La Palma

068 – 9 de junio de 2020

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La polarización extrema ha significado la cooptación de los principales medios de comunicación. Este espacio ofrece una visión crítica detrás de algunos de los principales titulares diarios, en un formato sucinto.

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Mi comentario de hoy

Los otros partidos

No es correcto llamarlos “de centro”, pues su composición ideológica es variada. Tampoco “moderados”, ya que aunque opuestos al extremismo, podría hacerse el caso por lo radical de su postura, a contracorriente del clima de confrontación estéril que se ha convertido en el status quo desde hace veinte años. Los partidos que han venido constituyendo un referente alternativo de oposición y que hoy hacen vida en la Mesa de Diálogo Nacional han emprendido la difícil tarea de promover un camino distinto para Venezuela, que rompa con la polarización extrema que erosiona la democracia.

Hay una concepción errada sobre los partidos que no pertenecen a los dos polos, en la que algunos pretenden que sean poco más que ‘puente’ entre ambos lados o una especie de carmelitas descalzas. No. Son partidos políticos, con posturas propias. Y resisten la idea de que ser de ‘centro’, ‘moderado’ o como los quieran etiquetar implica ser tibios o sumisos.

Algunos plantean que estos partidos deben ser bisagra entre los dos extremos, facilitadores entre los dos polos, que deben jugar a ser el policía bueno al policía malo del G4. No. Hay vocación de poder, de alternativa, y entienden que el camino no es ser parodia de la oposición oficial ni reproducir ad infinitum la dinámica de estos veinte años.

No se han propuesto como “la” tercera vía, porque seguro hay más de tres. Tampoco como “la” oposición, no tienen esa arrogancia de otros. Son diversos entre ellos, no son monolíticos ni a lo interno. Algunos apuestan más a la organización desde las bases y otros más a los ‘cuadros’. Tienen sentido de las proporciones. Todos trabajan con las uñas, no se nutren, como los polos, de la renta y el erario público. Tienen diferencias importantes. Cada postura conjunta implica un esfuerzo titánico de relación horizontal entre movimientos, una difícil construcción de consensos hasta la última coma. Repito: tienen diferencias importantes.

Han apostado a la diferenciación, pero a la de verdad, no a una diferenciación cosmética que cuando se agudiza se cohibe ante el “bueno, tampoco te pases”.

No tienen nada que ver con las otras oposiciones, esas que apostaron por la estafa de la abstención, por la reacción y la mercantilización de la tragedia, por la intervención militar extranjera, la tutela y las sanciones. Y lo dicen de frente, sin medias tintas, sin complejos. Se reúnen con el gobierno, pero lo hacen de frente, con una agenda pública, mientras otros se reúnen entre gallos y media noche aunque en público se rasguen las vestiduras por su extremismo.

No son perfectos, ahí hay de todo. Han cometido y cometerán errores. Saben a qué se enfrentan, de lado y lado, no son ingenuos. Han padecido los costos de plantarle la cara al poder, a los poderes.

Y no le han fallado al país, le han cumplido, primero hablándole claro, y luego adelantando los acuerdos parciales que dieron pie a la conformación de la Mesa de Diálogo Nacional, esta semana con lo relativo a la conformación del nuevo CNE que la Asamblea Nacional se negó a nombrar como parte de su estrategia de confrontación, intervención y abstención.

No están satisfechos con lo logrado hasta ahora. Entienden que no son el único factor político. Pero reivindican su derecho a existir, a proponer, a hacer política pensando en el país.

Algunos los desprecian, otros los aplauden y otros más los aplauden siempre y cuando “no se pasen”, siempre y cuando sigan subordinados a la élite opositora que, después de excluirlos y ningunearlos por años, les exige subordinación y sumisión, so pena de excomunión de la Venezuela ‘decente’. Incluso otros, con las mejores intenciones, se alarman cuando interpretan como incómoda o inconveniente su iniciativa, llamándolos a botón a hacer las cosas ‘bien’.

Y seguirán. Tendrán candidatos a la Asamblea Nacional, y luego a las gobernaciones y alcaldías, a los concejos municipales y asambleas legislativas. A la presidencia. Y para eso existen, para organizar un movimiento venezolanista de cambio, para luchar por las reivindicaciones populares, para cristalizar sus tesis, no como grupo de opinión inofensivo, sino como partidos con vocación de poder.

Hoy son un referente. No son el único. No son todos los que están ni están todos los que son. Representan una alianza que se irá nutriendo, cambiando, incorporando nuevos actores. Habrá quienes prefieran al PSUV, y seguramente votarán por ellos. Habrá quienes prefieran al G4, y seguirán apostando a que “pase algo”, ante su negativa de participar en elecciones. Pero también habrá quienes se identifiquen con un planteamiento distinto, que pone de primero el bienestar de los venezolanos, las soluciones a los graves problemas que nos aquejan, y no el perverso juego suma cero en el que perdemos todos.

Hoy se plantan firmes a cumplir con dos de sus banderas en la MDN: La conformación de un nuevo CNE para darle la palabra a los venezolanos y el rescate de la representación proporcional, establecida en la Constitución, en pro de la diversidad política y el pluralismo, contra la polarización imperante.

Harán ruido, causarán controversia, es lo normal, aunque quienes los pretenden como referencia simbólica e inofensiva, como el “mientras tanto” del G4 se descoloquen ante la insólita ‘novedad’ de ver partidos políticos haciendo política.

Y al final, estará el veredicto del pueblo. Y si logran sus cometidos, tendrán una representación -pequeña, mediana o grande- que permita visibilizar otra manera de concebir la política, de hacer oposición, de pensar a Venezuela, de enarbolar sus banderas y luchar por sus principios más allá del inmediatismo y el “vete ya”. Entienden que esto está en el segundo inning, que falta mucho por construir y mucho por recorrer.

Ahí están. Los “otros” partidos, siendo partidos. No bisagra, no carmelitas descalzas, no interlocutores entre los polos, no ‘puente’ ni facilitadores. Partidos políticos. Haciendo política. De frente con sus convicciones, ajenos a la sumisión y en la lucha por un cambio genuino para Venezuela.

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