Estado de terror

Ha muerto el Estado de Derecho en Venezuela. La norma es el atropello, el capricho del mandamás, el autoritarismo. El régimen desconoce la Constitución a más de un mes de siquiera instalar su fraudulenta constituyente. Presumen que lo que falta es un trámite, que ya la “bicha” está moribunda. Los verdugos de la Constitución son también los verdugos del pueblo venezolano: son los responsables del hambre que sufre la gente, del hampa desbordada que enluta a las familias, del colapso del país, que hace que nada sirva, que nada funcione. Y también son los verdugos en el sentido más directo: son los que halan el gatillo ante venezolanos armados solo de su irreverencia y ganas de vivir en libertad; son los que dan las órdenes, los que dicen una cosa frente a las cámaras que la realidad se encarga de desmentir, demoledoramente, en el día a día.

Les ha importado poco asesinar a decenas de venezolanos. Les tiene sin cuidado que el país entero los desprecie y se oponga a su proyecto de dominación. El régimen se ha atrincherado, con unos costos de salida elevadísimos producto de sus violaciones a los Derechos Humanos y de sus lazos con el mundo del crimen organizado internacional. Son la anti Patria, y están dispuestos a llevarse a Venezuela por delante en su empeño por aferrarse al poder y los privilegios.

Todo fue una estafa. Toda la cantaleta socialista, democrática y participativa terminó en la instauración de un Estado policial, uno que resulta ser malandro y policía a la vez, en el país donde las fuerzas del orden se han llenado de hampones mientras los funcionarios honestos se ven humillados, a sus órdenes.

Está claro que solo quieren más control, más poder. Nada en beneficio del pueblo, ni un plan para la ciudad, para los poblados. No hay gerencia pública, no se piensa en gestión. Solo se reparten cargos con nombres rimbombantes que terminan siendo poco más que cajas chicas, chapas y premios a la incondicionalidad y a la complicidad.

Muerto el Estado de Derecho, instauran el Estado de Terror. Persecución, allanamientos, muerte. Detenciones arbitrarias. Todos somos sospechosos, nuestro delito es militar en la democracia, en la Constitución y en la venezolanidad. El chavismo ha sido un proyecto antipolítico desde su génesis: lo suyo es la aniquilación del contrario, el exterminio del otro, no el reconocimiento, mucho menos la conciliación ni la resolución de las diferencias por medios civilizados.

Ninguno de nosotros fue socializado para la dictadura, y el relato heroico de la conquista de la democracia, pensábamos, formaba parte de nuestro acervo histórico, familiar, uno que nos llenó siempre de profundo orgullo, pero jamás pensamos que nos tocaría, en pleno siglo XXI, enfrentar de nuevo a las tinieblas, a las botas, a la barbarie. El Estado de terror vislumbra días oscuros para Venezuela. Necesario es, entonces, ser la luz, cada quien desde su espacio. Ser la luz para impedir que la tiniebla se imponga y nos apague los sueños definitivamente.

 

Son momentos de terror. También de incertidumbre. Una cuenta regresiva terrible se cierne sobre los venezolanos. Un día menos para la estafa constituyente. ¿Qué va a pasar aquí? Quien afirme tener la respuesta única y definitiva miente o es brujo. De lo que sí tenemos certeza es de algunas verdades incontrovertibles: Que el pueblo venezolano es fuerte y bravo, que no se doblega, que asume las luchas con valentía y arrojo; que los venezolanos nos oponemos al proyecto autoritario, pirata, malandro y criminal del régimen que representa el statu quo; que no podrá jamás una ínfima minoría, un grupito celoso de los privilegios, arrodillar a este, el país del cuero seco; que en la diversidad, los venezolanos nos miramos a los ojos y superamos cualquier diferencia para enfrentar las pretensiones de quienes se juran amos y ven al pueblo como siervos; y que pretender imponer, con una constituyente, la dominación de un pueblo como el nuestro es irreal e insostenible. Estas y otras son verdades evidentes.

No sabemos qué va a pasar, lo que sabemos es que vienen días en los que los venezolanos enfrentaremos y tendremos que superar las más duras pruebas ante una casta inescrupulosa, que le importa nada llevar esto a la guerra civil con tal de conservar sus parcelas. En estos momentos, toca crecernos como Nación, toca organizarnos barrio a barrio, calle a calle, en defensa de los valores más preciados de la venezolanidad y unidos en ese grito eterno por la libertad, la justicia y la paz que jamás podrán acallar las bayonetas y las botas.

 

Foto: Miguel Gutiérrez / EFE

Publicado en PolítiKa UCAB el 23 de junio de 2017.

La Fiscal y las instituciones

Mucho se ha debatido, durante muchísimo tiempo, sobre la naturaleza del “problema venezolano”. Una de las perspectivas que más fuerza cobra en ese ejercicio es la cultural. De acuerdo a esta, los venezolanos tenemos unas “taras” culturales que truncan nuestro camino al desarrollo. De aquí se desprenden muchos argumentos: Que si aquí llegaron unos españoles vagabundos que solo buscaban hacer riquezas; que si los indios eran flojos; que si nuestro mestizaje en realidad trabajó en nuestra contra; incluso, que el clima, la geografía y la ausencia de estaciones nos han hecho un pueblo “flojo”; que tenemos (o más bien “tienen”, siempre el otro) “un rancho en la cabeza”. Es un enfoque equivocado. El resultado único de la perspectiva culturalista y sus derivados geográficos y climatológicos es el fatalismo: si es así, no hay nada que hacer.

Una perspectiva menos escandalosa pero más acertada se enfoca, no en lo cultural, sino en lo institucional. Así, el “problema venezolano” parte y se debe, en gran medida, a la ausencia de instituciones efectivas. El resultado: no hay reglas claras. La consecuencia: la anomia. “La ley respetando” solo se encuentra en el himno, y el déficit institucional ha determinado que en Venezuela, lejos de regirnos por el Imperio de la Ley, nos enfrentemos al Imperio del Capricho, como lo llamó el historiador Ramón J. Velásquez. Son pocas las instituciones con longevidad en Venezuela, sean públicas o privadas. Nuestro constante “borrón y cuenta nueva” es causa y consecuencia de esto.

La lucha que por más de 70 días adelanta el pueblo venezolano en defensa de la libertad, la democracia y el bienestar ha puesto de manifiesto la importancia de la esfera institucional. Ante la amenaza concreta de una “constituyente” fraudulenta que busca atropellar a la mayoría del país en un intento por lograr la hegemonía de un pequeño grupo, son diversas las posturas que, desde las instituciones, se han fijado para enfrentarla. Así, hemos visto a sindicatos, asociaciones profesionales, gremios, cámaras empresariales, el movimiento estudiantil, la Conferencia Episcopal, partidos políticos, asociaciones civiles, asociaciones de rectores universitarios, las universidades mismas y un sinfín de organizaciones pronunciarse y organizarse en rechazo de la constituyente y en defensa de la Constitución y la democracia.

Quizás la más relevante postura institucional es la que proviene de la Fiscalía General de la República. Desde el seno del chavismo, la Fiscal General ha retomado la senda institucional y, de manera valiente, ha alzado la voz contra lo que a todas luces se muestra como la horca de la democracia. Más allá de realizar pronunciamientos públicos, la Fiscal ha introducido recursos varios ante un Tribunal Supremo de Justicia que sabe cooptado por el Ejecutivo. No se trata de una postura ingenua, sino de una cementada sobre la necesidad de promover, fortalecer y hacer valer la institucionalidad republicana y democrática.

Si algo ha de garantizar la consolidación de la democracia una vez que el pueblo venezolano logre reconquistarla, es precisamente el fortalecimiento de las instituciones. Que lejos de mandar un hombre, manden las leyes. Que el poder, limitado, resida en los cargos y no en las personas. Que las reglas claras se impongan al atropello y el “a mí me da la gana” de los autócratas. Instituciones responsivas, que rindan cuentas y atiendan los reclamos de un pueblo que encuentra en las calles y la protesta los únicos medios para hacerse sentir, justamente ante la falta de respuesta de las instituciones del Estado. He allí un enorme reto para el futuro, que está siendo abonado por la lucha que, desde diversas instituciones, se hace hoy en defensa de la democracia.

Las instituciones son clave para el desarrollo y el entendimiento nacional. Son un muro de contención contra el autoritarismo, el abuso de poder, la impunidad y la corrupción. Con el fortalecimiento de las instituciones ganamos todos, hoy y mañana.

Luego de 15 años de una revolución signada por la dominación carismática, profundamente personalista, ajena a los controles y decididamente contraria a la separación de poderes, el chavismo enfrentó la crisis de sucesión típica de este tipo de regímenes. El carisma no es transferible, como bien dijo Weber y entendió el presidente Maduro, por lo cual los últimos cuatro años de la revolución han dado un acelerón a los rasgos autoritarios que ya se encontraban en la génesis de un proyecto anclado en las tanquetas y los fusiles. A casi 20 años de todo esto, quizás ahora sí veamos, los venezolanos, la importancia de las instituciones, de cuidarlas, fortalecerlas y reclamarles cuando se salen del camino. Son las instituciones nuestra mayor garantía contra el abuso, de la preservación de los derechos y las libertades, de la justicia, la paz y la estabilidad. No, no es “el rancho en la cabeza”, son las instituciones “ranchúas”. Hoy saludamos el renacer de la valoración social de la institucionalidad y hacemos votos por que en el futuro una Venezuela de instituciones sólidas se traduzca en un país de derechos y oportunidades para todos por igual.

Foto: AVN


Publicado en PolítiKa UCAB el 16 de junio de 2017.

 

El país contra el abuso

La constituyente tiene pies de barro. Pretendieron hacerla de espaldas al país y el país le dio la espalda. Todos saben de qué se trata: no es para mejorar la Constitución sino para saltarse los controles. No es para favorecer al pueblo sino para esclavizarlo. Solo un grupito, la casta que se aferra al poder y los privilegios, la enarbola. Nació muerta.

Ya hemos dicho que la constituyente no resolverá nada: no solucionará la gravísima crisis que vivimos ni es necesaria para solucionarlos. Tampoco promoverá la resolución del conflicto político, sino que lo agudizará. En todos sus cometidos confesables, la propuesta constituyente fracasó antes de nacer. En los inconfesables está el detalle.

Con la constituyente queda clara la superación de la dicotomía simplista “gobierno vs. oposición”. Que organizaciones tan disímiles como la Conferencia Episcopal y Marea Socialista, ambas, se opongan, no es producto de connivencia ni saltos de talanquera. Si coinciden la Fiscal, el Presidente de la Asamblea Nacional, factores del Polo Patriótico y hasta la Confederación Indígena Bolivariana de la Amazonía es porque el reclamo democrático se ha tornado nacional. Esto ya no es PSUV contra MUD, es Venezuela toda, el país, contra el abuso, la ineptitud y el autoritarismo. La MUD no tiene, ni ha tenido, el monopolio del descontento. Eso es natural. Hoy, los venezolanos de distintos estratos sociales, procedencias políticas y visiones ideológicas se unen en una lucha por el futuro, ese futuro que la dictadura pretende negar.

Una de las posturas que ha generado más impacto en la opinión pública y el mundo político es la de la Fiscal General de la República que, acertadamente, ha decidido retomar la senda institucional. Luisa Ortega Díaz ha denunciado con gallardía la estafa constituyente, y lo ha hecho desde un organismo clave del Estado e, igualmente importante, desde su condición de chavista, sin cambiar de alianzas ni incorporarse a la oposición.

La Fiscal presentó, ante la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia, un Recurso contencioso electoral de nulidad conjuntamente con amparo cautelar y medida cautelar innominada de suspensión de efectos contra la constituyente, e invitó a todos los venezolanos a acudir al TSJ y adherirse como terceros interesados. En una comunidad política recelosa de acompañar iniciativas de otros, esta propuesta ha sido recibida con respaldo casi unánime. Partidos de la MUD y del Polo Patriótico convocan a sus militantes a acompañar la propuesta de la Fiscal. También lo hacen distintas voces de la sociedad civil organizada. De nuevo, ya no es un grupo contra otro, sino el país contra los sepultureros de la democracia.

Los esfuerzos por impedir una constituyente fraudulenta se esparcen por toda Venezuela. Además de la iniciativa de la Fiscal, factores de la MUD proponen la conformación de Comités por el Rescate de la Democracia. Otros referentes organizan un Frente de Defensa de la Constitución. Dirigentes políticos de todo signo giran el país con la intención clara de hacerle frente a la disolución de la República. Los estudiantes permanecen en las calles presionando y llevando el mensaje del cambio. Todos son necesarios.

Los próximos días serán cruciales. Los venezolanos tenemos el compromiso ineludible y la honrosa responsabilidad de defender la democracia y ponerle la mano en el pecho al autoritarismo. En ese esfuerzo debemos ir juntos, en la heterogeneidad del reclamo, a promover la Venezuela del mañana: la del encuentro y el entendimiento, la de la superación de la crisis y la promoción de la prosperidad y el progreso, la de la justicia y la libertad. La fuerza es la unión en esta lucha del país contra el abismo de la autocracia.


Publicado en PolítiKa UCAB el 10 de junio de 2017.

Protestas han erosionado al gobierno

Daniel Fermín, Nicmer Evans y José Antonio Gil coinciden en que las manifestaciones han debilitado a Maduro y originado reacciones en el chavismo

Por HERNÁN LUGO-GALICIA
08 DE JUNIO DE 2017 12:01 AM

 

La presión de la calle e instancias internacionales han arrojado resultados, señalaron analistas. Han debilitado  al gobierno de Nicolás Maduro: 85% lo objeta como presidente; 80% rechaza la constituyente, como señalan Datincorp, Datanálisis y Gente de Mercado, lo que lo ha obligado a cambiar de estrategia.

Maduro trata de avasallar al adversario con la extensión de los decretos de emergencia económica, la activación de la fase II del Plan Zamora para evitar que las manifestaciones sigan en julio cuando escogerían a los miembros de la asamblea constituyente; llama  a diálogo a la Mesa de la Unidad Democrática o usa la visita del ex presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, a Leopoldo López en la cárcel de Ramo Verde, para crear la idea de que el ex alcalde de Chacao negocia, de espaldas a la oposición, y así, dividirla.

“Las protestas, las sentencias del TSJ y la constituyente originaron una fisura en el chavismo, como lo evidencia la posición institucional de la fiscal Luisa Ortega Díaz, del diputado Eustoquio Contreras, el ex alcalde Juan Barreto, Marea Socialista, y los ex ministros Héctor Navarro y Ana Elisa Osorio. La inquietud llega hasta la Fuerza Armada si es cierto que detuvieron a un grupo de militares que no quieren verse retratados al lado de la represión”, afirmó el editor de PolítiKaUcab, Daniel Fermín.

Explicó que Rodríguez Zapatero habla con López, con el fin de buscar “una rendija que le permita al gobierno permanecer en el poder sin dar concesiones”. Advirtió que el plan es dividir a la oposición, aunque duda de que tenga éxito porque López no desea casa por cárcel, sino libertad plena para todos los presos políticos. “Estamos a las puertas de solucionar el conflicto, pero  alarmados por la violencia. Eso es peligroso. En el siglo XIX nos matamos entre sí”.

Nicmer Evans dijo que el gobierno sabe del impacto de las protestas y que, por ello, trata de afectarlas: “Cuando una marcha termina sin violencia, el efecto es mayor. La violencia retroalimenta al gobierno. Por eso, Maduro huye con la constituyente y ordena la represión mientras crece la presión internacional en su contra; el ‘goteo institucional’ de la fiscal, de diputados como Germán Ferrer y Eustoquio Contreras, y las críticas de sectores de izquierda  por desconocer el derecho del pueblo a decidir si desea una constituyente”.

Al igual que Fermín, Antonio Gil Yepes considera que las partes deben ir a una mesa de diálogo no para ceder principios, sino para conciliar una salida política que evite un baño de sangre. “Es necesario un tercer actor, fuera de la polarización, que facilite el diálogo, con agenda, con resoluciones transparentes y el compromiso de fiel cumplimiento. ¿Cuánto tiempo habrá que esperar? Mireya Lozada (profesora de la UCV) dice que en países polarizados una solución oscila entre 4 y 30 meses. No es ya. Las únicas vías rápidas son golpe, asesinato del presidente o su renuncia, y nadie quiere violencia, sino una solución pacífica y constitucional”, dijo Evans.

Gil Yepes señaló que el reto no es salir de un régimen e imponer otro: “Es ponernos todos de acuerdo para restituir la democracia. La protesta hará que nuevos sectores se unan al reclamo nacional. Es primitivo que en Venezuela se repitan peleas de larga data como pasa en el Medio Oriente por la religión y en Estados Unidos con la segregación racial. Sin embargo, se han sentado. Mandela habló con los blancos; los ingleses, con la India. Maduro debe entender que imponer una ANC corre la candelita dos o tres meses; la situación es peligrosa y se torna dura por el deterioro interno”.


Publicado en El Nacional el 8 de junio de 2017.

Impedir la constituyente

El régimen pretende imponer una constituyente “a juro”. Para ello, se sirve de la subordinación del Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral, que han avalado esta iniciativa tan claramente inconstitucional que hasta los libros escolares de primaria de la Colección Bicentenario los dejan en evidencia. Dice el presidente que con la Constituyente se solucionarán los problemas del país. Miente. También dice que la Constituyente permitirá alcanzar la paz. También miente.

La Constituyente no resolverá nada. Si el régimen quisiera resolver los problemas del país tiene cómo hacerlo sin necesidad de desechar la Constitución. Hoy, no hay comida y la que hay pocos la pueden pagar, no hay insumos en los hospitales, las morgues siguen acumulando víctimas de la delincuencia y la violencia. No hace falta una constituyente para resolver esos problemas. Lo que sí hace falta es un nuevo gobierno, que dedique los recursos del país, no a la compra de armamento de guerra para emplearlo contra el pueblo ni al derroche clientelar con el que asumen cada campaña electoral, sino a atender las necesidades más urgentes de la población y a reactivar la economía que hoy es profundamente disfuncional. Lo que hay que cambiar no es la Constitución sino a un gobierno inepto.

El deber de todos los venezolanos es impedir esta constituyente fraudulenta. Lejos de traer paz, escalará el conflicto. La constituyente es gasolina para la candela. Los venezolanos, que cumplen más de sesenta días resistiendo la más terrible arremetida oficial y paramilitar, no regresarán a sus casas ante la pretensión del régimen de eternizarse en el poder, evadir el juicio popular y desarticular la República para lograr la dominación total de la sociedad.

Para impedir la constituyente, urge darle mayor conducción política al conflicto. También es fundamental condenar la violencia y evitar que desvirtúe los objetivos de la protesta y cohesione al régimen. La organización es clave en la tarea de lograr, en cada calle, en cada comunidad, la acción concertada de la inmensa mayoría de los venezolanos que defienden la democracia y la Constitución. Vecinos, partidos políticos, estudiantes, trabajadores, empresarios. En esta hora aciaga para la Patria, todos somos necesarios.

La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo. Es hora de ejercerla en defensa de los ideales más preciados de la venezolanidad.


Publicado en PolítiKa UCAB el 2 de junio de 2017.