente. 2017, lo sabemos, no viene fácil. Nuestro deseo para el año que entra es que nos dé la sabiduría para enfrentar los desafíos complejos de la terrible crisis nacional y nos ilumine el camino hacia la superación de este horrendo calvario.


Publicado en PolítiKa UCAB el 16 de diciembre de 2016.

Los venezolanos quieren «que el liderazgo político guarde el palo»

Daniel Fermín: linchamientos llevan a «una erosión mayor del vínculo social entre los venezolanos»

El sociólogo de la UCAB afirmó que el Caracazo ocurre todos los días en las colas. Aseguró que el Estado «ha perdido el foco» y advirtió que el conflicto en el país va a seguir escalando si las demandas de la gente no son atendidas.

Daniel Fermín es la viva constatación de que “hijo de gato caza ratón”. Sociólogo de profesión y vocación pero también enamorado de la historia, se forjó entre dos P: periódicos y política. “Todos los días leíamos todos los periódicos”, rememora.

Su padre, el dirigente político Claudio Fermín, se enfrentó en los años 80 y 90 del siglo XX a las cúpulas de su partido, Acción Democrática, y se convirtió en el primer alcalde electo por el voto popular en el municipio Libertador (Caracas). Su mamá, Rosanna Álvarez, es “una caraqueña de Sarría”, mujer popular de pura cepa. Por su tía abuela, Mercedes Fermín, este profesor e investigador de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) conoció el valor de la democracia y del debate. “Venir de una familia que sufrió cárcel sembró en todos nosotros un profundo amor por la democracia venezolana y también por la sensibilidad social”, confía.

Los «lentes» de sociólogo, sumados a todos los nutrientes del debate político que absorbió en su hogar, le permiten a este joven de 31 años de edad poner en palabras lo que muchas venezolanas y muchos venezolanos observan a diario: el país se deshace entre reglas poco claras o ausencia de ellas, entre el envilecimiento de las relaciones sociales y el choque entre bloques políticos.

“En Venezuela hay anomia, pero no es reciente”, precisa Daniel Fermín en entrevista con Contrapunto. “La concepción original de anomia se refiere a la ausencia de reglas claras en la sociedad, y pareciera que es lo que está pasando ahora”. Incluso, aventura una premisa: “Para mí, El Caracazo ocurre todos los días”.

Un Estado roto

-¿Cuál es el punto de partida de la anomia?

-El debilitamiento de las instituciones, proceso que lleva más de 17 años. Tenemos más de 25 años con un debilitamiento sistemático, sostenido de las instituciones. La gente cada vez cree menos en las instituciones. Las instituciones no dan respuesta y por eso la gente toma la calle. Las cifras indican que hay protestas, linchamientos e intentos de saqueo porque la gente siente que protestar en la calle es la única manera de resolver los problemas.

-¿En la calle los resuelve?

-A veces sí, y habría que ver si en la calle la gente siente que obtiene más respuestas que por los canales regulares, porque además ve al poder de cerca, como no lo ve normalmente. El Estado ha abandonado progresivamente sus funciones. Es curioso que un modelo de Estado que lo controla todo no se haga responsable de nada.

-¿Por qué?

-Porque el de ahora es un modelo concebido para mandar y no para gobernar. Si hay una pata coja en ese proyecto, esa es la gestión pública. No se han mostrado capaces para gobernar, para gerenciar los problemas. Vladimir Lenin decía que la revolución eran los soviets más electricidad, pero a los camaradas actuales se les olvidó la electricidad. El Estado venezolano ha perdido el foco. Tenemos un Estado roto, que ha perdido el foco y las prioridades y que no es capaz de solucionar los problemas de la gente.

«La gente siente que protestar en la calle es la única manera de resolver los problemas», reflexiona

Justos por pecadores

Claudio Fermín es el primer referente político de Daniel Fermín. De su padre aprendió mucho; entre otras cosas, la necesidad de ser muy honesto en el salón de clases. “Los estudiantes no tienen por qué escuchar una paraulata antigobiernera”, enfatiza.

-¿A qué atribuye los linchamientos?

-Ha habido intentos y también linchamientos que lamentablemente se han concretado. Eso responde a que la gente está cansada de no recibir respuesta de las instituciones. En Venezuela hay una impunidad terrible, casi absoluta: se habla de 96% a 98% de impunidad. Si no hay más crímenes es porque los criminales no quieren que haya más crímenes. El sistema de administración de justicia no administra justicia, los policías están frustrados, hay hacinamiento en las cárceles. Debido a la altísima impunidad la gente siente que tiene que tomar la justicia en sus manos, pero esto es muy peligroso y negativo, porque pagan justos por pecadores.

-¿Hacia donde nos llevan los linchamientos?

-Los linchamientos nos llevan hacia una erosión mayor del vínculo social entre los venezolanos. Estamos en presencia de una profunda crisis de confianza, más que de valores. El venezolano sigue siendo una persona solidaria; el modelo de familia venezolana ha sido el último refugio de la gente.

-¿A qué se debe la crisis de confianza?

-La crisis de confianza tiene que ver con nuestra relación con lo público, pero también con la hostilidad que reina en el ambiente y a la que nos hemos acostumbrado.

Hallar puntos de encuentro

Daniel Fermín es contrario a poner etiquetas, porque “devienen en prejuicios”. Se mueve con igual soltura y amplitud entre chavistas y antichavistas. Predica con el ejemplo y rechaza que se quiera picar a Venezuela en dos toletes: el de “los buenos” y el de “los malos”, que cada bando se arroga para sí.

-¿Cómo recuperar la confianza?

-Los venezolanos tenemos que recuperar espacios y puntos de encuentro, más allá de la polarización política. Se nos ha querido decir que estamos partidos en dos toletes y eso no es verdad.

-¿Cuál es la verdad?

-Tenemos un país muy diverso, mucho más diverso de lo que muestra un resultado electoral. Tenemos que hallar puntos de encuentro. Hay un papel que deben cumplir el Gobierno y el liderazgo político y empresarial, que es dejar de apostar por la división del país. Que rememos en la misma dirección para salir de la crisis. El problema es que tenemos un gobierno que se alimenta del conflicto y que no tiene como foco la estabilidad ni el encuentro. El modelo actual busca la aniquilación del contrario y no el encuentro con el diferente. Para recuperar la confianza es necesario procurar el reconocimiento del otro y el encuentro con el otro.

-Si la oposición toma el poder, ¿se repetirá el mismo error?

-Sí, corremos el riesgo de que eso pase. El cambio que quieren los venezolanos no es un cambio de colores; no es ver quién tiene el garrote, sino que cambie la manera de hacer política con garrote. No es ver quién le da el palo al otro, sino que el liderazgo político guarde el palo. La gente no quiere un cambio de colores, sino un cambio en la manera de hacer las cosas. En los estudios recientes realizados en la UCAB hemos constatado que la gente está cansada de la peleadera política. Un país no puede avanzar dividido en dos mitades artificiales. Hay que aprender de las lecciones: el sectarismo debe ser desterrado del juego político en Venezuela.

Hay gente que apuesta por los militares como árbitros, alerta

El Caracazo de todos los días

-¿Qué espera la gente del Gobierno, del liderazgo del chavismo?

-Que nos saquen de esta crisis, que vuelvan las medicinas y los alimentos a los anaqueles; que los servicios sean públicos, porque ahora tenemos una privatización de facto por el abandono del Estado. El que logre dar respuesta a las necesidades de la población se ganará la confianza.

-¿Qué tanto podemos aguantar la situación de ahora?

-Hay gente que teme un Caracazo, pero para mí el Caracazo ocurre todos los días: El Caracazo ocurre todos los días en las colas, en las farmacias y en los hospitales. Todos los días se va descomponiendo un poco y se va erosionando más y más el vínculo social.

Daniel Fermín teme que la población, sometida a la olla de presión del presente, apueste por otro tipo de “salidas”.

“El venezolano no va obligado ni a la esquina. Hay que prestar atención a las demandas de la gente, porque de lo contrario va a seguir escalando el conflicto y ese conflicto va a llegar a puertos donde nadie quiere que llegue”, advierte.

-¿Se sigue esperando una salida militar?

-Creo que hay gente que apuesta por los militares como árbitros. Eso tiene raíces profundas en el militarismo que ha imperado en nuestra sociedad en los últimos 200 años. Antes los militares aparecían entre las instituciones más valoradas, pero hoy no aparecen ni entre las primeras 10, porque están salpicados por acusaciones de violación de derechos humanos, narcotráfico, abuso de poder.

-¿Dónde está la respuesta?

-La respuesta no está en el sector militar. La respuesta está en la gente: en la fuerza de la gente, en que la gente tenga la conciencia de organizarse para la acción y para velar por sus derechos. Que la gente comprenda que los problemas no los solucionará un mesías.


Entrevista para Contrapunto.com el 10 de abril de 2016.

«Vamos a reír para no llorar»

Desde la sociología: la gente no es feliz haciendo colas.

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A no confundir el profundo descontento que está viviendo la sociedad venezolana con un supuesto ‘bochinche’, y ver el humor como una de las tantas maneras para expresar el desacuerdo con el actual Gobierno, llamó el sociólogo Daniel Fermín.

Se ha escuchado decir que los venezolanos de todo sacan un chiste, citando a Francisco de Miranda con su célebre frase: «¡Bochinche, bochinche! Esta gente no es capaz de hacer sino bochinche», se podría deducir que esta práctica no es nueva, y que el venezolano siempre está dispuesto a la chanza y el buen humor como parte de su acervo cultural e identidad, poseen una manera de ser particular y caribeña.

Para el sociólogo Daniel Fermín no es cierto que el venezolano sea solo “bochinche”, sería grave asumirlo como una verdad.

Hay quienes dicen que la gente es feliz en las colas para hacer compras y eso no es verdad, explicó. “Los ciudadanos hacen las colas que les toca hacer, esto no quiere decir que lo hagan felices. Lo que sucede es que tienen que hacerlas porque si no las hacen, no compran alimentos, medicamentos, o lo poco que se consigue”.

La actitud asumida por las personas en las colas es igual que en cualquier otro lugar: “Aquí cabe una analogía que puede parecer un poco oscura, pero engloba bien al caso. Cuando uno va a un velorio consigue gente muy triste, con mucho pesar, pero también hay gente con mucho humor y no se trata que sean personas faltas de respeto, sino que tienen una manera de administrar las realidades”.

¿El venezolano evade la crisis con el humor?

-“No creo que se trate de evasión. Lo que hacemos con el humor es una profunda crítica. Pero detrás del humor, cuando el venezolano dice, `vamos a reír para no llorar´, hay una visión de lo mal que están las cosas, porque la gente no está echando chistes de Jaimito, la gente habla de lo que está viviendo”.

“Lo veo como una profunda crítica social no expresada en los mecanismos donde se puede o debe expresar. Una crítica, una reflexión y nunca de evasión o tomársela a la ligera”.

“Cuando el presidente Maduro se dirige al país, a los pocos minutos empiezan a publicar en las redes sociales frases o imágenes alusivas al discurso del mandatario en forma jocosa. Esto refleja la manera de alzar la voz de un pueblo que cada vez tiene menos medios y recursos para expresarse”.

“No nos confundamos, de repente donde estamos viendo bochinche lo que hay es un profundo descontento, y el humor es una de tantas maneras para expresarlo, claro, no todos lo dicen al estilo de Laureano Márquez”.

“Algunas personas muestran su descontento quemando cauchos o asistiendo a marchas, y hay quienes muestran su descontento a través del humor”.

¿El venezolano hace de su desgracia un chiste? 

-“No es que el venezolano no sea serio, en todas partes encontramos gente muy seria. Estoy convencido que quienes nos gobiernan no son serios y que lo que dicen es tan risible que `nos la ponen de bombita´ para hacer chistes de ellos”.

“Si dicen cosas como que si te bañas en tres minutos no quedas hediondo, como decía Chávez, él no lo hacía a lo mejor, pero lo decía para que las personas se sintieran identificadas con él. Eso no le queda bien a todo el mundo, hay quienes dicen que a Maduro no «le queda bien ser Chávez», que es forzado, esto quiere decir que el presidente no tiene chispa, ni carisma”.

“Lo que sucede con Maduro es que se hace una burla frente a una burla. Es como decir: es tan bufo lo que dices que yo me burlo de ti”.

“Es tan contundente el humor que hasta los líderes políticos están apelando a el para denunciar. Lo hizo Henrique Capriles a través de su cuenta Twitter, al regreso de Maduro de China, le preguntó si había traído leche en polvo al pueblo”.

Perfil: Daniel Fermín, Sociólogo, docente e investigador del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello -UCAB-. Con experiencia en estrategia de nuevos medios, editor de la revista PolítiKa UCAB, articulista de los diarios El Universal, Run Runes y Tal Cual.


Publicado en El Diario de Los Andes el 30 de noviembre de 2015.

Venezuela en cuatro bloques

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Aguantando la respiración.  Así andamos los venezolanos en medio de una crisis generalizada que se caracteriza por el desborde de la inflación, el desabastecimiento y la escasez.  Que nada se rompa, que nada se dañe, que nadie se caiga (sobre la crisis del sector salud podríamos escribir bibliotecas enteras).  Hoy la precariedad y la vulnerabilidad son cruces que cargamos a cuestas los venezolanos comunes y corrientes.

Cualquier imprevisto es un golpe.  Los repuestos de automóviles no escapan, por supuesto, a esta realidad, y cualquier metida al taller implica no sólo la incertidumbre de una fecha de entrega sujeta a la intercesión de santos patronos de repuestos inencontrables, sino la del precio final de unos productos que, precisamente por ser escasos, cuando aparecen son incomprables.  Para el que trabaja con su carro, o el que gracias a su carro puede trabajar en puntos apartados de la ciudad, una falla mecánica puede ser la diferencia entre poder hacer mercado o no, entre comer o no.

Particularmente grave es el problema de los cauchos.  El “no hay”, consigna real, aunque no oficial, de la economía revolucionaria, también domina la actividad cauchera.  El drama para cualquier hijo de vecino comienza cuando se percata de que, caramba, a un caucho le falta aire.  Manejando con cautela, se acerca tempranito a la estación de servicio más cercana, donde le dicen que, qué va, a esa hora no hay aire porque no ha llegado el muchacho, venga más tarde.  Accidéntese en horario ejecutivo.

Si sigue a otra bomba, se percata de que existe un patrón.  A la tercera estación se rinde, en ninguna hay aire.  Estación de ¿servicio? Se estaciona y pasa las horas angustiado por un caucho que está ya casi en el piso.  Cuando sale, va, ahora con más cautela, a otra bomba, donde se da cuenta de que no es cuestión de horario ni de personal.  Las bombas de gasolina ya no tienen aire.  Hasta ese punto llegó el “no hay”.

Se dirige entonces a una cauchera.  En la primera, pareciera mamadera de gallo, ¡no tienen aire! Se dañó el compresor y, naturalmente, no hay repuestos.  Piensa en los puestos de trabajo, en un negocio abierto que no sabe bien cómo funciona sin aire, como panadería sin harina.  Afortunadamente, al lado hay otra cauchera.  Se estaciona, ya preocupado porque ni el caucho de repuesto puede colocar en lugar de este que se ha antojado de dañarse.  Recuerda que, precisamente, el de repuesto está allí porque estaba ya malo para rodar.  Cosas de nuestra vialidad urbana.

En esta cauchera corre con suerte.  Aire hay.  Lo que no hay son cauchos.  O, bueno, hay promoción de cauchos con rines, salen en 72 mil los cuatro, le dicen.  Pero cauchos, cauchos, así solos, no hay.  Sí, él tampoco lo entiende mucho.  Está convencido de que un arreglo así debe ser ilegal.  También sabe que no debe ser negocio para el dueño vender un caucho solo.  Recuerda la ira que le ha producido en el pasado aquel absurdo de que en las areperas no te vendan la popular “viuda”, la arepa sola, aunque la lógica debe ser la misma.  Ira con hambre, la del peor tipo.

Pone cara de poker, como si el precio no lo timbrara, como si fuera algo accesible, pagable en cómodas cuotas o con el ras de un tarjetazo.  Le da la propina al señor que, gentilmente, insufló vida al caucho malo y a otro que va por el mismo camino.  Y así va, ya más curtido a la hora de repetir la rutina, a más tardar en dos o tres días, cuando se vacíe el caucho que difícilmente puede ahora remplazar.

La odisea del caucho no es caso aislado.  Está bien documentado el porque.  El rubro no ha recibido dólares, por lo cual la producción de neumáticos cayó a la mitad este año.  De 21 mil 500 unidades que salían de Goodyear, Pirelli y Firestone, hoy no llegan a 11 mil entre las tres.  El ministro de Transporte Terrestre anuncia unas divisas para la importación a las que nunca se les ve la cara.  Paga, como siempre, la gente. 

No es caso aislado, decíamos.  Situaciones análogas hay con los alimentos, los medicamentos, los repuestos, los insumos médicos.  Es una crisis general, producto del fracaso de políticas económicas trucutú y de la incapacidad del gobierno para recibir las críticas y rectificar el camino.

Los ciudadanos, los que sufrimos la crisis, tenemos el poder de cambiar esto en nuestras manos.  Nos intentarán convencer de lo contrario, sembrando desesperanza, indignación y temor para que sintamos que no, que no hay nada que hacer.  Pero somos los venezolanos, los que sufrimos la odisea del caucho, de la farmacia, del mercado, de la violencia, día tras día, los que poseemos la oportunidad de manifestar nuestro deseo de cambio de manera clara y contundente este mismo año, en apenas pocos meses. 

Hablamos, por supuesto, de las elecciones a la Asamblea Nacional.  Allí tendremos todos los ciudadanos un escenario para decir “ya basta” a un régimen de abuso y corruptela que no supo, en dieciséis años, conducir el país.  En las elecciones parlamentarias, la participación activa de cada venezolano humillado, injuriado, angustiado, será clave para enderezar el rumbo.  Con el voto, cada venezolano que aguanta hoy la respiración en la más extrema de las vulnerabilidades podrá exhalar profundo, con la satisfacción de sumar a la causa de que esto cambie y castigar a la oligarquía malandra que mientras saquea los recursos del pueblo ha dejado a Venezuela en cuatro bloques.


Publicado en Tal Cual y RunRunes el 17 de marzo de 2015.