La Palma | El cambio no es un eslogan ni hay cambio dejando todo como está

La Palma

115 – 22 de octubre de 2020

Mi comentario de hoy

El cambio no es un eslogan ni hay cambio dejando todo como está

Extraños compañeros de cama, los defensores del status quo. Unos, que no quieren que nada cambie para seguir en el poder. Otros, que no quieren que nada cambie para seguir en los privilegios de un poder de fantasía que maneja recursos muy reales. Y en el medio, un país. Ese que está más allá de la lucha existencial. Ese, para el cual el cambio no es es un eslógan vacío sino una urgencia. Ese, que padece la peor crisis de nuestra historia contemporánea. Venezuela, clamando por un cambio, mientras ve en las élites polarizadas una férrea guerra por dejar todo como está.

Es la polarización extrema, con su juego suma cero, la que sostiene esa dinámica perversa. Por eso es fundamental desmontarla, pulverizarla. Y eso sólo puede hacerse desde la acción, desde la participación, desde la movilización popular. Y el reto más próximo para ejercer esa acción ciudadana son las elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre.

Los que no quieren cambio sepultan bajo sus narrativas los problemas de la gente. Para ellos, hay que esperar. Nosotros sabemos que Venezuela no puede dejar para mañana las urgencias de hoy. La crisis de la salud, del sistema educativo, del transporte colectivo, de los servicios públicos, de la producción nacional, de la economía, no es un tema «para después». Ni «para cuando salga Maduro» ni «para cuando acabe la guerra económica». Es para ya. Si no, pregúntenle a los ciudadanos, cuyos problemas son apenas instrumentalizados por los dos grupitos divorciados de la realidad, empeñados en la sádica dinámica de la confrontación estéril.

Y leen la cosa mal. Los unos, porque sobreestiman su poder. Los otros, porque piensan que todo se trata de una competencia por monopolizar el descontento y el liderazgo de eso que han llamado «la» oposición. Están equivocados. Se trata de construir soluciones junto a los venezolanos, independientemente de su militancia política, de sus simpatías, de su orígen y sus creencias.

No quieren cambio. Nosotros sí, porque este ping pong de odios no le ha servido a Venezuela sino para promover más desintegración social, más división, más penurias. Es hora de darle un giro de 180 grados a Venezuela y nosotros asumimos la tarea de acompañar ese giro desde las bases, desde las comunidades, guiados siempre por los valores de la democracia, de la participación, de la inclusión, de la solidaridad y del amor por Venezuela.

No hay manera de impulsar las reformas que requiere la sociedad venezolana sin un cambio genuino y, aunque parezca increible tener que escribirlo, no hay cambio dejando todo como está, y eso incluye esta dinámica que ya lleva 20 años en la que dos grupitos dividen artificialmente a Venezuela entre «gobierno» y «oposición», «buenos» y «malos».

Romper la inercia no es fácil. Todo lo contrario, levanta mucha roncha. Pero no hay de otra. Por eso insistimos en un camino distinto. No nos interesa -allí se equivoca la élite que pretende monopolizar el descontento- ser «la» nueva oposición. Nos interesa construir la nueva mayoría que saque a Venezuela de abajo. Y sabemos que construirla pasa por la amplitud, por el pluralismo, por ver hacia adelante más que hacia atrás, sin guardar facturas, sin discriminar, sin excluir. Sin odiar. Y quizás por eso no lo entienden, quienes han usado el odio como combustible político. Y por eso nos acusan de una y mil cosas, quienes sólo juzgan por su condición. No les cabe en la cabeza una alternativa venezolanista, popular, que se las juega por unir a Venezuela en lugar de separarla.

No podemos seguir así. Por eso insistimos, junto a un pueblo que no se rinde, que es ejemplo para quienes se dicen líderes pero se limitan al diagnóstico, la inacción y la pasividad. Junto a ese pueblo construiremos el cambio y le devolveremos la esperanza a Venezuela.


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La polarización extrema ha significado la cooptación de los principales medios de comunicación. La Palma es un espacio que ofrece una visión crítica detrás de algunos de los principales titulares diarios, en un formato sucinto.

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La Palma | ‘Espejito, espejito’, a propósito de la ‘consulta’

La Palma

114 – 2 de octubre de 2020

Mi comentario de hoy

‘Espejito, espejito’, a propósito de la ‘consulta’

Ayer dieron a conocer los voceros y periodistas de lo que aún llaman el gobierno interino las preguntas de la ‘consulta’ que plantean hacer en búsqueda de legitimar la continuidad del (su) status quo. Confunden “hacer algo” con hacer cualquier cosa, en este caso otra comiquita, otra chapuza, que no sólo ya no cuenta con el entusiasmo del grueso de la población, sino que terminará, nuevamente, en la frustración de la minoría que todavía ve esperanzada este tipo de iniciativas.

Debieron, una vez anunciadas las preguntas, anunciar de una vez el resultado. Después de todo, no sólo es la ‘consulta’ un evento unilateral de un sector homogéneo del espectro político, sino que no hay manera de hacerle auditorías. Que anunciaran hoy que 30 millones votaron sí y sí, como aquel 16 de julio, le ahorraría a todo el mundo tiempo y recursos.

Al final del día, esta ‘consulta’ no se diferencia mucho de la elección de la Asamblea Constituyente convocada desde el oficialismo. Es, en ese sentido, apenas la asamblea política de un grupito de partidos, de un solo sector.

Lo realmente llamativo es lo que hay detrás de la iniciativa, que deja ver cuál es su visión del parlamento, una en la que brilla por su ausencia el pluralismo y, al contrario, se afinca la predilección por el sectarismo y la unicidad de criterios.

La consulta de ‘espejito, espejito’ sólo busca una simulación de participación que aplaque los ánimos al interior de la coalición interina y que justifique la extensión de los privilegios de la casta que ha manejado recursos de la nación sin contraloría alguna. Cualquier parecido con sus supuestos adversarios no es pura coincidencia.

La ‘consulta’ es una comiquita, que pone de relieve una vez más la necesidad de enseriar la política. En ese sentido, insistimos en la verdadera consulta para impulsar un cambio para bien: la participación activa del pueblo en las elecciones para elegir a sus diputadas y diputados a la Asamblea Nacional. Y, en los meses siguientes, las que se harán para elegir alcaldes, concejales, gobernadores y legisladores regionales. Lo demás es vivir en la ficción y en el engaño, todo para garantizar, paradójicamente, el continuismo del status quo.


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La Palma | Aquí estamos y no nos rendimos

La Palma

113 – 1 de octubre de 2020

Mi comentario de hoy

Aquí estamos y no nos rendimos

En Soluciones para Venezuela hemos tenido un sólo discurso y no titubeamos en nuestras banderas: Vamos a dar la pelea por Venezuela. Y lo haremos promoviendo la participación activa de las venezolanas y los venezolanos. Aquí hay un movimiento popular que no se rinde ni se amilana ante los chantajes.

No vamos a dejar al pueblo de su cuenta padeciendo la peor crisis de nuestra historia. Todo lo contrario, vamos a alzar su voz en todos los escenarios para promover un giro de 180 grados a la dinámica que hoy tiene a Venezuela en el foso.

No vamos a abandonar a los venezolanos. No vamos a subordinar los intereses de las mayorías, de los más vulnerables, a los cálculos pequeños y los intereses personales. Todo lo contrario, vamos a insistir por los trabajadores, por los campesinos, por los estudiantes, por los adultos mayores, por los educadores, por el personal de salud, por un pueblo cuyos problemas no cesan porque algunos políticos decidan cruzarse de brazos, como es su costumbre.

No falta quien pretenda invisibilizarnos, subestimarnos. Se van a llevar una sorpresa. Aquí estamos y no nos rendimos en la lucha por Venezuela, poniendo todo nuestro empeño en la participación, en el voto, en la reconciliación, en el encuentro, el el cambio para bien, convencidos de que esto tiene solución.


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La Palma | Tomar sopa con tenedor

La Palma

112 – 30 de septiembre de 2020

Mi comentario de hoy

Tomar sopa con tenedor

El país por un lado y los analistas por otro. Al menos, muchos de ellos. Que si Borrell, que si Almagro, que si Trump. Los domina una visión de clase media y ‘racional choice’ que no, no es “objetiva” ni permite ver la película completa. Para no hablar de las cooptaciones ni la polarización…

Es como tomar sopa con tenedor. Se les escapa lo sustantivo, no le tienen el pulso al país por ningún lado. Hablan de un fulano amparo, colgando las esperanzas en un artilugio creado para servir intereses políticos concretos, con nombre y apellido, cuando el país requiere que nos enfoquemos es en El Amparo, la tierra donde nació mi abuela, y en tantos otros poblados que hoy sufren la crisis provocada por el mal gobierno y agravada por las sanciones y el juego suma cero en el que Venezuela toda pierde.

Todo es “estratégico”, andan por la estratosfera, sin aterrizar en los problemas de la gente, que sólo ven como accesorios, como medios para provocar sus fantasiosas implosiones que llevarían a sus aun más fantasiosos escenarios en los que estas culminan, no con mayor caos y desintegración social, no con violencia, sino con la entrega del poder a estos salvadores notables que pretenden el monopolio del descontento popular.

Y siguen con la exclusión. Creen que los actores están contados y que no cabe nadie más que ellos. Invisibilizan los esfuerzos de miles de activistas, de líderes campesinos y sindicales, de las comunidades organizadas, en barriadas y poblados a lo largo y ancho del país. Los minimizan, los subestiman, en parte porque no los conocen, porque no los entienden; en parte por pura mezquindad, sobre un pedestal de falsa superioridad moral.

Esa visión de élites, de purita «rational choice», de análisis estratosférico, esa manera de tomar sopa con tenedor, no sirve ni para analizar la complejidad de la situación ni para sacar a Venezuela del foso. Por eso, desde aquí insistimos en un camino distinto, concreto: la participación activa de las venezolanas y los venezolanos, sin pedirle permiso a élites ni pretendidas ‘vanguardias’, sin pedirle por favorcito a actores externos que poco nos conocen y menos les interesamos. Apostando a y por Venezuela, por su gente, por sus problemas y por las soluciones que nos permitan, juntos, salir adelante.


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La Palma | Votando, transformaremos la protesta en reivindicación

La Palma

111 – 28 de septiembre de 2020

Mi comentario de hoy

Votando, transformaremos la protesta en reivindicación.

La agenda mediática venezolana ha concentrado su atención en las protestas que han tenido lugar en distintos estados del país en los últimos días. Pero las protestas son algo cotidiano en una Venezuela donde nada funciona. Todos los días los venezolanos protestan en las calles ante el mal gobierno, el colapso de los servicios públicos, la crisis económica. Es el rasgo de este cuero seco, de un pueblo indómito que no se conforma ni se rinde ante las adversidades.

En Soluciones para Venezuela acompañamos la protesta, siempre. Nuestros activistas son líderes de base, genuinos, que representan los intereses de los trabajadores, de los campesinos, de las comunidades populares. Y como tales, se les ha visto al frente de las protestas de los obreros de la construcción, de las comunidades indígenas, no porque sean candidatos, no porque sean de Soluciones, sino porque son activistas de verdad, porque representan a colectivos organizados. Y en Soluciones hemos tenido el respeto para no confundir la gimnasia con la magnesia, para no partidizar la lucha popular. La acompañamos, en su corazón está nuestra gente, pero no para sacarle provecho mediático, sino para alzar el reclamo popular de manera auténtica.

Quienes, por el contrario, tienen una lectura arrogante, pretenden venderle a Venezuela y al mundo que las protestas son para apoyarlos a ellos y a su agenda ya mil veces fracasada. Mienten, manipulan, desvirtúan la protesta para ganar indulgencia con escapulario ajeno. Es vergonzoso.

Por otro lado, algunos sectores de la academia y autodenominados «analistas» tratan de estirar conceptos para hacer de la protesta algo que no es. En vez de analizar los hechos, tratan de encajarlos a como dé lugar en sus prescripciones precocidas.

Apoyamos la protesta no violenta de un pueblo harto de vivir mal. Censuramos que el gobierno siga impermeable al reclamo popular y a los sectores que pretenden desvirtuar la protesta haciéndola ver como resultado de su agenda de aventuras de cara al vencimiento de su mandato legislativo.

Y, sobre todo, llamamos a institucionalizar el reclamo este 6 de diciembre, a votar para darle un giro de 180 grados a la economía y al país, para desde la Asamblea Nacional proponer las reformas necesarias para que los servicios públicos lleguen a todos de manera eficiente, para luchar por el desmantelamiento de las sanciones económicas que perjudican al común y para materializar desde el parlamento las luchas y los reclamos del pueblo venezolano. Votando, transformaremos la protesta en reivindicación.


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La Palma | Se reserva el derecho de admisión: conservadurismo, exclusión y oposición

La Palma

110 – 24 de septiembre de 2020

Mi comentario de hoy

Se reserva el derecho de admisión: conservadurismo, exclusión y oposición

Nada voy a comentar en esta entrega sobre el vergonzoso pedido de intervención militar que hizo ayer el diputado Guaidó, en una puesta en escena diseñada para sugerir, metiendo el embuste, que hablaba ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Y no lo haré porque, justamente, se inscribe en lo que escribí ayer: que en este «tiempo extra» intentarán toda clase de aventuras para hacer en 70 días lo que no hicieron en dos años… así que hablemos de algo disitnto.


Quizás no haya grupo más ardido por la propuesta incluyente y de reconciliación que hemos trazado que los conservadores. Ese grupo, que ha dominado la oposición oficial desde hace veinte años -y que la ha llevado de fracaso en fracaso sin rectificación- pone el grito en el cielo cada vez que reacciona ante nuestras banderas. Y es que no hay de otra. ¿Qué más van a decir si tenemos proyectos completamente distintos? El nuestro: de lucha por los de abajo, de nuevo, de inclusión y reconciliación, de participación amplia de las bases, de corte popular. El suyo: de exclusión, expresamente de élites, de dejar todo como está y cuidarle los privilegios a unos pocos.

No hay que darse mala vida por eso, es lo más normal del mundo. Hoy no hacen sino reafirmar el que ha sido su grito de guerra durante veinte años: «se reserva el derecho de admisión». Por eso, insisten, hay una oposición «de verdad», y una «de mentira»; hay una gente «decente», generalmente muy homogéneos entre sí, pertenecientes a la misma clase, egresados de los mismos colegios, con la misma tez; y otra «sospechosa», por no contar con los atributos mencionados.

Se afincan, estos grupos, en el sectarismo. Su lema es el de Doña Florinda: «no te juntes con esa chusma». Sólo ellos cuentan, como también escribimos hace algunos meses. No saben de argumentos ni de razones; lo suyo es la bilis y el rechazo automático a todo lo que no implique bajarles la cabeza, decirles «sí, mi señor». No reparan en el hecho de que el 80% de descontento no se traduce en apoyo a su causa y por eso han hecho creer que Venezuela es un cúmulo de seres ciegos, sordos, brutos, que «no entienden» y «no despiertan». Darían su reino por ser de cualquier otra parte, les avergüenza ser venezolanos.

Y aunque la mayoría son conservadores, también a aquellos que antes hablaban de progresismo y a los que corrieron a inscribirse en la Internacional Socialista, el verdadero eje que los define no es el de izquierda-derecha, sino el de inclusión-exclusión. En la exclusión, son los campeones.

Así como reservan el derecho de admisión a lo que creen que es un club exclusivo, la oposición, lo harían en el gobierno. Se mimetizan, de este modo, en lo que dicen combatir, porque lo que les molesta del chavismo no son sus formas sino el hecho de que no son ellos aplicándolas.

Un cambio para bien no se logra reservando el derecho de admisión, no se logra con la exclusión, sino con todo lo contrario: la inclusión, la participación de todas y de todos, el concurso del común. Y en eso andamos, sin darnos mala vida por los chantajes de quienes miran a los venezolanos por encima del hombro. Y en eso seguiremos: promoviendo el encuentro, rompiendo las cadenas no sólo de la polarización sino también del sectarismo, de la política del cogollo y la rosca, de la falsa superioridad moral. Es nuestra convicción asumir la reconstrucción de una Venezuela en la que quepamos todas y todos, en la que nadie sea «menos» por su origen ni por sus ideas. Y ellos, que se queden con su letrerito que reserva el derecho de admisión a un club al que cada vez menos gente quiere entrar.

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La Palma | Animales heridos

La Palma

109 – 23 de septiembre de 2020

Mi comentario de hoy

Animales heridos

Dice la conseja que no hay nada más peligroso que un animal herido, arrinconado. Hoy, cuando faltan 74 días para las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, el postulado se hace patente. No sólo faltan 74 días para que los venezolanos escojamos un nuevo parlamento, como manda la Constitución, sino que faltan, también, 41 días para que los Estados Unidos elijan quién será su presidente por los próximos cuatro años.

No es un detalle menor, ni trivial, señalar la fecha de las elecciones estadounidenses, sino que se convierte en una referencia obligada, dada la subordinación con la que se han asumido, gustosos, como funcionarios de la administración Trump los miembros de eso que llaman el gobierno interino. No entienden que Venezuela vale más que La Florida. Temen, más que quienes pensamos que Biden -aunque represente el cambio para EEUU- representa para Venezuela el continuismo de la política Trump, que un revés electoral de los Republicanos signifique el fin de la beca y del ‘reconocimiento’ con el que pretenden ser la única voz legítima del descontento en un país que ven de lejos y por encima del hombro.

Con estas dos fechas de vencimiento, el 6 de diciembre y, antes, el 3 de noviembre, el grupito actúa como un animal herido y acorralado y, por ende, peligroso. Ya le quitaron cualquier tipo de careta a las sanciones que promueven, por las que hacen lobby, y ahora las dirigen a todo aquel que le lleve la contraria a la oposición impuesta, escogida a dedo, por el norte. Las utilizan de amenaza para quien se salga del carril, para quien no coja línea. Una vergüenza.

Pero también la doble fecha de vencimiento implica que tendremos por delante 41 y 74 días para la aventura, para el extravío, para el último intento en el tiempo extra de hacer lo que no pudieron hacer en estos más de dos años de insistencia en el atajo y abandono de la política, la vía democrática y la organización popular.

Y del otro lado, que no son mochos, también sienten cómo los acorrala el colmillo que saliva del otro animal herido, de sus aventuras, pero también la instrumentalización del informe de la ONU sobre DDHH y el intento de sabotear las elecciones; los acorrala la crisis y el descontento. Y allí ellos, también, son peligrosos.

Y entre animales heridos crece el conflicto, crecen los odios, las promesas de retaliación mutua. Y pierde Venezuela, viendo empobrecida desde la barrera la pelea de estas dos élites tornadas bestias, con sus chantajes y su lógica de amigo-enemigo, de aniquilación del contrario.

No tenemos por qué aceptarlo. Empinémonos por encima de los chantajes, de las amenazas, del peligro de dos animales heridos que amenazan con devorarse a Venezuela con tal de lograr sus mezquinos y segregacionistas cometidos. Alcemos la voz y pongamosle un parao a la locura de la violencia y la confrontación. Restreguémosle en el hocico la suciedad de sus fechorías y saquemos a Venezuela del foso con el concurso de todos, antes de que, en su peligrosidad, nos devoren los apetitos de quienes actúan como animales heridos y acorralados.

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La polarización extrema ha significado la cooptación de los principales medios de comunicación. La Palma es un espacio que ofrece una visión crítica detrás de algunos de los principales titulares diarios, en un formato sucinto.

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