¡Esclavos, jamás!

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El 22 de julio de 2016 el gobierno del presidente Nicolás Maduro publicó en Gaceta Oficial Nº 40.950 la Resolución Nº 9.855, que establece un “régimen laboral transitorio”, en el que las entidades públicas y privadas deberán colocar a sus trabajadores a la orden del Estado para realizar las labores que éste designe. Esta resolución establece el trabajo forzoso, violando convenios de la OIT y los más elementales derechos humanos. Así, el gobierno “socialista” pasa a tratar a los trabajadores como meras fichas, más aun, como esclavos, 162 años después de que José Gregorio Monagas aboliera la esclavitud en nuestro país.

El planteamiento no es original. Resulta obvio el paralelismo con la infame política de la zafra, que, por capricho de Fidel Castro, llevó a los cubanos a cortar caña, en uno de los mayores fiascos de los tantos que cometió la revolución que mantiene desde hace seis décadas en el atraso a la mayor de las Antillas. La fascinación de los revolucionarios criollos por los trasnochados planteamientos del castrismo los llevan, incluso, a imitar sus peores fracasos.

Aunque el gobierno ha mantenido el tema enterrado en los folios de la Gaceta Oficial, sin declarar –ni aclarar- públicamente, la reacción de la sociedad venezolana se ha hecho sentir. Al conocer la medida, trabajadores del sector agroalimentario se declararon en desobediencia. En Venezuela tenemos un dicho: Obligados, ni a la esquina. Pareciera que el gobierno lo olvida, pero en el país en el que los llaneros rezan que “sobre mi caballo yo, y sobre yo mi sombrero”, siempre habrá un pueblo dispuesto a recordárselo…

Son tiempos de paradojas y contradicciones. La revolución socialista que es militarista. Comunistas rezanderos. Camaradas de privilegios y fortunas. Contradicciones, paradojas, y estafa. La gestión del “primer presidente obrero” es la de los contratos colectivos vencidos, la de la violencia sindical, la de los campamentos de compañías extranjeras –rusas, chinas, iraníes, brasileras- donde los trabajadores venezolanos no tienen derechos, como no sucedía en estas tierras desde tiempos de la dictadura de Gómez.

Han pretendido colocar a los ciudadanos al servicio del Estado, específicamente al de una casta reducida en una oligarquía militar. El pueblo es actor de reparto, bonito para la foto, pero calladito, como en la foto, de lo contrario se torna escuálido, desclasado, imperialista, vasallo de Occidente. La metamorfosis de la exclusión.

Venezuela atraviesa tiempos oscuros. Los venezolanos buscamos la luz en la forma de un cambio político que enderece el rumbo y nos permita superar la ruina y la destrucción. El legado, pues. En este, el país del cuero seco, se equivocan quienes apuestan por hacer siervos de los ciudadanos. Todos los días nos despertamos con el Gloria al bravo pueblo, el mismo que nos anima a gritar con brío ¡Muera la opresión!, el del ¡Abajo cadenas!, el de “libertad pidió”. El fracaso de la economía chavista no lo arreglará la trata de personas. En nuestra búsqueda de la mayor suma de felicidad posible, los venezolanos decidimos ser irrevocablemente libres. ¡Esclavos, jamás!


Publicado en PolítiKa UCAB el 29 de julio de 2016

La gran estafa

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En 1998 el chavismo irrumpió en la escena política. Venía de fracasar en el golpismo –armado y sangriento- luego de años de conspiraciones fraguadas en las tinieblas entre una logia militar. Apuntaba sus críticas al sistema democrático, específicamente a la democracia representativa, que a su juicio era insuficiente para satisfacer las demandas y la participación ciudadanas. Su contraoferta era la democracia participativa y protagónica. Todo el poder para el pueblo. 18 años después, más allá de las consignas y la propaganda, vemos un régimen profundamente antidemocrático que, ante la erosión del favor popular, muestra signos cada vez mayores de autocratización.

La convocatoria a un referéndum revocatorio presidencial ha puesto de relieve la naturaleza real del chavismo. Su aproximación a la democracia es netamente utilitaria. “Demócratas” cuando les conviene, cuando les favorece. Cuando no, no. Lo mismo con la Constitución, las leyes y las instituciones. En realidad, no creen en nada de eso. Creen en el poder. En conservarlo, en expandirlo. Y con él, los privilegios. La democracia, mientras funcione. Mientras les funcione. Cuando no, como ahora, pasará al renglón de fetiches burgueses, de la estructura capitalista que hay que terminar de derrumbar, de una vez por todas, para abrirle paso a la revolución.

“Tendremos referéndum dentro de 20 años, si acaso”, dice un vocero del régimen, otrora representante de la oposición más radical. ¿La razón? Hay “más de 10 mil amparos constitucionales” en el camino. El chavismo, antiguo coloso electoral, reducido a artilugios de las cortes para poder subsistir. Antes se hubiesen contado. La pelea la hubiesen dado en el plano electoral. Hoy, no se trata de ganar el referéndum, sino de impedirlo. Se saben perdidos.

No es nueva la aversión chavista a la voluntad popular. En 2007 perdieron el proyecto de reforma constitucional que daba base legal al socialismo bolivariano. No les importó, siguieron adelante e impusieron, por decreto, lo que el pueblo rechazó en las urnas. Luego perdieron Miranda, y montaron una estructura paralela. Lo mismo con la Alcaldía Metropolitana. ¿Democracia? ¿Con qué se come eso?…

La Asamblea Nacional fue electa por más de 14 millones de venezolanos. Los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia fueron designados, de manera irregular, por un parlamento saliente, carente de apoyo popular y deslegitimado. Hoy el TSJ, además de anular al Parlamento, se erige como parlamento paralelo. No hay respeto por las reglas básicas de la democracia, no existe consideración republicana. La política oficial es “darle la vuelta” al marco legal, a ver cómo argumentar el atropello.

El chavismo encarna un proyecto antidemocrático. Nunca fue un proyecto democrático. Todo se quedó en lo discursivo, era un simple punto para la persuasión. ¿La democracia participativa y el poder para el pueblo? Una gran estafa. El chavismo es lo viejo, es el militarismo, la autocracia, el gendarme innecesario. Es la anti República. ¿El reto? Creer en la democracia, ser genuinamente demócratas. No “para después”, no “al salir de esto”. El desafío fundamental es la generación de una alternativa democrática real, que no reproduzca las prácticas chavistas “del otro lado”, sino que se atreva, sin reservas ni asteriscos, a respetar las reglas de la democracia. Ya está bueno de estafas…


Publicado en PolítiKa UCAB el 22 de julio de 2016

Cinco pasos para la transición política sugirió el foro #Democratización en Venezuela

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La caracterización de los procesos de transición política fue el tema de debate del foro “¿Democratización?: La Dinámica del Cambio Político en Venezuela”, organizado por el Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

Además de los ponentes nacionales, destacó la participación de tres invitados internacionales: José Woldenberg, expresidente del Instituto Federal Electoral de México durante la transición mexicana; Sergio Bitar, presidente del Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia y exministro de Allende, Lagos y Bachelet; y Abraham Lowenthal, primer director general de América del Centro Woodrow Wilson y fundador de Diálogo Interamericano. Este panel de expertos destacó los elementos comunes en los procesos de cambio de gobierno en Latinoamérica y el mundo y compartió algunas recomendaciones para el caso venezolano.

Estos son los cinco pasos para la transición política, según los panelistas:

1.Organización cívica y política efectiva: El sociólogo y analista político venezolano, Daniel Fermín, expuso sobre el rol de la ciudadanía en los procesos de cambio político.

“La ciudadanía ayuda a promover la democratización” y “el cambio se logra no solo con el arreglo de las élites sino con la organización y movilización popular” fueron algunas de las conclusiones que asomó Fermín.

A su juicio, los partidos políticos en Venezuela no tienen por sí solos el poder para generar la presión que generará el cambio político.

Explicó los elementos que deben regir la organización cívica para que sea efectiva como: capacidad para ejercer control y disciplina sobre las fuerzas democráticas movilizadas; adelantar una campaña electoral efectiva; acometer un monitoreo amplio de las elecciones con tabulación paralela de los votos; articular un programa básico para la era post-autoritaria y movilizar a la opinión pública internacional y a los gobiernos democráticos extranjeros a favor de la causa democrática local.

2.Arreglo de las élites: No existe acuerdo político sin negociación entre las élites que tienen el poder. Tanto Lowentahl como Bital, Woldenberg y los ponentes nacionales coincidieron en que el diálogo es el medio para concretar transiciones democráticas.

3.Unificación de la oposición frente al gobierno: La coalición opositora “es una mesa con un potencial importante en busca de unidad” opinó el primer director general de América del Centro Woodrow Wilson, Abraham Lowenthal. A su juicio, la MUD debe fortalecer los acuerdos internos para hacer frente al proceso de diálogo.

El analista apuntó que ninguno de los bloques políticos (gobierno-oposición) es fuerte actualmente y por esto es necesario que cedan para canalizar el diálogo.

4.Disposición a sacrificar peticiones y condiciones: La historiadora Margarita López Maya, quien también participó en el evento, destacó la necesidad de “ceder” y “sacrificar” en las negociaciones entre Gobierno y oposición.

5.Órganos y procedimientos electorales imparciales: el expresidente del Instituto Federal Electoral de México durante la transición mexicana, José Woldenberg, señaló que en México lo primero que se hizo fue promover la igualdad de participación política de todas las organizaciones y partidos y crear una nueva instancia como un Tribunal Electoral para depurar y equilibrar las fuerzas.

“Por fortuna en Venezuela no se ha clausurado la vía electoral. Si se tuviera una normativa y una práctica electoral que llenara los requisitos de transparencia, participación, estoy convencido de que el mundo de la representación política sería otro y creo que allí hay una veta a explorar”, dijo.

¿Existe una transición en Venezuela?

El exministro chileno Sergio Bitar aclaró que en Venezuela no se ha producido una transición entendida esta como un cambio de Gobierno. Sin embargo, destacó que “se está empezando a dar una fórmula negociadora”.

Advirtió que la crisis política se agrava por el deterioro económico y que el cambio en la estructura productiva depende de cuán efectiva sea la negociación.

El foro también contó con la ponencia del historiador Ysrrael Camero; el coordinador del Proyecto Integridad Electoral Venezuela, Juan Manuel Trak y el economista Ronald Balza.

Camero afirmó que el Gobierno pasó de ser un autoritarismo competitivo a tornarse más autocrático “al no contar con el liderazgo carismático de Hugo Chávez, el fracaso socioeconómico, la pérdida del orden público y el derrumbe de la popularidad”.

Trak habló del rescate de la institucionalidad y de los valores políticos en el marco de un proyecto nacional común.

Mientras que Balza identificó los errores y las soluciones que deben tomarse en materia económica. “Hay grupos vulnerables que dependen del mantenimiento de los controles. Por otro lado habría que plantearse que tras el desmontaje de, por ejemplo, el control de precios, posiblemente la oferta no responda rápidamente por la quiebra de empresas y la falta de inversión que ha habido en los últimos años”.


Publicado en Efecto Cocuyo el 16 de julio de 2016.

Un poco de disciplina

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El militarismo no es nuevo en Venezuela. De hecho, representa lo más oscuro de nuestro pasado. En medio de una gran ola antipolítica y de la crisis de la democracia civil, el militarismo logró venderse como lo “nuevo” en 1998. Los últimos 18 años han signado el retorno de los militares al poder. Ministros, embajadores, cónsules, gobernadores, alcaldes, directores, coordinadores. A todos los niveles de la administración pública abundan las botas y charreteras.

Luego de la muerte del presidente Hugo Chávez, su sucesor, aunque civil, ha incrementado aun más la presencia militar en el gobierno. El militarismo es incompatible con la democracia y entre sus víctimas está la propia institución castrense, que se ve ultrajada y devaluada, como demuestran los estudios sobre percepciones ciudadanas, que evidencian una merma significativa en la confianza y valoración que tienen los venezolanos en la Fuerza Armada Nacional.

Esta semana, el presidente Nicolás Maduro anunció la creación de la Gran Misión Abastecimiento Soberano y Seguro (GMASS). Se trata de su última carta contra la “guerra económica”. A la cabeza, designó al ministro de la defensa, General Vladimir Padrino López, y ordenó que todos los demás ministerios deben responder directamente al General.

La GMASS se propone manejar la distribución de alimentos. A las acusaciones sobre la profundización de la militarización del gobierno y la sociedad, el general Padrino ha respondido que no se trata de militarismo, sino de “poner un poco de disciplina”. La medida, más allá de otorgar aun más control a los militares, está condenada al fracaso, al menos por dos razones: en primer lugar, porque parte de un diagnóstico terco y equivocado, el de la guerra económica; en segundo lugar, porque el gobierno no explica qué alimentos va a distribuir en un país en el que la producción fue destruida por las políticas económicas y la capacidad de importación de alimentos se vio diezmada por la disminución de ingresos petroleros y la grosera corrupción oficial. Junto a esta medida, el gobierno extendió el estado de excepción y decreto de emergencia económica, rechazado por la Asamblea Nacional. De nuevo, al militarismo no le gusta la democracia ni los controles civiles que esta impone. Con todo esto, han prometido, ahora, acabar con la crisis en seis meses. No han comprendido que la economía no es un cuartel y que la escasez no obedece órdenes, especialmente cuando el gobierno se cree infalible y es incapaz de rectificar los errores que nos condujeron a esta crisis en primer lugar…

“Un poco de disciplina”. Volver a esa frase del general Padrino es importante. El militarismo suele venderse con términos más atractivos: orden, mano dura y, por supuesto, disciplina. Pero un vistazo a los últimos dieciocho años dan cuenta de lo falaz de estos postulados. Lejos de promover el orden, el proyecto oficial ha dado rienda suelta a la anarquía. La “mano dura” ha sido incapaz de contener la criminalidad, que ha hecho de nuestras ciudades las más peligrosas del continente. ¿Y la disciplina? La mayor quimera.

¿Dónde ha estado la disciplina en la administración del presupuesto nacional? ¿Qué disciplina hubo en el derroche irresponsable de los mayores ingresos económicos de la historia de Venezuela? ¿Con cuál disciplina se combaten los hechos de corrupción que han desangrado al país y que son responsables de la crisis terrible que nos azota?

No, no es asunto de disciplina. Es asunto de poder. El militarismo avanza mientras el país colapsa, en un vano intento por sostener en el poder a un gobierno que perdió todo apoyo popular y que ve, ante su rotunda incapacidad, su única salvación detrás de los fusiles y bayonetas.


Publicado en PolítiKa UCAB el 15 de julio de 2016

La democratización del país requiere negociación y movilización de la sociedad

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Expertos nacionales e internacionales debatieron el jueves 14 de julio en el foro “¿Democratización? La Dinámica del Cambio Político en Venezuela”, acerca de la necesidad de buscar acuerdos a través de procesos de negociación para encontrar solución a los problemas del país.
En el evento organizado por el Centro de Estudio Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello (CEP-UCAB) participaron tres especialistas internacionales: José Woldenberg, expresidente del Instituto Federal Electoral de México durante la transición mexicana; Sergio Bitar, político e intelectual chileno, presidente del Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia; y Abraham Lowenthal, primer director general de América del Centro Woodrow Wilson y fundador de Diálogo Interamericano, experto en transiciones democráticas.
Los tres coincidieron en que la principal característica de los procesos de transición de sistemas autoritarios hacia una mayor democracia es la movilización de la sociedad y una dinámica de negociación entre las distintas fuerzas políticas.
Woldenberg afirmó que el estudio de distintas experiencias demuestra que los cambios políticos que dejan atrás sistemas autoritarios “son procesos donde la movilización social y la negociación se conjugaron de manera virtuosa. Las negociaciones entre las fuerzas políticas no hubiesen ocurrido sin las protestas que, a su vez, se caracterizaron por ser pacíficas y dirigidas por una oposición que siempre tuvo como norte impulsar reformas para garantizar pluralidad política y participación”.
Lowenthal destacó que el estudio de nueve casos de transición en distintos países señala que “se trató de procesos donde fue clave la participación de distintos sectores de sociedad, los sindicatos, la Iglesia y el liderazgo político. En todos hubo el reto de cómo unificar las fuerzas de oposición y marginar a quienes podían descarrilar el proceso y, al mismo tiempo, inducir a las fuerzas del orden autoritario a aceptar los cambios”.
Bitar indicó que “no hay transición sin negociación” y refiriéndose a Venezuela explicó que es vital alcanzar acuerdos que permitan enfrentar la crisis económica que no desaparecería con un simple cambio de gobierno: “Se necesita un piso para que la economía pueda estabilizarse en un contexto donde habría que avanzar hacia una economía post petróleo. Para eso es necesario un diálogo importante”.
Woldenberg plantea que Venezuela es un régimen híbrido que combina una Constitución democrática con prácticas autoritarias y en este sentido “tiene puntos de similitud con regímenes como el mexicano donde fue fundamental plantear la necesidad de la imparcialidad de órganos y procedimientos electorales, condiciones equitativas en cuanto al financiamiento de los partidos políticos y acceso a los medios masivos de comunicación. Además, se evaluó la fórmula de traducción de votos a escaños”.
“Por fortuna en Venezuela no se ha clausurado la vía electoral. Si se tuviera una normativa y una práctica electoral que llenara los requisitos de transparencia, participación, estoy convencido de que el mundo de la representación política sería otro y creo que allí hay una veta a explorar”, dijo Woldenberg.
Los venezolanos frente a la democracia: entre la ilusión y el pragmatismo
El foro también contó con la participación de Daniel Fermín, sociólogo e investigador del Centro de Estudio Políticos de la UCAB, quien indicó que en el momento actual que vive Venezuela es necesario tener en cuenta que “las transiciones no dependen únicamente de acuerdos de élites, aunque estos sean necesarios, la movilización de la sociedad también es importante y la experiencia demuestra que debe tratarse de una movilización no violenta”.
Fermín, quien apuntó que la efectividad de la movilización pacífica de la población es 60% más efectiva que los métodos violentos, confronta el argumento de que no es posible enfrentar un régimen autoritario con métodos democráticos. “Es posible y es más efectivo porque esos cambios tienden a ser duraderos. Cuando los cambios se producen de manera violenta quedan resquemores y lo que se logra en términos de democratización se revierte muy fácilmente”
Juan Manuel Trak, coordinador del Proyecto Integridad Electoral Venezuela del CEP-UCAB, abordó un tema medular: ¿cuán demócratas son los venezolanos? La respuesta partió de una investigación realizada en 2014, que reveló que los venezolanos sentían poco respeto por las instituciones y manifestaban un bajo nivel de tolerancia a las diferencias políticas.
“Para los venezolanos, la democracia es vista como una vía para alcanzar la satisfacción de necesidades materiales; así que cualquier proceso de democratización debe pasar por el fortalecimiento de la efectividad las instituciones”, afirma Trak.
El historiador Ysrrael Camero afirmó que el Gobierno se ha tornado más autoritario “al no contar con el liderazgo carismático de Hugo Chávez, el fracaso socioeconómico, la pérdida del orden público y el derrumbe de la popularidad. Venezuela está en una encrucijada: hay unas fuerzas que promueven a la democratización, pero también hay fuerzas que tienden a la autocratización”.
La historiadora y profesora de la UCV, Margarita López Maya, denominó como “ilusión de la democracia” el período en el cual la renta petrolera permitió complacer a todos los sectores sociales sin necesidad de hacer sacrificios ni establecer consensos reales. Explicó que la crisis actual requiere que los distintos sectores de la sociedad tomen conciencia de que ya no hay renta petrolera para tapar las divergencias y por tanto todos tienen que hacer sacrificios para tener una sociedad más justa y con más libertades.
“Cuando uno está desesperado se aferra a cualquier mesías”, apunta López Maya a propósito de la progresiva militarización de la política nacional. “La democracia tiene su precio: o se compra la democracia o se compra otra cosa. Ya tenemos una experiencia lamentable encima y algo tenemos que aprender de ella; ya tuvimos una crisis similar y salimos buscando un líder carismático; ¿ahora vamos a salir a buscar otro líder igual a ver si nos repite la historia?”.
Ronald Balza, economista, destacó las debilidades que podría enfrentar el país al momento de iniciar una transición que implique cambios en el modelo actual. “Hay grupos vulnerables que dependen del mantenimiento de los controles. Por otro lado habría que plantearse que tras el desmontaje de, por ejemplo, el control de precios, posiblemente la oferta no responda rápidamente por la quiebra de empresas y la falta de inversión que ha habido en los últimos años”.
Entre la audiencia se encontraba el abogado y político Eduardo Fernández. Afirmó que no es posible tener un régimen democrático sin consenso. “Donde no hay diálogo no hay democracia. Aquí hay una creciente militarización y la formación militar es incompatible con la democracia; los militares son formados en el arte de dar y recibir órdenes y la democracia no es eso sino dialogar, promover consensos, entendimientos y tolerancia”.
El rector de la Universidad Católica Andrés Bello, s.j. José Virtuoso, explicó que este tipo de encuentros impulsan la búsqueda de fórmulas para “institucionalizar nuestra democracia, crear canales efectivos para la participación a través de reformas electorales, compaginar la democratización con la inclusión y devolver a los civiles a un papel preponderante en la sociedad”.

Publicado en RunRunes el 14 de julio de 2016.

Ponencia: Movilización popular y democratización (Video)

Expertos nacionales e internacionales debatieron el jueves 14 de julio en el foro “¿Democratización? La Dinámica del Cambio Político en Venezuela”, acerca de la necesidad de buscar acuerdos a través de procesos de negociación para encontrar solución a los problemas del país. Consulta las ponencias aquí.

Es tiempo para una Reforma Electoral

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Venezuela es un barril de pólvora. Todos los días hay protestas, intentos de saqueos, violencia. La crisis arrecia. Los venezolanos ya no comen tres veces al día. La jornada se va en una cola, en un ruleteo. La dignidad da paso a la necesidad. El gobierno, incapaz de resolver la situación por encontrarse entrampado en el dogma, la soberbia y lo turbio, apuesta por la represión. El tono es prepotente. Amenaza, persigue. Ya son muy pocos los que le tienen alguna fe. En la calle hay un pueblo expectante, viendo cómo es que vamos a salir de esta, y cuándo.

El día de ayer, la presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, convocó a los medios de comunicación. No era una rueda de prensa, sino una declaración, sin derecho a preguntas. Desde el momento de la convocatoria, corrieron los rumores: Anuncios sobre el referéndum revocatorio; noticias sobre las elecciones regionales. El país vio frustradas sus expectativas rápidamente. Ni una palabra sobre el revocatorio, que millones, incluso desde el oficialismo, ven como una válvula de escape. Ni un segundo sobre las regionales. La señora Lucena, lejos de cumplir con su rol, convocó a los medios para cantar sus penas.

Esta es solamente la más reciente acción de un CNE partidizado que busca, como sea, evitar que se realicen elecciones en Venezuela. La declaración de la señora Lucena, por lo que dijo, pero sobre todo por lo que no dijo, constituye un irrespeto al pueblo venezolano. De nuevo, queda de manifiesto la absoluta discrecionalidad de un Poder Electoral subordinado, que está muy lejos, no sólo de lo que quieren los venezolanos, sino de lo que ordena la Constitución.

¿Qué se le pide a las rectoras del CNE? Que hagan su trabajo, y que lo hagan como manda la Constitución. Ni más, ni menos. Esa exigencia es, para las rectoras, una ofensa. Y es que la disonancia es cada vez mayor entre las exigencias del pueblo, que quiere expresarse, y las de la cúpula del PSUV, que quiere aferrarse al poder y los privilegios. No se pueden servir a dos señores, y las rectoras, en lugar de servir al pueblo de Venezuela, han decidido obedecer al sexto rector y al proyecto político al que deben todo, empezando por sus cargos…

Las constantes burlas del Consejo Nacional Electoral nos convencen cada vez más de la necesidad de que la Asamblea Nacional discuta y apruebe urgentemente una Reforma Electoral. Desde hace meses, los diputados tienen en sus manos un proyecto presentado por un grupo amplio y diverso de venezolanos preocupados por la calidad del sistema electoral, en el que confluyen la Academia, la sociedad civil organizada y el mundo político. Es un proyecto de avanzada, para acabar con la discrecionalidad del CNE y otorgar reglas claras, transparencia e integridad a los procesos. La propuesta puede consultarse aquí.

Los venezolanos no confían en este CNE. Lo saben viciado, subordinado a intereses partidistas. Aun así, quieren votar porque quieren salir del atolladero por la vía pacífica, electoral, democrática y constitucional. Pero en esta dinámica del coyote y el correcaminos, se agota la paciencia de la gente. Hay temas, como la salud y la alimentación, que no pueden esperar. En la pobre actuación del CNE se juega la paz de la Nación.

Por eso urge actuar ahora. Si los venezolanos hemos de dirimir nuestras diferencias en paz, debemos hacerlo con reglas claras, para que en nuestras elecciones se respete la voluntad popular y no estemos sujetos al capricho de actores que, violando el cargo, cogen línea de Miraflores.

No faltará quien diga, con genuina preocupación, que no es el momento, que el país está en otras cosas. Pero viendo lo que ocurre con las regionales, con el revocatorio, en cada actuación del CNE, en cada declaración de sus rectoras, lo obvio es lo contrario: es tiempo para una reforma electoral. Para hacer las cosas bien solo hace falta voluntad. La pelota está en la cancha de los diputados de la Asamblea Nacional. Estamos seguros de que no defraudarán a los venezolanos que en ellos depositaron su confianza.


Publicado en PolítiKa UCAB el 8 de julio de 2016.