La comparsa del PSUV

Escribimos estas líneas a dos días de la fecha pautada para votar una iniciativa que Nicolás Maduro ha llamado constituyente, sin serlo. Fuera de la Constitución, la camarilla conservadora del poder y los privilegios ha usurpado la soberanía popular para convocar, sin consultarle al pueblo, a lo que hoy los venezolanos vemos como una evidente estafa y un fraude. Una burla.

Por un segundo, pareció que iba a prevalecer la sensatez y que la propuesta “constituyente” sería retirada. Por un segundo y a última hora, pero ¿qué más venezolano que eso? No sucedió. No hubo negociación ni acuerdo. Menos diálogo. Aunque algunos aplaudan, es una pésima noticia para el país. Nuevamente, ha sido derrotada la política y el gran beneficiario es el régimen que, como insistimos la semana pasada, es patentemente antipolítico, dado más bien al exterminio del contrario y la aniquilación de la disidencia.

Dijimos que le han llamado constituyente, sin serlo. Y es que, a todas luces, lo que han planteado no es una Constituyente, como lo fue la de 1947, como lo fue, con todos sus bemoles, la de 1999. Esta pantomima se parece más a un “congreso de la patria”, a una instancia de ellos, con ellos y para ellos. Ellos, el grupito. Los demás, el país, no tenemos cabida. Sí, la fulana constituyente es poco más que una convención obligada del PSUV.

Personas sin ninguna entidad desfilan como candidatos. Ni ellos están claros de qué hacen allí. Para, supuestamente, modificar las bases del destino compartido de 30 millones no buscaron a los mejores, sino a lo que había, a lo que quedaba del raspadito de la olla roja… Junto a ellos, que son evidentemente el relleno, los que, por rayados, no les importa la raya. Y sobre todos ellos, los únicos que importan: el grupito que decide, conformado por los pesos pesados de siempre, los del guiso, los de las sanciones, los ligados a lo turbio, los militares manchados. Allí, entre la burla y la farsa, ellos saben el verdadero objetivo de la constituyente: eliminar los controles y sofocar a la disidencia pero, sobre todas las cosas, saben que en esta mamarrachada se juegan el control del oficialismo, el dominio del pranato.

Lo de la constituyente es una comparsa del PSUV. Militantes, empleados públicos temerosos y militares obligados por un Alto Mando en violación permanente y flagrante del artículo 328 de la Constitución están llamados a ponerle carne a lo que todo el pueblo sabe es apenas un mal teatro. Algunos votan, nadie elige nada.

No será a través del fraude constituyente que podrá una pandilla sin apoyo popular someter al Bravo Pueblo de Venezuela. Este país, el de “obligado, ni a la esquina”, el del “cuero seco”, no se resignará a vivir de rodillas. Todo lo contrario, la comparsa del PSUV agudizará el conflicto e incrementará la tensión. El domingo la siembra es de profunda ingobernabilidad.

No, no se acaba Venezuela el 30. Vendrá el 31, y luego el 1 de agosto, y de septiembre, y de octubre. Saldrá el sol cada día, y junto a él un pueblo decidido a recobrar su libertad, su dignidad y su calidad de vida. Eso viene, lo demás solo existe en las fantasías de los que pretenden, sin que nadie los quiera, dominar a la Nación.

“Ya vengo”

Luego de tres años y 107 ediciones escribiendo política de una manera distinta, hoy me despido de nuestros lectores. Nuevas oportunidades de formación profesional me mantendrán alejado de estos Editoriales. Formación para servirle a Venezuela, ¡para devolverle tanto! Es apenas un “ya vengo”. En este tiempo, PolítiKa UCAB ha logrado consolidarse como un referente del análisis político en Venezuela, continuando el camino ya andado por su fundador y primer Editor, el profesor Gustavo Moreno. Esto es obra de nuestros articulistas, de sus plumas agudas y opiniones críticas, que suman al debate que toma y ha de tomar nuestra patria, y de nuestros lectores, siempre atentos, críticos y consecuentes.

La revista queda en las mejores manos. A partir de la semana que viene, Elvia Gómez asumirá las riendas como Editora. Elvia no necesita presentación, es una cuarto bate del periodismo y sabemos que, sin duda, llevará a PK a niveles aun mayores de proyección y éxito. Le deseo a Elvia todo el éxito del mundo en esta nueva tarea.  Por mi parte, estaré estrenando una nueva columna para seguir aportando a la discusión.

Quiero agradecer a mis amigos y compañeros del Centro de Estudios Políticos, y particularmente a nuestro Director, Benigno Alarcón, por la confianza y la gratísima tarea que me encomendó en estos años frente a la revista. También, quiero agradecer especialmente y extender un reconocimiento público a Daniela Chacón y Carlos Chirino, quienes trabajan la magia que no se ve detrás de PolítiKa UCAB, de sus plataformas y redes. Sin ustedes, sin su trabajo, esta revista no sería lo que es. Y a todos nuestros lectores, gracias nuevamente por acompañarnos en este esfuerzo que apenas comienza…


Publicado en PolítiKa UCAB el 28 de julio de 2017.

El CNE sólo se encarga de impedir la realización de elecciones

Eduardo Lugo

El Consejo Nacional Electoral (CNE) se encarga de impedir la realización de elecciones en el país, como es el caso de los comicios a gobernadores y el revocatorio. De esta forma lo consideró el sociólogo Daniel Fermín. 

A través del programa A tiempo, transmitido en la emisora Unión Radio, el especialista aseguró que el ente electoral sólo respondió para avalar la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, elevada por el primer mandatario nacional.  “El CNE actúa con pura discrecionalidad”.

Repudió la falta de respuestas por parte del máximo organismo comicial, ya que en su opinión, afecta a toda Venezuela y criticó la actual política asumida por el Ejecutivo.

“El gobierno solo apuesta al Tribunal Supremo de Justicia, al Consejo Nacional Electoral y a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana por la falta de pueblo”.


Publicado en Caraota Digital el 11 de mayo de 2017.

Democracia sentenciada

Un zarpazo judicial a la democracia constituyen las sentencias 155 y 156 del Tribunal Supremo de Justicia en días recientes. Desde su instalación, el 5 de enero de 2016, la Asamblea Nacional se ha visto obstruida en el ejercicio de sus funciones constitucionales de legislar y controlar por un TSJ conformado por magistrados cuestionados en su legitimidad de origen y que están, indudablemente y a la vista de todos, a las órdenes del partido de gobierno.

La dinámica ya nos es familiar: la Asamblea presenta la ley “x”, para que, seguidamente, el TSJ la declare inconstitucional. Este ping-pong entre dos poderes, uno electo por 14 millones de ciudadanos y el otro designado con base en criterios de incondicionalidad revolucionaria, ha desvirtuado la actividad parlamentaria y triturado la credibilidad del que se supone es el máximo tribunal de la República.

Esta vez han ido más allá. Poniéndole fin al ping-pong, el TSJ ha asumido las funciones de la Asamblea Nacional, en una movida inaudita e inconstitucional. Esto representa una usurpación de funciones y viola los más elementales principios democráticos de separación de poderes. Esa semilla ya había sido sembrada en la era Chávez, cuando la concentración de poder y la idea de “un solo gobierno” se hicieron política oficial. Basta recordar las declaraciones de la entonces presidenta del Tribunal Supremo, cuando decía que la separación de poderes era perjudicial porque diluía el poder del Estado.

La oposición ha denunciado un golpe de estado. La comunidad internacional ha reaccionado de manera activa en defensa de los derechos democráticos del pueblo venezolano. Incluso la Fiscal General de la República, cuyos vínculos al proyecto chavista son notorios, ha reclamado la inconstitucionalidad de estas acciones del TSJ, calificando de “deber histórico e ineludible” su pronunciamiento al respecto.

¿Qué buscan el TSJ y el régimen del señor Maduro con estas sentencias? ¿Por qué ahora? ¿Se acabó la época de guardar las formas? 

Mucho nos hemos preguntado si esta encrucijada nos llevará a una transición democrática o si, por el contrario, nos acerca a la autocratización del proyecto político chavista. Queda claro que, por ahora, transitamos el curso de la autocratización para pasar de un autoritarismo competitivo a uno de carácter hegemónico.

¿Por qué ahora? Por la plata baila el mono, dice la conseja popular. El régimen, habiendo dilapidado los recursos exorbitantes del mayor ingreso petrolero de la historia, está urgido de recursos que le permitan sostener su red clientelar y maniobrar paños calientes a la crisis que ha provocado. Para ello, necesita endeudarse y esa deuda debe ser aprobada por el Parlamento. Amigo de la discrecionalidad y lo turbio, con esta sentencia el régimen busca saltarse el control legislativo para aprobar un nuevo endeudamiento por millones de dólares y la asignación discrecional de contratos y otras operaciones petroleras que en otra época habrían sido acusadas por la propia “izquierda” como privatizadoras de la sagrada industria que es de “todos”.

Las sentencias del Tribunal no han encontrado a una población dócil y resignada, sino que se han topado con la fuerza del pueblo en las calles. Estudiantes, partidos políticos, sociedad civil organizada, diputados de la República, todos han ido a las calles, venciendo el miedo y la represión abierta, para dejar claro que el pueblo venezolano no aceptará de brazos cruzados la imposición de la dictadura franca. Muchos han sido golpeados, otros detenidos, pero no logra el régimen autoritario apagar la llama de la libertad que arde fuerte en el corazón de cada venezolano de bien.

El presidente de la Asamblea Nacional ha calificado las sentencias como “basura” y en un mensaje contundente ha hecho un llamado un sector que sigue, al momento de escribir estas líneas, silente: la Fuerza Armada Nacional. No es un llamado a la insurrección, sino precisamente a la defensa de la Constitución. Siendo que, hasta ahora, los dos pilares del régimen han sido el Tribunal Supremo y la FAN (junto a un CNE que orwellianamente tiene la misión de impedir la realización de elecciones en Venezuela), será interesante ver qué postura, si alguna, toman quienes juraron defender la Constitución y las leyes de la Nación, y en ningún momento a parcialidad política alguna. ¿Continuarán en el plano del apoyo cómplice e incondicional a la dictadura?

Quienes sentencian hoy a muerte a la democracia venezolana olvidan que, lejos de la antigua diatriba gobierno vs. oposición, en estos momentos lo que existe es un pueblo unido en el convencimiento de que el gobierno es responsable de la crisis y de la erosión de la democracia, que constituye un obstáculo al progreso y el avance de los que habitamos esta tierra de gracia. El régimen, convertido en una minúscula casta para la rapiña y los privilegios, tiene de frente a un pueblo decidido a cambiar y determinado a rebelarse contra el grupito que lo pretende someter. Al final, solo habrá una sentencia que valga: la sentencia del pueblo venezolano, en uso de su acervo democrático y de su determinación patriota por la recuperación del país.


Publicado en PolítiKa UCAB el 31 de marzo de 2017.

¡Elecciones ya!

“¡Elecciones ya!”. Más que un slogan, se trata de un clamor popular. De acuerdo a los estudios de opinión, existe una serie de consensos básicos en la sociedad venezolana en la actualidad: El país va por mal camino; la crisis es culpa del gobierno y de su modelo económico; debe impulsarse un cambio drástico pronto. Cuando la gente señala al gobierno como responsable, lo hace evaluando su gestión y las consecuencias de sus políticas. “Expropiaron el café, y ahora no hay café; el aceite, y no hay aceite”. La frase es de un focus group reciente y la voz es una de tantas que votaron por el presidente Maduro y que, cuatro años después, hoy se arrepiente y aspira algo distinto, algo mejor para el país. La gente saca cuentas.

Cuando señalamos que más de 80% de los venezolanos comparte una evaluación negativa de la situación y de la actuación del gobierno, debemos también destacar algo obvio, pero que se pierde en el ping-pong político: la crisis ha sobrepasado la polarización política. Hoy están inconformes los opositores de hace 18 años, pero también los que llegaron hace menos tiempo. Están descontentos los independientes. También los chavistas de ayer… y los de hoy.

¿Qué quiere la gente? Frente a la escasez, abastecimiento, diversidad, libertad de elegir. Frente a los bachaqueros, oferta y economía honesta. Frente a la violencia, educación, seguridad, orden, reglas claras. Frente a la dramática situación de desnutrición y carencia, alimentación. No olvidemos que la ENCOVI destaca que 74% de los venezolanos perdió más de 8 kilos el año pasado, producto de lo que la gente bautizó coloquialmente como “la dieta de Maduro”.

Los venezolanos quieren propuestas concretas. Señalan como errores del liderazgo las promesas vacías e imposibles de cumplir, como la de salir del gobierno en los primeros seis meses de 2016. Muchos marcharon el 1 de septiembre, algunos por primera vez desde desencantarse con el chavismo, pero se desilusionaron cuando las expectativas generadas sobre la manifestación no se cumplieron. Muchos de ellos no marcharán más hasta que se vea unidad de propósitos, propósitos claros para la consecución del cambio.

Resienten lo que sucede fronteras afuera, al menos en dos sentidos: Hay una crisis de autoestima colectiva, en la que la frustración y la vergüenza se combinan en la frase “estamos rayados en todo el mundo”. También está presente el dolor, y se verbaliza en una aspiración que trasciende estratos sociales: “que la gente no se tenga que ir”.

El venezolano que con un empleo sostenía ayer a su familia, hoy tiene tres o cuatro para que sobreviva. A ese ciudadano le urge vivir mejor y el cambio que sueña viene en la forma de oportunidades que le permitan, con su esfuerzo y el empujón solidario de las instituciones y la sociedad, surgir y salir adelante. Como en la canción, no quiere nada regalado.

¿Cómo se materializa esto? Los estudios cuantitativos y los cualitativos coinciden: los venezolanos tienen sus esperanzas puestas en lo electoral. La salida está en votar. Todos los caminos conducen al CNE, el mismo que hoy, orwellianamente, hace todo lo posible por impedir que se realicen elecciones en Venezuela, unas elecciones que sus superiores en el partido de gobierno no tienen manera de ganar…

¿Cómo se explica que los venezolanos vean en las elecciones la salida a la crisis cuando no confían en el CNE y lo saben subordinado al Ejecutivo? La respuesta tiene, al menos, dos partes: En primer lugar, pese a la falsificación sistemática de la historia y a un discurso empeñado en desprestigiar la obra democrática, 18 años de chavismo no han podido desaparecer la herencia democrática de la República Civil. “El pueblo es el que manda” es como se verbaliza en el focus group ya mencionado, y es un recordatorio que se torna advertencia, en boca de una menuda ex votante de Hugo Chávez, madre de cinco, víctima del mal gobierno, cuya esperanza es sacar a los responsables de sus penurias en las máquinas de votación.

En segundo lugar, la gente quiere votar porque no se quiere matar. Si algo deja claro la investigación en este campo es que los venezolanos no quieren violencia. Padeciendo de primera mano la epidemia de sangre y pólvora que es la vida cotidiana en la Venezuela de hoy, la ciudadanía aspira a una resolución pacífica del conflicto político, necesariamente electoral, que abra las puertas a un cambio genuino que abastezca los anaqueles, proporcione seguridad en las calles y vuelva a llenar los platos de la familia venezolana.

¿Y si no hay elecciones? Cuando se le pregunta a la gente qué pasaría si el gobierno, en CNE o el TSJ impiden la realización de comicios la respuesta es siempre la misma: ¡Calle! Es una respuesta significativa, pues implica vencer el miedo y luchar activamente por los derechos. También es relevante porque viene, en muchos casos, de parte de personas que nunca han marchado, sea por miedo o porque en su tránsito del chavismo a la disidencia todavía no han dado el paso de protestar como oposición.

¿Calle cómo? ¿Dónde? Nadie tiene una única respuesta, pero sí hay pistas de sobra: protesta contundente, con articulación entre distintos sectores. “Los estudiantes no pueden solos”, destaca un joven mensajero que trabaja tres empleos para poder darle de comer a su hijo. Antes, con uno le alcanzaba. Protesta no violenta: la violencia solo ahuyenta a la gente y sube las barreras de participación. Protesta simbólica y con propósito: de nada sirve protestar en una calle cualquiera, solo porque solo ahí se dio un permiso o por conveniencias logísticas. La gente quiere que el poder, prepotente en las alturas, lo vea. La gente quiere protestar en Miraflores, en paz, para hacerse sentir, para que el presidente –responsable de la crisis- los vea. Atrás quedaron los días de los llamados a marchas que se dispersan sin un llamado claro a la acción posterior.

La lucha del venezolano de a pie, de la gente de trabajo, es por un cambio que les permita vivir mejor y satisfacer las necesidades sin epopeyas ni épicas. Y la manera de cristalizar ese cambio es votando. Así lo ve la gente. Allí están hoy las esperanzas de un pueblo que quiere hacerse escuchar, pero que está dispuesto a tomar las calles si desde el poder pretenden ignorarlo. Hoy, cuando hay elecciones vencidas y ninguna garantía de que se realicen las que tocan, no se trata de un slogan, es un clamor popular. ¡Elecciones ya!


Publicado en PolítiKa UCAB el 10 de marzo de 2017.

«El chavismo no está apostando a recuperar su popularidad»

El sociólogo Daniel Fermín, editor de la Revista Polítika Ucab, advierte que si no se producen las elecciones regionales, aumentará la conflictividad, la insatisfacción y la presencia de la gente en la calle. Su opinión es que en el país no hay separación de poderes y que el gobierno de Nicolás Maduro “parece tener claro que pasó el punto de no retorno y solo le queda ejercer control”. Sobre la Mesa de la Unidad Democrática, dice: “Tiene que lograr que la gente común y corriente, que no le interesa la política, se active y sienta que la oposición puede generar calidad de vida”
Por Erick Lezama
-Vista las condiciones que ha puesto el Consejo Nacional Electoral (CNE) para la renovación de los partidos, ¿cree que la mesa está servida para que se produzcan elecciones sin la oposición, como sucedió en Nicaragua?
-Las últimas decisiones del CNE no pueden entenderse sin contextualizar. Aquí no hay separación de poderes y hay, al mismo tiempo, una tendencia a la autocratización del régimen de Maduro.  Eso tiene un componente represivo, y un componente de politización en lo judicial. Lo vimos en diciembre, cuando venció el período de los gobernadores y el CNE decidió alargar el período de esas autoridades. Lo vimos también con el aborto del intento de referendo revocatorio, y hoy lo estamos viendo con este reglamento sobre la renovación de los partidos. Esto es grave porque apunta a un escenario que lesiona los derechos políticos de los venezolanos. Ciertamente,  el ente comicial está restringiendo el derecho a la libre asociación, y, como lo ha dejado claro la rectora Tania D´ Amelio, busca estirar la arruga.  A este régimen lo electoral ya no le conviene.
– El fallecido presidente Chávez siempre sostenía que la democracia venezolana gozaba de buena salud dada la gran cantidad de procesos electorales efectuados durante la revolución. Ahora, voceros oficialistas -como el diputado Héctor Rodríguez- afirman que la agenda del chavismo es otra.
Sí, lo dicen así claramente. Hay una aversión por el hecho electoral. Y eso lo vemos en la decisión del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que suspende las elecciones estudiantiles en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Hay elecciones de todo tipo que están suspendidas desde hace tiempo en el país: sindicales, de autoridades. Este es un régimen híbrido, un autoritarismo competitivo. Estos gobiernos, cuando pierden competitividad, se autocratizan más. Es es lo que está pasando: como ya para el chavismo no le es favorable ir a elecciones, entonces no hay.  De modo que los pilares de esto terminan siendo unas Fuerzas Armadas y un Tribunal Supremo de justicia parcializado.
– Muchos analistas coinciden en que las elecciones son una válvula de escape que permite catalizar lo que la sociedad está viviendo. ¿Cuál es el riesgo de que no se produzca un proceso electoral?
– Partamos de un punto: hay un gran descontento por la crisis que existe. Los venezolanos tienen muy claro de quién es la responsabilidad de la crisis, lo han registrado distintos estudios de opinión de diversas encuestadoras. Casi 90% de los ciudadanos responsabilizan al presidente y a su gobierno de la crisis que vivimos. Frente a eso, el chavismo no está apostando a recuperar el favor popular, cosa que sí hizo en el pasado. Al contrario, parece tener claro sabe que pasó el punto de no retorno, y entonces solo le queda el control.
-Cuando la popularidad de Chávez se veía afectada de alguna manera, había una reacción en función de recuperar el terreno perdido.
Chávez tenía un margen de maniobra mucho mayor, apalancado con un barril de petróleo a más de 100 dólares, con un tema cambiario completamente diferente, y con un liderazgo carismático que es intransferible. Esas formas de reaccionar no eran campañas publicitarias, sino programas basados en el clientelismo político. Es decir, había dinero para lanzar misiones nuevas, nuevos programas asistenciales. Hoy no lo hay. Y cuando a eso se le suma la incompetencia y la absoluta falta de carisma, tienes allí un coctel potente para la impopularidad.
-Actualmente algunos canales de señal abierta están transmitiendo cuñas con la voz del presidente Chávez…
– Sí. Están tratando una vez más de apelar al imaginario y la emoción de un pueblo que alguna vez, en su mayoría, fue chavista. Pero el chavismo sabe que con Maduro a la cabeza de ese proyecto eso no es posible mantenerlo. Entonces, partiendo de ese diagnóstico, y para responder tu pregunta,  nadie tiene una bola de cristal para saber qué va a pasar, pero seguramente aumentará la conflictividad, la insatisfacción, la presencia de la gente en la calle. Pretender mediante algún tipo de argumento burocrático suspender el derecho de participación política de la gente, el derecho a elegir, puede tener consecuencias muy graves para la paz del país. Hay que recordar la idiosincrasia del venezolano, de un pueblo que en el siglo XIX llamaron “un cuero seco”, porque lo pisas por un lado y se levanta por el otro. Eso está en nuestro ADN. Al gobierno lo único que le va a quedar es la represión y la lealtad de unos represores que tendrán que ver hasta qué punto están dispuestos a acompañar eso.
-Todo indica que, una vez más, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) está contra la pared, y, ya ha quedado claro, no hay una estrategia unitaria.
-No hay un consenso. Hay algunos partidos que han dicho que no hay que ir a ese proceso, otros que sí. Con una postura unitaria sería más fácil enfrentar esto. Frente a esto, es oportuno remitirse a hechos históricos concretos. Durante la dictadura de Pinochet en Chile, se ilegalizaron muchos partidos. Esas toldas fueron acobijadas por otras de la alianza y luego, en democracia, cada una recuperó sus siglas, sus colores, su identidad. Aquí queda por demostrarse qué tan auténtica es la oposición.
-Si bien la MUD no necesita renovarse, los riesgos de que la oposición vaya sólo con esa tarjeta son muy grandes.
Sí, La MUD puede participar, porque ha participado en los dos últimos dos procesos electorales, pero ciertamente tiene una espada de Damocles, porque pesa sobre ella una demanda por el supuesto fraude en la recolección de firmas, entonces en cualquier momento el TSJ puede convertirla en una ilegalización. Ante ese escenario, es importante tener alternativas legitimadas dentro de la MUD, que haya una contingencia.
– ¿Las condiciones para la renovación de partidos no afecta también al chavismo?
– Sí, hay partidos más pequeños que han dicho: “Nos pondremos la capucha y nos vamos a la clandestinidad”. Hay partidos que han señalado que esto sencillamente no es democrático. El partido comunista, el partido de Juan Barreto, del PPT. Uno ve eso y comprende que la unidad del chavismo también está en juego, porque en este intento de cerrar la válvula de participación, no es la oposición la única que está perjudicada. El gobierno está sobre estimando su capacidad de ejercer control.
-En verdad, los partidos del Gran Polo Patriótico llevan tiempo manifestando sus inconformidades y no han sido escuchadas.
-Hugo Chávez intentó crear un partido único y fracasó. Los comunistas, el PPT , Podemos, dijeron “no, gracias”. Y así muchos otros partidos que decidieron mantener su propia identidad. Entonces, si Chávez no lo pudo lograr, no será Maduro, que representa el punto más bajo del chavismo, quien lo logre. Esto, además de ser antidemocrático, es una gran torpeza. El reclamo por las elecciones tampoco es exclusivo de la oposición: en las regiones hay liderazgos chavistas que esperan ser gobierno. Si algún día llega a haber elecciones en Venezuela, significa que el chavismo podría ir dividido y eso puede marcar la diferencia.
-Si bien la popularidad del chavismo ha caído, la oposición no se ha quedado atrás.  Y las divisiones cada vez son más públicas. ¿Qué puede esperarse de la reestructuración que se acaba de anunciar?
-Hay una crisis de representatividad. En Venezuela los ciudadanos no se sienten representados por los partidos, sino por la Iglesia, por los estudiantes. Eso es por el ruido, por el despelote de la MUD, la falta de estrategia. La MUD ha hecho promesas que no ha podido cumplir, como salir del gobierno en 6 meses, aquello del abandono del cargo del presidente no tuvo el más mínimo eco en la población. La MUD ha sido una excelente plataforma electoral, pero una muy mala coalición para enfrentar la dictadura. Tiene que ampliarse, tiene que hacer ese proceso de revisión con la gente. Tiene que lograr que la gente común y corriente, que no le interese la política, se active y sienta que la oposición puede generar calidad de vida. Ese es el reto.
De perfil
Daniel Fermín es el editor de la revista Polítika Ucab, la publicación del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello. Es sociólogo, egresado de esa misma institución, donde además se desempeña como investigador y docente. Tiene una especialización en Gerencia Pública, por la Universidad Metropolitana. En 2015 realizó el Programa de Estudios Avanzados en Conflicto No-Violento de la FletcherSchool of Law&Diplomacy de la Universidad de Tufts (Boston).

El-Tiempo


Entrevista publicada en El Tiempo, el 28 de febrero de 2017

 

La ilegalización de los partidos

No fueron los adecos, tampoco los copeyanos. El Partido Comunista de Venezuela, fundado en 1931, va a terminar siendo ilegalizado por el gobierno revolucionario y socialista de Nicolás Maduro, su socio en la coalición conocida como Gran Polo Patriótico. No ha habido un quiebre oficial, más allá de que el PCV ha sido crítico de algunas medidas del gobierno de Maduro, pero el régimen está demostrando que está dispuesto a llevarse en los cachos incluso a sus aliados en su tarea de desaparecer a la disidencia.

El Consejo Nacional Electoral, siguiendo la pauta del Tribunal Supremo de Justicia, ha dado a conocer algunos detalles de un proceso de renovación de partidos políticos que promete ser una carnicería. Más allá del mito del bipartidismo, nuestro sistema político siempre ha estado caracterizado por la existencia de múltiples organizaciones políticas. Sí, durante la democracia civil predominaron Acción Democrática y COPEI, pero no es posible comprender ni analizar el período 1958-1998 sin considerar al MAS, o al MEP, PCV, Convergencia, Liga Socialista, URD, La Causa R, y pare usted de contar. Esto, sin entrar al detalle de los distintos partidos de alcance regional, cuya importancia explotó a partir de la descentralización emprendida en 1989. Lo mismo puede decirse del período 1999-2016. No es posible reducir el juego político a dos partidos. No hay manera de aproximarse al hecho político y electoral sin considerar los aportes del PPT, Podemos, Tupamaro, UPV, etc., por el lado del gobierno; y de las identidades diferenciadas de Primero Justicia, Voluntad Popular, Alianza Bravo Pueblo, Un Nuevo Tiempo, Proyecto Venezuela, entre otros, en la oposición. Además de esto, los partidos independientes, no alineados en la dinámica polarizada, también representan un mundo variopinto para la representación de otros sectores.

Muchos critican y han criticado este modelo. Que solo debería haber dos partidos, simplifican algunos. Que hay partidos de maletín, impulsados por mercaderes inescrupulosos que hacen su agosto en cada elección, denuncian otros. ¿Es necesaria una depuración de los partidos? Vamos por partes. En primer lugar, lo fundamental es el respeto a la Constitución, que en su artículo 67 garantiza el derecho a la libre asociación política y democrática. Un sistema de dos partidos puede funcionar en el imaginario de la sobresimplificación, pero no se corresponde a la realidad de la sociología política venezolana. Esquemas en los que dos partidos han sido los únicos reconocidos legalmente han existido –y fracasado– en la región. ¿Hay partidos de maletín? Sería ingenuo negarlo y justamente por esa razón es importante que los procesos de renovación de militancia se hagan con un criterio ajustado al espíritu de la Constitución y las leyes. Sin embargo, este proceso de legalización (o ilegalización) de los partidos, lejos de responder incluso a algún fetiche burocrático, responde a la intención deliberada de restringir la participación, en línea con la autocratización del régimen de Maduro, que transita el rumbo de un autoritarismo competitivo a uno de carácter hegemónico.

El proceso de ilegazación de partidos, si bien apunta a la cabeza de las organizaciones de oposición, ha despertado gran malestar en las filas oficialistas. El PCV, el más longevo de los partidos venezolanos, ha anunciado que no va a participar. Otros partidos de la alianza oficialista han ido más allá, declarando que operarán en la clandestinidad e, incluso, que apelarán por la capucha o las armas. En la MUD, para variar, no hay una postura unitaria. Mientras que algunos partidos se muestran confiados ante el desafío de un proceso nada claro y totalmente discrecional, otros han manifestado contundentemente su rechazo y dicen que no participarán.

En definitiva, el proceso de renovación de partidos, tal y como está planteado, supone una amenaza a la existencia del pluralismo político en Venezuela. Además, atenta directamente contra el derecho a la asociación establecido en la Constitución y, en la misma línea, atenta contra los derechos de participación del pueblo venezolano. Es un proceso organizado para la ilegalización, no para la legalización, y que debe alarmar a todos los demócratas de Venezuela.

Sí, hay una crisis de representación que impacta de manera negativa a nuestros partidos. Pero, aunque sea cliché, también es verdad: no hay democracia sin partidos. A nuestras organizaciones políticas hay que renovarlas, fortalecerlas, nutrirlas; no desaparecerlas. Ese es hoy el anhelo del régimen autoritario. Ese es hoy el desafío, uno de tantos, de la comunidad política.


Publicado en PolítiKa UCAB el 24 de febrero de 2017.

Democracia suspendida

Apareció el CNE. No para convocar a elecciones, como esperaba el país democrático, sino para anunciar que los comicios pendientes, específicamente las regionales, se encuentran suspendidos. Esto se debe, según la rectora Tania D’Amelio, al proceso de renovación de partidos políticos que, como expresamos en un comunicado junto a siete organizaciones de la Sociedad Civil venezolana, atenta contra los derechos políticos de la ciudadanía.

La presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, prometió el año pasado la realización de las elecciones de gobernadores y diputados a los Consejos Legislativos para el primer semestre de 2017. Es importante recordar que el mandato de los gobernadores en ejercicio venció el 16 de diciembre de 2016, con lo cual la omisión del Poder Electoral extendió el período de estos funcionarios de manera inconstitucional.

Con el anuncio de la rectora D’Amelio, esta promesa es prácticamente imposible de cumplir, ya que, según el cronograma del organismo electoral, la renovación de partidos culmina el 21 de junio, finalizando ya el primer semestre del año. Esto no es inocente, ni puede achacarse la interrupción de las elecciones a un fetiche burocrático. Se trata, en cambio, de la continuación de una política enmarcada en la autocratización del régimen de Nicolás Maduro, para quien las elecciones no sirven ya ningún propósito, al encontrarse, él y el partido que representa, en franca minoría.

Más que las elecciones, en Venezuela hoy está suspendida la democracia. El régimen chavista, que fulminó la separación de poderes, el reconocimiento del contrario, el respeto a las minorías y la institucionalidad democrática en la promoción de su proyecto autoritario, militarista y de culto a la personalidad, entró en dictadura franca desde el 20 de octubre de 2016, cuando ilegalmente eliminó la posibilidad de un referéndum revocatorio al mandato del presidente. Desde entonces, su desprecio por lo electoral es patente, como también lo es su intención de estrechar los mecanismos de control, no solo sobre el mundo político, sino sobre la vida cotidiana y la dinámica social toda.

La Asamblea Nacional, los partidos políticos, los sindicatos, los gremios, las asociaciones civiles y organizaciones no gubernamentales. Estos son todos pilares de las democracias contemporáneas, pero en Venezuela, seguramente por esa razón, son blancos de represión, persecución y desconocimiento por parte del gobierno nacional. Lo mismo con las elecciones. El gobierno más impopular de nuestra historia pretende tachar de fetiche burgués a lo más elemental de la vida democrática, mientras habla en nombre de un “pueblo” que sueña todos los días con verlos fuera del poder.

El régimen de Maduro no podrá recobrar ya el favor popular, ha pasado el punto de no retorno. De modo que la recuperación de la democracia no vendrá de la mano de un gobierno que hoy la suspende, sino de los ciudadanos hambrientos de cambio y que aspiran vivir en un país en el que no solamente haya comida y seguridad, sino en el que reine la libertad y las posibilidades que solamente ella puede procurar.

La defensa de Venezuela y de su democracia vendrá de los venezolanos. Por eso, hoy urge, más que nunca, la participación cívica de cada mujer y hombre patriota para exigir, en todos los espacios posibles, el respeto a la Constitución, la convocatoria a elecciones y, con ellas, la recuperación de una democracia que conduzca al progreso de todos.


Publicado en PolítiKa UCAB el 10 de febrero de 2017.