La Palma

055 – 19 de mayo de 2020

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La polarización extrema ha significado la cooptación de los principales medios de comunicación. Este espacio ofrece una visión crítica detrás de algunos de los principales titulares diarios, en un formato sucinto.

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Mi comentario de hoy

El cuento del gato

La cosa va más o menos así. Un tipo va en una carretera solitaria y se le espicha un caucho. Cuando lo va a cambiar, se da cuenta de que no tiene gato. A lo lejos, ve la luz tenue de una casa y decide caminar hasta allá a pedir uno prestado. En el camino, se murmura a sí mismo: “¿Y si no tiene gato?”, “¿Y si no me lo presta?”, y así sucesivamente. Total, llega a la casa, toca la puerta y cuando el dueño de la casa la abre nuestro personaje, después de tanto rumiar, le dice “métase su gato por…”. Ese es el cuento del gato.

Ayer fuimos testigos de un infame tuit en el que el ‘embajador’ del interinato in partibus llamaba a una especie de crisis de los misiles cubanos del siglo XXI con los tanqueros iraníes que vienen con gasolina para Venezuela. Muestras de indignación, pero también de solidaridades automáticas, abundaron en las redes sociales. Mucha gente que, hasta ahora, ha venido apoyando la aventura neo-salidista tomó pausa y dijo “no, hasta aquí no”.

Una de los contra argumentos de quienes apoyan la visión que, desde lejos, propone a los ciudadanos como daño colateral de la guerra política, es que esa gasolina no va a llegar al pueblo, que los militares y las mafias la van a acaparar para revenderla en el mercado negro por cuantiosas cantidades en dólares. El argumento, pues, del cuento del gato.

¿Era posible -en nuestro cuento- que el señor de la casa no tuviese gato o que no quisiera prestarlo? Sí. ¿Se precipitó nuestro accidentado personaje en asumir esas premisas? También. En el caso de la gasolina, las instituciones, entre ellas la Asamblea Nacional, deben ejercer su rol de contraloría y vigilancia para garantizar que la gasolina llegue a donde debe llegar y de la manera que debe hacerlo. Si no, será el pueblo urgido el primero en reclamarlo. Pero, más allá del cuento del gato, el esquema polarizado ha pretendido, también, presentar la situación venezolana como una de “buenos” contra “malos”, como una película de vaqueros.

De más está decir que en Venezuela hay gente buena en todos lados y en todos los partidos, a lo largo del espectro político. Esa afirmación choca contra el dogma de quienes nos quieren segregados en dos bloques irreconciliables, pero es la verdad. Superar la ficción de los buenos contra los malos es fundamental para dejar a un lado la gastada noción de pasar todo por el filtro de “chavismo” contra “antichavismo” y pensar en términos de la Nación.

Un último comentario: El tuit del ‘embajador’ deja claro que las supuestas diferencias entre Primero Justicia (su partido) y Voluntad Popular (el partido que encabeza la coalición) no tienen nada que ver con el fondo, sino con cuotas de lo que PJ llamó en su comunidado la “casta burocrática” y cierto intento por salvar cara. Como hemos dicho, son los mismos.

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