La Palma | Del trabajo de hormiga y quienes lo subestiman

La Palma

117 – 29 de octubre de 2020

Mi comentario de hoy

Del trabajo de hormiga y quienes lo subestiman

En Soluciones para Venezuela hemos activado siempre desde las bases. Es una postura que está engranada en nuestro ADN y que representa nuestra visión democrática, amplia, participativa y popular de la política. Pusimos, desde nuestra fundación, especial empeño en hacer de Soluciones un partido de verdad, un movimiento popular, y no una más de las tantas franquicias electorales que son tarjetas pero no partidos, ni tampoco el partido de una sola persona o de un pequeño cogollo. Aquí eso no va. En dos años, con esa prédica, hemos crecido hasta estar presentes en todas las 24 entidades federales, en los 335 municipios y en las 1146 parroquias a lo largo y ancho de nuestro país. La clave ha sido el trabajo de hormiga, ese que es ajeno a y distinto de la simulación, de la manipulación, de la puesta en escena para los medios de las que tantos ‘partidos’ se precian.

Cuando quisimos fundar una organización política distinta, al servicio de las causas populares, apostamos desde el primer día a la diferenciación. En un país polarizado, diferenciarse es pecado. Lo noble es la «unidad». Pero nosotros apostamos a la unidad del pueblo venezolano, no a la que se erige como chantaje y camisa de fuerza para acallar el disenso y para el dominio de las roscas. Así que no sólo nos diferenciamos en nuestras ideas, en nuestros programas, asumiendo una cruzada por el voto, por la participación, por las bases populares, por el encuentro, la reconciliación y los de abajo, en contraste con la guerra, la violencia, la política de élites, el conflicto por el conflicto, los intereses inconfesables y los privilegios de pequeños grupos, sino que también nos diferenciamos en nuestra manera de abordar el trabajo político. Casa por casa, escalera por escalera, quebrada por quebrada, caserío por caserío. Soluciones es un partido que no «sube» cerro porque nace, brota de los cerros; que no «va» a los caseríos porque de allí es: del sindicato, de la fábrica, de la escuela, de la universidad, del campo, de la lucha. Del pueblo.

Y ha sido tanta la diferenciación que se le hace imposible entendernos a quienes están acostumbrados al cogollo y la rosquita, esa que está a años luz de la gente, en sus privilegios, y que no sabe la diferencia entre Guárico y Guarico, a esos que si los sueltas en una comunidad popular sudan frío, aterrados, ante lo que no conocen y ven como «territorio enemigo». Por eso, no nos sorprendió cuando un par de vedettes de la comunicación venezolana, uno de ellos el ex líder de facto de la oposición durante años, creyeron que se la estaban comiendo «burlándose» de nuestra gente al publicar en sus redes y difundir por sus servicios de mensajería una foto de nuestro pueblo humilde de Cariaco organizándose para las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. No importa que haya una pandemia, ni que ellos no convoquen ni a su familia. Encumbrados en sus privilegios, desde la prepotencia de su clasismo segregacionista, se mofaron de una foto en la que unos treinta compañeros de los comités locales de Cariaco posaban frente a una pancarta como símbolo de su compromiso con las venezolanas y los venezolanos.

La foto en cuestión

Es el trabajo de hormiga, el de todos los días. Como esos treinta compañeros, que lo sepan las prepotentes vedettes, hay miles en todo el país. ¿Cuántos? Son 14.382 comités locales y basales los que desde Soluciones para Venezuela hemos conformado en todo el país, en los pueblos más remotos, construyendo un partido de abajo hacia arriba. «Pero sólo tienen 2000 seguidores en Twitter», nos reclama alguno. Y sí, con todas las limitaciones, tenemos retos que superar en lo comunicacional, pero prefiero tener gente de verdad y que nos falten en las redes, a tener cuentas en las redes y que no haya gente de verdad, respondo.

Somos miles de miles los que creemos en este proyecto, que no se construye con base en una identidad negativa, que va libre de odios, con la misión de construir, con la gente, un cambio para bien, de promover la reconciliación y el encuentro, de luchar sin descanso y sin complejos por los de abajo. Es el trabajo de hormiga, como el de los 30 compañeros burlados por los prepotentes privilegiados, el que conduce los esfuerzos de este movimiento popular que tiene la vocación de alcanzar el poder para dárselo a la gente.

Sigan pues, encumbrados, subestimándonos, despreciándonos, mirándonos por encima del hombro. Nosotros seguiremos haciendo lo que sabemos hacer, trabajando con el pueblo, por el pueblo, esa idea que les es tan ajena que no les queda más que la sorna. Se van a llevar una sorpresa. Con el trabajo de hormiga seguiremos luchando por las reivindicaciones de la gente e impulsando una Venezuela mejor para todas y para todos, una Venezuela de inclusión, de solidaridad y de amplia participación, aunque nos subestimen.


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La polarización extrema ha significado la cooptación de los principales medios de comunicación. La Palma es un espacio que ofrece una visión crítica detrás de algunos de los principales titulares diarios, en un formato sucinto.

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La Palma | El espanto conservador

La Palma

116 – 26 de octubre de 2020

Mi comentario de hoy

El espanto conservador

En algún lugar escribí, no recuerdo dónde ni cuándo, que al final del día el chavismo iba a terminar siendo el partero de la derecha más reaccionaria que haya tenido Venezuela. Atribuyámoslo al “péndulo” o a las heridas y experiencias traumáticas de estos veinte años en los que un grupo, en nombre de la izquierda, arrasó con el país. El hecho es que, efectivamente, hoy se ha atrincherado el conservadurismo, que intenta erigir una plataforma política para sus ideas, persiguiendo el éxito que les es esquivo políticamente desde la llegada de la democracia el siglo pasado.

Por supuesto, no lo hace abiertamente. Son conservadores quienes se dicen “liberales”. También lo son muchos de los que se dicen de “centro”, e incluso muchos de quienes se dicen “socialdemócratas”. Ser conservador es una raya que no están todavía dispuestos a portar con orgullo en este país nuestro, aunque el conservadurismo destile de cada declaración, postura, crítica y propuesta que hacen. Y, por supuesto, no hay en el debate de sus ideas políticas mucho de debate, ni mucho de ideas políticas, sino que se reducen a la superficialidad y a un dogmatismo que, también, es superficial. Al final no representan, al menos hoy, más que un cúmulo de eslóganes al caletre, sin profundidad, sin elaboración, sin programa.

Pero allí están, con Ayn Rand de fondo de pantalla de la computadora y Ronald Reagan en el del celular. Y hoy andan espantados viendo como el pueblo, ese que ven como un cúmulo de individuos “ignorantes”, el mismo que según ellos evidencia el error de la democracia y demuestra la supuesta superioridad de su modelo dizque “republicano”, les dice “a otro perro con ese hueso” y se abraza a otras alternativas populares.

Creen que Venezuela es el ombligo político del mundo y, por ende, se venden como los gurús de la sabiduría. A cuenta de qué, no lo sabemos, pues lo que recetan afuera no lo han logrado aplicar con éxito adentro. Pero, “vienen del futuro”, insisten, a advertirle a los países del mundo los peligros de todo lo que huela a inclusión, a solidaridad, a igualdad, a derechos para todas y todos, a cambio, a progreso. A todo lo que implique ver al ser humano como algo más que una mercancía.

Se trata del espanto de un grupo que se siente cómodo y seguro a la derecha, que llega al absurdo de ver la política mundial en términos de la lucha de «chavismo contra oposición» que ha desatado la polarización política extrema en nuestro país en los últimos veinte años. Así, han desarrollado una aversión no sólo a las elecciones, que demuestran en su militante postura abstencionista, sino a la democracia. Se hacen eco de teorías de conspiración para denunciar alianzas globales, perversas, para acabar con occidente, con la familia, con todo lo sagrado. Para ellos está prohibido criticar al capitalismo, para ellos es perfecto. La desigualdad no es sólo normal sino deseable. Lo mismo con la injusticia. «La vida es así, trabaja y echa pa’lante», dicen quienes nacieron en tercera base pero juran que batearon un triple.

Por eso andan con un rosario en la mano cuando ven lo que pasa en Argentina, en Bolivia, en Chile, hasta en España. Incluso se lanzan contra el Papa, el jefe de la organización más conservadora del mundo, a quien en su ignorancia llaman ‘comunista’. Con toda seguridad habrían estado en contra del Concilio Vaticano II. No hay que hurgar demasiado para leer mensajes de quienes, desde esas trincheras, todavía lamentan la reivindicación que significó el voto para la mujer.

No es verdad que hay una lucha global, existencial, entre buenos y malos. Menos verdad es que haya que escoger, en esa lucha, por estar del lado de los Trump, de los Duque, de los Bolsonaro y de las Añez, por no decir los Pinochet, los Pérez Jiménez, los Franco que hoy son reivindicados por viejos y nuevos militantes de la derecha, o de lo que creen que es la derecha.

La verdad es que le tienen pavor al cambio, a ese cambio que requieren nuestros pueblos y que resulta imposible desde la comodidad del status quo, desde el recetario de quienes reclaman que les dejen todo como está, no importa si el mundo se cae a pedazos alrededor de sus privilegios y de su confort. Les aterra tanto el cambio que lo resisten aun cuando el status quo reproduzca todo lo que dicen adversar.

No estamos ante una derecha seria, estudiosa de los problemas, democrática. Lo que hay es esta derecha conservadora superficial y autoritaria, supremacista, segregacionista y de falsa superioridad moral. La lucha por la democracia venezolana pasará por combatir el autoritarismo que comparten en plácidos sueños autócratas de izquierda y de derecha, a quienes los une el desprecio por la democracia y por las causas del común.

Nosotros acompañamos el reclamo de cambio para bien guiados por los valores de las luchas emancipatorias, la inclusión, la igualdad, la solidaridad y la participación popular y democrática. Sin medias tintas, sin amilanarnos en el chantaje del espanto conservador que pone el grito en el cielo con las reivindicaciones de las mayorías mientras mira a otro lado ante el fracaso social y económico de su propuesta agotada, de las injusticias y del signo autoritario que las alimenta.


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La Palma | El cambio no es un eslogan ni hay cambio dejando todo como está

La Palma

115 – 22 de octubre de 2020

Mi comentario de hoy

El cambio no es un eslogan ni hay cambio dejando todo como está

Extraños compañeros de cama, los defensores del status quo. Unos, que no quieren que nada cambie para seguir en el poder. Otros, que no quieren que nada cambie para seguir en los privilegios de un poder de fantasía que maneja recursos muy reales. Y en el medio, un país. Ese que está más allá de la lucha existencial. Ese, para el cual el cambio no es es un eslógan vacío sino una urgencia. Ese, que padece la peor crisis de nuestra historia contemporánea. Venezuela, clamando por un cambio, mientras ve en las élites polarizadas una férrea guerra por dejar todo como está.

Es la polarización extrema, con su juego suma cero, la que sostiene esa dinámica perversa. Por eso es fundamental desmontarla, pulverizarla. Y eso sólo puede hacerse desde la acción, desde la participación, desde la movilización popular. Y el reto más próximo para ejercer esa acción ciudadana son las elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre.

Los que no quieren cambio sepultan bajo sus narrativas los problemas de la gente. Para ellos, hay que esperar. Nosotros sabemos que Venezuela no puede dejar para mañana las urgencias de hoy. La crisis de la salud, del sistema educativo, del transporte colectivo, de los servicios públicos, de la producción nacional, de la economía, no es un tema «para después». Ni «para cuando salga Maduro» ni «para cuando acabe la guerra económica». Es para ya. Si no, pregúntenle a los ciudadanos, cuyos problemas son apenas instrumentalizados por los dos grupitos divorciados de la realidad, empeñados en la sádica dinámica de la confrontación estéril.

Y leen la cosa mal. Los unos, porque sobreestiman su poder. Los otros, porque piensan que todo se trata de una competencia por monopolizar el descontento y el liderazgo de eso que han llamado «la» oposición. Están equivocados. Se trata de construir soluciones junto a los venezolanos, independientemente de su militancia política, de sus simpatías, de su orígen y sus creencias.

No quieren cambio. Nosotros sí, porque este ping pong de odios no le ha servido a Venezuela sino para promover más desintegración social, más división, más penurias. Es hora de darle un giro de 180 grados a Venezuela y nosotros asumimos la tarea de acompañar ese giro desde las bases, desde las comunidades, guiados siempre por los valores de la democracia, de la participación, de la inclusión, de la solidaridad y del amor por Venezuela.

No hay manera de impulsar las reformas que requiere la sociedad venezolana sin un cambio genuino y, aunque parezca increible tener que escribirlo, no hay cambio dejando todo como está, y eso incluye esta dinámica que ya lleva 20 años en la que dos grupitos dividen artificialmente a Venezuela entre «gobierno» y «oposición», «buenos» y «malos».

Romper la inercia no es fácil. Todo lo contrario, levanta mucha roncha. Pero no hay de otra. Por eso insistimos en un camino distinto. No nos interesa -allí se equivoca la élite que pretende monopolizar el descontento- ser «la» nueva oposición. Nos interesa construir la nueva mayoría que saque a Venezuela de abajo. Y sabemos que construirla pasa por la amplitud, por el pluralismo, por ver hacia adelante más que hacia atrás, sin guardar facturas, sin discriminar, sin excluir. Sin odiar. Y quizás por eso no lo entienden, quienes han usado el odio como combustible político. Y por eso nos acusan de una y mil cosas, quienes sólo juzgan por su condición. No les cabe en la cabeza una alternativa venezolanista, popular, que se las juega por unir a Venezuela en lugar de separarla.

No podemos seguir así. Por eso insistimos, junto a un pueblo que no se rinde, que es ejemplo para quienes se dicen líderes pero se limitan al diagnóstico, la inacción y la pasividad. Junto a ese pueblo construiremos el cambio y le devolveremos la esperanza a Venezuela.


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La Palma | ‘Espejito, espejito’, a propósito de la ‘consulta’

La Palma

114 – 2 de octubre de 2020

Mi comentario de hoy

‘Espejito, espejito’, a propósito de la ‘consulta’

Ayer dieron a conocer los voceros y periodistas de lo que aún llaman el gobierno interino las preguntas de la ‘consulta’ que plantean hacer en búsqueda de legitimar la continuidad del (su) status quo. Confunden “hacer algo” con hacer cualquier cosa, en este caso otra comiquita, otra chapuza, que no sólo ya no cuenta con el entusiasmo del grueso de la población, sino que terminará, nuevamente, en la frustración de la minoría que todavía ve esperanzada este tipo de iniciativas.

Debieron, una vez anunciadas las preguntas, anunciar de una vez el resultado. Después de todo, no sólo es la ‘consulta’ un evento unilateral de un sector homogéneo del espectro político, sino que no hay manera de hacerle auditorías. Que anunciaran hoy que 30 millones votaron sí y sí, como aquel 16 de julio, le ahorraría a todo el mundo tiempo y recursos.

Al final del día, esta ‘consulta’ no se diferencia mucho de la elección de la Asamblea Constituyente convocada desde el oficialismo. Es, en ese sentido, apenas la asamblea política de un grupito de partidos, de un solo sector.

Lo realmente llamativo es lo que hay detrás de la iniciativa, que deja ver cuál es su visión del parlamento, una en la que brilla por su ausencia el pluralismo y, al contrario, se afinca la predilección por el sectarismo y la unicidad de criterios.

La consulta de ‘espejito, espejito’ sólo busca una simulación de participación que aplaque los ánimos al interior de la coalición interina y que justifique la extensión de los privilegios de la casta que ha manejado recursos de la nación sin contraloría alguna. Cualquier parecido con sus supuestos adversarios no es pura coincidencia.

La ‘consulta’ es una comiquita, que pone de relieve una vez más la necesidad de enseriar la política. En ese sentido, insistimos en la verdadera consulta para impulsar un cambio para bien: la participación activa del pueblo en las elecciones para elegir a sus diputadas y diputados a la Asamblea Nacional. Y, en los meses siguientes, las que se harán para elegir alcaldes, concejales, gobernadores y legisladores regionales. Lo demás es vivir en la ficción y en el engaño, todo para garantizar, paradójicamente, el continuismo del status quo.


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La Palma | Aquí estamos y no nos rendimos

La Palma

113 – 1 de octubre de 2020

Mi comentario de hoy

Aquí estamos y no nos rendimos

En Soluciones para Venezuela hemos tenido un sólo discurso y no titubeamos en nuestras banderas: Vamos a dar la pelea por Venezuela. Y lo haremos promoviendo la participación activa de las venezolanas y los venezolanos. Aquí hay un movimiento popular que no se rinde ni se amilana ante los chantajes.

No vamos a dejar al pueblo de su cuenta padeciendo la peor crisis de nuestra historia. Todo lo contrario, vamos a alzar su voz en todos los escenarios para promover un giro de 180 grados a la dinámica que hoy tiene a Venezuela en el foso.

No vamos a abandonar a los venezolanos. No vamos a subordinar los intereses de las mayorías, de los más vulnerables, a los cálculos pequeños y los intereses personales. Todo lo contrario, vamos a insistir por los trabajadores, por los campesinos, por los estudiantes, por los adultos mayores, por los educadores, por el personal de salud, por un pueblo cuyos problemas no cesan porque algunos políticos decidan cruzarse de brazos, como es su costumbre.

No falta quien pretenda invisibilizarnos, subestimarnos. Se van a llevar una sorpresa. Aquí estamos y no nos rendimos en la lucha por Venezuela, poniendo todo nuestro empeño en la participación, en el voto, en la reconciliación, en el encuentro, el el cambio para bien, convencidos de que esto tiene solución.


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