Luchando por Venezuela / Fighting for Venezuela

For the second time this week, hundreds of thousands of people will protest in the streets of Caracas, the capital of Venezuela. They demand the impeachment of President Nicolás Maduro who’s been in charge of the country since the death of Hugo Chavez in 2013.


The reason: the deepest crisis the country has ever faced.


Maduro is accused of throwing Venezuelans into poverty, due to poor economical choices and corruption. The opposition accuses him and the current administration of not diversifying the economic resources of Venezuela, of human rights violations, of censorship and lack of free media, and of massive shortages of food, medicine and basic goods.


Violence has risen to astronomical heights and Caracas is now the number one most dangerous city in the world with 119.87 murders per 100,000 people (According to World Atlas)


Adding to this disastrous economic and social situation is a regime crisis. While the opposition has a large majority of seats in the Parliament, Maduro still controls the economy, the media and the military forces.

The best illustration of this political stalemate is the annulment by Maduro of the dismissal referendum scheduled for January 10. In this context, strikes and protest marches have taken center stage, although the tone of what will come next is still uncertain.


On September 1st hundreds of thousands of opposition members protested in the streets to call for Maduro’s departure and an organization of a referendum.


A national march took place this past Wednesday and a strike is currently underway today. The opposition also plans to march peacefully on the presidential palace on November 3rd , which hasn’t been done since 2002.

On Sunday there are planned peace talks between opposition leaders and the government, to be facilitated by the Vatican.

VENEZUELAN ACTIVISTS VISIT SAN DIEGO

In the midst of crisis, four Venezuelan activists and human rights defenders made their way to San Diego in early October for a visit administered by the San Diego Diplomacy Council and sponsored by the U.S. Department of State’s International Visitor Leadership Program.

During their visit to San Diego, the group met with NGOs, government officials and activists who work to increase civic engagement and reform the electoral process.

The San Diego Diplomacy Council partnered with LIVE A GREAT STORY to elevate the voice of Daniel Fermin, a bright, brave and influential leader. Daniel Fermin is an activist and sociology professor, working and living in Caracas.

As LIVE seeks to inspire individuals to craft their own journey and make an impact, the vision complements the mission of the Council well. For the 37 years of the Council’s existence, powerful stories of emerging leaders living their great story have passed through the region. Now, through the power of new media and the LIVE team, these stories have the ability to be shared on a much wider platform.


Fighting for Venezuela es un trabajo de LIVE A GREAT STORY, publicado el 28 de Octubre de 2016.

Vox Populi

editorial

La inmensa mayoría de los venezolanos quiere un cambio político que promueva un cambio económico, instituciones que funcionen y las oportunidades para vivir una vida plena. Frente a ese anhelo, se encuentra un gobierno que, más allá de no ser responsivo, ha emprendido, en su impermeabilidad ante el reclamo popular y su prepotencia, una caricaturesca dinámica en la que le huye a la consulta popular y utiliza los poderes del Estado, cooptados por y subordinados al régimen, para obstaculizar cualquier posibilidad de cambio. De revolucionarios, a reducida casta conservadora en beneficio del statu quo.

El ejemplo ya resulta trillado, pero no por ello menos pertinente: a esta olla de presión llamada Venezuela le han tapado la válvula. Como consecuencia, se ha agudizado el conflicto en todos los terrenos, desde el institucional hasta el de la calle. Era la consecuencia lógica de las barricadas al cambio, de las trabas que, sutiles al principio, francas patadas a la mesa democrática al final, colocó el régimen en su desesperado intento por conservar los privilegios y el poder.

Una oposición diversa pero unida en los propósitos inmediatos ha, acertadamente, apostado por la calle ante la inhabilitación oficial de las vías institucionales. Más allá de discusiones subalternas y anodinas sobre cuáles tendencias o personalidades “tenían razón” ante el desenlace de los acontecimientos rodeando la activación del referéndum revocatorio, la calle es producto de una inmensa presión popular. Frustrados, hastiados y burlados, los venezolanos aspiran de su liderazgo una ruta que dé resultados, es decir, que conduzca al cambio político que, se espera, lleve a los cambios profundos que urgen para salir de la crisis producida por el modelo chavista. Esa es la aspiración. Ese, el reclamo. La Unidad ha comprendido, no sin torpezas y tropiezos, que su base de apoyo será tal mientras comparta una agenda que conlleve al cambio expedito y efectivo. De lo contrario, corre el riesgo de quedarse sola con unas siglas que no representan el clamor del pueblo…

En la calle, cualquier ojo medianamente afinado puede captar que la ciudadanía ha asumido la protesta con gallardía, a pesar de las amenazas, y ante la testaruda sordera del poder. Pero también puede valorar que esa masa heterogénea de venezolanos unidos por la crisis y en el reclamo no increpan en una sola dirección. Hay una demanda fuerte a Miraflores, responsable de la crisis y del grueso de los problemas nacionales, pero el tono popular también increpa a su liderazgo: no acepta lo que considera “lo mismo de siempre”, no se cala en tarima el largo desfile protocolar en el que el micrófono pasa de mano en mano atendiendo a cuotas partidistas. No está conforme con mensajes vacíos para las gradas ni promesas optimistas. Quiere acción.

La oposición, a su mérito, ha escalado el conflicto en la calle y en la Asamblea Nacional sin apartarse de la vía electoral. Desde la restitución del referéndum revocatorio hasta la convocatoria de unas elecciones generales anticipadas, la agenda de los partidos de la MUD logra esquivar el peine de la dictadura para llevarla al terreno que más le incomoda, el que le es, en este momento, imposible ganar. Y al final del día, el conflicto seguirá escalando mientras no haya condiciones para un diálogo fecundo, sincero y sobre todo transparente.

Titulamos estas líneas en la doble concepción de la vieja locución latina: Vox populi, lo que todo el mundo sabe. Esto es, que el modelo chavista se agotó, que hoy el oficialismo es franca minoría, declarada en dictadura ante la erosión del apoyo popular y la imposibilidad de ganar elecciones; que la oposición está obligada a endurecer sus acciones, siempre con responsabilidad y en el marco de la Constitución, ante un régimen cada vez más autoritario, represor y a la defensiva; que ya no basta con hablar bonito y de optimismo. Y también la concepción que deviene de la frase completa: Vox populi, vox Dei. La voz del pueblo es la voz de Dios. ¡Cuántas veces repitió Hugo Chávez esas líneas, por allá cuando el chavismo pensaba que la luna de miel sería eterna! Hoy el poder desoye al pueblo, y el liderazgo político, en general, se entrega fácilmente al descarte de la crítica y la disidencia en lugar de asumir la escucha y la reflexión. Pero, en este momento, esa es la voz que resuena, que retumba de costa a costa, la voz de un pueblo decidido a cambiar, y a acompañar solamente al liderazgo que conduzca a ese puerto, sin dobles agendas ni diligencias tras bastidores a espaldas de una colectividad que exige ser protagonista de los cambios que vienen y de las decisiones que se tomen, y no simples espectadores de acuerdos entre unas élites que deben, en todo momento, recordar que su liderazgo solo será tal mientras represente los intereses y las aspiraciones de la gente.


Publicado en PolítiKa UCAB el 28 de octubre de 2016.

La componenda

Hay una componenda en marcha para impedir que la ciudadanía tenga la última palabra sobre su futuro y la salida a la crisis. No es contra el revocatorio ni contra la MUD. Es una componenda contra el pueblo. En las últimas horas, gobernadores oficialistas de cuatro estados del país, junto al inexorable hombre fuerte del partido de gobierno, Diosdado Cabello, anunciaron, con júbilo prepotente, la coincidencia de que tribunales penales de Aragua, Apure, Bolívar, Carabobo y Monagas suspendieron el proceso de recolección de firmas tras la admisión de querellas contra un supuesto “fraude” de la Mesa de la Unidad Democrática. El CNE, con la celeridad que le caracteriza únicamente a la hora de favorecer al partido de gobierno, obedeció dócilmente y procedió a suspender el proceso de manifestación de voluntades para activar el referéndum revocatorio.

De no ser una burda maniobra enmarcada en el ya viejo plan de retrasar, cuando no impedir, la realización de la consulta popular, los anuncios reflejarían un destello de ese federalismo que es hoy letra muerta en la Constitución, y el funcionamiento de un sistema de justicia que hoy sabemos podrido hasta la raíz. Ni coincidencia, ni federalismo ni justicia. Se trata de una arremetida contra los venezolanos y contra el anhelo de salir del abismo en paz, de manera electoral, democrática y constitucional.

Esto ocurre, por supuesto, en la antesala de un proceso que vería a millones de venezolanos tomar las calles y abarrotar los centros dispuestos por el Consejo Nacional Electoral para dejar sentada su determinación de revocar el gobierno que, según todos los estudios de opinión, es percibido como el responsable principal del colapso nacional. La autocratización va en serio, pero será en vano. No se puede contener lo incontenible a punta de tretas y componendas. Nuestro pueblo, el del cuero seco, no lo aceptará. Y entonces, sólo les quedará reprimir, y engordar aún más el expediente de violaciones a los Derechos Humanos…

La prepotencia del poder les hace regocijarse en sus ingeniosas maniobras. Pero nuestro bravo pueblo, el sabio soberano, está decidido a cambiar. ¿Darán la orden de reprimir a un pueblo hastiado y sin armas? ¿Será obedecida? Son tiempos duros, en los que el caos nacional enmarca el desesperado intento de una reducida casta por aferrarse al poder y los privilegios. Frente a ella, una gigantesca marea de pueblo que dijo “no más”.

Nadie sabe qué va a pasar, y la verdad es que puede pasar cualquier cosa. Lo cierto, en cualquiera de los escenarios que puedan dibujarse, es que están en juego el futuro de la patria, la paz de la Nación y hasta la República misma. Y mientras siguen las componendas por parte de quienes se quedan solos intentando dilatar su salida “como sea”, crece el malestar, crece el descontento y el convencimiento colectivo de que esto tiene que cambiar. Ya no es cuestión de si cambia o no, sino de cuándo y de qué forma. Ya sabemos cuál queremos los demócratas.


Publicado en PolítiKa UCAB el 21 de octubre de 2016.

El obituario de la Constitución

editorial

En estos días el país ha leído, por partes, lo que es en esencia el obituario de la Constitución. Se ha escrito a varias manos, entre el presidente de la República y los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia. Ha tenido varias formas, desde la anulación de la Asamblea Nacional hasta la presentación del presupuesto nacional ante el TSJ.

El régimen, en su desconocimiento de la Asamblea Nacional electa por el pueblo venezolano, no sólo se salta la Constitución, sino que desconoce la voluntad popular. La democracia y el imperio de la Ley son incómodas camisas de fuerza para un gobierno impopular y cada vez más autoritario. El TSJ, usurpando funciones, ha sido el verdugo predilecto en el absurdo propósito de contener lo incontenible y evitar lo inevitable.

Venezuela padece la peor crisis desde la Guerra Federal y aunque haya incertidumbre sobre el futuro y aunque no haya claridad ni consenso sobre lo que viene después, si algo está claro es que los venezolanos claman casi al unísono por un cambio que devuelva los alimentos a las mesas de los hogares y las medicinas a los estantes de las farmacias. Se siente el hartazgo por el abuso, la ineficiencia y el empeño de una casta que no pudo resolver los problemas, y más aun, que los creó y los agudizó, en conservar el poder y los privilegios. Los venezolanos han comprendido, y así lo indican todos los estudios de opinión, que no habrá cambio en la situación mientras no haya un cambio de gobierno.

Este obituario lleva mucho tiempo escribiéndose. La lista de arbitrariedades crece cada día y la ligereza con la que se omite la realización de las elecciones regionales, aunque no halla en el debate nacional el espacio que merece, es una gravísima alerta de que la democracia en Venezuela se ha vuelto una opción a ser aplicada a discreción de los mandamases. Y como no le conviene a quienes han perdido hoy el favor popular, se aplicará cada vez menos, se racionará como tantos otros bienes en el país. O al menos eso pretenden…

Urge retomar el hilo constitucional para salir de la crisis. La Constitución, lejos de ser perfecta, indica el papel que deben cumplir los poderes públicos y la Fuerza Armada. La violación a la Carta Magna es reiterada y flagrante y la ciudadanía está llamada a velar por el respeto al texto que la protege del abuso, de la violencia y el caos. Eso vale para hoy y para mañana, para este régimen y para los gobiernos que vengan.

Y en momentos en los que todo el control de todas las instituciones está en las manos de un grupito muy pequeño, ajeno al reclamo popular y al padecimiento cotidiano, insistimos en que el poder y la fuerza está en la gente, en la capacidad de organizarse y movilizarse en defensa de los derechos.

El gobierno decidió colocarse definitivamente fuera de la Constitución. Depende del pueblo movilizado que el obituario de nuestro libro común no sea también el obituario de la democracia en Venezuela.


Publicado en PolítiKa UCAB el 14 de octubre de 2016.