Daniel Fermín: “La protesta está logrando que el régimen se tambalee a lo interno”

“Se ha cerrado la brecha entre el liderazgo y las aspiraciones populares”

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“El Gobierno ha convertido a las milicias, los paramilitares, y la Fuerza Armada en su nuevo partido de Gobierno”, explica el investigador del Centro de Estudios Políticos de la UCAB


Mónica Duarte

Luego de un mes de protestas, las movilizaciones opositoras parecen haber alcanzado su cumbre de convocatoria en la calle y haber logrado la articulación política de un descontento social que arrastra las huellas de la crisis económica. “A pesar de que existe mucha frustración y de que hay gente que quiere ver el cambio ya, creo que los venezolanos tenemos la madurez política para entender que esta es una lucha de resistencia y no es una lucha por precipitar unos hechos”, afirma Daniel Fermín, sociólogo, profesor universitario e investigador del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello.

Este análisis político lleva a Fermín a asegurar que “se ha cerrado la brecha entre el liderazgo opositor y las aspiraciones populares”. Las jornadas incesantes de marchas, que iniciaron tras las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia que pretendían la disolución de la Asamblea Nacional, han terminado en numerosas muestras de violencia y conflictividad, dejando un saldo de más de 30 personas fallecidas y más de 1.500 detenciones.

El sociólogo explica que, a pesar de que la MUD ha articulado las protestas, el descontento crece más allá de sus filas y son los distintos sectores sociales los que hoy se organizan para manifestarse contra el Gobierno de Nicolás Maduro. “Ya esto no se trata de dos mitades que están en pugna, es un país que casi al unísono le está diciendo al Gobierno que quiere un cambio y quiere que se le permita votar”.

“La MUD sabe que no tiene el monopolio del descontento”

¿Cómo evalúa las protestas que se han presentado desde el mes de abril?

— Lo primero que habría que ver es porqué la gente está protestando, por primera vez en mucho tiempo hay una agenda clara de reivindicaciones, se habla de elecciones libres, de liberación de presos políticos, reconocimiento a la Asamblea Nacional como organismo institucional y apertura de un canal humanitario.

Esas demandas que son concretas distan de ese mensaje abstracto del “Maduro vete ya”, y ese no es un detalle menor porque permite ver que esto no se trata de un agenda insurreccional o golpista, sino que los venezolanos están en la calle reclamando sus derechos. Ya no solo son los derechos materiales, los temas asociados a la escasez, inflación o desabastecimiento de medicinas, sino que se habla de la reivindicación de la democracia y las aspiraciones de vivir en libertad. Y hemos visto manifestaciones concretas de eso, cuando en el Valle el alcalde Jorge Rodríguez fue a repartir bolsas del Clap, la gente lo sacó de allí.

Lo que ha sucedido es que se ha articulado políticamente la protesta social. Entonces, cuando la demanda social adquiere una motivación política, esa demanda busca otro tipo de resultados, la gente no quiere un Clap, quiere que cambie el Gobierno, porque a través del cambio de Gobierno y de políticas se hace posible que no me tenga que llegar ningún Clap porque hay alimentos en la calle.

¿Qué sucede si el Gobierno no cede ante esas solicitudes?

— Para el Gobierno no ceder implica desconocer estas demandas básicas que hoy está haciendo la población y está articulando el liderazgo político. Yo creo que el Gobierno pasó el punto de no retorno, en el sentido de poder lograr que cambios en el Gobierno puedan satisfacer a la población, hoy lo que se está buscando es un cambio de Gobierno. Y la oposición tiene que ser muy cuidadosa en como maneja esas expectativas porque, hasta ahora, alternativas como las elecciones generales no tienen ningún asidero en el marco normativo constitucional venezolano, sería algo que tendría que nacer de una iniciativa extra constitucional que es complicado plantear sin que devenga en frustraciones.

Por otro lado, el liderazgo tiene que ser muy claro en que si están pidiendo elecciones en la calle y las llegan a dar, no puede decir que no las quiere. La oposición tiene que socializar el mensaje según el cual las elecciones son una conquista de la lucha de calle y no una traición. Y que esta lucha tiene que trascender la calle, la calle no puede ser un fin en sí mismo, la calle es un medio.

“El liderazgo tiene que ser muy claro en que si están pidiendo elecciones en la calle y las llegan a dar, no puede decir que no las quiere”

¿Y estas demandas de la población no son muy inmediatistas?

— Allí viene la responsabilidad del liderazgo político. Yo celebro que haya demandas concretas pero existen dos fantasmas de que la oposición tiene que combatir. El primero es el de la violencia, que empieza desde Gobierno con la intención de justificar la represión y cohesionar a las fuerzas internas del chavismo.

En segundo lugar la oposición tiene que saber manejar las expectativas de la gente. Si algo positivo puede salir de llevar casi dos décadas de Gobierno chavista es aprender de los errores del pasado. Hemos visto como hablarle a las gradas, solamente buscando aplausos no trae resultados. Yo creo que la oposición ha madurado pero existen unas altísimas expectativas con esta agenda de lucha, sino se corre el riesgo de generar frustraciones y de verse deslegitimada y mermar la capacidad de convocatoria que está en su mejor momento.

Y si la solución no es inmediata ¿la gente no se va a cansar de protestar?

— Obviamente se corre el riesgo de agotar este formato, pero si tú mantienes metas concretas como ir a las instituciones responsables eso ayuda a que la mentalidad del “todo o nada” no sea la que impere. Hay  por supuesto desafíos enormes, el Gobierno está jugando a que la gente se canse y que al cansancio le siga la frustración.

De nuevo, esto no es una marcha sin retorno aquí lo que sea está exigiendo es respeto a la constitución. Y cuando se ven los pronunciamientos de Maduro se puede notar que las protestas ya han hecho mella y han abierto unas diferencias que ya existían. La protesta está logrando que el régimen se tambalee con desafecciones a lo interno. Ya ha tenido que convertir a las milicias, a los paramilitares, y a la Fuerza Armada en su bastión, en su nuevo partido de Gobierno, porque pareciera que la erosión de la popularidad del Psuv es hoy irreversible. Esto es algo que tiene que estar frustrando muchísimo porque están viendo cómo se ha dilapidado la herencia política de Hugo Chávez.

LA OPOSICIÓN DEBE DEMOSTRAR

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“El Gobierno está jugando a que la gente se canse”, asegura Fermín, investigador del Centro de Estudios políticos de la UCAB. Foto: JALH

El año pasado ya hubo varias protestas y movilizaciones de calle que luego acabaron por el inicio del diálogo ¿La oposición ha recuperado esa popularidad y confianza que tenía para “La Toma de Venezuela”?

— Esta jornada de movilización de calle ha permitido un proceso de relegitimación del liderazgo. La gente está viendo a los líderes a su lado, tragando bombas lacrimógenas, teniendo que ser socorridos por la represión del Estado y hasta perseguidos por el Gobierno. Esa conducta de ponerse en primera fila y servir como ejemplo es la conducta de un dirigente.

Ahora, lo que queda más allá de la acción de calle es conducir políticamente lo que viene para que haya un cambio de régimen. La calle puede servir como un instrumento de presión importante para el cambio pero sin duda tienen que haber mecanismos de concreción política. La MUD sabe que no tiene el monopolio del descontento, aunque es la que marca tendencia como la principal fuerza política opositora, le toca ser responsable con sus mensajes y le toca ver como la repercusión política que esto tenga sea bien recibida por la ciudadanía.

Creo que otra de las ventajas que tienen la oposición ante los ojos de la gente es que se les está viendo unidos. Esa unidad, que aún tiene que trascender a la MUD, es esencial para que cuando toque elecciones regionales la oposición pueda reivindicar ese llamado electoral, sin que los acusen de querer solamente unos cargos.

Si este escenario de calle se concreta en unas elecciones o en una nueva mesa de diálogo ¿Qué garantía de confianza se le puede dar a la gente?

— Una mesa de diálogo no es una gente sentándose a tomar café y por fin a hablarse, ni es para ver quien jode más al otro. Un diálogo tiene que tener exigencias concretas y esas exigencias están en el marco de la constitución. Aquí tiene que haber, en primer lugar, un respeto a la voluntad de los 14 millones de venezolanos que votaron por una Asamblea Nacional.

Necesitamos recomponer institucionalmente la República, aquí tenemos un TSJ designado de manera irregular y un CNE que actúa de manera orwelliana, en vez de convocar a elecciones, su misión es impedir que se realicen. Pero, en esa misma línea, ahora le toca a la oposición demostrar que no solo puede sino que sabe ir más allá del diagnóstico y sabe dibujar una propuesta de futuro compartido de país.

“La movilización de calle ha permitido un proceso de relegitimación del liderazgo”

LUCHA NO VIOLENTA

Para esa lucha de calle usted ha hablado de la necesidad de adoptar una estrategia no violenta ¿En qué consiste?

— Protesta no violenta no es lo mismo que protesta pacífica, porque pacífica puede tener una connotación pasiva, y na no violencia se basa en un principio enfocado en la acción. La no violencia descansa en la participación masiva y organizada de las personas y en las ideas de la no cooperación y la disrupción, se trata de ir agotando las fuerzas del régimen para reprimir y en subirle los costos de esta represión.

La no violencia es mucho más efectiva en luchas por un cambio de régimen para abrir las puertas a la democracia. Hay un estudio que demuestra cómo, cuando se trata de cambio de régimen, el 61 % de las protestas fracasan, frente a apenas el 17 % de las protestas no violentas que fracasan. Ese trabajo, de  las investigadoras Erica Chenoweth and Maria Stephan,  toma en consideración desde 1900 hasta 2006 y también prueba que es justamente contra gobiernos represivos y con alto grado de centralización que la no violencia funciona mejor. Estamos hablando de casos terribles en la historia donde ha habido genocidios como Serbia, Ucrania, Túnez, Filipinas, Sudáfrica y Egipto.

Esas democracias que son resultado de procesos de transición no violentos tienden a ser más duraderas y estables que las democracias que resultan de procesos violentos que dejan heridas abiertas en la población. También la protesta no violenta suele contar en promedio con 150 mil miembros más que la protesta violenta y eso es porque la no violencia baja los costos de participar y eso llama más gente. Esto es importante porque la participación es uno de los elementos claves para que la protesta sea exitosa en la consecución de un cambio. Entonces, lejos de lo que la frustración y la indignación pudieran sugerir, la violencia no es ni de lejos la mejor manera de hacer que un régimen como este se tambalee.

¿Cómo se pueden calificar estas jornada de protesta como no violentas cuando ya hay más de 30 muertos, más de 400 heridos, además de represión y enfrentamientos constantes?

— La violencia está siendo promovida desde las fuerzas del Gobierno para desvirtuar las protestas y poder justificar la represión. Hemos visto episodios de violencia esporádicos en las primeras manifestaciones, sin embargo el llamado político de la protesta ha sido no violento y el comportamiento del grueso de los ciudadanos que están protestando también ha sido no violento. Lo que pasa es que hemos tenido enfrentamientos y saqueos que no forman parte de la agenda política de quienes protestan.

Hay casos que son llamativos, porque un Gobierno que se ha enfocado tanto en reprimir al más mínimo movimiento ciudadano en la calle da luz verde a la hora de permitir saqueos y violencia callejera a tiro limpio. Eso da mucho qué pensar porque, generalmente, la estrategia que tienen los regímenes para combatir la protesta no violenta es manchándola de sangre, y una de las maneras que tiene de hacer eso es infiltrando gente en las manifestaciones.

“la estrategia que tienen los regímenes para combatir la protesta no violenta es manchándola de sangre”

¿Se corre ese riesgo?

— Sí, el peor enemigo para el progreso del país es la violencia. Es el mayor obstáculo que tenemos no solo en las protestas sino en la reconstrucción de la república venezolana. No tengo la duda de que el país que tiene que renacer de todo esto es responsabilidad de todos. Aquí, el gran éxito de la movilización es su carácter no violento pero cuando uno ve como han terminado algunas jornadas, la presencia de la violencia, alarma. Esa violencia solo le conviene a Nicolás Maduro. Por ejemplo, los represores hoy en día son unos chamitos que están pasando por exactamente los mismos problemas que todos, y que están viviendo en un choque de valores, entre la disciplina militar y su propia situación de vida.


ACTUACIÓN PARAMILITAR

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Además de los cuerpos de seguridad del Estado se están viendo actuaciones de civiles armados en enfrentamientos ligados a protestas ¿Se puede hablar de una actuación paramilitar en estos casos?

– La fuerza Armada Nacional venezolana tiene una historia muy rica, simbólicamente es el heredero de ese ejercito libertador. Por eso quien es militar de carrera y tienen un sentimiento profundo de orgullo, igual que con las fuerzas policiales, está sintiendo hoy una profunda vergüenza porque se está viendo subordinado expresamente a grupos oficialistas que son parapoliciales y paramilitares. Yo he visto con mis propios ojos cómo ante la presencia de esos grupos la policía se va, tienen la orden de irse porque saben que no pueden actuar contra ellos.

En principio la estrategia que se remonta a los círculos bolivarianos, grupos de choque que hoy ya tienen armamento sofisticado y que son el poder real de diversas partes de la ciudad. La buena noticia dentro de todo eso es que esos grupos representan una ínfima minoría incluso en el Gobierno; el grueso del chavismo no se parece a esa violencia. Esta es una mafia que está mantenida con anuencia del Estado, promovida desde el Gobierno y además fuertemente armada.

Cuando ellos empiezan a estar a cargo de la represión es para que no se le pudiera atribuir al Estado esa violencia, para lavarse las manos de la actuación fuera de la ley, hoy vemos cómo actúan sin cuidar tanto las formas. Eso no hay manera que no genere una profunda vergüenza y resentimiento dentro de los cuerpos militares y policiales. Estos grupos están haciendo el trabajo sucio del Gobierno y lo peligroso de eso es que va a incitar a más violencia. Ellos también tendrán que responder a la justicia.


Publicado en La Razón el 1 de mayo de 2017.

El (auto)engaño de la Constituyente

El presidente Nicolás Maduro avanza tercamente en el diseño de lo que ha llamado Asamblea Constituyente sin serlo. Lejos de representar una oportunidad para el encuentro y para la resolución de la grave crisis política, económica y social, la “Constituyente” de Maduro promete agudizar el conflicto.

Esta “Constituyente” es la respuesta más reciente del chavismo a una realidad muy concreta: la incomodidad que le genera al régimen la Constitución Bolivariana y el Estado de Derecho. Esto no es nuevo. Ya a Hugo Chávez le había “quedado chiquita” la Carta Magna en su intento por concentrar más poder y ejercerlo de manera ilimitada. Así, propuso una serie de reformas a la “mejor constitución del mundo” en 2007 y fue derrotado por el pueblo. En 2009 pretendió eternizarse, él y solo él, en el poder, y tuvo que reformular el planteamiento ante el revuelo causado por las ansias compartidas de gobernadores, alcaldes y demás funcionarios electos del chavismo, quienes, como el comandante, también querían gobernar para siempre. Luego, Chávez simplemente desoyó la voluntad popular e impulsó, a juro, lo que los ciudadanos rechazaron con su voto en 2007.

Aunque no respeten la Constitución, aunque el ministro de la defensa firme sus misivas con un “¡Chávez Vive… la Patria Sigue! ¡Independencia y Patria Socialista!” que viola flagrantemente su artículo 328, la coyuntura le pide a la dictadura una nueva, que legitime el tránsito al comunismo y acabe con la acusación, dolorosa por cierta, de que no respetan la Ley. Todo esto va en el marco de la autocratización evidente del régimen, producto de la pérdida de competitividad.

La “Constituyente” es, por supuesto, un fraude. No solo ha sido convocada de manera ilegal, recibiendo el beneplácito de la presidenta del CNE en un acto bochornoso que deja la mancha indeleble de la vergüenza en su paso a la historia, sino que las bases comiciales que propone, además de violar la Constitución que, recordamos, sigue vigente, representan un retroceso descomunal. Al corporativizar el voto, Maduro se sirve del instrumento de viejas elites y oligarquías, y continúa su marcha galopante al siglo XIX.

La “Constituyente” no tendrá éxito. El régimen insistirá, tercamente. Se organizará la “elección” donde ya Maduro eligió. “Votarán” muy pocas personas y el CNE de la dictadura pretenderá validar todo aquello. Será en vano. La crisis se incrementará, el conflicto subirá de tono y, lejos de lograr la legitimidad ansiada, el régimen quedará más desnudo que nunca como una casta enfocada en los privilegios y rehén de la acción criminal de sus cabecillas. Actuarán a lo cubano, y el pueblo responderá a lo venezolano.

La “Constituyente” de Maduro es insostenible. Representa un gigantesco engaño y, más aun, un autoengaño evidente para quienes creen, desde el gobierno, que logrará legitimar la militarización de la sociedad, o la legalización del abuso, o el exterminio del contrario. Esta “Constituyente” es una torpeza, la más grande quizás, que acelerará lo inevitable: la salida de un régimen que se ha manchado las manos de sangre combatiendo al pueblo que juró servir.


Publicado en PolítiKa UCAB el 26 de mayo de 2017.

El mensaje aspiracional de los jóvenes que protestan en Venezuela

Amado Fuguet V.

Dentro del abanico de actores que están protagonizando las protestas en Venezuela, los jóvenes han asumido un rol de primera línea. Lo han venido desempeñando tanto a través de un liderazgo político emergente, como en la participación masiva, activa y creativa en las manifestaciones. Pero además, tienen gran incidencia en la generación de opinión e intercambio de información a través de las redes sociales, así como en asambleas y debates presenciales.

Con la bandera como símbolo de identidad, e izando su llamado al cambio, la nueva generación que ha transitado toda o más de la mitad de su vida en el período chavista-madurista, ha sido factor clave para el proceso de rebelión política que sacude al país y ha activado las alarmas internacionales.

¿Cuál es su mensaje central? Puede resumirse en lo que dice una de las pancartas que enarbolan: “No lucho por la Venezuela que fue, sino por la que será”.

La frase es una pieza que se inscribe en la narrativa de futuro posible que está en la visión de los jóvenes, para quienes la añoranza de tiempos mejores no es la bujía que los activa. Se inspiran más en lo que saben que está viviendo y construyendo su generación en otras latitudes, donde existen perspectivas de progreso individual y colectivo vedadas en el país.

Como bien lo dice el sociólogo Daniel Fermín: “Sin haber vivido en democracia plena, los hijos de la crisis salen a luchar por el futuro negado, por las oportunidades truncadas. Eso dice mucho del deseo libertario y de superación que existe en una juventud que, como toda la sociedad venezolana, es profundamente aspiracional. Allí hay un valor que se extiende a todos los estratos sociales. Hoy vemos a la juventud del Este y del Oeste de Caracas hombro a hombro protestando por su derecho a vivir mejor en democracia”.

Riesgo y modelaje

Los jóvenes del momento venezolano son tomadores de riesgos. Lo han demostrado quienes han buscado abrirse paso en el difícil entramado mundial, como parte de la diáspora impulsada durante todos estos años por la crisis del país, y que ha resonado con su presencia y presión en todos los rincones del planeta.

Pero la gran demostración de esta cualidad ha sido su protagonismo en las manifestaciones en todo el país. Exponen su vida, resistiendo los ataques represivos de militares, policías y grupos civiles armados. De los ya casi 60 fallecidos en las manifestaciones, la mayoría son jóvenes, promedian menos de 25 años. El grueso de los heridos y detenidos forman parte de esta generación.

Son muchachos deportistas, músicos, estudiantes, profesionales, trabajadores. Allí están casos como el de Juan Pernalete, víctima de un disparo directo a su cuerpo de una bomba lacrimógena lanzada por la Guardia Nacional, según lo reveló la Fiscal de la República. O el de Armando Cañizales, músico del Sistema de Orquestas Juveniles, caído en circunstancias parecidas.

Justamente, algunos de ellos protestan interpretando con su instrumento musical el Himno Nacional o el Alma Llanera en medio del caos y el sonido fatal que emiten los cuerpos represores. Ejemplo emblemático es el del joven Wuilly Arteaga, cuya reacción tras haberle sido arrebatado y destruido su violín por un guardia nacional, conmovió a toda Venezuela.

Otros lo hacen a través de interpretaciones teatrales sobre el impacto de la represión, o a través de videos que mezclan mensajes de reclamo y de esperanza.

Fermín, quien es profesor de Sociología en la Ucab, destaca que los jóvenes están representando la luz en medio de la oscuridad.

“Su empeño le ha recordado al país que la solidaridad sigue siendo el faro que guía a los venezolanos, el signo de nuestra idiosincrasia. Y también han recordado al país que hay gente preparada y preparándose para asumir los retos del Siglo XXI. Esta es la juventud que perdió amigos y familiares al hampa y en el Cruz Diez de Maiquetía, y hoy alza la voz por las reivindicaciones que permitan vivir una vida plena en su país”.

A su juicio, han sido forzados a madurar muy pronto y representan la superación de las adversidades más duras, no solo la de las condiciones materiales, sino las mismas derivadas de la arremetida represiva.

“La juventud da el ejemplo hoy, en una sociedad que tiene una profunda crisis de confianza, de que la solidaridad está vivita y coleando, y con ella la esperanza y la superación de las adversidades, de que sí se puede. Son la vacuna contra la desesperanza”, agrega.

El liderazgo emergente

Esta narrativa de coraje y de lucha por el futuro tiene varias expresiones en liderazgos organizados. El movimiento estudiantil es uno de ellos. Si bien a ratos pareció desvanecerse en épocas recientes, ha emergido con fuerza en la crisis.

Los estudiantes han sido el epicentro de movilizaciones no solo en Caracas, sino también en varias ciudades del centro, oriente y occidente del país. Su impacto es tal, que cuando hay marchas desde las sedes universitarias, las salidas han sido bloqueadas con tanquetas y los manifestantes reprimidos. Y en varios casos han sido objeto de allanamientos, como sucedió en la UDO de Bolívar, con víctimas fatales.

El movimiento estudiantil, que en las encuestas siempre aparece como entre los primeros con mayor confianza entre la gente, tiene especialmente un rol relevante en el desconocimiento al proceso constituyente que consideran un gran fraude: aunque las distintas federaciones de centros han sido electas por las bases, ya han denunciado que serán desconocidas en el modelo sectorial que manejan el gobierno y el CNE para la escogencia de constituyentistas.

Otra de las expresiones clave es el liderazgo emergente representado por los diputados opositores y dirigentes juveniles que en su mayoría precisamente tienen su origen en el movimiento estudiantil. Han estado presentes activamente en las calles, a la vanguardia, realizan asambleas con las comunidades, y son voceros de gran impacto en el debate público.

Especialmente, le han dado un rostro más fresco y dinámico a los partidos políticos, que se han nutrido de ellos. Pizarro, Guevara, Olivares, Requesens, Patiño, Smolansky, Barrios, Mejías, Arellano, Stalin, son algunas de las figuras, entre muchas otras, que están conectadas con los jóvenes e incluso los de otras generaciones estableciendo lazos de identidad.

Conectados y organizados

Entre los atributos que caracterizan a los jóvenes que protagonizan esta gran movilización, hay dos que destacan: saben cómo conectarse y procuran actuar organizadamente.

Manejan instrumentos comunicacionales con soltura, especialmente las redes sociales, para generar intercambio de ideas, difusión de información y coordinación de acciones.

Sus narraciones viajan entre lo analógico presencial y lo digital. Debaten cara a cara, pero al mismo tiempo tienen la agilidad de montar videos usando los canales 3.0.

Pero además se percatan con mayor prontitud de los ataques y montajes que en esos mismos medios se disparan desde las plataformas oficiales.

Por ese alcance que tienen, han generado un impacto que ha sido y será fundamental en el desenlace de las protestas que se escenifican en el país.

Por algo el Arzobispo Ovidio Pérez Morales les transmitió esta semana un mensaje en su cuenta Twitter: “Cuando veo a tantos jóvenes soñando y luchando por un país nuevo, uno rejuvenece y sueña también. Dios los bendiga, ilumine y fortalezca”.


Publicado en El Estímulo el 25 de mayo de 2017.

Five ways in which this wave of demonstrations in Venezuela is different

May 25 at 7:00 AM
Protesters clashed with security forces in Caracas, Venezuela, on May 18, in the latest demonstration during weeks of anti-government unrest. (Reuters)

CARACAS, Venezuela — For nearly two months, Venezuelans have been holding almost-daily demonstrations against the government of President Nicolás Maduro, demanding early elections, more democratic rights and the release of political prisoners. At least 55 people have died in the protests, which come amid a severe economic crisis in the oil-producing country.

This isn’t the first time in recent years that Venezuelans have launched protest movements against Maduro. In 2014 and 2016, demonstrators held a series of marches, but they died down after a few weeks.

Will this time be different? Here are five reasons this wave of protests could achieve more results:

1. The demonstrations are more widespread and have continued for longer than in previous periods.

Never before have so many people taken to the streets for so long in so many states across the country, according to PROVEA, a nonprofit Venezuelan group that monitors human rights issues. Another organization that tracks social conflict, the Venezuelan Social Conflict Observatory, said that from April 1 to May 17, there were 1,208 protests across the nation. Dozens more have occurred since then, even though security forces have tried to discourage the marches by deploying tanks and using rubber bullets and tear gas.

2. The demonstrations are drawing people from a variety of economic classes.

The economy has sharply contracted, and the inflation is among the highest in the world because of low oil prices and ineffective policies implemented by the socialist-oriented government. Venezuelans are suffering from a severe scarcity of food and medicine. The government’s popularity has fallen to less than 15 percent, according to a recent poll from the Venezuelan Institute of Data Analysis, or IVAD.

Clashes broke out during an anti-government march led by thousands of elderly Venezuelans when police tried to block them from advancing in the capital city of Caracas. (Claritza Jimenez/The Washington Post)

Low-income residents in areas that had been strongholds of the ruling party have started to join the protests. In the past, many working-class Venezuelans supported the system put in place by late president Hugo Chávez in the early part of this century — and maintained by Maduro — because they received benefits such as cheap groceries and free medical care and housing. But many “Chavistas” have become disillusioned with the government. “The difference this time,” said Nicmer Evans, a member of Marea Socialista, one of the Chavista movements that is critical of Maduro, “is that they have reasons to protest.”

3. There are open divisions in Maduro’s party.

There are clear signs of fissures within the ruling party. Attorney General Luisa Ortega Díaz, a longtime Chavista, condemned a decision by the supreme court in March to strip the opposition-controlled legislature of its powers. She also has denounced the use of military law to judge detained protesters and criticized Maduro’s recent call for a constituent assembly to draw up a new constitution. “Her statements, I think, make change a probable scenario,” said Luis Vicente Leon, director of the Datanalisis polling firm.

Two supreme court magistrates declared this week that they’re also against Maduro’s push for a constituent national assembly. Although they’re not members of the constitutional court, which decides if the assembly is legal, their dissent was highly unusual, because the government exercises great influence over the judiciary.

Henrique Capriles, opposition leader and governor of the state of Miranda, said such actions could have a “snowball effect” in the near future. “They set a precedent for others to do it tomorrow.”

4. Maduro’s government is more isolated internationally.

Many countries and international bodies have become more critical of the government and supportive of the opposition. Members of the Organization of American States, for example, voted last month to call an emergency meeting to discuss the humanitarian crisis and political violence in Venezuela. The country reacted by announcing it would withdraw from the entity. The U.N. high commissioner for human rights recently sought to meet with Capriles, but the politician reported that his passport was annulled as he tried to leave Venezuela to travel to New York.

The U.S. Treasury Department last week announced sanctionsagainst eight magistrates of Venezuela’s supreme court because of its decision to strip power from the opposition-controlled congress.

5. Opposition parties are unified, and the coalition is evolving.

Unlike in past protest movements, the opposition coalition (MUD) has a clear and unified message and agenda, said Daniel Fermín, a sociologist who specializes in nonviolent conflicts.

Leaders of different parties have joined the marches. Young leaders are emerging and taking a central role, giving fresh energy to an opposition whose main figures have been in politics since the early years of the Chávez presidency.

Some opposition leaders have hinted that mid- and low-ranking members of the military are becoming more sympathetic to anti-government protesters. Freddy Guevara, vice president of the National Assembly, tweeted recently that lawmakers were starting to work on amnesty measures that would apply to some government officials and members of the military in the event of a transition, with the goal of making it easier for them to change sides now.

Despite these differences with past protest movements, there is no guarantee that the demonstrators will achieve their aims. The government has cracked down fiercely on the protests, using force and making over 2,600 arrests. And the opposition could lose its ability to mobilize people if it can’t prevent more radical demonstrators from resorting to violence, Fermin said.

Still, there are signs that Venezuela is living a new chapter of its history.


Published in The Washington Post May 25, 2017.

Represión y jiu-jitsu político

50 días de resistencia. 46 venezolanos asesinados por fuerzas militares, policiales y paramilitares. Cientos de heridos y encarcelados. La cifra aumenta todos los días, en una espiral terrible, dolorosa. La respuesta del régimen a la rebelión popular por la democracia ha sido implacable, inescrupulosa. Bajo el nombre de Plan Zamora ha desatado una arremetida criminal de asesinatos sistemáticos y persecución. Apuestan por aplastar la protesta y, en el camino, por desvirtuarla y deslegitimarla, intentando recuperar la cohesión de sus fuerzas, hoy llenas de fisuras ante las pretensiones cada vez más autoritarias del poder y el peso de la presión del pueblo en las calles.

La represión ha sido brutal. Y es que cuando un régimen, como este, depende solamente de la violencia para asegurar la obediencia y la cooperación de los ciudadanos, cualquier desafío a la autoridad va a encontrar en la represión la respuesta segura. Perdieron el favor popular, y con ella la competitividad, por lo cual se desbocaron hacia la dictadura franca. Les ha costado aliados, dentro y fuera del país. Hoy el mundo está claro, más que nunca, de lo que sucede en Venezuela. No hay lobby millonario que tape la realidad.

La represión es especialmente costosa para el régimen, dada la naturaleza no violenta del grueso de la protesta. La no violencia, como hemos expresado con anterioridad, no es una técnica para “otras realidades”, unas en las que existe un gobierno respetuoso de la vida y de los derechos. Al contrario, la no violencia es efectiva particularmente contra aquellos regímenes que, como este, están dispuestos a reprimir violentamente a la población.  En este sentido, la no violencia crea una situación de conflicto asimétrico que conduce a que la represión tome un efecto de búmeran contra los represores de un pueblo desarmado, minando sus bases de apoyo.

En muchas oportunidades, la dinámica opera como el jiu-jitsu, el arte marcial que utiliza la misma fuerza del oponente para hacerle perder el equilibrio y caer. En los movimientos de resistencia, el jiu-jitsu político actúa de modo que, en lugar de responder a la violencia de los paramilitares y los cuerpos represivos con más violencia, lo hace con desafío no violento. Esto puede llevar a un efecto rebote de la represión, que debilita el poder de los represores y fortalece el de quienes resisten. Del mismo modo, el jiu-jitsu político puede llevar a que terceras partes, no involucradas en el conflicto, tomen partido por los agredidos. Adicionalmente, esta postura lleva, a menudo, al surgimiento de oposiciones internas en las filas del régimen e, incluso, al quiebre definitivo que lleve a estas fuerzas a apoyar la causa de la resistencia.

Aunque el jiu-jitsu político no ofrece garantías totales, es efectivo. Para que lo sea, sin embargo, la resistencia debe negarse de plano al uso de la violencia, ya que es en la violencia que el régimen se hace fuerte. El uso de la violencia dificulta la aparición de desafecciones internas. De modo que, aunque difícil, la persistencia no violenta es el arma más poderosa de la resistencia. Costoso, sí. Pero más costosa es la violencia…

¿Sobre qué fuerzas opera el jiu-jitsu político? Son, al menos, tres: En primer lugar, sobre la gran masa descontenta; luego, sobre quienes, tradicionalmente, han apoyado al régimen; y, tercero, sobre aquellos que se muestran neutrales o que, hasta ahora, no habían tomado partido por ninguno de los dos bloques en conflicto (uno, mayoritario, con la fuerza de la gente; el otro, cada día más solo, pero apoyado en la fuerza de las armas).

El régimen, a través de la represión, busca sacar a la gente de las calles. Ha ocurrido lo contrario. Y pese al inmenso dolor que producen las insensatas muertes de venezolanos valientes que salieron a defender la Patria, y a la rabia y frustración resultante, cada nueva manifestación suma cientos de personas que desafían al régimen y la amenaza de muerte a la que ha sometido a la población.

La resistencia es, en sí misma, un indicador de éxito de la movilización popular, una que sobrevivió no solo la represión, sino hitos de inactividad como la Semana Santa, que el régimen juró sería el fin de la manifestación del descontento. Que no quepa duda, hoy el chavismo está desmoralizado, se sabe dependiente de la represión y el control militar, y eso, lejos de brindarle seguridad, desnuda sus debilidades. Cada día se profundiza la erosión en las filas oficialistas. Son muchos quienes, a pesar de las afinidades ideológicas y la historia común, no están dispuestos a acompañar esto por el camino del exterminio fratricida.

La resistencia del pueblo venezolano ha sido admirable. Es el Bravo Pueblo, el del “cuero seco”, resuelto a ser libre y dándolo todo por la Patria. No hay espacio para la repolarización interna entre “radicales” y “moderados”. Tampoco podemos acusar de violentos a quienes devuelven una lacrimógena con un guante o se defienden con un escudo. Sin embargo, en estos momentos álgidos en los que el tufo de la guerra civil se hace sentir, urge reconducir los esfuerzos en aquellas instancias en las que la violencia ha asomado la cara. Y lo ha hecho en respuesta a la violencia promovida por el régimen. Aun así, no solo es condenable, sino que es ineficaz. Los saqueos, conatos de linchamiento y demás manifestaciones violentas le hacen un flaco servicio a la causa de la democratización. Son música para los oídos de un régimen despiadado que busca justificar, y justificarse, en la represión desmedida. Además, atentan contra la gente de trabajo, alejan la protesta del objetivo y favorecen al régimen.

La clave, entonces, está en la persistencia. No es sencillo ni es fácil de digerir. Pero frente  un régimen dispuesto a llevarnos a la guerra civil con tal de mantener el poder que solo puede conservar por la fuerza, la resistencia debe insistir en la no violencia, reconducir las energías de grupos que han sido llevados por la estrategia oficial a otro tipo de respuestas, y mantener el foco. No será fácil, pero lo contrario signaría tiempos infinitamente más difíciles para Venezuela, unos de los que, tal vez, no podría recuperarse jamás.

No podemos cerrar sin alzar la voz por la libertad de los presos políticos y el cese de la represión y el asesinato de nuestro pueblo. A los militares y funcionarios policiales: no sean cómplices de una camarilla criminal. Hay un futuro compartido de país por delante para quienes acompañen el clamor popular en el marco de la Constitución. La no cooperación no solo es una opción, sino que es un imperativo moral. Sobre los que den o sigan órdenes violatorias de los Derechos Humanos caerá el peso de la justicia.


Publicado en PolítiKa UCAB el 19 de mayo de 2017.

Resistencia no violenta: lucha por el cambio que sí funciona

Durante décadas, expertos han estudiado la protesta pacífica y han coincidido en en que  es posible salir de un régimen totalitario manteniendo con firmeza esta forma de lucha. Acá algunas razones explicadas por el sociólogo de la UCAB, Daniel Fermín

Resistencia no violenta: lucha por el cambio que sí funciona

Durante los últimos 41 días, la protesta y resistencia civil se han mantenido en las calles a pesar de la represión por parte de los cuerpos de seguridad nacional.

Recientemente, el investigador del Centro de Estudios Políticos de la UCAB Daniel Fermín afirmó en una entrevista publicada en El Nacional que “la represión desmedida, lejos de mermar la participación, ha encendido una llama de indignación en los venezolanos, que están determinados a no dejar las calles hasta lograr sus conquistas”.

¿Cuál es la razón de fondo? Más allá de los objetivos políticos claros o la unidad de criterio de parte de la dirigencia, el también profesor de la Católica cree que la masiva convocatoria de las protestas de las últimas semanas ha sido “resultado de una estrategia convencidamente no violenta” que ha convencido a muchos ciudadanos.

Ahora bien, ¿es la resistencia pacífica realmente efectiva? Las estadísticas dicen que sí.

Según Erica Chenoweth y Maria J. Stephan, autoras de la investigación titulada “¿Por qué la resistencia civil funciona?”, apenas 17% de iniciativas no violentas fracasan en el intento por alcanzar un cambio político. Por su parte, el índice de fracaso casi se cuadriplica cuando de manifestaciones violentas se trata: 67%, es decir, seis de cada 10 no logran un cambio de gobierno.

Además,  las investigadoras señalan que una de las más evidentes ventajas de la resistencia civil es el número de participantes que se incorporan a ella. Según sus cifras, en promedio  las protestas pacíficas  tienen 150.000 involucrados más que las de carácter violento.

“Es justamente contra este tipo de gobierno represivo altamente centralizado que la no violencia tiene su mayor efectividad”, aseveró Daniel Fermín en la mencionada entrevista.

 CREATIVIDAD CIUDADANA

Según el sociólogo, hay diversos casos que muestran cómo la lucha no violenta conduce, si se desarrolla correctamente, a un cambio de régimen. Algunos de ellos son el de Suráfrica, Filipinas, Serbia, Turquía, Ucrania y Túnez.

Pero aún puede existir una duda sobre qué es exactamente la resistencia no violenta. En palabras de Daniel Fermín, la resistencia pacífica “está lejos de ser, como algunos podrían pensar, una postura pasiva.

«La #NoViolencia no es comeflorismo, resistencia no violenta no implica docilidad, todo lo contrario. Es innovación y contundencia».

En el segundo volumen de “Politics of nonviolent action”, del filósofo estadounidense Gene Sharp, se muestran 198 formas de lucha pacífica divididas en tres grupos: persuasión y protesta no violenta, desobediencia (social, económica y política) e intervención no violenta.

Uso de símbolos alusivos en la vestimenta, desnudos de protesta, pintadas de protesta, acoso no violento a autoridades o personas involucradas con gobiernos, peregrinaciones, luto activo, renuncia a honores, ayunos, minutos de silencio e impago de rentas son algunos de los ejemplos, a los cuales también se suman declaraciones públicas conjuntas, comunicados y hasta incursiones u ocupaciones pacíficas en lugares públicos.

Fermín se ha dedicado a difundir esta tesis a través de las redes sociales. En su cuenta de Twitter @danielfermin  ha detallado por qué las iniciativas no violentas resultan más efectivas en “incrementar los costos al régimen, dividir sus pilares de apoyo y erosionar su terreno”.

El especialista también señala que esta clase de resistencia resulta beneficiosa para ganar apoyo internacional y lograr “desafecciones en aliados externos al régimen”. Además, logra promover la disrupción a través de “no cooperación”. Esto significa que conduce a cambios de lealtades entre simpatizantes del régimen.

Pero lo más importante es que, cuando la resistencia pacífica obtiene resultados, los logros alcanzados son más sólidos.

«Las democracias que nacen como resultado de movimientos no violentos tienden a ser más estables, duraderas y pacíficas que las que surgen de una disrupción violenta», comenta Fermín, para quien casos como el del joven que se desnudó frente a los efectivos de la Guardia Nacional con un libro en la mano o la señora que se plantó frente a una tanqueta para enfrentar la represión son ejemplos de lucha que enaltecen la dignidad.

«Venezuela está hoy conmovida e inspirada por un muchacho desnudo con una Biblia y una señora que se coloca en el camino de un vehículo militar; por unos muchachos, estudiantes de medicina, que salen a sanar las heridas del odio; por un pueblo llevado a la asquerosidad de El Guaire pero impoluto en su resolución. Ellos y muchos más son reflejo vivo de la dignidad humana», escribió en Politikaucab.net.

Foto de portada por Donaldo Barros.

♦Patricia Graziani


Publicado en El Ucabista el 12 de mayo de 2017.

El CNE sólo se encarga de impedir la realización de elecciones

Eduardo Lugo

El Consejo Nacional Electoral (CNE) se encarga de impedir la realización de elecciones en el país, como es el caso de los comicios a gobernadores y el revocatorio. De esta forma lo consideró el sociólogo Daniel Fermín. 

A través del programa A tiempo, transmitido en la emisora Unión Radio, el especialista aseguró que el ente electoral sólo respondió para avalar la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, elevada por el primer mandatario nacional.  “El CNE actúa con pura discrecionalidad”.

Repudió la falta de respuestas por parte del máximo organismo comicial, ya que en su opinión, afecta a toda Venezuela y criticó la actual política asumida por el Ejecutivo.

“El gobierno solo apuesta al Tribunal Supremo de Justicia, al Consejo Nacional Electoral y a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana por la falta de pueblo”.


Publicado en Caraota Digital el 11 de mayo de 2017.