El 6D los venezolanos decidiremos nuestro futuro

Soluciones para Venezuela insiste en que el proceso electoral del 6 de diciembre servirá para distender el conflictivo clima del país y conseguir, con nuevas caras dentro de la Asamblea Nacional, otros cambios.

Eso es lo que asegura uno de los miembros fundadores de este movimiento, Daniel Fermín, quien en conversación durante el programa online Con La Luz, insistió en que estos comicios significarán para el país “una extraordinaria oportunidad de decidir el destino de los venezolanos”.

El sociólogo experto en asuntos políticos informó durante la conversación con Luz Mely Reyes, directora general de Efecto Cocuyo, que Soluciones ya postuló candidatos en los 87 circuitos electorales nacionales quienes, a su juicio, representarán al pueblo de la mejor forma posible.

“Frente a la polarización, que es una calle ciega al futuro de Venezuela, llamo a la democracia y a la participación para que los venezolanos seamos los protagonistas de nuestro destino”, dijo el también docente y activista.

Destrancar el juego

Reiteró que tanto él como su movimiento, que lidera el veterano político Claudio Fermín, miembro además de la Mesa de Diálogo con el chavismo, reivindican el llamado a elecciones parlamentarias, pues “la gente está cansada de que los políticos estén más preocupados por los problemas de los políticos que los problemas de la gente”.

Añadió que esta solución interna es lo más adecuado para destrancar el juego. “Lo que pase en Venezuela no lo decide ni La Habana, ni Washington, ni Moscú.  La última palabra la tienen los venezolanos y la darán ese 6 de diciembre”.

Recordó que esos comicios no son un capricho del gobierno o del Consejo Nacional Electoral. Fermín señaló que el actual Parlamento está a punto de caducar y que este año, igualmente, toca realizar ese proceso de votación.

“Se elegirá una Asamblea que se parezca más a Venezuela, rescatando la representación proporcional, que fue un logro de Soluciones en la Mesa de Diálogo”, afirmó.

“La Mesa no es un bloque político, es una instancia muy difícil en la que se ha apostado por la paz y la democracia”, añadió.

La Mesa de Diálogo y sus avances

Dijo que esas reuniones derivaron en varios acuerdos importantes, como la consecución del retorno del sistema de representación proporcional que Fermín ve como un gran avance.

Considera también que la adecuación del número de curules o escaños obedece a la correcta interpretación de la Constitución, y a algunas de las peticiones de la oposición para promover la representación proporcional, entre otros acuerdos alcanzados por consenso en la Mesa de Diálogo Nacional que se estableció a partir de 2019.

Tras explicar el método de representación proporcional, Fermín expresó que “los venezolanos estamos ya hartos de la peleadera y la insultadera. Un cambio como este hay que celebrarlo y no espantarnos. Quienes se oponen a la representación proporcional son los que ‘los que viven de la polarización política’”.

Agregó que frente a la polarización o el “esperar que pase algo”, insistirá en hacer un llamado a la democracia y a la participación, para que los venezolanos sean protagonistas del destino del país con el voto y la presión ciudadana como recursos.

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Con información de Manuel Tomillo C. en Efecto Cocuyo.

La Palma | Los propagandistas

La Palma

101 – 20 de agosto de 2020

Mi comentario de hoy

Los propagandistas

Los has leído. Seguramente los sigues en las redes sociales. Llamarlos «influencers» es como mucho, es servir a su vanidad, sobrestimando el alcance y el valor de sus opiniones. Son los propagandistas.

Están haciendo su trabajo. No el de periodistas, analistas o expertos, sino el de propagar tesis prehechas y difundir relatos, también prehechos, en alguno de estos salones con nombres místicos como «war room» o «sala situacional», en los que, tras escuchar a los «estrategas», los jefes piensan por un segundo y dictan «llámate a fulano para que tuitee esto. Pásaselo por Telegram que WhatsApp no es tan seguro». En criollo, están chambeando.

Es práctica común. Parece que fue ayer cuando los mismos jefes contrataban a profetas 2.0 y celestiales cuentas de nombres escatológicos. Artículos de opinión escritos por encargo y escandalosas «notas de prensa», «colocadas» con precisión en portales inventados -y financiados- por ellos son parte de la movida. Nada nuevo bajo el sol.

Por eso son acríticos, los propagandistas. No cuestionan las narrativas, como la del todopoderoso artículo 233 de la Constitución, con el que sustentan lo insostenible. Es obvio que no lo han leído. No está en el contrato. No retan las incongruencias. No es «mal periodismo». Ese no es su trabajo, al menos no en este «proyecto». Son propagandistas.

Su más reciente misión -y decidieron aceptarla- es la de torpedear la participación popular. Sus jefes, los de la cúpula, no creen en eso. Son ellos, dicen ellos, los que deben decidir, no una gente «ignorante» y «ciega» que «no despierta». En esa línea, esgrimen argumentos, algunos a partir de medias verdades o medias mentiras, otros tan disparatados que no cuidan ni siquiera el disimulo. Porque, por supuesto, la chamba exige discreción. Esa es la gracia. Por donde van, lo que les falta decir es que no hay que votar hasta que no devuelvan a su cargo a Tibisay Lucena, legítima y luminosa autoridad electoral.

No están cumpliendo una labor política. Lo suyo no es un tema de convicciones. Es una cuestión mercantil, transaccional. La cosa está dura y no está como para perder clientes. Están haciendo su trabajo, los propagandistas.

Están chambeando.

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La polarización extrema ha significado la cooptación de los principales medios de comunicación. La Palma es un espacio que ofrece una visión crítica detrás de algunos de los principales titulares diarios, en un formato sucinto.

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La Palma |Polarización y cambios de paradigma

La Palma

100 – 18 de agosto de 2020

Mi comentario de hoy

Polarización y cambios de paradigma

Venezuela lleva veinte años inmersa en una polarización extrema que, aunque es política en su naturaleza, afecta todas las demás áreas de la vida social. Muy lejos están recuerdos, en realidad no tan lejanos, de cómo solía ser la vida política y social: el acuerdo tácito entre gobierno y oposición, por ejemplo, de asignar a la oposición el cargo de Contralor; o la posibilidad de disfrutar de un evento cultural, musical o deportivo sin primero revisar si el artista, el director o el atleta es de uno u otro bando político.

En veinte años, se han reforzado una serie de ideas en el imaginario colectivo y muchas de ellas las asumimos de manera inconsciente, «natural». Pero, si está claro que reconstruir una mejor democracia pasa por desmontar el andamiaje nocivo de la polarización, debemos entonces, también, impulsar cambios en los paradigmas que dominan nuestra manera encarar la realidad.

En estas breves líneas, nombraré apenas cinco de esos cambios que, como lo veo, son necesarios para «pasarnos el suiche» y superar la mentalidad polarizada que mantiene a Venezuela en un ciclo de repetición infinito.

1. Sólo hay dos bandos, o el «ellos contra nosotros» y el «buenos contra malos».

Venezuela es mucho más diversa que la división artificial que proponen las élites polarizadas. No es verdad que sólo hay dos bandos, como tampoco es verdad que un bando es el de los «buenos» y el otro es el de los «malos». La retórica polarizada, que insiste en una lucha entre el bien y el mal en la cual, por supuesto, ambos lados afirman encarnar el bien contra las pretensiones diabólicas de sus «enemigos», no tiene asidero en la realidad.

Nuestra polarización, aunque ha permeado y permea a todos los niveles, es fundamentalmente un asunto de élites. Pero el país no cabe en la estrechez de un planteamiento que sobrevive y se reproduce sólo en la medida en que plantea la ficción de una sociedad dividida en dos únicos toletes.

De modo que el cambio de paradigma, aquí, es de la visión de dos bandos enfrentados a una que pase por el reconocimiento de la diversidad y el pluralismo realmente existentes en la sociedad.

2. «La» oposición vs. las oposiciones

Es normal simplificar, bien sea en aras del reportaje periodístico o del recurso analítico. Sin embargo, cuando se habla de «la» oposición, como se ha hecho durante veinte largos años, no sólo se está simplificando sino que se está distorsionando la realidad del país.

No existe «la» oposición, como no existe tampoco «la» sociedad civil. Existen, en cambio, las oposiciones. Y es natural que ante un gobierno tan malo como el actual, sean diversos los actores que se le opongan. Hoy la mayoría de Venezuela está en oposición al gobierno, pero eso no quiere decir que conforme un grupo único ni homogéneo. El planteamiento contrario sólo sirve para «meter por el carril» a los disidentes de un grupo que pretende ejercer una hegemonía política para monopolizar el descontento. Han fracasado en los resultados, como demuestran los estudios de opinión que evidencian que el 80% de rechazo al gobierno no se ha traducido, ni de lejos, en 80% de apoyo a «la» pretendida oposición.

Los grupos políticos y sociales que hacen oposición al oficialismo (que, por cierto, tampoco es monolítico) son diversos en lo ideológico, en lo programático, en lo estratégico, por no hablar de lo demográfico, de lo socioeconómico.

No es de gratis, sino dado el empuje de sectores opositores disidentes, que ya los medios empiezan, aunque tímidamente, a hablar de la oposición oficial, o de la oposición «mainstream», para referirse a la que antes se pretendía LA oposición. Es un avance.

El cambio de paradigma aquí es pasar de la visión estrecha que sólo considera a un grupo pequeño como los dueños de «la» oposición, a una que amplíe la mirada sobre la diversidad de intereses, posturas, representaciones que existen de verdad entre las oposiciones. No se trata de un tema semántico, sino de uno que incide de manera directa en el análisis y en su validez.

3. Autoritarismo vs. democracia.

El cuento sobre Venezuela se echa muy fácil: hay un gobierno autoritario y una oposición democrática que lucha por deponerlo. Ojalá fuera así de fácil. El hecho es que ese cuento está mal echado e incompleto.

No todos quienes militan en el oficialismo profesan el autoritarismo, así como no todos en la oposición son demócratas ni tienen un proyecto democrático para Venezuela. Esto resulta evidente, tanto en las acciones de sectores que han promovido la exclusión, los golpes de estado, las invasiones armadas, como en el discurso de sectores -a veces los mismos, a veces otros- en las redes sociales que claman por una «dictadura republicana» y demás eufemismos que buscan, no el tránsito a la democracia, sino la sustitución de un modelo de dominación por otro.

De modo que, aquí, el cambio de paradigma es el de sustituir la narrativa de «autoritarismo vs. democracia» por una que considere en su justa medida la coexistencia de varios proyectos autoritarios y democráticos a ambos lados del espectro polarizado.

4. La presión institucionalizada vs. el escándalo y la implosión

No es de gratis que los venezolanos han perdido la fe en las instituciones. La erosión institucional de Venezuela ha sido patente en los últimos 25 años. Se han desdibujado las fronteras entre partido y Estado, las instituciones se han mostrado impermeables al reclamo ciudadano, y la separación de poderes, que nunca fue más que una ilusión irrealizada, hoy pende apenas de un hilo casi imperceptible.

Pero ha sido la polarización política la que ha potenciado los efectos negativos de esta desinstitucionalización. Retroalimentada por las consideraciones anteriores, ha llevado a la desconexión entre el reclamo, la denuncia y los canales institucionales. También al abandono de la política reivindicativa, que ha sido sustituida por el grito y el escándalo.

La mentalidad del «todo o nada», inherente a la polarización, priva la implosión sobre la presión.

El cambio de paradigma, en este punto, está en dar asidero institucional al reclamo, a privilegiar la presión sobre la implosión y la política sobre el show. El abandono de los canales institucionales, aun en contextos autoritarios, o, precisamente, más aun en contextos autoritarios, es contraproducente. Más se avanza canalizando la presión en las instituciones, por maltrechas que estén, que a través de la política del grito en el desierto, que es buena para las gradas pero poco efectiva para traducir el reclamo en cambios genuinos.

5. Los profetas de la desesperanza vs. el discurso de alternativa y esperanza.

En ningún lado los políticos pueden ser profetas de la desesperanza, ni ante las más abyectas injusticias. Un líder no puede ser abanderado del discurso de rendición, de capitulación. Pero eso es precisamente lo que ha logrado la polarización política. De manera insólita, en el campo político venezolano se oyen voces que se regodean pintando a Venezuela como el peor país del mundo, como la peor desgracia de la humanidad; que dicen que no hay nada que hacer, que «solos no podemos».

El cambio de paradigma, en este último punto, es transitar de esa visión estrecha y contraproducente a una que llame a la esperanza, que se crezca ante las injusticias para dibujar el futuro posible y que se constituya como alternativa. Sólo así podremos romper el ciclo perverso de la polarización para avanzar en una visión de país que tenga por ejes la inclusión, la solidaridad y la posibilidad de lograr un cambio para bien, que no se limite a otros colores ni a otros rostros, sino que promueva una realidad distinta para millones de venezolanos que hoy padecen bajo la ignominia de la pobreza, de la desigualdad, del autoritarismo y, sí, de una polarización que no le ha traido nada bueno a Venezuela.

100

Este es el número 100 de La Palma. Concebí este espacio en marzo de este año como un aporte ante la estrechez analítica y la cooptación mediática promovidas por la polarización. Ha ido cambiando en forma y estilo, y seguramente seguirá haciéndolo de cara a las próximas 100 entregas, conservando lo improtante: una visión crítica detrás de los principales temas de interés colectivo.

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La Palma |El refrito

La Palma

099 – 14 de agosto de 2020

Mi comentario de hoy

El refrito

Aquí vamos de nuevo… Dos símiles ilustran la política venezolana de los últimos veinte años: la película El Día de la Marmota, en la que Bill Murray interpreta a un personaje condenado a revivir, una y otra vez, el mismo día; y el de una caminadora, esa máquina de ejercicio sobre la cual se corre de manera estática, sin avanzar un centímetro.

Una vez ratificada su apuesta por la nada, los sectores abstencionistas del G4 y sus aliados anunciaron que anunciarán (otra vez) un «gran pacto unitario». Es el refrito del Frente Amplio, que no fue tal, pero también de sus ancestros: la MUD y la Coordinadora Democrática. ¿Qué nombre le pondrán?

Nada nuevo bajo el sol. El mismo yo-con-yo y el mismo refrito. Creen que el asunto es de “branding” y están convencidos, en su soberbia, de que su única falla ha sido “comunicacional”. La “sociedad civil” (que, como “la” oposición, es más diversa de lo que el artículo determinado sugiere), protestó que el “gran pacto unitario” parte con una pata coja: los convocaron para informarles, no para consultarles, menos para construir con ellos la propuesta. Genio y figura. La razón es sencilla: una élite soberbia que no cree en aliados sino en subalternos, que no ve las alianzas desde las relaciones horizontales entre movimientos y sectores, sino desde la imposición y para la sumisión.

Han extraviado el perol. Hace mucho tiempo. Y en lugar de emprender su búsqueda, se adentran más en el monte porque, por supuesto, primero muertos que bañados en la sangre de admitir que están equivocados, que acusar el error. Por eso insisten, no sólo en el refrito, sino en sus ejes principales: la exclusión, la soberbia y la fantasía.

¿Cuándo empezó este ciclo sin fin? Quizás un día como hoy, hace 16 años, aquel 14 de agosto, cuando los mismos que están ahí, con las mismas caras, anunciaron un «fraude» que no fue tal, dando inicio a la política del avestruz, enterrando la cabeza en la tierra y privilegiando el aplauso de las gradas sobre hacer frente y encarar la realidad.

¿Hasta cuándo lo mismo? ¿Y hasta cuándo el chantaje emocional y la exigencia a cerrar filas en una solidaridad automática ajena a toda rendición de cuentas? «Al menos se está haciendo algo» no es argumento frente a la magnitud del fracaso, y menos cuando ese «algo» en lugar de acercarnos al cambio dinamita toda posibilidad de alcanzarlo, haciéndonos volver, una y otra vez, al primer paso, como el despertador de Bill Murray en aquella película, que todos los días a las 6 de la mañana sonaba, con la misma canción en la misma estación de radio, advirtiendo que se venía, también, la repetición de la misma jornada, con los mismos resultados.

Por ahí no es.

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La Palma |»Si no gano, no juego», o hacer análisis como niño cobardón

La Palma

098 – 12 de agosto de 2020

Mi comentario de hoy

«Si no gano, no juego», o hacer análisis como niño cobardón

En todas partes, los analistas políticos suelen ser personas con experiencia en el tema. Eso incluye ex funcionarios públicos, dirigentes en la reserva, académicos y periodistas especializados en el área. En Venezuela, la cosa es más diversa. Por “analistas” hemos tenido directores de teatro, libretistas de telenovelas, y advenidizos de todo tipo.

El mundo político venezolano puede ser hermético. Sumado a un país en el que cada quien tiene su agenda y sus compromisos, eso lleva al desconocimiento de la política real por parte de esta fauna de analistas. Van por un lado, con un libro por ahí, otro a medio leer por allá, en una prédica casada con sus lealtades pero divorciada de la realidad, que va por otro.

Entre las cosas que se leen de estos analistas, es que no tiene sentido participar en una elección si no se tiene garantizado, de antemano, ganar. Y, por supuesto, los políticos dirán siempre que participan para ganar, decir lo contrario es un sinsentido. Pero la realidad es más compleja. Si el requisito para participar en una elección fuese tener el triunfo asegurado, sólo habría un candidato por circuito, de la misma manera que sólo jugaría un equipo en la liga de béisbol o de fútbol. No es «si no gano, no juego», sino «si no juego, no gano» lo que en realidad aplica.

Pero, más allá del divorcio de la realidad de algunos analistas, de sus compromisos con donantes, agendas políticas y personales, decir que no se participa a menos que no haya garantía clara de ganar de antemano, a meses de una elección, es una postura cobarde. Muy cobarde. Los imagino de niños, malcriados por supuesto, llevándose el balón ante el primer gol o el primer taponazo. Así lo ven.

Es un absurdo. Que lo digan los diputados de la MUD electos en 2015, que ganaron en lugares como Catia y el 23 de Enero, donde nadie daba nada por ellos. O que lo digan los concejales del PSUV en Baruta, que hoy legislan en el municipio ante la improbable victoria producto del llamado a la abstención de los partidos que apoyaban, o debían apoyar, al alcalde. En política no hay nada escrito en piedra, y si fungen de analistas nuestros actores de televisión e investigadores que no investigan, creo que tiene crédito como analista Yogui Berra, aquella leyenda de la pelota que afirmaba que la cosa “no se acaba hasta que se acaba”. O, para decirlo en criollo: la pelota es redonda y viene en caja cuadrada.

No soy de quienes promueve una peleíta boba y estéril entre académicos y políticos por ver quién tiene la autoridad final, en la que unos dicen que los otros no tienen experiencia ni calle, y estos les responden que ellos no se han leído a X o Z. Eso no es más que un torneo de egos frágiles. Pero sí es patente la desconexión y lo sufre el análisis, que termina planteando absurdos como que no se puede participar a menos que esté garantizado el triunfo. En verdad, detrás del planteamiento se esconde el deseo de salvar cara y tapar con un dedo la imposibilidad de replicar los resultados de 2015 ante un liderazgo que ha perdido apoyo popular. Es el niño cobardón y malcriado que se lleva la pelota ante el primer tapón. Al final, se va él, pero quedan en la cancha los que juegan, aunque el niño crea, desubicado, que el suyo es el único balón que existe, o que sin él ya el juego no cuenta.

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La Palma | 10 cosas que debemos dejar atrás con la polarización

La Palma

097 – 11 de agosto de 2020

Mi comentario de hoy

10 cosas que debemos dejar atrás con la polarización

La polarización ha definido la política venezolana de los últimos 20 años. Con su promoción de identidades negativas, del no reconocimiento del otro, y de una lucha existencial irreconciliable, ejerce una fuerza centrífuga que ha triturado cualquier intento de resistencia, alineando todos los aspectos de la vida política y social alrededor del clivaje chavismo-anti chavismo. En el proceso, la polarización ha contribuido a la erosión de la democracia, sirviendo a las élites en conflicto para la exclusión, la cooptación y la supresión del disenso. Queda claro que recuperar la democracia pasa por superar la polarización.

Hoy, cuando estamos en una posición única para asumir el reto, nos atrevemos a plantear diez cosas que debemos dejar atrás con la polarización, no como ejercicio de imaginación fantasiosa, sino en el entendido de que derrumbar los muros de la polarización no es un evento único ni espontáneo, sino un proceso de todos los días, producto de las luchas y las posturas firmes de muchos sectores de la sociedad. Estas diez cosas no son «para después», para cuando superemos, algún día, la polarización, sino para irlas asumiendo, precisamente, en la lucha por sacudir los cimientos de una dinámica que le ha hecho tanto daño a Venezuela.

Seguro hay más, pero estas diez, sin orden específico, representan un buen punto de partida:

1. «Chavista» como insulto (y la insultadera en general)

«Chavista» no es un insulto, sino una identidad política, que sin embargo algunos sectores opositores suelen utilizar para proferirle, como insulto, a sus adversarios internos y «rayarlos» ante la opinión pública cuando osan disentir.

Si algo reflejan estudios de opinión de todo tipo a lo largo de estos largos años es que la gente está harta de la peleadera, de la insultadera, de que los políticos se enfoquen más en los problemas entre los políticos que en los problemas de la gente. Cuando le dicen «chavista» a un opositor disidente no lo están insultando a él o a ella, sino a miles de simpatizantes del proyecto oficial, que observan cómo su identidad se usa en términos despectivos para denigrar del otro, reforzando las trincheras de esa identidad y dificultando cualquier acercamiento, diálogo productivo. Es prepotente y discriminatorio.

¿Lo mismo con «escuálido»? No tanto. No porque el chavismo, a quienes muchos tienen por autor intelectual y material de la polarización a través de las prácticas discursivas de su fundador, no discrimine, sino porque suele hacerlo a través de otros términos: «los traidores», «los judas», «la derecha endógena» (fíjese que los dos primeros aplican a ambos «bandos»). Ya está bueno de la insultadera en el discurso político. No es un simple saludo a la civilidad, sino una advertencia ante una práctica que profundiza las divisiones y refuerza la polarización.

2. La unidad como fetiche y chantaje

La unidad fue una estrategia necesaria ante el dominio electoral de Hugo Chávez que rápidamente se convirtió en un mecanismo de exclusión de una élite para reforzar los dedazos de un cogollo que decidía quién era opositor y quién no. Venezuela ha cambiado mucho y el dominio garantizado del partido oficial en el terreno electoral es cosa del pasado. Si bien las alianzas son buenas para la democracia, también es verdad que no se puede unir lo que es diametralmente opuesto, sea en términos programáticos, ideológicos o de posturas. Superar la polarización pasa por valorar el pluralismo sobre la cartelización de los partidos. A cuatro meses de las elecciones parlamentarias, los partidos que apuestan a la participación harían bien en valorar el pluralismo en lugar de convertirse en una parodia de las prácticas excluyentes de estos 20 años en nombre de la «unidad», según las cuales el que no se alinee es, ver el punto anterior, «chavista».

3. El no reconocimiento y la lucha existencial

Gente que dice que nunca ha visto un chavista en su vida, o que la oposición no existe, que fulano es ilegítimo y que a los otros hay que barrerlos del mapa. Fundamental en la lucha contra la polarización es acabar con la política de no reconocimiento y la lucha existencial entre «ellos» y «nosotros» y, en su lugar, promover el entendimiento y una lucha política que, sin dejar de ser combativa, como lo es por naturaleza, parta del reconocimiento del contrario y no de las ansias por excluirlo o exterminarlo.

4. El autoritarismo

Es de sobra sabido que la polarización erosiona la democracia y genera mayor tolerancia a posturas autoritarias en ambos «bandos», en nombre de la lucha existencial contra el «otro». Aquí le sobran a ambas partes las excusas, las promesas de que es sólo «mientras tanto», mientras se aplasta al «otro». Sólo acabando con la polarización es posible transitar caminos más democráticos y minar las bases del germen autoritario que hoy está enraizado en la política venezolana.

5. La postura acrítica

El disenso está entre las primeras víctimas de la polarización. Reforzada por la idea de la «unidad» como chantaje y la lucha existencial, y potenciada por los medios cooptados por la polarización, los ciudadanos reciben la información con una advertencia clara: digan amén, o sométanse al punto 1 de este escrito. Ser más críticos ante los políticos, los partidos, los medios y la autoridad es un paso necesario para desmantelar el andamiaje de la polarización.

6. Las solidaridades automáticas

En línea con lo anterior, la concepción de «ellos» contra «nosotros» lleva inexorablemente a las solidaridades automáticas. Si queremos una mejor democracia, urge sustituir las solidaridades automáticas por la rendición de cuentas, desde una postura crítica.

7. La política de la rosca y el cogollo

Si sólo hay dos bandos, la jefatura de esos bandos, sea una persona o un grupete, tienen garantizado el control de todo. Sólo ellos, en pequeños cónclaves, deciden la política, las candidaturas, las estrategias. El pueblo queda de espectador, a lo sumo de actor de reparto. No hay democracia que aguante este esquema, que debemos sustituir por uno de participación amplia desde las bases y los sectores sociales.

8. La ficción entre buenos y malos

Por supuesto que en la lucha existencial de «ellos» contra «nosotros», «ellos» son los malos y «nosotros» somos los buenos. Los dos bandos piensan así y de allí no sale nada bueno. En Venezuela hay gente buena en todas partes y en todos los partidos. Superar esta ficción es fundamental para dejar de poner a los venezolanos de segundos frente a los «opositores» y los «chavistas». Venezuela es más grande que las divisiones artificiales que promueven las élites, según las cuales el otro «no cuenta» porque no es de su bando. En democracia cuentan todos los venezolanos.

9. La abstención

La abstención ha sido una política atroz y parte del no reconocimiento del contrario y de la creencia de que sólo una parte cuenta, y que sin la participación de esa parte el país debe pararse o no existe. Es la política del avestruz, con la cabeza enterrada. Promover la voz de los venezolanos, no secuestrarla en nombre de la polarización, es lo que nos llevará a reconstruir una mejor democracia.

10. La «otra» polarización

Ricos y pobres, negros y blancos, este y oeste, Caracas y el interior. Superar la polarización política es una extraordinaria oportunidad para meterle el pecho a superar, también, las otras polarizaciones que hacen mella en la integración social y que sostienen un sistema de discriminación y desconocimiento del otro. En la promoción de la diversidad y el pluralismo político, estamos empujando también el reconocimiento y la promoción de la diversidad y la justicia social.

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La Palma | Ser más críticos ante la noticia

La Palma

096 – 10 de agosto de 2020

Mi comentario de hoy

Ser más críticos ante la noticia

¡Cuánta información nos llega todos los días! Todas las horas, todos los minutos. Puede ser agobiante. El signo de esa información suele ser negativo. Muchas veces nos deja en la lona, abatidos, desesperanzados. Y no es para menos: La injusticia, la crisis económica, el autoritarismo, la situación del medio ambiente. Todo pareciera avanzar sin dar tregua, sin una rendija de luz.

Pese a lo que en algún momento se imaginó, la democratización de la información a través de las redes sociales e internet no se ha traducido en un público mejor informado. Además de la desinformación por diseño, que responde a intereses de distinta índole, los factores de poder y los medios de comunicación le imprimen a sus narrativas lógicas distintas a las del servicio público de informar, que además superan aquel esquema básico de emisor-mensaje-receptor.

Detrás de cada noticia, o evento reseñado como noticia, hay una serie de intereses y una narrativa prehecha. A eso se le suma, además, la cooptación de los medios de comunicación, promovida por la polarización política, y la lógica mercantil que domina a los medios, signada por la competencia por la audiencia y, en el contexto de hoy, los clicks. Entender eso es fundamental para hacer pausa a la hora de digerir la información que consumimos y, en lugar de abandonarnos a las emociones, encararla siendo más críticos.

Sobre todo la información política, como señala Ezra Klein en Why We’re Polarized (2020), apela a quienes hacen barra a uno u otro lado del conflicto. Lo que les interesa es confirmar que van ‘ganando’, o tener argumentos para ‘ganarle’ al ‘otro’. Los medios polarizados no enfatizan lo que nos une, sino lo que nos separa, con la intención de generar una indignación que está íntimamente ligada a las identidades.

Según Klein, mientras más noticias políticas se consumen, más distorsionada es la perspectiva sobre el «otro». Así, los medios polarizados refuerzan identidades y radicalizan posturas. En ese sentido, dice Klein, los medios no se limitan a reflejar la política que tenemos, sino que le dan forma, incluso la generan.

El sesgo de los medios no es ni siquiera de izquierda o derecha, sino que parte de lo que hace ruido, de la indignación, la intriga y la confrontación, en parte porque dependen de ese público radicalizado.

Dicho esto, la invitación es a ser más críticos, siempre. Con los políticos, pero también con los medios, con los curas, con la autoridad sin importar de dónde emane. Tragarse las cosas como vienen, en su paquete prehecho, es morder el anzuelo fácil de los juegos de poder y los intereses creados.

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