La Palma

035 – 21 de abril de 2020

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La polarización extrema ha significado la cooptación de los principales medios de comunicación. Este espacio ofrece una visión crítica detrás de algunos de los principales titulares diarios, en un formato sucinto.

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Titulares y mi comentario de hoy

-El petróleo de EE UU cotiza en negativo tras el mayor hundimiento de su historia (El País)

Era obvio que la disminución de la demanda, producto de la pandemia, incidiría en los precios del petróleo. La magnitud, sin embargo, es alarmante.

Parece prematuro, no obstante, cantar el fin del petróleo. El NYT describe lo ocurrido como una “aberración extraña”. En la medida que retornen los equilibrios, subirá nuevamente el precio. Ese no es el tema. Venezuela, que es un país petrolero que no debe avergonzarse de serlo, atraviesa esta situación con la industria en crisis entre la pulverización de PDVSA producto de la pésima gerencia, la corrupción, la política fallida y, ahora, las sanciones económicas. No producimos nada, no tenemos capacidad de refinar y no podemos venderle a nadie. Pero -y siempre hay un pero, nos decía Perucho Conde- es lo único que tenemos. Lamentablemente, tristemente, escoja usted el adjetivo. Es lo único que tenemos.

En el futuro, debemos diversificar la economía, pero sin complejos en apalancar esa diversificación en la recuperación de nuestra principal (y única) industria: el petróleo. Debemos hacerlo mejor, y con atención al tema ecológico.

El precio del petróleo venezolano no está en cero, pero nuestra otrora gallina de los huevos de oro está desahuciada. Las previsiones de un Estado que contó con los mayores ingresos petroleros de la historia se volvieron sal y agua en la corrupción y mal uso del FONDEN y otras iniciativas diseñadas, precisamente, para un día como este. Asuntos que debemos tener en cuenta los que pensamos en el futuro de Venezuela más allá de la coyuntura actual y su insoportable ping-pong de la inmediatez.

-Trump afirma que suspenderá temporalmente la inmigración a EE.UU. por coronavirus (CNN)

Cuando empezó todo esto, le comentaba a personas cercanas que la pandemia podía traer dos consecuencias, radicalmente distintas: Por un lado, una toma de conciencia en cuanto a la necesidad de impulsar cambios radicales en nuestros sistemas económicos, políticos y sociales, en los que la salud pública, gratuita y de calidad se vea como un derecho humano y no como un negocio y, en general, se ponga al colectivo en primer plano para lograr un mundo más noble, más justo y más incluyente. Pero, por otro lado, la pandemia podía traer reacciones vicerales del populismo nacionalista de derecha, que no tardaría en gritar “¡Cierren las fronteras!” ante un virus que “confirma”, en una postura divorciada de los hechos, su política anti-imigrantes. Lamentablemente, en la que para muchos representa la democracia más avanzada del mundo, vemos lo segundo. Desde aquí insistimos, sin embargo, en la necesidad de impulsar lo primero.

La Cita

“El billonario británico Richard Branson dijo que sus aerolíneas en Reino Unido y Australia no sobrevivirán la crisis sin apoyo gubernamental”

(Infobae)

Mientras en Estados Unidos la cadena de alimentos Shake Shack devuelve una ayuda gubernamental de $10 millones, en un gesto gallardo de un empresariado consciente, un billonario arguye que sin plata del gobierno sus negocios están en riesgo. La experiencia de “bailouts” anteriores han demostrado cómo los recursos se quedan en las juntas directivas, en los ingresos de los ejecutivos, y no van orientados al bienestar de los trabajadores ni a la reactivación productiva. Desde Bill Gates hasta Derek Jeter, sobran ejemplos de millonarios que han puesto su fortuna al servicio de la gente en esta hora crítica. Otros, lamentablemente, quedan como lambucios. Cualquier ayuda gubernamental masiva debe dirigirse directamente a los que más la necesitan, en este caso a los trabajadores de las líneas aereas que, ciertamente, atraviesan una crisis profunda. Un apoyo que consista en asumir las nóminas y los seguros de los trabajadores es infinitamente más provechoso que uno que se quede en los “board rooms” y en garantizar la continuidad del estilo de vida de un puñado de ejecutivos.

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