La comparsa del PSUV

Escribimos estas líneas a dos días de la fecha pautada para votar una iniciativa que Nicolás Maduro ha llamado constituyente, sin serlo. Fuera de la Constitución, la camarilla conservadora del poder y los privilegios ha usurpado la soberanía popular para convocar, sin consultarle al pueblo, a lo que hoy los venezolanos vemos como una evidente estafa y un fraude. Una burla.

Por un segundo, pareció que iba a prevalecer la sensatez y que la propuesta “constituyente” sería retirada. Por un segundo y a última hora, pero ¿qué más venezolano que eso? No sucedió. No hubo negociación ni acuerdo. Menos diálogo. Aunque algunos aplaudan, es una pésima noticia para el país. Nuevamente, ha sido derrotada la política y el gran beneficiario es el régimen que, como insistimos la semana pasada, es patentemente antipolítico, dado más bien al exterminio del contrario y la aniquilación de la disidencia.

Dijimos que le han llamado constituyente, sin serlo. Y es que, a todas luces, lo que han planteado no es una Constituyente, como lo fue la de 1947, como lo fue, con todos sus bemoles, la de 1999. Esta pantomima se parece más a un “congreso de la patria”, a una instancia de ellos, con ellos y para ellos. Ellos, el grupito. Los demás, el país, no tenemos cabida. Sí, la fulana constituyente es poco más que una convención obligada del PSUV.

Personas sin ninguna entidad desfilan como candidatos. Ni ellos están claros de qué hacen allí. Para, supuestamente, modificar las bases del destino compartido de 30 millones no buscaron a los mejores, sino a lo que había, a lo que quedaba del raspadito de la olla roja… Junto a ellos, que son evidentemente el relleno, los que, por rayados, no les importa la raya. Y sobre todos ellos, los únicos que importan: el grupito que decide, conformado por los pesos pesados de siempre, los del guiso, los de las sanciones, los ligados a lo turbio, los militares manchados. Allí, entre la burla y la farsa, ellos saben el verdadero objetivo de la constituyente: eliminar los controles y sofocar a la disidencia pero, sobre todas las cosas, saben que en esta mamarrachada se juegan el control del oficialismo, el dominio del pranato.

Lo de la constituyente es una comparsa del PSUV. Militantes, empleados públicos temerosos y militares obligados por un Alto Mando en violación permanente y flagrante del artículo 328 de la Constitución están llamados a ponerle carne a lo que todo el pueblo sabe es apenas un mal teatro. Algunos votan, nadie elige nada.

No será a través del fraude constituyente que podrá una pandilla sin apoyo popular someter al Bravo Pueblo de Venezuela. Este país, el de “obligado, ni a la esquina”, el del “cuero seco”, no se resignará a vivir de rodillas. Todo lo contrario, la comparsa del PSUV agudizará el conflicto e incrementará la tensión. El domingo la siembra es de profunda ingobernabilidad.

No, no se acaba Venezuela el 30. Vendrá el 31, y luego el 1 de agosto, y de septiembre, y de octubre. Saldrá el sol cada día, y junto a él un pueblo decidido a recobrar su libertad, su dignidad y su calidad de vida. Eso viene, lo demás solo existe en las fantasías de los que pretenden, sin que nadie los quiera, dominar a la Nación.

“Ya vengo”

Luego de tres años y 107 ediciones escribiendo política de una manera distinta, hoy me despido de nuestros lectores. Nuevas oportunidades de formación profesional me mantendrán alejado de estos Editoriales. Formación para servirle a Venezuela, ¡para devolverle tanto! Es apenas un “ya vengo”. En este tiempo, PolítiKa UCAB ha logrado consolidarse como un referente del análisis político en Venezuela, continuando el camino ya andado por su fundador y primer Editor, el profesor Gustavo Moreno. Esto es obra de nuestros articulistas, de sus plumas agudas y opiniones críticas, que suman al debate que toma y ha de tomar nuestra patria, y de nuestros lectores, siempre atentos, críticos y consecuentes.

La revista queda en las mejores manos. A partir de la semana que viene, Elvia Gómez asumirá las riendas como Editora. Elvia no necesita presentación, es una cuarto bate del periodismo y sabemos que, sin duda, llevará a PK a niveles aun mayores de proyección y éxito. Le deseo a Elvia todo el éxito del mundo en esta nueva tarea.  Por mi parte, estaré estrenando una nueva columna para seguir aportando a la discusión.

Quiero agradecer a mis amigos y compañeros del Centro de Estudios Políticos, y particularmente a nuestro Director, Benigno Alarcón, por la confianza y la gratísima tarea que me encomendó en estos años frente a la revista. También, quiero agradecer especialmente y extender un reconocimiento público a Daniela Chacón y Carlos Chirino, quienes trabajan la magia que no se ve detrás de PolítiKa UCAB, de sus plataformas y redes. Sin ustedes, sin su trabajo, esta revista no sería lo que es. Y a todos nuestros lectores, gracias nuevamente por acompañarnos en este esfuerzo que apenas comienza…


Publicado en PolítiKa UCAB el 28 de julio de 2017.

Propuesta de Gobierno de Unidad Nacional debe ser más amplia, según expertos

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Los profesores universitarios Daniel Fermín y Guillermo Tell Aveledo no dudan de que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) dio un paso al frente al sellar su compromiso de un acuerdo para un Gobierno de Unidad Nacional, que siente las bases del que será un mandato bajo los designios de un nuevo Presidente que surja del seno de la oposición. Sin embargo, ambos catedráticos observaron que el pacto presenta algunas debilidades.

Daniel Fermín, investigador del Centro de Estudios Políticos de la UCAB, destacó que la firma del acuerdo por 21 partidos de la MUD corresponde a un reclamo de la comunidad política. “Hay que celebrar que se pusieran de acuerdo para pensar cómo gobernar después que pase esto. Sentar las bases de la gobernabilidad en Venezuela por casi todos los factores políticos es un buen signo”.

Guillermo Tell Aveledo, politólogo y profesor de Estudios Liberales, en la Universidad Metropolitana, coincide con Fermín en que el acto del miércoles pasado en el Teatro Chacao tiene su trascendencia. “Lo más importante es que muestra las líneas del Gobierno unitario del futuro. No abandona el interés por la sociedad y fortalece la democracia. Digamos que es un encaje, porque no parece ir más allá por este momento”.

¿Se puede ir más allá?

El profesor de la UNIMET introduce el espacio para las críticas. Considera que el acuerdo tiene entre sus propósitos bajar las tensiones en el país. Pero aclaró que, lamentablemente, eso no depende de la MUD. “Esta no controla los factores más agresivos del chavismo ni a las fuerzas independientes de la Unidad. En un clima enrarecido todo llamado a la baja de tensiones es insuficiente”.

Aveledo aporta otro elemento que permite ver el ángulo del disgusto. “En cierto modo el documento de la MUD es muy civilizado y eso genera insatisfacciones entre quienes consideran que debe ser más contundente frente al gobierno. Una cosa que no cala del documento, es que fue diseñado para el día después de tomar el poder, pero no dice cómo llegar al poder lo que genera un debate abierto en la Unidad: Cómo llegar a esa ruta”.

Fermín expuso que en la firma del compromiso pareciera que privó el sentido de la urgencia. “Fue muy ejecutivo porque fue del grupito de ocho o nueve, que de verdad son tres. No se consultó al resto de los actores políticos”.

El investigador de la UCAB opinó igual que Aveledo. “Debió ser más amplio”. Más aun, afirmó que no toda la oposición milita en la MUD. “Ha debido ser más amplio aunque menos expedito. Esta cosa ejecutiva tiene buenas intenciones y está bien orientado, pero la gente no consultada siente que le están imponiendo cosas que no le consultaron”.

¿Y el chavismo crítico?

En cuanto a la imposibilidad por parte del bloque opositor de sumar al denominado chavismo crítico, Fermín deja abierta la duda si realmente esta disidencia quería tomarse la foto con la MUD. “Tal vez su estrategia es diferenciarse de la Mesa de la Unidad haciendo otra interpretación del escenario político o también, es factible que no existan los puentes entre el chavismo crítico y la MUD”. No descarta un mal manejo comunicacional porque alega que a veces dentro de la misma alianza opositora algunos actores no están enterados de las decisiones. Cree que no todos fueron invitados debidamente. Error que repite la MUD. “Cuando hicieron la presentación de la plataforma amplia eran los mismos de siempre. Lo que hubo fue una invitación a tomarse la foto”.

Esta debilidad de no sumar a la disidencia del oficialismo también la observó Aveledo, aunque destacó que en este momento quedó abierta la puerta para unir esas voluntades que también rechazan el gobierno de Nicolás Maduro. Opinó que la desconfianza del chavismo crítico es reflejo de la crisis que vive el país. “Pese a que se percibe la amenaza del estatus quo y que se debe construir una alianza nacional, no basta con decir lo obvio, sino construir un lenguaje común porque hay barreras muy altas”.

Pese a que Fermín considera que el documento se queda en lo instrumental, alabó que se incluyera como norma que el primer presidente de la era del posmadurismo no optará por una reelección. “Apunta en la dirección correcta. Sin embargo, se ve la falta de trabajo en cuanto a construir la consulta con la gente. Carece de profundidad. Es un documento que toca las cosas con brochazos muy gruesos, no pretende ser programa de gobierno, pero debe definir el cambio de modelo que tenemos por delante”.


Publicado en Efecto Cocuyo el 23 de julio de 2017.

¿Dónde está la política?

La gran conquista de la sociedad venezolana en el siglo XX fue la política. Esta hizo posible –y es siamesa de- la democracia. La política representó un avance sin igual para un país que se dedicó, durante todo el siglo XIX, a la guerra, al exterminio fratricida, a matarse entre sí.

Así, la imposición dio lugar a la negociación y al diálogo. Conversando se entendió la gente. Diversidad de actores, de intereses, de maneras de pensar se encontraron el la esfera política y, a través de la conciliación, trazaron los grandes acuerdos que permitieron dibujar, en la diversidad y la heterogeneidad, un norte compartido para Venezuela.

En la lucha de la civilización contra la barbarie, la política fue crucial. Y lo fue porque hablar de política es hablar de civismo, de resolver las diferencias de manera civilizada, sin violencia; de reconocerse y, sobre todo, de respetarse. No, no hubo un reparto de cuotas entre gente de superficialidad ideológica, que pensaba más o menos igual. Lo contrario, quienes se entendieron ayer en Venezuela representaban ideas contrarias, en algunos temas diametralmente opuestas incluso. Allí el valor de dibujar ese futuro compartido, no en la uniformidad, sino en la diversidad.

Por supuesto, la política entró en crisis: las instituciones no lograron responder al ritmo de los cambio sociales, incluso de los promovidos en positivo por ellas mismas; la corrupción; el rentismo; el papel de las elites; la crisis de representación. Esto y mucho más. Sobre sus ruinas surgieron el chavismo y el primer antichavismo antipartido, con un mensaje muy similar.

La antipolítica se instalaría en el imaginario, con consecuencias muy reales: la promoción del militarismo y la vuelta del “gendarme necesario”, el takeover de los dueños de medios de la actividad que normalmente compete a los dirigentes políticos. Hasta 2006, cuando la política fue retornando, tímidamente. No, no son antipolíticas las críticas a la política, a los políticos ni a los partidos. Sí lo son, sin embargo, los procederes intransigentes y contrarios al entendimiento, al reconocimiento del contrario, a la libertad de pensamiento, acción y asociación. Aunque lo digan los políticos, no hay política en exterminar al contrario, en volverlo polvo cósmico. Nada más lejos. Los desafíos del presente exigen una vuelta a la política, en medio de alarmantes exhibiciones de comportamientos pre y anti políticos que nos hacen preguntarnos, con preocupación, hacia dónde va esto…

El oficialismo no cree en la política. Su planteamiento participativo no es sino una pantomima tutelada y nariceada en el chantaje rentista. Hoy, cuando el modelo hace aguas y la popularidad se ha ido para no volver, es evidente: colectivos paramilitares, malandros y militares representan el sostén del régimen.

¿Y del otro lado? La existencia misma de la MUD representa un logro político. Con todas las críticas que puedan hacerse, justificadas y no tanto, poner de acuerdo a un abanico tan amplio de maneras de pensar, de partidos y hasta de egos, es una muestra política contundente. Que la MUD deba ampliarse, ir más allá de la rosquita ejecutiva y asumir una mayor conducción es cierto, pero no desmiente lo anterior.

En esta lucha de más de cien días, una lucha de resistencia, se ha agudizado el conflicto. Y justo cuando más falta hace, pareciera que el gran ausente es la política. La calle es un instrumento político, pero no puede sustituir a la política. Así, la calle genera presión, deja claro el mensaje de todo un pueblo, pero la calle no puede ser un fin en sí mismo. Tampoco la calle puede convertirse únicamente en una épica para el enfrentamiento heroico contra militares y malandros armados. La naturaleza asimétrica del conflicto lo imposibilita. La política debe recobrar fuerza para conducir esta lucha y los dirigentes deben orientar la acción colectiva planteando una agenda concreta y realizable.

El régimen ha sido inclementemente violento frente al clamor popular. Como respuesta, parte de quienes hoy protestan de diversas maneras en el país, en el desespero y la frustración, están convencidos de que la única manera de derrotarlos es en su mismo terreno. Sí, indigna y entristece la manera en la que supuestos sectores de izquierda celebran y ríen con la represión, las arremetidas paramilitares y el fetiche de la prohibidera; pero también preocupa, mucho, cómo muchos de quienes dicen luchar por la libertad pretenden imponerse a sus vecinos, a sus compañeros de lucha, con métodos que les hacen parecerse a lo que tanto dicen enfrentar. La intransigencia y la violencia no hacen sino afianzar las bases del chavismo, no importa cómo quiera llamarse quien las enarbole.

¿Dónde está la política? Quizás el título, por provocador, es muy duro. La verdad es que desde la Asamblea Nacional se han hecho intentos genuinos por encauzar políticamente el conflicto. Sobre todo la Consulta Popular del pasado 16 de julio representó un triunfo de la política. El resultado de esa jornada abrumadora plantea nuevos desafíos, incluida la negociación. Sin complejos, sin tenerle asco a la palabra. Venezuela no puede seguir siendo el país en el que gobierno y oposición no se hablan. Debe plantearse una agenda concreta, no un show, que siente las bases para resolver la crisis y superar el conflicto, dándole al pueblo la última palabra como dueño de su destino. Podrá decirse que al régimen no le interesa, y eso es verdad, y ese reto solo la política y la presión popular pueden encararlo.

Conducción, liderazgo, dirigencia. En corto, política. No serán los colectivos que amedrentan y asesinan los que llevarán al país al siglo XXI, pero tampoco los que, en barricadas, deciden que no les da la gana ni le importa la opinión del vecino porque sí, por malandraje de otro estrato o ideología.

Vamos pues, de vuelta a la política. Este país de todos tenemos que hacerlo todos. Nadie quiere una guerra, queremos paz y entendimiento. La política motorizó el más grande cambio social de la historia de Venezuela, es hora de que lo haga de nuevo.


Exhortan a votar en universidades y a prepararse para días de lucha fuerte

Por HERNÁN LUGO-GALICIA
16 DE JULIO DE 2017 12:01 AM

Con una caravana, que repartió comidas a quienes viven en las calles, y un acto en la plaza Sadel, de Las Mercedes, el movimiento estudiantil cerró la campaña por la consulta popular en Caracas. Hubo música, con Willy, “el Violinista de la Resistencia, jóvenes del Sistema de Orquestas, pero también mensajes de esperanza y de compromiso con la nueva Venezuela y la promesa de que hoy votarán “Sí por la democracia” en los recintos universitarios.

“¡Falta poco! Vamos a ser un país libre. Vienen días de lucha fuerte, pero la fe en Jesús nos ayudará a derrotar esa fraudulenta constituyente. ¡Aquí gobierna el demonio, el diablo, pero Dios nos hará libres”, expresó Hans Wuerich, quien el 20 de abril se subió desnudo a una tanqueta de la GNB y, a pesar de que exigía que cesara la represión, fue atacado con perdigones.

Él, al igual que la “señora de la tanqueta”, María José, instaron ayer al pueblo a no rendirse. “Lucho por esta criatura”, dijo la mujer que el 19 de abril se enfrentó con la GNB, mientras mostraba a una niña, de 7 años, que vestía falda llanera y bailó joropo en la plaza. “Lucho –agregó- por los hijos de Venezuela, que son mis hijos, y lucho por su futuro, así que no tengo miedo”.

En ese sentimiento la acompaña la dirigencia universitaria. Rafaela Requesens (UCV) dijo que en su casa de estudios funcionarán puntos soberanos para quienes deseen votar allí: “Los estudiantes seguimos en las calles dando todo por la libertad. Hemos dejado el pellejo, despedido en el cementerio a compañeros, a otros en el aeropuerto, sin embargo, tenemos la fuerza para que esta nación sea próspera, libre”.

Al comentar que muchos definen a los estudiantes como “valientes y héroes”, manifestó que ese coraje se observa en los venezolanos que salen a buscar comida en la madrugada, que marchan y devuelven una bomba a los cuerpos represivos y que trabajan por hacer las cosas bien.

El Señor del Papagayo, Rafael Araujo, aún no sabía qué mensaje llevaría hoy a los centros de votación: “Las ideas me la dan las metidas de patas del gobierno”. Ayer escribió: “Sí, Sí, Sí, Virgen deeer Valle”.

En el acto, el movimiento Quiero Un País colocó un mapa de Venezuela, en el cual los presentes pusieron sus deseos. Israel Camejo, coordinador, informó que recorrieron Petare, La Vega, Altagracia, San Juan, Barquisimeto y Cabudare (Lara) para explicar por qué cuestionan la ANC: “Hemos encontrado más consenso que disenso en los sectores populares. Todos quieren libertad, paz y muestran capacidad de congeniar y de superar el conflicto por la vía electoral”. Daniel Fermín (UCAB) señalé que el rechazo a la ANC supera 90% y se inclina por transar el pacto social para ingresar al país al siglo XXI.


Publicado en El Nacional el 16 de julio de 2017.

La foto que Maduro no quiere ver

Por CARMEN VICTORIA INOJOSA / CINOJOSA@EL-NACIONAL.COM
16 DE JULIO DE 2017 12:05 AM

 

Lo que en redes sociales se ha vuelto tendencia como la jornada del #16JSíSíSí es un evento inédito en la historia del país, por la organización soportada en la gente y el planteamiento de desobediencia a los poderes. Los pronósticos de alta participación en la consulta popular de este domingo van precedidos de tres meses y medio de protestas en las calles. Analistas señalan que si se cumple con lo esperado, entre 8,8 y 11 millones de personas podrían participar. Mañana el país no amanecerá con un gobierno distinto, pero sí con un mensaje para el presidente Nicolás Maduro

Son diversas las referencias de consulta en el mundo y de movimientos civiles en defensa de la democracia. Unos realizados para alcanzar la paz, para decidir si la nación permanece o no dentro de una organización internacional, para evitar o poner fin a un conflicto armado y civil, y otros para acabar con gobiernos autoritarios e iniciar el camino y la transición a la democracia.
Hoy el país hace su propio ejercicio. Uno inédito en las formas en como está planteado y por el carácter masivo que se espera de este acto. No contará con técnicos del Consejo Nacional Electoral, ni de sus rectores, tampoco del Plan República ni el visto bueno del gobierno nacional.
Esta convocatoria reside en la sociedad civil y en la Asamblea Nacional. Plebiscito, consulta, referéndum. Lo importante será el acto en sí mismo. Así lo piensa el director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Católica Andrés Bello, Miguel Mónaco, quien resalta la posibilidad que hoy tienen los ciudadanos de manifestar su voluntad en una consulta de carácter refrendario. Dirán sí o no a tres preguntas: el rechazo y desconocimiento a la constituyente; la demanda a la Fuerza Armada Nacional para que defienda la Constitución y apoye la renovación de los Poderes Públicos; la realización de elecciones libres y transparentes y a la conformación de un gobierno de unión nacional para restituir el orden constitucional.
El eje transversal de este mecanismo permite hacer paralelismos con otros plebiscitos realizados en la región e internamente. Venezuela tuvo una experiencia el 15 de diciembre de 1957 con el convocado por el dictador Marcos Pérez Jiménez, con la intención de evitar una elección presidencial y tratar de permanecer durante cinco años más en el poder si el resultado quedaba a su favor. “En ese momento se cometió un fraude electoral y se abrió la puerta a una dictadura franca, de la Fuerza Armada como sustento de ese régimen. Eso despertó un malestar en el país que terminó con la caída de la dictadura en 1958, un mes después del plebiscito”, dice el sociólogo y profesor universitario Daniel Fermín.
31 años después ocurrió algo similar en Chile, con la diferencia de que los resultados sí acabaron con la era dictatorial de Augusto Pinochet. “Se trató de un plebiscito convocado por él mismo desde la firme creencia de que lo iba a ganar y significó una derrota estruendosa que condujo a la vía democrática y al cambio político. Fue complementado y sucedido por una intensa negociación política, apoyada y sustentada en los resultados de la consulta. Los militares terminaron dándole la espalda a Pinochet y eso tuvo que ver con que supieron leer el mensaje que dio el pueblo”, sostiene Fermín.
Ambos hechos coinciden con gobiernos autoritarios, cuyos procesos de consulta fueron iniciativas emanadas desde el poder, a diferencia de lo que hoy se realiza en Venezuela: “No se parece a los plebiscitos o consultas tradicionales, porque no es organizada desde el Estado, que es lo que ha ocurrido en otras circunstancias. Sino desde la Unidad Democrática y la sociedad civil, fundamentada en la capacidad constitucional de la Asamblea Nacional”, dice Guillermo Tell Aveledo, politólogo e historiador.
Por el contrario, en un ambiente de conflictividad política lo que hizo Nicolás Maduro fue llamar el 1° de mayo –cuando se cumplía un mes de protestas contra el régimen y en rechazo a las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia– a una Asamblea Nacional Constituyente “como el único camino para la paz y el diálogo”, amenazando con desaparecer el Parlamento y sacar de su cargo a la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz. Esto, pese a que apenas 4,9% considera que la constituyente es una solución para los problemas del país, según una encuesta de percepción ciudadana sobre la protesta, que realizó recientemente el Centro de Estudios Políticos de la UCAB.
Aún así, el CNE la avaló y en dos meses organizó el evento programado para dentro de 15 días, sin convocar previamente a un acto refrendario sobre la iniciativa como establece la Constitución. El mismo Hugo Chávez en 1999 consultó a los ciudadanos para ir a una Asamblea Nacional Constituyente, que dio origen a la carta magna de 1999, sin que eso estuviese en la Constitución de 1961. “El pueblo pudo pronunciarse sobre eso y sobre que las decisiones que allí se tomaran serían vinculantes. Tenemos una Constitución cuya convocatoria de nacimiento se consultó sin que estuviese regulado de forma expresa”, explica Mónaco. En lo sucesivo del mandato de Chávez, realizó otras dos consultas: la reforma constitucional en 2007, que perdió, y la enmienda para la reelección indefinida que logró incorporar en 2009.
Para el especialista en campañas electorales, Édgar Gutiérrez, quizá lo más parecido a la consulta de hoy, desde el punto de vista de logística y participación, sea la recolección de firmas en 2003 para el referéndum revocatorio de Chávez. En lo organizativo, las primarias de 2012 de la Unidad Democrática.
Fermín y Gutiérrez sostienen que de cumplirse los pronósticos de participación, de entre 8,8 y 11 millones de personas según distintos sondeos, quedará en evidencia la confrontación de la sociedad civil frente al Estado. “Porque se hará fuera de los canales institucionales que sirven para la consulta electoral, el desconocimiento al CNE y la postura que se reflejará en las preguntas que se votarán”, asevera Gutiérrez.

Carácter legal y vinculante

Unos especialistas reconocen la legitimidad de este evento en cuanto a que está ligado a la protesta, pero sostienen que al no estar el Poder Electoral como árbitro, las decisiones pierden el carácter vinculante. La rectora del Consejo Nacional Electoral, Socorro Hernández, ha dicho que “la asamblea nacional constituyente es el proceso legalmente permitido dentro de la Constitución, cualquier otra cosa que se esté haciendo no reviste la legalidad de un proceso electoral”. Por lo que a su juicio no es vinculante ni legal.
La convocatoria se sustenta en los artículos 70 y 71 de la Constitución, donde se expone desde el punto de vista político la consulta popular como medio de participación soberana. La iniciativa puede venir desde la Asamblea Nacional o por solicitud de los mismos ciudadanos. “De allí que las decisiones sean de carácter vinculante. El punto extraordinario es que bajo una situación normal sí se acudiría al CNE, pero sabemos que se colocarían trabas o desde el poder judicial habría sentencias para su bloqueo”, señala Mónaco.
Tras esta situación extraordinaria se invoca el artículo 333 en defensa de la Constitución y así se evita su derogatoria. Mónaco precisa: “Este es un mecanismo alterno en el que actúa la sociedad civil y el Parlamento, es un ejercicio de un derecho que viene de ese artículo. Cada ciudadano se organiza para defender la Constitución con la protesta pacífica, pues la Constitución establece un ámbito excepcional en ese artícul en el que llama a los ciudadanos a establecer los mecanismos para su defensa, como lo es también esta consulta, porque lo institucional no está funcionando y se ha agotado”.
Para Mónaco se está ejerciendo un derecho constitucional con el que la sociedad podrá expresarse finalmente, luego del intento de revocatorio y la postergación de las elecciones regionales: “Es tan democrático que no se trata de desobediencia civil per se, porque se le está diciendo a los poderes del Estado que esta es la voluntad constitucional y que debe ser acatada”. La legitimidad, sostiene, dependerá del evento en sí mismo y de su concurrencia ciudadana.

Una sociedad comprometida

Según la encuesta de percepción ciudadana de la protesta de 2017 del Centro de Estudios Políticos de la UCAB, desde el inicio de las protestas en abril, 19% de los entrevistados había participado en una marcha o protesta. De acuerdo con Fermín, en otros contextos de conflictividad se requiere alrededor de 3% de participación para que la calle tenga como consecución un cambio político: “Pese a que 90% sostiene que son peligrosas, por temor a la violencia, esa participación de 19% no es baja. Es quizá la más alta que se ha tenido”.
Y en la preparación de esta consulta, ha sido la sociedad civil (estudiantes, profesores, transportistas, la Iglesia, los agricultores, las ONG, asociaciones de vecinos, los comerciantes y empresarios, los artistas), además de los partidos políticos, quienes se han puesto al frente de la jornada de hoy.
“Lo inédito es que la consulta no está convocada desde el poder, sino de los sectores excluidos. Hemos visto una dinámica de participación importante de la sociedad civil. El grueso de los venezolanos siente que el pueblo tiene poder para incidir en los cambios políticos. La fortaleza ciudadana y la efectividad tendrán que ver con el grado de participación que exista y la capacidad organizativa. Incluso el chavismo crítico, disidente, vio en esto una vía para que el pueblo se exprese. Todos están avocados a la democracia, para que ese camino se logre”, asevera Fermín.
Y es que precisamente –de acuerdo con la encuesta de la UCAB– 73,5% de la población muestra insatisfacción en la forma en que la democracia funciona en Venezuela. “Cuando merma la democracia es cuando más se necesita de eventos democráticos, esta es una posibilidad de ejercicio donde los venezolanos podrán dar un paso muy grande”, señala Mónaco.
El embajador y politólogo Óscar Hernández Bernalette, considera que la consulta de hoy es un ejemplo de cómo promocionar la democracia participativa y protagónica: “Es un mecanismo de democracia directa y qué mejor respuesta democrática si vemos un mar de ciudadanos expresándose”. Fermín rescata el significado de que sean los rectores universitarios los garantes del proceso: “Esta quizá es la institución mejor valorada por los venezolanos, es poner esa credibilidad, ese prestigio, al servicio del país”.
Efectos de la consulta. Mañana el país no amanecerá con un cambio de gobierno, pero sí con un mensaje para Nicolás Maduro. “Es una consulta de protesta, en la cual es la sociedad la que decide autoadministrarse para promover cambios, cuyos efectos pueden ser simbólicos. Afectar moralmente al gobierno y tras la participación, opacar el evento del 30 de julio. Que el mensaje sea tan fuerte que obligue a una respuesta política y muestre el repudio de la sociedad”, manifiesta Aveledo, quien asegura que ya existe una preocupación en las filas del gobierno por el éxito que pueda tener esta actividad. “Será un mensaje que llegará hondo a todos los sectores, ratificará al mundo la realidad de lo que pasa en Venezuela, incluso la superación de la dinámica de estos últimos 18 años: ya no se trata de gobierno versus oposición, sino una casta reducida de personas en el poder. Esto se leerá adentro de las estructuras de poder, de las Fuerzas Armadas y toda esta gente sabe leer. Es un mensaje poderoso, que puede precipitar el cambio político”, asegura Fermín.
Mónaco considera que el resultado de la consulta podría “forzar a que haya una mesa de negociación”, mientras que Hernández piensa que lo siguiente “dependerá del criterio, sabiduría política y la capacidad de entendimiento de Maduro”.
Para Gutiérrez lo importante es cómo se va a ejercer el mandato que se exprese en esa consulta, que será la ruta de la llamada hora cero y la escalada para desconocer la constituyente: “Es ir más allá de eso, no solo detenerla, sino básicamente buscar la salida de Maduro del poder. Eso comienza a jugarse a partir de mañana. El acto de este 16 de julio será la fotografía que Maduro no se quiso tomar en octubre con el referéndum revocatorio, porque sabe que está en minoría electoral. No tengo mayor expectativa de que Miraflores reconozca el hecho, pero sí van a dar acuse de recibo del golpe”.


Publicado en El Nacional el 16 de julio de 2017.

El pueblo decide

 

Los venezolanos prefieren una solución electoral, constitucional, pacífica y democrática a la crisis y al conflicto que vivimos. Eso lo respaldan todos los estudios de manera consistente. Y es una buena noticia. Lo normal, en una democracia sana, es que esa solución electoral llegue sin sobresaltos, como parte de la natural dinámica democrática. Sin embargo, en Venezuela, desde el año pasado se cerraron las vías institucionales para la participación política de los ciudadanos.

Primero, fue la suspensión de las elecciones regionales, con el CNE otorgando una ñapa inconstitucional al período de gobernadores y diputados a los consejos legislativos. Luego, con el aborto al referéndum revocatorio presidencial, establecido en la Constitución como un derecho del pueblo, y que hubiese significado un hito importante para la superación del conflicto.

Por supuesto, las razones, en ambos casos, responden a intereses políticos. Si en 1999 la revolución encontró una institucionalidad debilitada, desde entonces la misión fue acabarla, derrumbar el aparataje estatal y confundirlo en el partidista, a la vez que se promovía un enfermizo culto a la personalidad y, de nuevo, el ensalzamiento al militarismo. La intención era clara: todo el Estado al servicio del líder… y todo el pueblo también. Así, la condición de ciudadano se transformó en la de súbdito. Así de “revolucionaria” era la cosa. En todo caso, ya para 2016 la escena de unas instituciones cooptadas por el Ejecutivo y al servicio del partido de gobierno eran parte natural del panorama político venezolano. De modo que, aunque indignó, a nadie sorprendió que el CNE eliminara las elecciones regionales y el referéndum por la sencillísima y evidente razón de que eran procesos imposibles de ganar para el PSUV y Nicolás Maduro.

Luego de un silencio ensordecedor de meses, el CNE reaparece, ambas rodillas en tierra, para validar vía express la propuesta constituyente de Maduro. Mientras el proceso de convocatoria al referéndum revocatorio estuvo lleno de obstáculos y trabas, para la constituyente madurista ni la Constitución fue impedimento. En todas las etapas del proceso hubo luz verde y paso apresurado. En todas, menos en una, el “pequeño detalle” que hace a esta constituyente nula e inconstitucional: nuevamente se le niega la voz al pueblo, al permitirle al presidente convocar directamente, usurpando la soberanía popular, a esto que a todas luces es una estafa para la concentración de poder y la evasión de los controles republicanos.

La reiterada pretensión de burlar la voluntad de los venezolanos, que pasó por el desconocimiento de la Asamblea Nacional, la oficialización de la dictadura con las sentencias 155 y 156 del Tribunal Supremo de Justicia y la reiterada negativa del partido-gobierno a medirse electoralmente llevó al pueblo a la calle, donde lleva más de 100 días. Tras el cierre de las vías institucionales, la calle sirvió de espacio para la expresión popular y la resistencia. El 16 de julio, los venezolanos han sido llamados a otra tarea: la convocatoria a una gran consulta nacional, la que debió hacer el CNE. Con el prestigio de los rectores universitarios como garantes y la mirada vigilante del mundo, el próximo domingo se le dará la voz al pueblo, para que exprese, inequívocamente, lo que quiere y lo que no quiere para el futuro de la Patria.

Estas líneas se escriben dos días antes de la consulta popular del 16 de julio. Algunos las leerán antes del evento, otros después del plebiscito. En todo caso, un gran esfuerzo organizativo y político ha empujado esta iniciativa para darle la palabra a los venezolanos, a pesar de que el régimen intentó sabotearla, encarcelando incluso a sus organizadores clave.

En este esfuerzo, la MUD ha sido vital. Pero lo fundamental ha sido la tarea de ir más allá de los linderos tradicionales de la oposición, en aras de la verdadera unión nacional. Así, centenares de dirigentes de los partidos políticos de la Unidad giran el país organizando la consulta. Y lo hacen también líderes sindicales, dirigentes nacionales no domiciliados a la MUD, e incluso el chavismo disidente.

El reto, bienvenido, es el de enviar un mensaje contundente: el de la soberanía popular, el de la democracia en acción. Y ese mensaje es inequívoco: Venezuela rechaza la constituyente madurista, quiere un cambio político y exige respeto a la Constitución.

La mesa está servida. El domingo el pueblo se dará la tarea que el CNE se negó a hacer: organizado por su cuenta, con los talentos que le sobran, el domingo el pueblo decide.

Foto: AFP PHOTO / Federico Parra