Campaña: Reforma Electoral

En 2016 tuve la oportunidad de coordinar la campaña del Centro de Estudios Políticos de la UCAB por una Reforma Electoral, elaborada en el marco de una alianza amplia con diversos grupos de la Sociedad Civil. Este playlist recoge la pieza audiovisual, ganadora de Bronce en los premios ANDA 2016, junto a otros materiales de la campaña que diseñamos y produjimos.

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Pensar en lo que viene

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Esto no da más. Más allá de las tretas del Consejo Nacional Electoral y del Tribunal Supremo de Justicia, más allá de las amenazas del presidente y de la cúpula del partido de gobierno, la verdad es que la situación del país ya no aguanta esta dinámica. Como advertimos la semana pasada, una transición no está cantada, y podríamos estar ante una autocratización que atornille al régimen al poder. Que eso no suceda depende de la organización del pueblo y de la acción certera de un liderazgo responsable. Pero, en definitiva, estamos ante el coletazo de un modelo insostenible y es hora de pensar en lo que viene.

Venezuela está en la ruina. Esa es una realidad que no puede taparse con un dedo. La ubicuidad de la crisis y su magnitud, así como la crispación que generan, hacen que la Nación sea hoy como el dique agrietado que es sostenido por la fuerza de apenas un dedo. Esta situación nos mantiene ocupados pensando en cómo resolver lo básico: la escasez de alimentos y medicinas, el colapso de los servicios públicos elementales, la seguridad ciudadana, el acceso a la salud, a la educación de calidad y a la vivienda. Y nos impide sostener la conversación que deberíamos, en 2016, ya entrado de sobra el Siglo XXI, estar teniendo sobre el futuro de la patria: la superación de la pobreza y reducción de la desigualdad, la diversificación de la economía y el impulso a la innovación, la calidad de lo público y la promoción de la capacidad de agencia. Eso y mucho más.

La tarea mal hecha nos quitó más de tres lustros de tiempo y, con la frustración del caso, hoy toca enmendarla, arrancar la hoja, aprender de los errores y comenzar de nuevo. Quisiéramos otros temas, otras circunstancias que nos permitiesen hablar de lo que hoy el mundo habla, pero nos toca volver al paso uno: a cómo garantizar que nuestro pueblo coma y no muera de hambre, a cómo hacer para que nuestros recién nacidos no mueran en los hospitales ni sean incubados en cajas de cartón, a cómo abrir las puertas que hoy han sellado a las libertades básicas y la gobernabilidad democrática…

En la inmensa oscuridad que vive la patria, se enciende una luz tenue pero notable: nunca, en los últimos 17 años, había habido tanta gente, de grupos tan diversos, pensando tanto en el país que viene, en el después, en la reconstrucción. Economistas, sociólogos, abogados, profesionales de todo tipo, estudiantes, amas de casa, partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, gente dentro y fuera de nuestras fronteras. Hoy se multiplican las conversaciones sobre la transición, sobre qué hacer y cómo hacerlo. Y eso es una buena noticia.

¿Cómo hacer para enderezar el entuerto de la economía sin que los más vulnerables –hoy la gran mayoría- paguen los platos rotos de la irresponsabilidad de estos años? ¿Cómo superar la pobreza de manera sostenible, sin que cambios coyunturales nos lleven al rebote? ¿Cómo sanear la administración pública y dignificar a los funcionarios? ¿Cómo sincerar la situación de la nómina estatal más allá de una salida traumática o una “cajita feliz”? ¿Qué hacer con el petróleo, con el turismo, con el campo? ¿Qué hay de la educación? Y así, se multiplican las preguntas: sobre las relaciones internacionales, el papel de los venezolanos que se han ido, el bono demográfico, la reforma del Estado, la propiedad de los medios de producción, los medios de comunicación, las libertades ciudadanas, los derechos políticos, el sistema de justicia y penitenciario… Y ese es el camino, porque en la multiplicación de las preguntas se van hallando a decenas de venezolanos que van pensando en las respuestas, que se tornan centenares, miles. Y en esta hora parca de la historia, en la oscuridad tenebrosa que preludia al amanecer, es cuando hay que pensar en lo que viene.


Publicado en PolítiKa UCAB el 30 de septiembre de 2016.

¿La transición es inevitable?

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Vemos con preocupación la aparición de cierta matriz, según la cual el cambio político está cantado y una transición es inevitable. Es algo que va más allá del ordinario cambalache del análisis por propaganda. No es solo un discurso público, sino que en distintos escenarios se toma como un dado la inevitabilidad de la transición. Algunos plantean, incluso, que ésta ya comenzó.

La transición no es inevitable, aunque hoy sea deseable para la gran mayoría. La autocratización evidente del régimen de Nicolás Maduro no representa solamente un obstáculo a lo que, supuestamente, no tiene vuelta atrás. A través del control político y militar, de la represión, de la espera de condiciones económicas más favorables, como una eventual subida de los precios del barril de petróleo, el régimen puede atornillarse en el poder.

Los anuncios recientes del Consejo Nacional Electoral muestran hasta qué punto está dispuesto el régimen a conservar, como sea, el poder. Las condiciones para la recolección de firmas necesarias para activar un referéndum revocatorio al presidente de la República son una burla flagrante a la Constitución. Hoy, las rectoras Tibisay Lucena, Sandra Oblitas, Socorro Hernández y Tania D’Amelio se colocan a espaldas de la legalidad y confirman la acusación de muchos con respecto a su militancia en las filas del oficialismo. Se ha colocado un reducido grupo de guardianes del status quo frente al reclamo de todo un pueblo. Cuatro rectoras, siete abogados en bata y un séquito que representa a los privilegios enfilan su prepotencia contra la voluntad ciudadana.

La Mesa de la Unidad Democrática ha lucido desconcertada, descolocada, como si no hubiese previsto un escenario que estaba cantado. Mientras tanto, el país se pregunta ¿Y ahora qué?…

No luce fácil estar en los zapatos del liderazgo político de oposición. Sobre sus hombros está la responsabilidad de llenar las expectativas de un pueblo que no aguanta más el peso aplastante de una crisis que coge cuerpo en calamidades de todo tipo. Algo que sí está claro es que todo lo que va y puede suceder pasa por la calle. Sólo la movilización popular, organizada, contundente, enmarcada en la no violencia, puede conducir la lucha del pueblo contra el poder por los derechos fundamentales, por la calidad de vida, la democracia y la libertad. Ante unas instituciones que no responden, cooptadas por y subordinadas al Ejecutivo, sólo queda la calle como herramienta ciudadana, para que los venezolanos reafirmen dónde y en quién recae la soberanía.

En cuanto a la pregunta inicial: ¿La transición es inevitable? La respuesta es clara: No lo es. El cambio político y la transición que ha de venir no llegarán solos. Por el contrario, el cambio y la transición hay que trabajarlos duro  y dependerán de la fuerza del pueblo en las calles y de la conducción certera de un liderazgo que sea capaz de construir amplios consensos, hablarle claro a la gente y movilizar la lucha que vale la pena dar por esta tierra de gracia, que está hoy en las peores manos. Vamos,  pues…


Publicado en PolítiKa UCAB el 23 de septiembre de 2016.

«Rectoras del CNE se colocaron a espaldas de la legalidad»

CNE DE VENEZUELA ABRE INSCRIPCIÓN DE CANDIDATURAS PARA LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES DE OCTUBRE
“Hoy nos encontramos con unas condiciones que violan abiertamente la Constitución”, expresó Daniel Fermín.

El sociólogo, investigador y profesor universitario Daniel Fermín, conversó con Gladys Rodríguez, acerca de las condiciones planteadas por el Consejo Nacional Electoral (CNE) para recolectar el 20% de voluntad popular y activar la realización del referéndum revocatorio.

El especialista destacó que las condiciones para el proceso electoral, “son deplorables e inconstitucionales” y aseguró que “la institución electoral no responden a su deber, sino a una agenda gubernamental”

Comentó que “la meta no es el mecanismo, sino el cambio de un régimen y un proceso de transición que permita salir de esta crisis”, por lo que puntualizó que “este es un momento para la reflexión y también para la acción”.

Asimismo, el periodista especializado en el tema electoral Eugenio Martínez, aseguró que “el mejor escenario para el chavismo, sería que la oposición se retirase de la contienda electoral”.

Comentó que “la oposición debería insistir en que la recolección de firmas se realiza a nivel nacional y no estadal, pues las limitaciones y el proceso sería muy complejo”, a esto sumó “el carácter inconstitucional del mecanismo electoral”.

Escuche la entrevista completa aquí por el Circuito Éxitos.


Entrevista en Circuito Éxitos el 22 de septiembre de 2016

Insistir en la democracia

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En el país, poco ha cambiado. El régimen sigue atrincherado en las instituciones subordinadas al Ejecutivo para obstruir la manifestación de la voluntad popular. Así, el Tribunal Supremo de Justicia sigue boicoteando la labor de la Asamblea Nacional, el Consejo Nacional Electoral continúa obstaculizando la participación ciudadana y la Fuerza Armada Nacional, junto a los organismos policiales, ha intensificado el carácter represivo del gobierno.

La presidencia de Nicolás Maduro ha dado un fuerte giro hacia la autocratización. Ha arreciado la persecución a líderes políticos, con la evidente intención de dividir artificiosamente a la oposición en radicales y moderados, sin que la estrategia haya rendido frutos ante una MUD que, en sus diferencias, ha sabido conservar la unidad. Pero el régimen va más allá, encarcelando a periodistas y al pueblo llano, empujados por la prepotencia que les hace ver cualquier ejercicio básico de democracia como una osadía temeraria.

Arrecia la crisis, aumenta la pobreza, el descontento. El país, prácticamente al unísono, quiere un cambio, y, fiel a su herencia democrática, está dispuesto a sortear las burlas y los abusos para que ese cambio se manifieste por la vía electoral, pacífica y constitucional. La gente clama y se activa por un referéndum revocatorio que las rectoras del CNE se empeñan en bloquear, y las elecciones regionales están prácticamente prorrogadas, sin mayores dolientes, y también sin mayores excusas, salvo la de que “no hay dinero”, a pesar del dineral gastado (no invertido) en la Cumbre de los Países No Alineados, sin contar la grotesca celebración millonaria del cumpleaños, en Cuba, del dictador Fidel Castro con dinero de los venezolanos, de los mismos venezolanos que hoy, en números cada vez mayores, escarban las bolsas de basura en búsqueda de comida.

La gigantesca protesta del 1 de septiembre demostró que hay un pueblo dispuesto a movilizarse en defensa de sus derechos, a pesar de las amenazas, de la violencia y de los obstáculos. Y con las instituciones secuestradas y cooptadas por el régimen, la calle es el único campo en el que la ciudadanía puede dar la batalla por la democracia. En el marco de la no violencia, sólo la presión de la calle puede causar desafecciones, cambios de lealtades y avances para la consecución de las conquistas ciudadanas.

No se trata de una parte del país enfrentada a la otra. Estamos ante un escenario en el que un pueblo todo, diverso pero unido en el reclamo, se enfrenta a un grupito empeñado en conservar el poder como sea, a sabiendas de que los costos de abandonarlo son demasiado altos, pues han sido demasiadas, también, las afrentas a los venezolanos…

Un grupito contra el pueblo. Un cogollo aferrado a las bayonetas, mientras le duren. Un grupúsculo fácil de contar: Detrás del rótulo “Sala Constitucional” se esconden siete abogados que actúan como el escritorio del partido de gobierno. Son siete. Detrás de “rectoras del CNE” están cuatro personas que, lejos de ejercer el papel imparcial que manda la Constitución, actúan como comisarios del PSUV. Y así vamos… El grupito, los poderosos, los privilegiados. Allí hay de todo, desde los trasnochados, genuinamente convencidos (y persuadidos por los privilegios) hasta los delincuentes.

Frente a ellos, frente a esto, ¿Qué hacer? Insistir en la democracia. Sólo en democracia es posible abrirle la puerta al reencuentro, al desarrollo, al futuro. Democracia es cambio, no sólo de gobierno, sino de sistema, y más aun, de la manera de hacer política para que mañana, lejos de reproducir las mismas prácticas con otras caras, los venezolanos tengamos un país de libertades, solidario y unido, donde podamos desarrollarnos y vivir la vida que tenemos razones para valorar. Y allí, el actor fundamental será el pueblo venezolano, pues será la fuerza de la gente la que determine todo lo que está por venir.


Publicado en PolítiKa UCAB el 16 de septiembre de 2016.