La Palma

097 – 11 de agosto de 2020

Mi comentario de hoy

10 cosas que debemos dejar atrás con la polarización

La polarización ha definido la política venezolana de los últimos 20 años. Con su promoción de identidades negativas, del no reconocimiento del otro, y de una lucha existencial irreconciliable, ejerce una fuerza centrífuga que ha triturado cualquier intento de resistencia, alineando todos los aspectos de la vida política y social alrededor del clivaje chavismo-anti chavismo. En el proceso, la polarización ha contribuido a la erosión de la democracia, sirviendo a las élites en conflicto para la exclusión, la cooptación y la supresión del disenso. Queda claro que recuperar la democracia pasa por superar la polarización.

Hoy, cuando estamos en una posición única para asumir el reto, nos atrevemos a plantear diez cosas que debemos dejar atrás con la polarización, no como ejercicio de imaginación fantasiosa, sino en el entendido de que derrumbar los muros de la polarización no es un evento único ni espontáneo, sino un proceso de todos los días, producto de las luchas y las posturas firmes de muchos sectores de la sociedad. Estas diez cosas no son “para después”, para cuando superemos, algún día, la polarización, sino para irlas asumiendo, precisamente, en la lucha por sacudir los cimientos de una dinámica que le ha hecho tanto daño a Venezuela.

Seguro hay más, pero estas diez, sin orden específico, representan un buen punto de partida:

1. “Chavista” como insulto (y la insultadera en general)

“Chavista” no es un insulto, sino una identidad política, que sin embargo algunos sectores opositores suelen utilizar para proferirle, como insulto, a sus adversarios internos y “rayarlos” ante la opinión pública cuando osan disentir.

Si algo reflejan estudios de opinión de todo tipo a lo largo de estos largos años es que la gente está harta de la peleadera, de la insultadera, de que los políticos se enfoquen más en los problemas entre los políticos que en los problemas de la gente. Cuando le dicen “chavista” a un opositor disidente no lo están insultando a él o a ella, sino a miles de simpatizantes del proyecto oficial, que observan cómo su identidad se usa en términos despectivos para denigrar del otro, reforzando las trincheras de esa identidad y dificultando cualquier acercamiento, diálogo productivo. Es prepotente y discriminatorio.

¿Lo mismo con “escuálido”? No tanto. No porque el chavismo, a quienes muchos tienen por autor intelectual y material de la polarización a través de las prácticas discursivas de su fundador, no discrimine, sino porque suele hacerlo a través de otros términos: “los traidores”, “los judas”, “la derecha endógena” (fíjese que los dos primeros aplican a ambos “bandos”). Ya está bueno de la insultadera en el discurso político. No es un simple saludo a la civilidad, sino una advertencia ante una práctica que profundiza las divisiones y refuerza la polarización.

2. La unidad como fetiche y chantaje

La unidad fue una estrategia necesaria ante el dominio electoral de Hugo Chávez que rápidamente se convirtió en un mecanismo de exclusión de una élite para reforzar los dedazos de un cogollo que decidía quién era opositor y quién no. Venezuela ha cambiado mucho y el dominio garantizado del partido oficial en el terreno electoral es cosa del pasado. Si bien las alianzas son buenas para la democracia, también es verdad que no se puede unir lo que es diametralmente opuesto, sea en términos programáticos, ideológicos o de posturas. Superar la polarización pasa por valorar el pluralismo sobre la cartelización de los partidos. A cuatro meses de las elecciones parlamentarias, los partidos que apuestan a la participación harían bien en valorar el pluralismo en lugar de convertirse en una parodia de las prácticas excluyentes de estos 20 años en nombre de la “unidad”, según las cuales el que no se alinee es, ver el punto anterior, “chavista”.

3. El no reconocimiento y la lucha existencial

Gente que dice que nunca ha visto un chavista en su vida, o que la oposición no existe, que fulano es ilegítimo y que a los otros hay que barrerlos del mapa. Fundamental en la lucha contra la polarización es acabar con la política de no reconocimiento y la lucha existencial entre “ellos” y “nosotros” y, en su lugar, promover el entendimiento y una lucha política que, sin dejar de ser combativa, como lo es por naturaleza, parta del reconocimiento del contrario y no de las ansias por excluirlo o exterminarlo.

4. El autoritarismo

Es de sobra sabido que la polarización erosiona la democracia y genera mayor tolerancia a posturas autoritarias en ambos “bandos”, en nombre de la lucha existencial contra el “otro”. Aquí le sobran a ambas partes las excusas, las promesas de que es sólo “mientras tanto”, mientras se aplasta al “otro”. Sólo acabando con la polarización es posible transitar caminos más democráticos y minar las bases del germen autoritario que hoy está enraizado en la política venezolana.

5. La postura acrítica

El disenso está entre las primeras víctimas de la polarización. Reforzada por la idea de la “unidad” como chantaje y la lucha existencial, y potenciada por los medios cooptados por la polarización, los ciudadanos reciben la información con una advertencia clara: digan amén, o sométanse al punto 1 de este escrito. Ser más críticos ante los políticos, los partidos, los medios y la autoridad es un paso necesario para desmantelar el andamiaje de la polarización.

6. Las solidaridades automáticas

En línea con lo anterior, la concepción de “ellos” contra “nosotros” lleva inexorablemente a las solidaridades automáticas. Si queremos una mejor democracia, urge sustituir las solidaridades automáticas por la rendición de cuentas, desde una postura crítica.

7. La política de la rosca y el cogollo

Si sólo hay dos bandos, la jefatura de esos bandos, sea una persona o un grupete, tienen garantizado el control de todo. Sólo ellos, en pequeños cónclaves, deciden la política, las candidaturas, las estrategias. El pueblo queda de espectador, a lo sumo de actor de reparto. No hay democracia que aguante este esquema, que debemos sustituir por uno de participación amplia desde las bases y los sectores sociales.

8. La ficción entre buenos y malos

Por supuesto que en la lucha existencial de “ellos” contra “nosotros”, “ellos” son los malos y “nosotros” somos los buenos. Los dos bandos piensan así y de allí no sale nada bueno. En Venezuela hay gente buena en todas partes y en todos los partidos. Superar esta ficción es fundamental para dejar de poner a los venezolanos de segundos frente a los “opositores” y los “chavistas”. Venezuela es más grande que las divisiones artificiales que promueven las élites, según las cuales el otro “no cuenta” porque no es de su bando. En democracia cuentan todos los venezolanos.

9. La abstención

La abstención ha sido una política atroz y parte del no reconocimiento del contrario y de la creencia de que sólo una parte cuenta, y que sin la participación de esa parte el país debe pararse o no existe. Es la política del avestruz, con la cabeza enterrada. Promover la voz de los venezolanos, no secuestrarla en nombre de la polarización, es lo que nos llevará a reconstruir una mejor democracia.

10. La “otra” polarización

Ricos y pobres, negros y blancos, este y oeste, Caracas y el interior. Superar la polarización política es una extraordinaria oportunidad para meterle el pecho a superar, también, las otras polarizaciones que hacen mella en la integración social y que sostienen un sistema de discriminación y desconocimiento del otro. En la promoción de la diversidad y el pluralismo político, estamos empujando también el reconocimiento y la promoción de la diversidad y la justicia social.

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La polarización extrema ha significado la cooptación de los principales medios de comunicación. La Palma es un espacio que ofrece una visión crítica detrás de algunos de los principales titulares diarios, en un formato sucinto.

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Un pensamiento

  1. Todos esos aspectos que el amigo Daniel menciona son sin duda necesarios en una política saludable. La pregunta es ¿como lograr ese papel? Le pido disculpas por incursionar en la materia de sociológia, sin embargo, si estoy convencido de que sin un patron de conducta como modelo no existirá iniciativa propia, quizas los más destacados logren fijar esa posición ideal pero seran el 3% de los participantes. Pero si es posible establecer este patron de conducta a traves del mecanismo de conformidad grupal de conformidad con los experimentos de Asch; suponiendo que se realice un experimento donde participen 6 lideres de oposición y 6 lideres del chavismo, y se preparan a 5 personas opositoras con un lenguaje que sostenga el lineamiento planteado y se preparan a 5 personas chavistas con un lenguaje que sostenga el lineamiento planteado, los intervinientes ajenos al debate tanto el chavista como el opositor, cambiarán radicalmente su lenguaje, porque se sentiran obligados por la conformidad grupal, de seguro será un experimento muy interesante.

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