La Palma

072 – 15 de junio de 2020

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La polarización extrema ha significado la cooptación de los principales medios de comunicación. Este espacio ofrece una visión crítica detrás de algunos de los principales titulares diarios, en un formato sucinto.

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Mi comentario de hoy

Nuevo CNE (y III)

Habemus CNE. Se consolidó la renovación del organismo que, a cuatro manos con la política abstencionista de un sector de la oposición, sirvió de “espanta votos” y demolió la confianza en el voto. Ya está, salió Tibisay Lucena. La MDN cristalizó el primer diálogo con resultados palpables y concretos, pese a todas las dificultades y las críticas justas e injustas, en tiempo record.

Hay que decirlo de entrada: el fantasma del “fraude electoral”, en el sentido estricto de cambio de los resultados, nunca fue real. Lo digo como activista político que trabajó en la jefatura de campañas presidenciales y regionales, como ciudadano que ha trabajado en las mesas electorales y coordinado centros de votación, y por mi experiencia como investigador del Proyecto Integridad Electoral Venezuela. ¿Entonces qué hubo? Ventajismo, compromisos partidistas, condiciones desiguales, falta de testigos, cierto interés por dejar la duda sembrada para, en lugar de promover el voto, desestimularlo entre los oponentes al gobierno.

Era necesario un cambio. Los nuevos rectores tienen una responsabilidad enorme y me complace ver entre ellos a un venezolano de la entidad de Rafael Simón Jiménez.

El otro rector de oposición es José Luis Gutiérrez, hermano del Secretario de Organización de Acción Democrática, desatando una tormenta en ese partido. Todavía es muy temprano para saber si es en serio o si es la reedición de la “expulsión” de los candidatos/gobernadores de AD que fueron lanzados a la hoguera para luego ser, calladamente y sin mayor explicación, “reeincorporados” al otrora partido del pueblo. ¿Rebelión contra Ramos o plan de Ramos? ¿Rector encapuchado del G4? El tiempo dirá.

Los propagandistas de inmediato se pusieron a trabajar para ganarse su quincena: que si es lo mismo, que si es peor. Salieron defendiendo al anterior CNE que tanto odiaban. Que si no fue en verdad una victoria de la MDN, que si la vicepresidencia es simbólica. X, y, z… Materia de bostezos.

Otras críticas son válidas. Ciertamente, y lo comentamos en entradas anteriores, el nombramiento por parte del TSJ no era ideal, pero es igualmente cierto que desde la AN no se iba a hacer porque chocaba con la estrategia abstencionista y no se contaba con los dos tercios para hacerlo.

En la acera del G4, que ahora pareciera tener un rector, redoblaron su locura: Asamblea eterna, interinato infinito. La continuación del “si no soy yo no es nadie” que, guiado por la soberbia, los intereses y los privilegios, marcó la postura de este sector en 2018.

El nuevo CNE no es la panacea, pero es un gran avance para recuperar la confianza en el voto y para darle la voz a los venezolanos.

Ahora viene la campaña, con una oferta legislativa para la gente y la comprensión de que los votos no se ganan y pierden en el CNE sino en las comunidades a lo largo y ancho de Venezuela. Vamos, pues.

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