La Palma

079 – 1 de julio de 2020

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La polarización extrema ha significado la cooptación de los principales medios de comunicación. Este espacio ofrece una visión crítica detrás de algunos de los principales titulares diarios, en un formato sucinto.

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Mi comentario de hoy

Representación proporcional: Victoria para el pluralismo

Ayer se concretó la representación proporcional para las elecciones parlamentarias de diciembre. Es una excelente noticia para Venezuela y significa una vuelta a la Constitución.

La representación proporcional ha sido nuestra principal bandera en la difícil instancia de la Mesa de Diálogo Nacional. Es una reivindicación que permite mayor representatividad del país en toda su diversidad.

También es una victoria contra la polarización extrema que erosiona la democracia y pretende dividir artificialmente la complejidad del país en dos bandos enguerrillados. La polarización no nace de la nada, tiene, entre otras, causas estructurales y sistémicas, dentro de las cuales se encuentra un sistema perverso donde el ganador se lo lleva todo (“winner takes all”) aunque no sea mayoría mientras deja por fuera la voluntad de muchos otros venezolanos.

La MUD -que todavía existe, pero no existe, en una especie de limbo o purgatorio político- se opuso por años a este sistema. Denunció la sobre representación del oficialismo en la Asamblea. Hasta que le favoreció, en 2015, y se olvidaron del tema. En nuestra lucha por la representación proporcional privó el interés nacional. No se trata de lo que le conviene a la MUD/G4, ni lo que le conviene al oficialismo, ni lo que le conviene a los partidos de la oposición democrática reunidos en la MDN, sino de lo que le conviene y es mejor para Venezuela.

La representación proporcional permite expresar desde el parlamento el pluralismo político y la diversidad. Es una conquista importantísima, de las más importantes, para el sistema electoral y, por ende, para la democracia venezolana, secuestrada por la polarización extrema durante veinte años.

¿Quiénes se oponen a esta reivindicación? ¿A quiénes no les gusta? A quienes prefieren el juego cerrado y se benefician política y materialmente de la polarización. A quienes creen que ellos, y sólo ellos, tienen derechos, mientras desconocen los de los demás. A los que le temen a cualquier cambio porque son, en esencia, profundamente conservadores. Muestra de ello, y de alguna rara manifestación del síndrome de Estocolmo, es su postura con respecto al nuevo CNE que fue clamor popular. Confieso que no tenía en el “bingo” del abstencionismo su añoranza y defensa del CNE de Tibisay Lucena. Hoy dicen “entren que caben 100”, a modo de crítica burlona, como si dar mayor representación a los venezolanos fuese algo malo. Para ellos lo es, porque atenta contra la rosca y el cogollo, porque siembra la semilla de la demolición de la polarización que ha sido el sustento de su tesis política: el “esto es lo que hay”.

La representación proporcional sienta las bases de una nueva Asamblea Nacional donde prive el acuerdo y se legisle para el país, en lugar del careo y el conflicto por el conflicto que resulta esteril a la hora de resolver los problemas de los venezolanos, para dar primacía a la política sobre la opción floja y superficial del show.

La representación proporcional es una victoria para el pluralismo y la celebramos como buena noticia. Vamos, pues, a darle voz a los venezolanos de todas las tendencias, en todos los rincones del país. No hay tiempo que perder.

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