La Palma | ¿Qué hay detrás del doble rasero?

La Palma

104 – 29 de agosto de 2020

Mi comentario de hoy

¿Qué hay detrás del doble rasero?

No hay nada extraño en el doble rasero, la doble moral o el doble estándar en la sociedad. Lo vemos en la legislación, cuando aplica penas distintas al adulterio a hombres y mujeres, en perjuicio, por supuesto, de las mujeres; lo vemos en el trato que dan los cuerpos policiales y el sistema de justicia a las personas que son acusadas de distintos delitos, de acuerdo a su posición social, su raza o su lugar de origen. Se ve, también en el sistema de justicia y la legislación, en la tipificación misma de los delitos de acuerdo a los intereses que sirvan a los grupos dominantes.

En criollo, el doble rasero postula que lo que es bueno para el pavo no es bueno para la pava. En el mundo de los ‘analistas’ venezolanos, es una práctica común, en especial dado el contexto de polarización extrema que vive el país desde hace ya dos décadas. Las razones son varias: desde solidaridades automáticas que surgen de los grupos de pertenencia, pasando por los elementos aspiracionales que inspiran los grupos de referencia, y llegando a razones más aterrizadas que obedecen a la cooptación política y a las -solapadas- relaciones laborales, en las que hay que cumplirle al patrón.

Para los ‘analistas’ del doble rasero no importan la coherencia, la imparcialidad ni la justicia en el planteamiento. Lo suyo es, en criollo, el ‘caretablismo’.

No hace falta ir demasiado lejos para encontrar ejemplos del doble rasero. Los hechos políticos de los últimos días han suscitado en los propagandistas todo tipo de ‘análisis’ que contradicen lo que planteaban, ellos mismos, hasta ayer. No es rectificación, es sólo viraje de quienes opinan por encargo.

La participación en las elecciones parlamentarias de diciembre, el diálogo y la negociación, y la liberación de los presos políticos sirven para ilustrar.

En cada uno de estos temas el doble rasero es evidente. Partiendo de una visión sectaria, en la que sólo ‘ellos’ cuentan, postulan que hay dialogantes buenos y dialogantes malos, «continuidades administrativas» buenas y «continuidades administrativas» malas, liberaciones buenas y liberaciones malas, negociaciones buenas y negociaciones malas, participacionistas buenos y participacionistas malos, unos que son ‘colaboracionistas’ y otros, los que entran a la cola después de otros hicieron el trabajo duro, son ‘líderes de buenas intenciones que no deben ser cuestionados’. Son las mismas condiciones, pero unos son los ‘honestos’, los ‘decentes’, y otros no.

La liberación de los presos políticos es siempre una buena noticia. Hemos alzado la voz, siempre, por esta causa. Nadie debe estar preso por pensar distinto. Incluso aquellos menos ‘inocentes’ merecen la libertad si en verdad queremos impulsar un proceso de reconciliación que sane heridas y nos permita avanzar como Nación. Pero, como en el caso de las elecciones, hay liberaciones «buenas» y liberaciones «malas» para el discurso del doble rasero y sus proponentes. Celebramos el reencuentro de cada uno de los venezolanos detenidos por razones políticas. Hemos dicho que cada preso político cuenta: los más ‘célebres’, los menos conocidos; los “políticos” propiamente dichos y quienes han sido encarcelados injustamente por protestar con una cacerola o por lanzar una piedra; que detrás de cada uno hay una historia, unos afectos, una familia. Que es nuestro más hondo deseo es que salgan todos. Desde la Mesa de Diálogo Nacional promovimos el reencuentro de más de cien familias y celebramos las nuevas liberaciones sin reparar en quién haya sido el de la diligencia, sin la mezquindad de quienes proponen que unas «cuentan» y otras «no», y menos la de quienes, enfermos, se sulfuran por la liberación de un padre que se reencuentra con sus hijas, so pretexto de que eso ‘oxigena’ al gobierno.

Hay incoherencia y mezquindad en los planteamientos de quienes hoy aplican el doble rasero, pero más allá de eso, los animan sentimientos mucho más oscuros. Están envenenados por sus prejuicios y cooptados en sus lealtades y subterfugias relaciones de empleado-patrón.

Protestamos el doble rasero y, más allá de eso, reiteramos nuestra prédica coherente, desde el primer día, e insistimos en que la participación, el diálogo, el entendimiento entre venezolanos y la liberación de los presos políticos son buena noticia siempre, sin reparar en los actores. Sin sectarismos, sin segregaciones. Con un sólo discurso.

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La polarización extrema ha significado la cooptación de los principales medios de comunicación. La Palma es un espacio que ofrece una visión crítica detrás de algunos de los principales titulares diarios, en un formato sucinto.

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La Palma | Con los de abajo

La Palma

103 – 27 de agosto de 2020

Mi comentario de hoy

Con los de abajo

Quienes fundamos Soluciones para Venezuela, lo hicimos con el compromiso de luchar siempre por los de abajo. Si bien es cierto que nuestra postura ha sido de promoción del acercamiento y el entendimiento amplio entre todos los sectores, también es verdad que forma parte de nuestra postura política, ideológica, ética y dialógica nuestra preferencia en la lucha por los más vulnerables, por las trabajadoras y los trabajadores, por las campesinas y los campesinos, por las mujeres y las comunidades sexodiversas, por las oprimidas y los oprimidos de siempre, por las excluidas y los excluidos. Esta lucha es la que da sentido a nuestro activismo político, la que anima nuestro activismo de todos los días, nuestras propuestas, nuestros programas y políticas.

A diferencia de otros, este dircuso no está animado por la demagogia ni por la instrumentalización barata. Nos empeñamos en construir un movimiento profundamente popular, que no “entre” a los barrios sino que brote de ellos. En ese sentido, adelantamos un proceso de parroquialización para que en cada una de las 1.146 parroquias del país haya mujeres y hombres de Soluciones, venezolanos de carne y hueso en representación genuina de sus comunidades. Hoy, con el mismo orgullo y el mismo empeño, avanzamos en la constitución de los 14.382 Comités Locales para fortalecer los cimientos de este partido, como es nuestra prédica, de abajo hacia arriba.

Nuestra visión popular no le gusta a quienes entienden la política como un asunto de élites cerradas, en la que el pueblo estorba, “no entiende”, “no sabe de eso”; a quienes ven la participación como una pantomima o una simulación para dar un barniz a sus decisiones tomadas; tampoco a quienes hablan de “vanguardias” y demás eufemismos para, desde otra acera ideológica, justificar la misma política de rosca y cogollo. Para ello, todo eso es «paja».

Pero somos unos convencidos de que la participación popular, genuina, auténtica, es fundamental en la construcción de un partido que ofrece una alternativa popular y democrática para Venezuela.

A menos de cuatro meses para las elecciones parlamentarias, hemos inscrito ya a candidatas y candidatos del pueblo para darle voz a las comunidades en la Asamblea Nacional. En los 87 circuitos y las 24 entidades federales, así como en la lista complementaria, hemos puesto por delante el interés de los venezolanos más humildes.

Como creemos en la juventud, que ha sido un actor clave en la construcción de este movimiento, 40% de nuestros postulados son menores de 25 años. Profesionales, trabajadores, activistas de diversas procedencias. En Soluciones la juventud no es para pegar afiches y hacer el ridículo.

También, en línea con nuestra política venezolanista, hemos postulado líderes de nuestros pueblos originarios en las listas de 12 estados, mucho más allá del piso que propone la segregación de las listas indígenas. Junto a ellos van pescadores, sindicalistas del petróleo, de la construcción, del transporte. Dirigentes agrarios y campesinos, líderes de los movimientos sociales. Y como principio guía hemos reivindicado la paridad en reconocimento de las luchas por la igualdad de la mujer, que no son para Soluciones una “cuota incómoda” y que asumimos con gusto, sin el escozor de otros factores.

Sabemos que Roma no se hizo en un día y la magnitud del reto que se avecina. Pero estamos resueltos a ponerle el pecho a las dificultades de la mano de los venezolanos. Esa es una lucha que, para nosotros, siempre valdrá la pena.

Lo nuestro es la participación, no el secuestro de las élites. Vamos aliados con el pueblo. Con los de abajo.

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Tomemos en nuestras manos el destino de Venezuela

Entrevista con José Ríos Lugo, a través del Instagram de Reporte Global

Exclusivo de El Reporte Global

Daniel Fermín, dirigente del partido Soluciones para Venezuela, aseguró que el reto que hoy tienen que asumir los venezolanos de cara al futuro es decidir entre luchar por el cambio con su voto o rendirse con la abstención.

Considera el sociólogo como un “grave error” el llamado a la abstención que ha hecho Juan Guaidó y los sectores que le respaldan. “Tras ese llamado no hay ninguna propuesta que marque una ruta real para que Venezuela se encamine hacia un verdadero cambio, que no implica solo salir de Maduro”.Las declaraciones las ofreció Daniel Fermín, este lunes, en el programa En Conversación con Ríos Lugo, a través de Instagram, que conduce nuestro director el periodista José Ríos Lugo.

Fermín aseguró que frente a la polarización “Que es una calle ciega al futuro de Venezuela, el llamado debe ser a la participación para que los venezolanos seamos los protagonistas de nuestro destino”.

El activista político y docente explicó que tanto él como el partido Soluciones para Venezuela reivindican el llamado a la participación en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre pues “La gente está cansada de que los políticos estén más preocupados por los problemas de los políticos que los problemas de la gente”. Añadió Daniel Fermín que un proceso electoral aun en condiciones desventajosas, es una oportunidad para destrancar el juego. “Lo que pase en Venezuela no lo decide ni La Habana, ni Washington. La última palabra la tienen los venezolanos y la darán ese 6 de diciembre”.

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Con información de Reporte Global

La Palma | Más vale tarde que nunca

La Palma

102 – 24 de agosto de 2020

Mi comentario de hoy

Más vale tarde que nunca

La frustración llevó al engaño. Y no era para menos. Hace unos años, el desespero de los venezolanos producto de un país destartalado y de una crisis sin precedentes llevó a muchísimas personas a abrazar la tesis de la abstención. Después de todo, les habían dicho que no votar bastaba, que la abstención produciría una crisis de legitimidad que terminaría con Maduro fuera de Miraflores al día siguiente de las elecciones, acorralado por la entelequia que llamaron la «comunidad internacional» y por presiones internas. Fue una estafa. Engañaron al país, le mintieron a los venezolanos.

Sin embargo, quienes propusieron aquella engañifa permanecieron allí, con el teflón que les dio ese desespero de una sociedad harta, hambrienta de un cambio urgente. Así, llegamos a aquel 23 de enero, en el cual la lectura creativa de la Constitución -e intereses inconfesables- llevaron a la autoproclamación de un ‘presidente’ que nadie eligió y de otra calle ciega para las esperanzas de los venezolanos. Si en 2018 la propuesta abstencionista pareció haber olvidado la torta de 2005, en 2019 se demostró que no aprendieron nada del Carmonazo de 2002.

Lo advertimos desde el primer día, con los costos que asumen quienes ponen sus convicciones por encima de sus conveniencias. Fue una crucifixión. Pero seguimos, sin amilanarnos, no sólo advirtiendo la estafa, sino proponiendo un camino distinto: el entendimiento entre los venezolanos, no el exterminio del contrario; el valor del voto, no la resignación de la inacción. Seguimos, convencidos de que Venezuela no podía saltar por el barranco de la mano de una conducción errática más interesada en sus privilegios que en el bienestar de los venezolanos y la salud de nuestra democracia.

Adelantando a este mediados de 2020, las cosas han cambiado. Si bien sigue intacta la pretensión de las cabezas del ‘interinato’ de desconocer al otro, de castigar a la disidencia y de llevarnos por el camino de la nada, tímidas voces comienzan a decir «ya basta».

En concreto, empiezan a decir «ya basta» de lo que a todas luces no ha funcionado: la abstención, las sanciones contra los venezolanos, la soberbia de una dirigencia autosuficiente.

Las elecciones parlamentarias de este año, establecidas en la Constitución, han puesto sobre la mesa el debate sobre qué logró -y qué no logró- el salto al vacío de la abstención. La Conferencia Episcopal de Venezuela, pretendido mediador pero en realidad aliado del grupo que nos metió en este paquete, hizo un llamado fuerte de atención a los suyos a través de un comunicado que, por supuesto, cada quién interpretó a su medida. Y apenas ayer vimos las consecuencias: el dos veces candidato unitario de la oposición dejó de pasar agachado -su postura habitual- y dijo «no más», al menos por ahora. No deja de ser impresionante la ascendencia de la Iglesia sobre un sector conservador del país. Y digo del país, porque incluso en el chavismo hay quien le coge línea a los curas. Este país nuestro, tan liberal que se cree, tan conservador que realmente es.

Luego, ante el anuncio de más sanciones -esta vez limitando la importación del diesel que es vital para el transporte de alimentos- muchos ciudadanos comienzan a protestar lo que llevamos años protestando: que las sanciones sólo perjudican al pueblo, que es una operación de asfixia contra la gente, que no afecta a la élite gobernante ni a su contraparte en el exilio, que parte de una tesis absurda, desmentida por la realidad, según la cual agravar la crisis hará que la gente se amotine y saque a Maduro, haciéndole el trabajo a una élite incapaz de hacerlo ella misma con su liderazgo. Ahora falta convencer a los «aliados» internacionales que con sus sanciones no le hacen ningún favor a los venezolanos, sino todo lo contrario, los asfixian mientras que Maduro sigue fresquito.

A eso se le agrega la pantomima de la consulta de yo-con-yo planteada por el diputado que encabeza el ‘interinato’. Una simulación de participación, de esa en la que no creen por su soberbia autosuficiencia, les salió el tiro por la culata y les dijeron «conmigo no cuenten».

Hemos sido coherentes en nuestro reclamo desde el primer día. El tiempo nos ha dado la razón. No es un «yo te lo dije», de esos que no sirven para nada. No tenían que haber pasado dos, tres años, perdidos mientras la gente padece. Y falta. Pero, como dicen, más vale tarde que nunca.

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El 6D los venezolanos decidiremos nuestro futuro

Soluciones para Venezuela insiste en que el proceso electoral del 6 de diciembre servirá para distender el conflictivo clima del país y conseguir, con nuevas caras dentro de la Asamblea Nacional, otros cambios.

Eso es lo que asegura uno de los miembros fundadores de este movimiento, Daniel Fermín, quien en conversación durante el programa online Con La Luz, insistió en que estos comicios significarán para el país “una extraordinaria oportunidad de decidir el destino de los venezolanos”.

El sociólogo experto en asuntos políticos informó durante la conversación con Luz Mely Reyes, directora general de Efecto Cocuyo, que Soluciones ya postuló candidatos en los 87 circuitos electorales nacionales quienes, a su juicio, representarán al pueblo de la mejor forma posible.

“Frente a la polarización, que es una calle ciega al futuro de Venezuela, llamo a la democracia y a la participación para que los venezolanos seamos los protagonistas de nuestro destino”, dijo el también docente y activista.

Destrancar el juego

Reiteró que tanto él como su movimiento, que lidera el veterano político Claudio Fermín, miembro además de la Mesa de Diálogo con el chavismo, reivindican el llamado a elecciones parlamentarias, pues “la gente está cansada de que los políticos estén más preocupados por los problemas de los políticos que los problemas de la gente”.

Añadió que esta solución interna es lo más adecuado para destrancar el juego. “Lo que pase en Venezuela no lo decide ni La Habana, ni Washington, ni Moscú.  La última palabra la tienen los venezolanos y la darán ese 6 de diciembre”.

Recordó que esos comicios no son un capricho del gobierno o del Consejo Nacional Electoral. Fermín señaló que el actual Parlamento está a punto de caducar y que este año, igualmente, toca realizar ese proceso de votación.

“Se elegirá una Asamblea que se parezca más a Venezuela, rescatando la representación proporcional, que fue un logro de Soluciones en la Mesa de Diálogo”, afirmó.

“La Mesa no es un bloque político, es una instancia muy difícil en la que se ha apostado por la paz y la democracia”, añadió.

La Mesa de Diálogo y sus avances

Dijo que esas reuniones derivaron en varios acuerdos importantes, como la consecución del retorno del sistema de representación proporcional que Fermín ve como un gran avance.

Considera también que la adecuación del número de curules o escaños obedece a la correcta interpretación de la Constitución, y a algunas de las peticiones de la oposición para promover la representación proporcional, entre otros acuerdos alcanzados por consenso en la Mesa de Diálogo Nacional que se estableció a partir de 2019.

Tras explicar el método de representación proporcional, Fermín expresó que “los venezolanos estamos ya hartos de la peleadera y la insultadera. Un cambio como este hay que celebrarlo y no espantarnos. Quienes se oponen a la representación proporcional son los que ‘los que viven de la polarización política’”.

Agregó que frente a la polarización o el “esperar que pase algo”, insistirá en hacer un llamado a la democracia y a la participación, para que los venezolanos sean protagonistas del destino del país con el voto y la presión ciudadana como recursos.

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Con información de Manuel Tomillo C. en Efecto Cocuyo.

La Palma | Los propagandistas

La Palma

101 – 20 de agosto de 2020

Mi comentario de hoy

Los propagandistas

Los has leído. Seguramente los sigues en las redes sociales. Llamarlos «influencers» es como mucho, es servir a su vanidad, sobrestimando el alcance y el valor de sus opiniones. Son los propagandistas.

Están haciendo su trabajo. No el de periodistas, analistas o expertos, sino el de propagar tesis prehechas y difundir relatos, también prehechos, en alguno de estos salones con nombres místicos como «war room» o «sala situacional», en los que, tras escuchar a los «estrategas», los jefes piensan por un segundo y dictan «llámate a fulano para que tuitee esto. Pásaselo por Telegram que WhatsApp no es tan seguro». En criollo, están chambeando.

Es práctica común. Parece que fue ayer cuando los mismos jefes contrataban a profetas 2.0 y celestiales cuentas de nombres escatológicos. Artículos de opinión escritos por encargo y escandalosas «notas de prensa», «colocadas» con precisión en portales inventados -y financiados- por ellos son parte de la movida. Nada nuevo bajo el sol.

Por eso son acríticos, los propagandistas. No cuestionan las narrativas, como la del todopoderoso artículo 233 de la Constitución, con el que sustentan lo insostenible. Es obvio que no lo han leído. No está en el contrato. No retan las incongruencias. No es «mal periodismo». Ese no es su trabajo, al menos no en este «proyecto». Son propagandistas.

Su más reciente misión -y decidieron aceptarla- es la de torpedear la participación popular. Sus jefes, los de la cúpula, no creen en eso. Son ellos, dicen ellos, los que deben decidir, no una gente «ignorante» y «ciega» que «no despierta». En esa línea, esgrimen argumentos, algunos a partir de medias verdades o medias mentiras, otros tan disparatados que no cuidan ni siquiera el disimulo. Porque, por supuesto, la chamba exige discreción. Esa es la gracia. Por donde van, lo que les falta decir es que no hay que votar hasta que no devuelvan a su cargo a Tibisay Lucena, legítima y luminosa autoridad electoral.

No están cumpliendo una labor política. Lo suyo no es un tema de convicciones. Es una cuestión mercantil, transaccional. La cosa está dura y no está como para perder clientes. Están haciendo su trabajo, los propagandistas.

Están chambeando.

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La Palma |Polarización y cambios de paradigma

La Palma

100 – 18 de agosto de 2020

Mi comentario de hoy

Polarización y cambios de paradigma

Venezuela lleva veinte años inmersa en una polarización extrema que, aunque es política en su naturaleza, afecta todas las demás áreas de la vida social. Muy lejos están recuerdos, en realidad no tan lejanos, de cómo solía ser la vida política y social: el acuerdo tácito entre gobierno y oposición, por ejemplo, de asignar a la oposición el cargo de Contralor; o la posibilidad de disfrutar de un evento cultural, musical o deportivo sin primero revisar si el artista, el director o el atleta es de uno u otro bando político.

En veinte años, se han reforzado una serie de ideas en el imaginario colectivo y muchas de ellas las asumimos de manera inconsciente, «natural». Pero, si está claro que reconstruir una mejor democracia pasa por desmontar el andamiaje nocivo de la polarización, debemos entonces, también, impulsar cambios en los paradigmas que dominan nuestra manera encarar la realidad.

En estas breves líneas, nombraré apenas cinco de esos cambios que, como lo veo, son necesarios para «pasarnos el suiche» y superar la mentalidad polarizada que mantiene a Venezuela en un ciclo de repetición infinito.

1. Sólo hay dos bandos, o el «ellos contra nosotros» y el «buenos contra malos».

Venezuela es mucho más diversa que la división artificial que proponen las élites polarizadas. No es verdad que sólo hay dos bandos, como tampoco es verdad que un bando es el de los «buenos» y el otro es el de los «malos». La retórica polarizada, que insiste en una lucha entre el bien y el mal en la cual, por supuesto, ambos lados afirman encarnar el bien contra las pretensiones diabólicas de sus «enemigos», no tiene asidero en la realidad.

Nuestra polarización, aunque ha permeado y permea a todos los niveles, es fundamentalmente un asunto de élites. Pero el país no cabe en la estrechez de un planteamiento que sobrevive y se reproduce sólo en la medida en que plantea la ficción de una sociedad dividida en dos únicos toletes.

De modo que el cambio de paradigma, aquí, es de la visión de dos bandos enfrentados a una que pase por el reconocimiento de la diversidad y el pluralismo realmente existentes en la sociedad.

2. «La» oposición vs. las oposiciones

Es normal simplificar, bien sea en aras del reportaje periodístico o del recurso analítico. Sin embargo, cuando se habla de «la» oposición, como se ha hecho durante veinte largos años, no sólo se está simplificando sino que se está distorsionando la realidad del país.

No existe «la» oposición, como no existe tampoco «la» sociedad civil. Existen, en cambio, las oposiciones. Y es natural que ante un gobierno tan malo como el actual, sean diversos los actores que se le opongan. Hoy la mayoría de Venezuela está en oposición al gobierno, pero eso no quiere decir que conforme un grupo único ni homogéneo. El planteamiento contrario sólo sirve para «meter por el carril» a los disidentes de un grupo que pretende ejercer una hegemonía política para monopolizar el descontento. Han fracasado en los resultados, como demuestran los estudios de opinión que evidencian que el 80% de rechazo al gobierno no se ha traducido, ni de lejos, en 80% de apoyo a «la» pretendida oposición.

Los grupos políticos y sociales que hacen oposición al oficialismo (que, por cierto, tampoco es monolítico) son diversos en lo ideológico, en lo programático, en lo estratégico, por no hablar de lo demográfico, de lo socioeconómico.

No es de gratis, sino dado el empuje de sectores opositores disidentes, que ya los medios empiezan, aunque tímidamente, a hablar de la oposición oficial, o de la oposición «mainstream», para referirse a la que antes se pretendía LA oposición. Es un avance.

El cambio de paradigma aquí es pasar de la visión estrecha que sólo considera a un grupo pequeño como los dueños de «la» oposición, a una que amplíe la mirada sobre la diversidad de intereses, posturas, representaciones que existen de verdad entre las oposiciones. No se trata de un tema semántico, sino de uno que incide de manera directa en el análisis y en su validez.

3. Autoritarismo vs. democracia.

El cuento sobre Venezuela se echa muy fácil: hay un gobierno autoritario y una oposición democrática que lucha por deponerlo. Ojalá fuera así de fácil. El hecho es que ese cuento está mal echado e incompleto.

No todos quienes militan en el oficialismo profesan el autoritarismo, así como no todos en la oposición son demócratas ni tienen un proyecto democrático para Venezuela. Esto resulta evidente, tanto en las acciones de sectores que han promovido la exclusión, los golpes de estado, las invasiones armadas, como en el discurso de sectores -a veces los mismos, a veces otros- en las redes sociales que claman por una «dictadura republicana» y demás eufemismos que buscan, no el tránsito a la democracia, sino la sustitución de un modelo de dominación por otro.

De modo que, aquí, el cambio de paradigma es el de sustituir la narrativa de «autoritarismo vs. democracia» por una que considere en su justa medida la coexistencia de varios proyectos autoritarios y democráticos a ambos lados del espectro polarizado.

4. La presión institucionalizada vs. el escándalo y la implosión

No es de gratis que los venezolanos han perdido la fe en las instituciones. La erosión institucional de Venezuela ha sido patente en los últimos 25 años. Se han desdibujado las fronteras entre partido y Estado, las instituciones se han mostrado impermeables al reclamo ciudadano, y la separación de poderes, que nunca fue más que una ilusión irrealizada, hoy pende apenas de un hilo casi imperceptible.

Pero ha sido la polarización política la que ha potenciado los efectos negativos de esta desinstitucionalización. Retroalimentada por las consideraciones anteriores, ha llevado a la desconexión entre el reclamo, la denuncia y los canales institucionales. También al abandono de la política reivindicativa, que ha sido sustituida por el grito y el escándalo.

La mentalidad del «todo o nada», inherente a la polarización, priva la implosión sobre la presión.

El cambio de paradigma, en este punto, está en dar asidero institucional al reclamo, a privilegiar la presión sobre la implosión y la política sobre el show. El abandono de los canales institucionales, aun en contextos autoritarios, o, precisamente, más aun en contextos autoritarios, es contraproducente. Más se avanza canalizando la presión en las instituciones, por maltrechas que estén, que a través de la política del grito en el desierto, que es buena para las gradas pero poco efectiva para traducir el reclamo en cambios genuinos.

5. Los profetas de la desesperanza vs. el discurso de alternativa y esperanza.

En ningún lado los políticos pueden ser profetas de la desesperanza, ni ante las más abyectas injusticias. Un líder no puede ser abanderado del discurso de rendición, de capitulación. Pero eso es precisamente lo que ha logrado la polarización política. De manera insólita, en el campo político venezolano se oyen voces que se regodean pintando a Venezuela como el peor país del mundo, como la peor desgracia de la humanidad; que dicen que no hay nada que hacer, que «solos no podemos».

El cambio de paradigma, en este último punto, es transitar de esa visión estrecha y contraproducente a una que llame a la esperanza, que se crezca ante las injusticias para dibujar el futuro posible y que se constituya como alternativa. Sólo así podremos romper el ciclo perverso de la polarización para avanzar en una visión de país que tenga por ejes la inclusión, la solidaridad y la posibilidad de lograr un cambio para bien, que no se limite a otros colores ni a otros rostros, sino que promueva una realidad distinta para millones de venezolanos que hoy padecen bajo la ignominia de la pobreza, de la desigualdad, del autoritarismo y, sí, de una polarización que no le ha traido nada bueno a Venezuela.

100

Este es el número 100 de La Palma. Concebí este espacio en marzo de este año como un aporte ante la estrechez analítica y la cooptación mediática promovidas por la polarización. Ha ido cambiando en forma y estilo, y seguramente seguirá haciéndolo de cara a las próximas 100 entregas, conservando lo improtante: una visión crítica detrás de los principales temas de interés colectivo.

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La polarización extrema ha significado la cooptación de los principales medios de comunicación. La Palma es un espacio que ofrece una visión crítica detrás de algunos de los principales titulares diarios, en un formato sucinto.

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