«Vamos a reír para no llorar»

Desde la sociología: la gente no es feliz haciendo colas.

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A no confundir el profundo descontento que está viviendo la sociedad venezolana con un supuesto ‘bochinche’, y ver el humor como una de las tantas maneras para expresar el desacuerdo con el actual Gobierno, llamó el sociólogo Daniel Fermín.

Se ha escuchado decir que los venezolanos de todo sacan un chiste, citando a Francisco de Miranda con su célebre frase: «¡Bochinche, bochinche! Esta gente no es capaz de hacer sino bochinche», se podría deducir que esta práctica no es nueva, y que el venezolano siempre está dispuesto a la chanza y el buen humor como parte de su acervo cultural e identidad, poseen una manera de ser particular y caribeña.

Para el sociólogo Daniel Fermín no es cierto que el venezolano sea solo “bochinche”, sería grave asumirlo como una verdad.

Hay quienes dicen que la gente es feliz en las colas para hacer compras y eso no es verdad, explicó. “Los ciudadanos hacen las colas que les toca hacer, esto no quiere decir que lo hagan felices. Lo que sucede es que tienen que hacerlas porque si no las hacen, no compran alimentos, medicamentos, o lo poco que se consigue”.

La actitud asumida por las personas en las colas es igual que en cualquier otro lugar: “Aquí cabe una analogía que puede parecer un poco oscura, pero engloba bien al caso. Cuando uno va a un velorio consigue gente muy triste, con mucho pesar, pero también hay gente con mucho humor y no se trata que sean personas faltas de respeto, sino que tienen una manera de administrar las realidades”.

¿El venezolano evade la crisis con el humor?

-“No creo que se trate de evasión. Lo que hacemos con el humor es una profunda crítica. Pero detrás del humor, cuando el venezolano dice, `vamos a reír para no llorar´, hay una visión de lo mal que están las cosas, porque la gente no está echando chistes de Jaimito, la gente habla de lo que está viviendo”.

“Lo veo como una profunda crítica social no expresada en los mecanismos donde se puede o debe expresar. Una crítica, una reflexión y nunca de evasión o tomársela a la ligera”.

“Cuando el presidente Maduro se dirige al país, a los pocos minutos empiezan a publicar en las redes sociales frases o imágenes alusivas al discurso del mandatario en forma jocosa. Esto refleja la manera de alzar la voz de un pueblo que cada vez tiene menos medios y recursos para expresarse”.

“No nos confundamos, de repente donde estamos viendo bochinche lo que hay es un profundo descontento, y el humor es una de tantas maneras para expresarlo, claro, no todos lo dicen al estilo de Laureano Márquez”.

“Algunas personas muestran su descontento quemando cauchos o asistiendo a marchas, y hay quienes muestran su descontento a través del humor”.

¿El venezolano hace de su desgracia un chiste? 

-“No es que el venezolano no sea serio, en todas partes encontramos gente muy seria. Estoy convencido que quienes nos gobiernan no son serios y que lo que dicen es tan risible que `nos la ponen de bombita´ para hacer chistes de ellos”.

“Si dicen cosas como que si te bañas en tres minutos no quedas hediondo, como decía Chávez, él no lo hacía a lo mejor, pero lo decía para que las personas se sintieran identificadas con él. Eso no le queda bien a todo el mundo, hay quienes dicen que a Maduro no «le queda bien ser Chávez», que es forzado, esto quiere decir que el presidente no tiene chispa, ni carisma”.

“Lo que sucede con Maduro es que se hace una burla frente a una burla. Es como decir: es tan bufo lo que dices que yo me burlo de ti”.

“Es tan contundente el humor que hasta los líderes políticos están apelando a el para denunciar. Lo hizo Henrique Capriles a través de su cuenta Twitter, al regreso de Maduro de China, le preguntó si había traído leche en polvo al pueblo”.

Perfil: Daniel Fermín, Sociólogo, docente e investigador del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello -UCAB-. Con experiencia en estrategia de nuevos medios, editor de la revista PolítiKa UCAB, articulista de los diarios El Universal, Run Runes y Tal Cual.


Publicado en El Diario de Los Andes el 30 de noviembre de 2015.

Censura, autocensura y vergüenza

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La censura no tiene lugar en democracia.  Es un acto aborrecible, denigrante, que sale de las entrañas de la prepotencia del poder.  También de sus temores, el temor a la verdad, a la diversidad, el temor a quedar en evidencia.  La censura busca aplastar, negar los hechos y, más allá, la mera duda sobre los hechos.  De los censurados busca el desánimo, la derrota, el sentimiento de insignificancia.

Peor que la censura es la autocensura.  Por temor al censor, al poderoso, se agacha la cabeza, en un acto que es a la vez indignante y profundamente vergonzoso.  Cree el que se autocensura estar a salvo, cuando en realidad sienta el peor de los precedentes, uno que otorga al censor todo el poder para manipular a su voluntad a su víctima, a la que sabe ahora dominada y vencida.

En Venezuela hemos conocido de sobra ambos fenómenos.  Hoy los medios no existen.  No en su condición natural.  Si hay un temblor, no lo reportan hasta que el gobierno no lo haga, no vaya a ser que los multen.  Se acabó la cobertura en vivo, de lo que sea.  Los casos más sonados ruedan ampliamente por la mensajería celular, días antes de que algún medio se atreva a reportar una noticia ya vieja, que no es novedad para nadie, en su versión más diluida.

Así, la sombra ominosa del silencio lo cubre todo. Hablar con cuidado, escribir con cautela.  No te metas en eso, deja eso así.  El abuso hace de las suyas, arremete ante la estrategia de la pasividad, ante la contradicción fulminante según la cual lo que hay que hacer es no hacer nada.  Pasar agachado es la máxima para medios, empresas, universidades y particulares que se suman a la lista de víctimas del insaciable censor.

Pero el silencio no logra nada, sólo alimenta el gran tumor del miedo y la metástasis del atropello.  Y, así, lo contagia todo… En esto no hay honor ni prudencia.  Sólo miedo.  Lo que ignora la víctima, o se hace el que lo ignora, es que su postura acomodaticia nada logra.  Todo lo contrario, su silencio lo hunde más en el abismo, su inacción es un profundo golpe contra la esperanza.

Nuestro pueblo indómito, el del cuero seco, el parejero, el del derecho a pataleo, hoy ve cómo sus referentes éticos y morales abordan resignados el tren hacia el silencio, con la vana esperanza de que en el trayecto pare por gracia o cambio del conductor.  Nada lograrán, sino perpetuar la afonía por atrofia, matar la pluma por la artritis al principio impuesta y luego autoimpuesta.

El silencio nunca servirá para nada.  Ante la censura, como acto injusto e impúdico, alzar la voz.  Ante la autocensura, vergonzosa e indignante ¡alzar la voz! Alzar la voz por la dignidad, por lo bueno y justo.  Alzar la voz por Venezuela.  Basta de silencio.


Publicado en RunRunes el 25 de noviembre de 2015.

El ABC de Daniel Fermín, Sociólogo e Investigador de la UCAB: “No le estamos pidiendo a nadie que venga a resolver nuestros conflictos”

La calidad de las elecciones no es cuestión de un día. El voto es la alternativa para resolver los problemas en paz. Vender el tema de la observación electoral como una intromisión no es correcto. El 66% de los venezolanos desconfía del CNE, pero el 87% irá a votar el 6D, señala el vocero del Proyecto Integridad Electoral de Venezuela.

Macky Arenas

Daniel Fermín es editor de la Revista PolitiKaUCAB.  Sociólogo por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), con estudios de postgrado en Gerencia Pública de la Universidad Metropolitana.  En 2015 realizó el Programa de Estudios Avanzados en Conflicto No-Violento de la FletcherSchool of Law&Diplomacy de la Universidad de Tufts (Boston).  Investigador del Centro de Estudios Políticos y profesor de la Escuela de Ciencias Sociales de la UCAB.

Es Investigador del Proyecto Integridad Electoral de Venezuela del CEP. Esto fue lo que nos dijo para los lectores de ABC de la Semana.-

“Desde la Academia no estamos pidiendo que se creen condiciones para que la oposición gane.”

_  El gobierno se resiste a permitir la observación internacional sobre las elecciones. ¿Qué implica para la integridad electoral?

_  Hemos venido trabajando la integridad electoral, un proyecto que tiene como base el elaborado por la Universidad de Harvard y la de Sydney, en Australia, iniciativa de una extraordinaria politólogo de apellido Laurence, el cual hemos traído a Venezuela  pues el concepto de integridad electoral se ha convertido en una especie de sello de calidad internacional, en un estándar internacional de la salud y la calidad de los sistemas electorales y, por ende, también del sistema democrático.

_ Ustedes sostienen que  la integridad electoral es un ciclo. ¿Qué significa eso?

_  La calidad de las elecciones no es cuestión de un día. No se trata solamente de lo que ocurre en el día de las votaciones, sino lo que sucede desde la selección misma de las autoridades electorales que, por cierto, el año pasado fue completamente irregular. Eso tenía que haberlo hecho la Asamblea Nacional. Como no se pusieron de acuerdo, el Presidente de la Asamblea declara que hay omisión legislativa y lo envía al Tribunal Supremo. Al final solo cambió un rector, dos se reeligieron. Nosotros, desde ese preciso momento estamos activos, denunciamos que no es lo mismo falta de acuerdo que omisión, así que desde ese primer momento las cosas comenzaron a hacerse mal.

 _ Uno tiene la impresión de que todo eso está viciado de principio a fin. ¿Es que habrá algún renglón de la plana en el cual se observe la integridad electoral?

_  Lamentablemente, Venezuela no se cuenta entre los primeros países en materia electoral; por el contrario, competimos con los países más autoritarios del planeta por el primer lugar en desconfianza. Eso es una lástima pues tecnológicamente estamos muy avanzados, pero en la calidad del sistema no damos la talla. Triste, en un país que tiene una tradición democrática de 60 años que se manifiesta en todos los estudios que hacemos.

 _ ¿De qué manera?

_ 66% de los venezolanos desconfía del CNE, incluidos chavistas descontentos y, aún así, el 87% de los venezolanos asegura que, pase lo que pase –y remachamos la pregunta- irá a votar el 6D.

 _  Eso habla de una fuerte cultura democrática que resiste en el alma del país…

_  Eso habla no sólo del aprecio y valor que el venezolano concede  a la democracia, sino de que, a pesar de los intentos por falsificarla historia y de la época de democracia civil –con todas sus fallas- el venezolanos tiene a la democracia como faro y guía para tratar de salir de los problemas por más graves que sean.

 _  Podremos tener una tecnología muy avanzada pero, ¿a qué está sirviendo si no es a la transparencia del voto?

_  La transparencia del voto depende más del factor humano que del tecnológico aunque la tecnología siempre dependerá de la apertura a auditorías y observación permanente por parte de los factores políticos y de la sociedad en general. Afortunadamente, los factores políticos tienem excelentes técnicos, hay que decirlo. A pesar de que hay mucho miedo por el tema tecnológico pues son muchos los venezolanos que piensan que el voto no es secreto y que se pueden cambiar electrónicamente los resultados – a pesar de que esto no ha sido así hasta ahora-, esa es la percepción y tiene más fuerza que la realidad. Por eso no entendemos por qué el CNE se ha negado sistemáticamente a una campaña más agresiva que reafirme el secreto del voto. Nosotros, desde la UCAB, ante la negativa del CNE y en base a los principios de corresponsabilidad que establece la Constitución, nos hemos dado a la tarea de impulsar comunicacionalmente el empoderamiento ciudadano, que la gente perciba que los dueños de este proceso no son los candidatos, ni el CNE, ni mucho menos el Presidente, sino los ciudadanos.

_  El sólo hecho de que la gente quiera ir a votar a pesar de los pesares indica que hay conciencia acerca de esa responsabilidad…

_  Este años hicimos un seminario internacional sobre integridad electoral y, al presentar los resultados de la encuesta, alguien nos preguntó si no existía una contradicción entre desconfiar del CNE y querer votar y, antes de poder responder, la representante del Acuerdo de Lima –acuerdo internacional en asuntos electorales-, una colombiana, dijo algo bello además de impactante: “No hay contradicción, la gente quiere votar porque no se quiere matar”. En otras palabras, el voto es la alternativa para resolver los problemas en paz.

_  Para resolver las cosas en paz, tendríamos que tener un gobierno que reconociera el resultado del voto. Hasta ahora no ha sido esa la tónica del discurso oficialista y, si ni siquiera admiten observadores, “huele a podrido en Dinamarca”…

_  Si uno quisiera jugar a abogado del diablo y dar el beneficio de la duda a las autoridades electorales, podríamos partir del punto en que ellos afirman que no en todos los países del mundo hay observación electoral, de hecho, en los más desarrollados no la hay…

 DESCONFIANZA

_ ¡Porque no hace falta!

_  Cuando he tenido oportunidad le he respondido a la señora Lucena que eso es cierto, pero que también lo es el que no en todos los países del mundo existe el grado de desconfianza en el sistema electoral que existe en Venezuela. Quiere decir que el primer interesado en generar confianza en el proceso electoral, el mismo que ellos proclaman como el mejor del mundo, es el CNE. Es por ellos que la negativa a la observación internacional y las trabas que se le ponen a la nacional es algo incomprensible, con lo que no podemos estar de acuerdo. Por eso insistimos tanto en demandar del CNE una rectificación en su postura.

 _  Pueden alegar que permiten la figura del “acompañante”…

_  Hoy en Venezuela no está planteada la observación electoral. Han intentado sustituir la figura del observador por la del acompañante que no es un observador pues tiene unas atribuciones muy limitadas. Es una especie de mirón de palo, no puede hacer informes, no puede citar a la prensa, lo pasearán por donde pasa la novia, no tendrá participación real. El acompañamiento es una observación chucuta que no cumple con los parámetros.

“El venezolano tiene la democracia como faro y guía para salir de los problemas.”

       VENTAJISMO

_  ¿Será por eso que Unasur, Brasil y otros se ha deslindado?

 _  La respuesta de Unasur, de Uruguay, la posición de Brasil – países que no pueden ubicarse precisamente entre los enemigos del gobierno- es significativo. Las instituciones de esas naciones no están dispuestas a poner en entredicho el mucho o poco prestigio que tienen, a dar un cheque en blanco a las autoridades electorales venezolanas. Dicen: “Ya va, eso no es así. Sin las garantías mínimas nosotros no podemos aceptar participar”. Allí es donde consta que no se trata de una agenda internacional de ataque contra Venezuela, ni contra la soberanía. No le estamos pidiendo  a nadie que venga a resolver nuestros problemas. Simplemente, países que fueron aliados hoy ya no tienen confianza en las condiciones en que este gobierno está llevando este proceso electoral.

 _ Retratarse en grupo a veces es riesgoso…¿pero qué perfil y requisitos debe cumplir una auténtica y sana observación electoral?

_  El tema de fondo aquí es la generación de confianza, el tener más ojos sobre el proceso y el valor  de la observación electoral internacional es que aporta ojos que no tienen interés político porque no tienen parte en el proceso venezolano. Debe ser observadores calificados e independientes. El problema es que el gobierno selecciona a los que quiere de Unasur, de Rusia y otros lugares y son gente que no tiene experiencia alguna en observación electoral. La OEA, sin embargo, tiene la misión de observación electoral  más antigua del mundo. Desde que el 1962 llevaron su primera misión en Costa Rica llevan acumulada la más vasta experiencia, lo que hoy llaman el know-how. Aquí no solo no fue invitada sino descalificada por el gobierno y por las instituciones del Estado; la Unión Europea, igual, tiene una utilísima trayectoria en muchos países y procesos electorales.

 _  Y nadie los ha acusado de metiches ni de conspiradores…

_  Vender el tema de la observación electoral como una intromisión no es correcto. El Presidente de la Asamblea ha llegado a calificarla de pretensiones neocolonialistas, pero todo eso forma parte de un discurso político orientado a, por una parte, cohesionar internamente a unas filas oficialistas cada vez más menguadas y disidentes; y por la otra, el propósito expreso de generar abstención en la próxima jornada de votación. Nosotros creemos que el tema de fondo es la confianza y la clave es el tema de la paz: en manos del CNE y de la dirigencia política nacional está la paz del país. Vivimos tiempos de mucho conflicto, de mucha crispación y, ante esa realidad, nuestra responsabilidad nos ha llevado a hace un llamado al CNE para que permita y promueva la observación electoral.

 _  Que no es materia sólo del día de las elecciones…

_ Exacto, no se trata solo de permitir que el 6D visiten a los centros, que los paseen, que se asomen detrás de la máquina. Todo eso es válido, pero una genuina misión de observación electoral ya debía estar en el país, aún desde el inicio de la campaña, aunque en Venezuela el arranque es bastante simbólico ya que el CNE se ha excusado diciendo que no puede reglar la precampaña, sólo la campaña, lo cual se ha convertido en una manera de dar rienda suelta al ventajismo y la falta de controles. Sabemos que todo el mundo está en campaña y desde cuándo: hay vallas, hay murales, hay cuñas en radio…para nadie es un secreto que aunque falten 10 días para el inicio oficial, estamos en campaña.

 _  Y el que tenga más dinero lleva ventaja y quien tiene es el gobierno…

_  Desde la Academia no estamos pidiendo que se creen condiciones para que la oposición gane, lo que pedimos es que se generen condiciones competitivas para todos.-


Publicado en ABC de la Semana el 13 de noviembre de 2015.