La Palma

094 – 5 de agosto de 2020

Mi comentario de hoy

Uribe y el retorno de las viudas

En noviembre de 2019 escribí un artículo titulado “Del autobús del progreso a las viudas de la derecha“. Allí, analizaba cómo, después de haber hecho del progreso el eje central de la campaña presidencial de 2012, los representantes del mainstream opositor se habían convertido en las viudas de la derecha latinoamericana, emprendiendo una cruzada esquizofrénica contra las justas causas populares en la región y solidarizándose, en cambio, con los elementos más reaccionarios de la política latinoamericana, dejando al descubierto que el tema del progreso apenas fue, lamentablemente, un eslogan vacío.

Ayer, cuando la justicia colombiana ordenó el arresto domiciliario del ex presidente Álvaro Uribe, volvieron al ruedo, ofreciéndole su apoyo incondicional en nombre de la ‘democracia’ y, en el proceso, no sólo ignorando las acusaciones que pesan sobre Uribe sino despachando los reclamos de los colombianos.

La plana mayor del ‘interinato’ in partibus cerró filas con Uribe en un espectáculo vergonzoso que deja, o debería dejar más claro, sobre todo a los amigos de la entelequia que han llamado la ‘comunidad internacional’, de qué van esos personajes y qué le esperaría a Venezuela bajo un gobierno -uno de verdad- de esos sectores.

Han incorporado el conflicto colombiano a una narrativa caricaturesca de lucha entre el bien y el mal, en la cual, por supuesto, ellos son el bien y los demás el mal. Ignoran, o no les importa, que Colombia produce 80% de la cocaína a nivel mundial, que es, en sentido estricto, un narco estado; o lo terrible que ha sido, no sólo la guerrilla, sino el paramilitarismo que, muchas veces, ha contado con el visto bueno del gobierno colombiano. Para ellos, todo es una conspiración del Foro de Sao Paulo, enchumbada en la miopía con la que piensan que Venezuela es el centro del mundo y que todos los males obedecen a los tentáculos del chavismo, ese que dibujan al mismo tiempo como todopoderoso y débil.

A Uribe lo están juzgando por el menor de sus pecados, no por sus nexos con el narcotráfico ni con el paramilitarismo, no por su política de falsos positivos que enlutó a miles de familias humildes colombianas. Eso no les importa.

Quizás lo más preocupante es que, con el apoyo y la solidaridad automática están avalando, también, la manera de actuar de Uribe como ejemplo a seguir. En ese sentido, la solidaridad incondicional del ‘interinato’ y sus voceros con Uribe no es sólo una torpeza política, sino una advertencia grave sobre el peligro de una élite que es capaz de voltear a otro lado en materia de Derechos Humanos y erosión de la democracia cuando sirva a sus propósitos.

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La polarización extrema ha significado la cooptación de los principales medios de comunicación. La Palma es un espacio que ofrece una visión crítica detrás de algunos de los principales titulares diarios, en un formato sucinto.

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